Frente a frente (Futbol-Amistad)

FRENTE A FRENTE
Días pasados, de regreso a casa, me crucé con Andrés, caminando en dirección contraria. Quedamos frente a frente y, ambos, en principio, tratamos de esquivarnos instintivamente, pero estaba destinado, no nos pudimos eludir.
Levantamos nuestras cabezas en el mismo instante y nuestras miradas se cruzaron fijamente.

  • Perdón – atiné a decirle.
  • No, no es nada, señor – me respondió.
    De todas formas, algo nos había paralizado.
  • Pero, vos no sos Gustavo ? – acotó.
  • Si, soy Gustavo y vos ? – le pregunté.
  • Yo soy Andrés de la calle Viejo Bueno, no te acordás ? – insistió.
  • Andrés !!! pero claro, el hijo de Don Goyo, tanto tiempo !!! Si no me lo decís no te hubiese reconocido, qué gusto verte !!! – le comenté sorprendido.
  • De los traidores uno no se puede olvidar – me increpó, dejándome
    congelado y sin poder dar respuesta.
  • Cómo están tus cosas? Tu familia ? – intenté cambiar de tema.
  • Bi … bien, pero sería muy largo contarte ahora, prefiero que me digas, ya que el destino nos hizo encontrar, por qué nos traicionaste, por qué te vendiste ? Puede pasar el tiempo, pero esas cosas no se olvidan – volvió a reprochar.
  • Y mirà yo me mudé a Wilde en el `71. Increíble, pero hace 34 años que no nos vemos traté de apaciguar.

Y a esa altura de la charla, si así se la puede llamar, el tema pasaba por un solo carril y Andrés no la iba a desviar ni siquiera a aminorar.

Es muy difícil explicarle todo lo ocurrido en aquel campeonato y mucho menos creíble a más de 3 décadas de distancia.

  • Sabès qué pasa … , Andrés – traté de explicarle.
  • Nada Gustavo, nos cagaste, pero la vida da revancha, vamos a una canchita, ya mismo, elegís arco y repetimos aquello. Alguna vez, la tenès que pagar.
  • Más vale que era tarde para aclararle cosas, de todas formas y, mientras comenzamos a caminar hacía ningún lado, yo trataba internamente de recordar paso a paso lo ocurrido aquella vez, pero no me daba paz, la locura de Andrés.
    Era el año ’64, cuando ocurrió, y aunque traté de hacerme el distraído, era algo que yo tampoco jamás podría olvidar.
    Justamente Don Goyo, era el Director Técnico del equipo de Papi Fútbol “Canguros”, equipo de barrio, donde Andrés era el arquero y yo jugaba adelante. Un lindo grupo de chicos que siempre obtenía buenos resultados en los campeonatos de la zona, equipo con camiseta amarilla y mangas verdes.
    Ese verano se organizó un torneo en los Curas de Bernal pero, a raíz de unos días de vacaciones que se había tomado la familia de Don Goyo, no inscribió a nuestro equipo y en principio quedamos afuera.
    Yo, que era medio patadura pero amaba al fútbol, me “prendí” en un equipo de Wilde, en su mayoría compañeros de división de la secundaria, en el cual, y también por razones de vacaciones de algún titular, me permitieron cubrir un puesto en “El Fortín”, equipo de camiseta blanca con una raya en diagonal azul.

Las lluvias de esos días hicieron postergar el comienzo de los partidos por dos semanas, razón por la cual los organizadores del torneo, permitieron anotarse a un par de equipos que no lo habían hecho, uno de ellos … “Canguros”.

Y así, ocurren las cosas de la vida, del destino, de la amistad, del fútbol, y así, se producen hitos en las historias de cada individuo.

Yo no podía dejar al equipo que me había cobijado circunstancialmente, y a esa altura de los hechos, tampoco podía jugar para “Canguros”, porque no estaba fichado. La solución era no jugar, pero el fútbol era más fuerte que mis ideales.
Mientras seguíamos caminando, casi sin cruzar palabra, pasando por una cancha de papi que en ese momento estaba a oscuras, Andrés me dio un empujón en la puerta que me hizo entrar sin la mínima intención de saber si yo estaba de acuerdo.

  • Vení, pasa, conozco al que alquila, le pido una pelota y listo – me ordenó.
  • Pero déjate de joder, qué querés hacer? – le dije contrariado.
    Obviamente haciendo caso omiso a mis palabras, se dirigió, sin titubear hacia la portería para concretar su idea.

  • Por suerte estábamos en distintas zonas, “Canguros” en la A y “El Fortín” en la C. Elucubrando resultados, había una sola posibilidad de que ambos nos enfrentáramos y era que los dos llegásemos a la final.
    Días previos al comienzo del torneo y un poco en broma y un poco sin reparos en el barrio, cuando se enteraron de la situación, me decían vendido, traidor, cagador, y a pesar de estar tranquilo porque sabía que yo no era imprescindible en “Canguros”, también estaba seguro de no haber traicionado a nadie, las cosas se dieron así. Pero muy dentro de mí no tenía paz
    Don Goyo casi me cortó el saludo y ni que hablar de los pibes del barrio.
    A pesar de mi incongruencia y mi dualidad de sentimientos, se dio lo que no tenía que haberse dado nunca.

