Trabajar cuarenta y siete años, llegar a los sesenta y cinco de edad y jubilarse es todo un mérito, hablo del «jubilado común«.
En nuestro Pais hay distintos tipos de jubilaciones y, como consecuencia, diferentes derechos. Por eso llamo «jubilado común» a los que no tienen ninguna ventaja especial.
Ese mérito logrado no dignifica.
No es que el dinero nos de dignidad, pero hay que revisar muy bien cómo se líquida una nueva jubilación. Si es posible, con asesoría de un profesional en la materia … con el costo que conlleva.
Si no está de acuerdo a la Ley se pierde dignidad con el solo hecho de hacerle juicio al Estado.
Una verdadera vergüenza ! El Estado debe ser ejemplo.
Se pierde dignidad cuando uno tiene que dudar del Estado, que en principio es quien tendría que dignificar a sus ciudadanos todos.
Se duda, no por capricho, sino por conocer la cantidad de juicios que el nuevo «jubilado común» le hace a su propio Estado.
Se pierde dignidad cuando, iniciado ese juicio, también sabemos que pueden pasar años y muchos, para tener un dictamen final.
Trabajadores que se jubilaron a la edad que consigna la Ley y hoy tienen 80 años o más y no tienen una resolución del juicio. Por lo general, con resultado beneficioso para el jubilado.
Se pierde dignidad porque, en caso de mujer u hombre, pasan 20 o 15 años, respectivamente, de tener que arreglarse con un dinero que no le alcanza para vivir básicamente. Sabiendo que le perteneceria más de lo que cobra, con lo cual, sus últimos años de vida son de pobreza y angustia.
Se pierde dignidad cuando se tiene que recurrir a un Profesional Abogado para poder litigar.
Un ciudadano no está en condiciones de sentarse a conversar sobre sus diferencias con el Estado y, si no tiene razon, se retira y si la tiene, cobrar a lo sumo en un par de meses, el total de lo que le corresponde?
Se pierde dignidad al tener que abonarle a aquel Profesional, en caso de ganar el juicio, una cantidad porcentual importante de lo que le corresponde al Jubilado y, no por restarle mérito y profesionalidad al Abogado, sino porque ese importe se lo tendría que pagar el mismo Estado que en definitiva perdió el juicio.
No hice juicio al Estado, me parece un despropósito hacerlo y, por otro lado, sabiendo cómo se manejan, me quise ahorrar años de angustia hasta tener una jubilación atinada y justa.
En la mezcla de juicios al Estado, conocí gente que pudo cobrar el juicio en largos tiempos, otros que ya pasaron más 12 años y no tienen una sentencia final de la Justicia y otros que dejaron esta vida sin haber tenido la jubilación común que le correspondería.
Pero seguí perdiendo dignidad acogiendome a otro ardid del Estado con la Reparación Histórica, donde el Estado reconoce que está abonando erróneamente y paga junto a la jubilación mensual, una miseria. Por otro lado, al adherirme a ese manejo, debí rechazar la posibilidad de un posible juicio.
Conociendo cómo se maneja el Estado para sus adultos mayores, jubilados comunes, tuve la oportunidad de continuar trabajando e intentar vivir más dignamente, aún a sabiendas que mi idea era dejar de trabajar a mi edad legal y, de alguna manera, hacer uso de mi derecho.
Un día la salud me dijo.»basta por ahora» y tuve que dejar de trabajar.
En el balance, la suma del total de años trabajados legal y oficialmente, contabilizando los años previos a los 18 de edad y luego de lograr el jubileo, suman un total de 52 años laborales.
Son muchos verdad?
Entonces me pregunto dónde me equivoqué. Que hice mal, por haber trabajado con sueldos normales y … hoy la jubilación no me alcanza para esa pretensión de vivir dignamente, como tendrían que vivir los jubilados comunes. Para ello trabajaron, para ello aportaron.
Tantos Jubilados comunes podemos estar equivocados expresándonos por esa falta de vivir dignamente?
Vivir dignamente es no llegar a cubrir nuestras compras básicas que incluyen comida, salud, impuestos y servicios? No más? Más no podemos hacerlo y nos obliga a limitarnos.
Estamos equivocados los jubilados que, habiendo aportado desde que existe el Pami, hoy seguimos aportando por un mal servicio, salvo en algún caso donde el médico, puede cubrir con su buena voluntad, ética y moral, lo que el instituto no nos brinda?
Tenemos que afrontar el gasto que significa una prepaga, ninguna garantía de buen servicio, por no contar con un buen servicio de salud por Ley?
Donde nos equivocamos ? No es indigno? Otra estafa del Estado?
No existe un control que analice cada juicio que el jubilado le hace al Estado, siendo que, si el número de juicios perdidos por error en la liquidación es enorme, no hay culpables de esos errores? Todo sigue igual? Vergonzoso.
Cómo se puede vivir normal y dignamente donde el Estado espera que el viejo se muera porque le resulta costoso?
Les resultamos «costosos»? Tendrían que abonar la jubilación correctamente. Si fuera así, no tendrían juicios «al por mayor». Entonces descaradamente estiran los litigios para que el jubilado se angustie más y se enferme y finalmente … perezca.
No existe la vergüenza estatal?
Dónde nos equivocamos los jubilados comunes ?
El Estado se convirtió en un enemigo, no de todos, pero sí de una gran parte de sus ciudadanos.
Sabemos que ese Estado recibe reclamos constantes, es un hecho. Quizás esta realidad se repita en muchos Países y cada ciudadano tendrá su razón o no para reclamar.
Al adulto mayor le queda mucho menos tiempo, por una cuestión lógica. Entonces tampoco el Estado sabe priorizar? No quiere priorizar?
Se sabe que el Estado somos todos.
Los que administran el Estado son los gobiernos. Los distintos políticos provenientes de distintos partidos que, en definitiva son el abanico de posibilidades que nos dan en cada elección, previa campaña electoral y tristes debates.
Ví pasar distintos políticos, distintos gobiernos, desde militares en el poder hasta «distintas» democracias.
No entiendo cómo ninguno pudo solucionar el problema del «jubilado comun«
Los mencionados reclamos, en parte, se han ido solucionando o están en vías de resolverse. Indudablemente con el «jubilado común» no hay miras de «solución».
Cuando la SADE de la filial Bernal-Quilmes convocó, alguna vez, a narrar anécdotas de nuestra ciudad, Bernal, en realidad más que narrar se despertó en mí la posibilidad de volcar por escrito un sentimiento y poder ofrecerlo a su gente.
Alguna vez me hicieron notar que el barrio es patrimonio de cada individuo o, por lo menos, de quienes sienten a su aldea como una cuestión vital que constituye parte de sus grandes afectos.
Uno ama a “su barrio”… o a más de uno.
El barrio es testigo de las vidas de todos sus vecinos. Es mucho más que un conjunto de casas, de plazas, de árboles, de veredas, de negocios, de gente.
El sentimiento por el barrio es individual y no vecinal: por él cada uno siente cosas diferentes y dentro de él se ve inmerso de distintas maneras..
Pensando en el barrio y, tratando de buscar definiciones, reflexioné hasta el punto de considerar que hay distintos tipos de relación entre el habitante y su barrio.
Está el barrio que nos vio nacer, el de la escuela, el de la adolescencia, el de la circunstancia, el de adopción, el del trabajo, el de novios, el barrio de casados, el barrio de los hijos, el de lo nietos, el barrio del exilio.
Y tantos otros…
En fin, cada vecino establece con estos barrios vínculos diversos y, puede tener, asimismo, sentimientos por otros donde alguna vez haya habitado.
En mi caso, mi barrio de cuna fue Almagro; después vino el de adolescente: Wilde. Al tiempo el de mi primer trabajo: el barrio de Flores. Más tarde el de la casa propia, Bernal Oeste y, paralelamente, el del trabajo estable: Quilmes Oeste. Nada menos que treinta años de trabajo allí. Luego, el del matrimonio, el de la nueva familia: Quilmes.