Fuimos a la final, un sábado de agobiante calor, jugaban a las 5 de la tarde por el 3er y 4to puestos y a las 18,30 hs., jugábamos la final.

Esa última semana se agudizaron los reproches y las cargadas subían de tono. Yo ya estaba como curado de espanto y en mis adentro y, a esta altura, quería ganarles y en lo posible, hacerles algún gol a pesar de ese otro sentimiento de tener mi corazón en “Canguros”.


Se prendieron 3 focos que daban a uno de los arcos y Andrés venía caminando hacia él con su traje oscuro y su corbata desalineada, y haciendo picar la pelota en el piso, mirándome en forma desafiante.

  • Vamos, vení o te achicas – me intimó.
    Dejé mi maletín en el piso, sobre èl, mi saco, y me encaminé hasta acercarme al arco.
    El ambiente estaba caldeado, mucha más gente de Canguros, acompañaba al equipo y el partido terminó empatado 6 a 6. Por suerte o no, todavía no lo sé, no hice ningún gol. Además de alentar a los equipos, el grito de ¡ Gustavo traidor ! lo sentía dentro de mis entrañas

Hubo que desempatar y la forma era: “ejecución de penales”. Había que patear alternativamente 5 penales cada equipo, yo estaba designado último y dentro mío quería llegar a no tener la responsabilidad de patearlo, o sea, que se pudiesen definir antes de mi turno, sea cual fuese el resultado, por ende, fuera quien fuese el campeón. Pero no, la cosa no fue como yo quería. “Canguros” tiró los 5 penales y había convertido 3, “El Fortín” había convertido también 3, faltaba tirar el ultimo, o sea, quedaba el último penal en mis manos, o mejor dicho, en mis pies. De convertirlo, salíamos campeones, de errarle seguía la serie de 3 ejecuciones más. Me corría un escalofrío, temblaba. Esa era la realidad y había que aguantársela.

No podía entender estar frente a frente con Andrés, definiendo un campeonato…., el del Verano de los Curas de Bernal …. del año ’64.

  • Vení Gustavo, ponete y patea si sos macho y tenès huevos ! – Andrés, ya cerca de la locura total.

  • Me arremangué los pantalones y me dirigí hacia donde Andrés había colocado la pelota. Otra vez frente a frente a pesar del tiempo.
  • Yo, y nadie más que yo, sabía lo que deseaba hacer cuando me paré frente a la pelota, a la cual miraba fijamente para escapar del entorno, de los gritos y de toda la gente que se había posicionado detrás del arco.
    Sonó el silbato del juez, seguí mirando el fútbol, pierna izquierda a la par del balón, le pegué un derechazo fuerte, esquinado al ángulo derecho de Andrés que, a pesar de su esfuerzo, no pudo atajarla. Ese instante, esa fracción de segundo, determinó campeón a “El Fortín” – grité el gol y grité el campeonato, el fútbol es así, me consentí, en una disparidad de sentimientos.
  • Pateà de una vez – gritó con bronca Andrés.

  • La misma situación, sólo el silencio cambiaba el paisaje. Cada tanto miraba hacia atrás por si había algún testigo presencial, lo cual me hubiese avergonzado.
    Mi vista fija en el vértice del arco, pierna izquierda al lado de la pelota y le volví a pegar tan fuerte como aquella vez al ángulo derecho de Andrés, sólo que esta vez la “globa” pegó en el poste y salió desviada hacia un costado.
    Andrés salió disparado hacia mí, atropelladamente fijó su cara frente a la mía y, con sus ojos desorbitados, me gritó:
  • Viste, hijo de puta, que vos no me podes hacer un gol a mí, traidor ! – me gritaba mientras me zamarreaba con toda su furia.

Sentí sus gotas de saliva en mi rostro, lo abracé con todas mis fuerzas, con esas que contuve durante tantos años. Mis lágrimas ya no sirvieron para hacerle entender a Andrés que, aquella vez, aquella tarde en la cancha de los Curas, tenía la certeza de tirar el penal afuera. Lo venía pensando mientras era mi turno, patearle finito al lado del palo, pero del lado de afuera, sin levantar sospechas, y que quedara en otros la definición de los destinos de “Canguros” y “El Fortín”, pero a los troncos, a los troncos, el fútbol no nos perdona.

Carlos Emilio Dentone

8 comentarios sobre “Frente a frente (Futbol-Amistad)

  1. Muy bueno Carlos. Me encantó. Perfecto reflejo del hombre; que no sabe entender, que no sabe escuchar, que hace del hecho lo trivial y vano el centro de su existencia. Que destierra el hecho crucial ( la amistad) a la simplicidad más absoluta.
    Así somos.
    Así lo has descrito.
    Y así lo tomó, como lección, para no caer en el error. O al menos, en la medida de lo posible. Porque… soy humano y no puedo evitar caer en esa tentación, la del rencor y la de la incomprensión.
    Pero, ahí estás tú, querido Carlos: para sostenerme.
    Enhorabuena!!!

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