Relatar esto me hace pensar que fui un poco nómade, pero, en definitiva me doy cuenta justamente, que por cada uno de ellos sentí distintos afectos y gratitudes. Y uno no sólo anduvo por allí, sino que siempre está.
Y así les conté un poco mi historia ligada a los barrios.
Pero la vida siempre tiene sorpresas y hoy agrego uno más a esa recorrida.
Te incorporo “A vos … Bernal”.
Quedarme sin trabajo, problema común a muchísimos vecinos de tantísimos barrios, fue el principio de esa etapa.
En la difícil ecuación de buscar trabajo a la edad adulta y, resguardar el dinero proveniente de la indemnización – ya pulverizada y minimizada por el efecto “corralito”- .
Cierto día del año 2002 nos reunimos con algunos amigos, ligados por la misma circunstancia, decidimos emprender el proyecto de instalar un comercio.
Un 30 de abril del 2003 ubicamos un local en nuestra semipeatonal, lo alquilamos y comenzamos a montar nuestro negocio.
A los dos meses inauguramos; más precisamente el 27 de junio.
A partir de ahí Bernal Centro cobró un lugar muy importante en mi vida y, como mencionaba al principio, pasó a integrar esa lista de barrios del afecto. Podría nombrarlo como otro barrio de trabajo, de comercio, pero lo nombro como el barrio del desafío.
Así quedará en mi historia.
Tener un trabajo, sostener una economía, eran en sí metas difíciles, pero más aún abrir un negocio sin contar con experiencia apropiada en el comercio.
Y acá es donde tomé conciencia de que uno puede tener toda las ganas de hacer las cosas bien, tener la idea de dar el mejor de los servicios pero, a la hora de los hechos, hay que asumir la delicada tarea de exponer minuto a minuto, hora a hora, día a día, lo mejor de uno a favor del cliente, sin olvidar los objetivos iniciales.
A tres años de la apertura sigo en el intento de cumplir felizmente el proyecto (aún no sé si lo logré). Sí, estoy seguro de que no podría haberlo realizado si no existiera el vecino paciente, atento, fiel, que consume mi producto, mi servicio.
Me di cuenta que tener un negocio, no es atender y nada más, sino, justamente, es relacionarme con el barrio, con su gente, con su necesidad, sobre todo en este momento tan especial de mi vida.
Y no importa ya el rubro -y creo que tampoco interesa el resultado final del negocio a largo plazo- (al día de la fecha aún no sé fehacientemente si podré renovar mi contrato de alquiler) sólo me interesa en este momento agradecerte “A vos Bernal”, a tu gente.
Gracias por darme un lugar de privilegio en tu hermosa 9 de julio. Gracias en el caso de poder continuar con el proyecto y, si no es así, gracias igual por habérmelo permitido hasta este momento.
Experiencia inolvidable. Un barrio más en mi vida, quizás con un valor diferente.
Esta es mi sencilla, pero sentida anécdota dedicada “A vos Bernal” … y a tu gente.
CARLOS EMILIO DENTONE.
(Este relato forma parte de la Antología :. “Bernal … ese lugar”, de la SADE FILIAL BERNAL-QUILMES, editado en Editorial Dunke, Año 2007)
Algunos autores: Héctor Acosta Stella Maris Bertinelli Isabel Corrao Santos Evaristo Rodríguez María Clara Dal Molin Oscar Rodríguez Carabelli Lucrecia San Martín Pedro Soto Liliana Waipan Margarita Wolf y otros.
Aquel día en que dos manos se acariciaban en pos de un nuevo amor, tenían como futuro un plan de vida juntos …
Un hijo … Una prolongación de sus seres … y … dieron a luz.
Saliste al mundo, cuando dos manos anónimas te extrajeron de tu nido y una de ellas … te dio una palmada, de bienvenida, ante tu esperado llanto.
Al poco tiempo, varias manos amigas te saludaban sin siquiera rozarte, por amor a tu inmensa fragilidad.
Así un día, tus propias manos llegaron a tu rostro, descubriendote, y una torpe cuchara ensuciaba alegremente tu cara con el alimento, aquella papilla, que las manos de tu madre elaboraron con todo su amor.
Un lápiz, crayones de colores y un cuaderno, eran testigos de palotes e imaginarias letras donde tus manos hacían los primeros intentos, en la vieja escuela del barrio. Las manos de maestras fueron contenedoras para tus temores …, tus emociones, tu aprendizaje, tu crecimiento.
Asi creciste y valoraste el significado de la mano del amigo, siempre presta a tu necesidad, al igual que tu propia mano, que se apoyó en el hombro de ese amigo … para su consuelo.
Asi fuiste ese ser que con sus manos ofrecía ese mate, ese café para hacer girar la rueda de la Amistad.
Quizás esas manos algún día cometieron algún atropello, lo enmendaste pidiendo perdón con un fuerte apretón de manos … para continuar la vida.
Quizás algún día elevaste tus manos al cielo buscando tu patria, en aquel celeste y blanco, con aquel sol refulgente que hacía gala de su luz.
Y conociste el amor, donde con tu pareja, juntaron sus manos, iniciando el camino familiar.
Quizás alguna noche juntaste tus manos, te acercaste a tu ser supremo, rogando por vos, por tu familia, por un amigo o simplemente … para dar gracias.
Necesitaste de manos impuestas para tu bendición o para sentir la tibieza y la energía de otro ser.
Así tus manos repitieron la historia de tus padres y un día tuviste entre ellas, aquellas extensiones de tu ser, tus hijos.
Más tarde con el correr de la vida, llegaron tus nietos, tus manos se extendieron, ofreciendo las felices debilidades de abuelo.
Tus Amigos, ya de cabellos plateados, acompañaron tu andar, estrechando tu mano y recibiendo un mate, un café … aquellos de la rueda de amistad.
Minutos antes de partir saludaste a tu gente con tu mano … la otra estaba contenida dentro de las solidarias manos de quién te consolaba y te acompañaba en tu decir adiós … para no vivenciar la soledad .
Un tren entre nubes de algodón te esperaba paciente, para recorrer un mundo de manos y brazos abiertos, de eternos consuelos, de una paz desconocida, que se mezclarían con tus manos y tus brazos, para compartir con otros pasajeros, que encontaron una vida nueva, hoy… amigos para siempre,amistadde manos unidas, de manos de amor…
De pronto, muy escurridizo, el brillo del sol escapó de las nubes, asomó en este otoño de colores ocres, te alumbró en el escenario, en el tablado de la vida, saludaste reverente a un público ausente que te aplaudía en silencio.
Un árbol robusto viendo caer sus últimas hojas, impedía, evitaba que me vieras, seguí tus pasos con atenta mirada, mi corazón latía, mis manos sudaban, mi cuerpo temblaba.
Salí de mi butaca intentando tu encuentro, con mis brazos abiertos brindándote bienvenida, mientras tanto y bruscamente la luz del febo desaparecía y te perdí en la penumbra del bosque.
Caminé a ciegas, sólo sentía mis pasos, crujían las hojas secas quebradas bajo mis pies. No oí tus pisadas, no escuché tu respiración, que la imaginé agitada, no te encontré, te perdí, acaso te esfumaste?
Volví vencido a mi refugio, ahora con tenue llovizna. La luna, esa plateada e inmensa luna tomó el comando del cielo.
Aquel escenario volvió a brillar.
Regresé una vez más a buscarte, atrincherado detrás de aquel árbol fornido y desnudo.
Mi empañada mirada recorrió el infinito, mi pecho dejó de vibrar, mis manos dejaron atrás el sudor, mis ojos que manaron tristes gotas de sal, te esperaron, te sufrieron, te extrañaron … así … asi como en cada otoño que voy a tu encuentro y a oscuras te pierdo.
Sencillamente … simplemente … como en cada otoño en que mágicamente, te encuentro y fugazmente te pierdo.
Al nacer y adueñarme de mi cuna, él…, él ya estaba ahí, junto a mis viejos y mi hermana, en aquella Sala enorme de mi amado Barrio de Almagro.
En realidad, él ya tenía su lugar en la familia. No sé con exactitud, pero estimo que a partir de los 10 u 11 años de edad de mi viejo, comenzó a gozar de un regalo que recibió de su papá, mi abuelo, a quien no llegué a conocer.
Fue uno más de la familia desde siempre, al lado de miviejo, mejor dicho desde que vino de Alemania.
Era un “Upfer”, vertical, de cuerdas cruzadas y 88 teclas.
Con él, mi viejo recorrió su vida, desde que pudo estudiar y lograr el título de Profe de Teoría y Solfeo hasta que un día, y ya entrado en años, tuvo la negación justificada en seguir tocándolo.
Pasó su vida con él.
No lo ejecutaba pero sí, hasta su último instante, estuvo a su lado, momento en que se marchó con sus partituras a otros cielos.
Él respiraba amor por la música y por el piano en particular, sin dejar de lado el bandoneón, que también fue su ladero musical.
Esa pasión por su piano fue lo que nos dejó como herencia sentimental.
Tal es así que tanto el “fueye de nácar” como el Upfer eran otros integrantes de la familia, hasta diría que teníamos 2 amigos más.
Mi viejo y el piano vivenciaron tanto que me hubiese gustado haber estado en el momento del regalo del abuelo.
Que momento!!!
A través del tiempo y sus relatos o los de la familia y amigos, si bien no tengo detalles puntuales, esas vivencias fueron recreadas en mí, me pusieron al tanto.
Ya de pantalones cortos tocaba en bares, confiterías y algún evento privado, por supuesto acompañado por su papá, porque no permitían que un pibe entrara solo a algunos lugares.
Desde aquellos momentos formó parte de distintas orquestas, ya sea interpretando Jazz o Tangos, aunque participó, en menor medida, en grupos tropicales.
Con un trompetista amigo, hacían muchos casamientos de una comunidad extranjera, que no recuerdo cuál era.
Claro, él era el único músico que no llevaba su instrumento a cualquiera de los eventos. Por un lado una ventaja, no tenía que llevar más que sus partituras, por otro, no dejaba de ser un problema porque en cada evento tenía que adaptarse al piano del lugar. Lo obligaba a presentarse un par de horas antes para comprobar … qué le tocaría en suerte.
Así aprendimos que el piano es paciente, o sea, él sabía que el músico lo utilizaba para ensayar y en el fin de semana generalmente, sentía un abandono, aún sabiendo que al rato volvia y si bien no lo tocaba a su regreso, seguramente lo acariciaba antes de irse a acostar.
Creo que mi viejo lo hacía en aquella Sala de Almagro.
La rutina semanal consistía en ensayar, fundamentalmente, cuando le llegaban partituras nuevas, pero más tenía que ver con la necesidad y el placer de tocar … lo que fuere.
Cuando ésto ocurría, mi mamá, a un costado del piano, intentaba leer la letra en la partitura, si es que no conocía la canción. Lo acompañaba cantando, y qué bien lo hacía la gordita!!! Ambos eran como nuestro show para mi hermana y para mí.
Mi hermana supo estudiar Teoría y Solfeo, y más de una vez se sentaba en el taburete y le daba a su “Para Elisa” o alguna canción que ya podía leer.
En realidad yo, si bien era el más pequeño, era el único que no aportaba ni una fusa ni una semifusa, pero ojo!!! no me quedé atrás, en algún momento me integré -haciendo la percusión- acompañando a mi viejo.
Si bien no les quedaba otra que aguantarme como baterista, no estaban muy conformes conmigo ya que había roto más de una aguja de tejer de madera. Si no recuerdo mal las Número 5, obviamente eran las agujas de mí mamá. Además se me adjudicó la rotura del tapizado de cuero de dos sillas del comedor.
A pesar de esos inconvenientes, esperaba ansioso que mi viejo se pusiera a tocar.
Ese instante, esa imagen, pasa a ser un momento que se extraña por siempre y nunca se recupera, el tiempo no lo supera.
Se van mezclando recuerdos, vienen a mi mente algunos más.
Uno de ellos era una partitura, de color celeste, de una canción que había compuesto mi papá con un amigo y en la portada estaban los dos rostros insertados en un bandoneón abierto.No niego que me daba cierta impresión… pero la conservo.
La otra, era una caricatura del viejo tocando el piano con sus pantalones cortos, tallada y dibujada en una especie de cuadro de madera. Una verdadera reliquia … quién sabe que camino rumbeó!!!
También recuerdo el día que le pedí:
«Papi, me enseñas a tocar alguna canción?«
Él me contestó: yo te puedo enseñar, pero si te gusta … tenés que estudiar.
Fue como un reto, pero cosa de pibe, no quería ponerme a estudiar, se notaba que con el colegio era más que suficiente para mí cabeza.
Por fin me enseñó a tocar, utilizando el dedo índice de mi mano derecha como único contacto con el piano, una canción para niños, muy triste por cierto, pero una vez aprendida, cuando podía y me dejaban, la tocaba.
Era una vidalita que en su letra decía: “…Yo tenía una chancha, vidalita, con 5 chanchitos, se murió la chancha, vidalita, quedaron solitos …”
Recuerdos ajenos a la Psicología delmomento.
Otras vivencias compartidas con mi hermana y mi mamá eran acompañar al viejo a algún Club o algún lugar donde tocaba y se nos permitía acompañarlo.
Muchos años participó en una orquesta, “Giordano Cobbre y su Jazz”, que se presentaba en un lugar, que con el tiempo amé: “La Associazione Nazionale Italiana”en la calle Alsina, en la Capital. Hoy diría que era una milonga con orquestas en vivo, una de Jazz y otra de Tango, en su momento le decían “La Típica”.
Para mí estar en un costadito del escenario y mirar a mí papá disfrutando del piano es algo muy difícil de explicar. No es fácil describir lo que significaba para mí con 7 u 8 años de edad vivir ese momento.
Era hermoso y el recuerdo me emociona…
Algo muy especial vivenciaba al acompañar a mi papá a los ensayos. Otro lugar mágico que generalmente se encontraba en los misteriosos sótanos de algunas confiterías o bares de la Avenida de Mayo.
Sin emitir palabra, para no incomodar, contemplaba “la cocina” de las canciones que iban a interpretar en el fin de semana. Siempre bajo la mirada sonriente y un poco cómplice de mi viejo.
Al principio comentaba que el piano era uno más de la familia, prueba de eso, además de los cuidados normales de un mueble, se agregaba la limpieza a fondo.
Más que limpieza era un ritual, con ciertas pautas a cumplir a rajatabla. Por ejemplo, en ese día no se podía distraer con otro tema; es decir, dedicándole el tiempo suficiente en exclusividad, generalmente un Sábado, Domingo o día feriado, asegurándonos que fuera un día soleado. Despejar un lugar, una mesa o un sillón, del largo del piano. Tener preparada un par de bolsas de naftalina en bolitas.
Obviamente fui aprendiendo este método con el paso de los años y para mí era otro momento mágico.
El proceso era abrir las ventanas para dejar pasar al sol y comenzar a desarmar todo el piano: la cubierta superior, los frentes altos, medios y bajos, la tapa propia del teclado y por último, con el mayor de los cuidados sacar tecla por tecla. Rearmábamos el teclado en la mesa o en el sofá. Era imposible equivocarse porque las teclas estaban numeradas en el dorso, muy prolijamente escritas a tinta por mi viejo. Así quedaba una imagen distinta del Upfer. A mi manera de ver quedaba desnudo, como desprotegido.
Era una forma de recibir al sol de pleno en su interior. Para esto se ponía la naftalina en un lienzo, se tapaba con el mismo lienzo y con un martillo pequeño se golpeaba para hacer un polvillo bien finito como si fuera una harina. Una vez limpio cada parte del piano, se desparramaba la naftalina por todo su interior, en especial, en la base donde se colocaban las teclas.
La función de la naftalina consistía en proteger especialmente a todos los paños internos del piano, que tiene en buena cantidad, contra polillas y otros minúsculos bichitos, también protegía la madera. Luego se procedía al armado, tecla por tecla y demás partes. Se tenía muy en cuenta que no quedaran pedacitos gruesos de naftalina para que no pudiera dañar algún sector.
Una vez armado, mi viejo tocaba un par de temas para testear cómo había quedado.
Increíble el aroma especial que quedaba en el ambiente, con la mezcla de la vieja madera asentada y la naftalina.
Otra de las rutinas, no recuerdo la periodicidad, era la afinación.
Sí, recuerdo que venía un afinador, siempre el mismo, un hombre de unos 50 años, de baja estatura, gordito, morocho, peinado con gomina y con sutraje azul oscuro.
Quizás lo tenga presente, porque en su momento no entendía cómo este hombre, que era no vidente, con qué destreza manejaba la llave de ajustar las clavijas y el diapasón.
Con el tiempo, comprendí su sensibilidad para ese trabajo.
Por supuesto que en esta cuestión de rememorar la vida del piano, en su rol tan querido, se entremezclan cosasque se pierden y otras que quedarán ahí …
Pero hubo un tema que jamás podremos olvidar.
El 13 de Enero de 1960 y siendo las 18.50 horas de una tarde muy calurosa, se derrumbó el techo de aquella Sala donde prácticamente pasábamos la mayor parte del día.
Sin entrar en tristes detalles, por minutos nomás, no tuvimos desgracias personales.
En ese instante una de mis abuelas, laNonna, estaba lavando ropa en las piletas del fondo, mis viejos yendo a una zapatería a cambiar un par de zapatillas que me habían traído los Reyes, mi hermana en casa de unos tíos, en los pagos de Ciudadela y yo sentado en el umbral de la puerta de la casa.
Fue “una desgracia con suerte”.
El que sí estaba en laSala … era el piano...
Una vez que los bomberos fueron despejando, con el paso de los días, el lugar para rescatar algunas cosas. Se habían roto muchísimas. Lo que no estaba roto estaba averiado, menos el piano, que sólo se veía el polvillo del derrumbe sobre él y no sé si fue por esas casualidades que no cayeron yesos, cemento y cascotes sobre él o su fortaleza impidió que se dañara … ni un rasguñotuvo.
No es que tenga la memoria tan finita, pero siempre recuerdo la hora, porque en ese despeje para rescatar lo que se podía, había un reloj de péndulo, esos que dan campanadas a cada rato, que marcaba las 18:50 horas, hora de lo sucedido.
Ahí quedó detenido su tic tac …
Me quedó grabado.
Como decía, sin entrar en detalles, la realidad era que además de las pérdidas nos habíamos quedado sin vivienda.
Algunos días los vivimos en casa de aquella abuela, que estaba en el fondo, y vivía a una cuadra de casa.
Aquí comenzó todo un cambio de vida a la cual nos acostumbramos con el paso de los días. Terminamos siendo agradecidos por la colaboración especial de la familia de mi mamá.
Muchos de ellos vivían en Wilde y al enterarse de lo sucedido se pusieron a buscar alguna casa para alquilar, de acuerdo a nuestras mínimas necesidades.
A los pocos días consiguieron una vivienda y en otros pocos días más … nos mudamos.
Bendita gente solidaria!!!
Destaco que la casita que nos consiguieron se ubicaba en la calle Lomas de Zamora casi esquina Bragado de Wilde.
Entonces lo muy significativo fue que así como amábamos Almagro, Wilde nos cobijó, nos dio contención, nos devolvió a la vida.
Creo que los Barrios hacen también a nuestras vidas.
En ese entonces éramos 6, mis viejos, mi hermana, el piano, el bandoneón y yo.
Si bien en aquella época era muy distinto vivir en Capital o en la Provincia, así se los distinguía. A pesar del amor por nuestro Almagro de cuna, en Wilde nos sentíamos mejor.
Además del Barrio, la casa era distinta, no teníamos que compartir nada con ningún vecino, como en Almagro.
Fuimos acomodando todo lo que teníamos, mejor dicho lo que juntábamos. Hablo como si yo hubiese hecho algo importante, sólo tenía 9 años… más que mirar …
El piano fue de los primeros en ubicarse y otra vez estaba “de pie”, tenía su lugar de privilegio y, pasado el tiempo, fue cumpliendo con todas sus rutinas de cuidado y ofrecer ese placer que nos entregan los instrumentos musicales.
Vivíamos a 5 cuadras de la Estación de trenes y a 3 de la Avenida Mitre que en su recorrido, después del cruce del Riachuelo, conectaba con la Capital .
Fui terminando mi niñez y entrando a la adolescencia y juventud en Wilde.
Me gustaba jugar a la pelota, al fútbol, en la Capital era muy complicado jugar en la calle. (hago referencia de esto en un relato que llamé: “El autito”).
En Wilde se podía jugar en la calle con muchas más posibilidades y libertad.
Con los pibes del Barrio jugábamostambién en algún Club del Barrio, pero nos encantaba jugar en la calle.
A menos de un par de cuadras de casa había una fábrica que, al finalizar cada jornada, cerraba su portón y, sin que se quejaran sus dueños, utilizábamos ese portón como arco!!!
Inolvidable también !!!
Hoy, a la distancia en el tiempo, para un pibe de 10 años tener cerca un portón para jugar a la pelota era básico y elemental.
Mi familia se fue reacomodando a la nueva vida y vuelvo a repetir … Wilde fue nuestra gran contención y, al poco tiempo, éramos vecinos como tantos.
El piano, creo, intuyo que se sintió más protegido y visualizó que podía tener más visitas, familia y amigos, que en aquella casa de Almagro.
Para resumir, el piano tuvo 2 mudanzas más.
Las dos en Bernal Oeste.
La vida, con sus avatares, nos dio la posibilidad de una mudanza que equivalía decir mudarnos a una casa propia.
Hasta tanto terminar la edificación de esa casa, el piano estuvoherméticamente cerrado hasta que se acabó la construcción más pesada.
También se la bancó, sin decir nada.
Obviamente extrañábamos escucharlo, pero tanto mi viejo como él, sabían que en un momento se reencontrarían a disfrutar juntos y retomar su rutina de limpieza y afinación.
Otra de las que pasó el piano fue la inundación del 30 de Mayo de 1985.
No era fácil levantarlo para evitar el agua, pero los que alguna vez estuvimos inundados sabemos qué es lo que se siente y lo que siente el vecino.
Por eso la gente se solidariza sin preámbulos y se van ayudando los unos a otros. Otro tema para mencionar, por la circunstancia no más y sin detalles.
Es decir, el piano trataba, de quedarse finito y delgado para que lo pudiéramos ir alzando mientras el agua subía, pero tambiénse aguantó sin quejas.
Los tiempos pasan increíblemente rápido y su andar es implacable.
Mis viejos crecieron, ya estaban muy mayores y con algunos problemas de salud.
Mi hermana con mi cuñado decidieron hacerles una habitación con su baño, en su propia casa, para tenerlos cerca y darles los cuidados del caso. O sea, le ofrecieron otra calidad de vida y el cuidado de ellos con todo su amor.
Agradecido por siempre con este proceder.
Y el piano?
Si bien mí papá ya casi no lo tocaba, el piano fue con ellos y lo ubicaron en el living de entrada. Suficiente para saber que entre mi viejo y el piano continuaba su vínculo, yo digo … cuidándose el uno al otro.
Decía que el tiempo sirve para todas las cosas y también para ser testigo de pérdidas de seres queridos.
Así partió mi viejo y al tiempo mamá.
De los padres se tienen infinidad de recuerdos y por mas años que pasen y que uno tenga, esos recuerdos siempre viven en uno.
El piano seguía firme y, además de ser un piano, era la presencia de mi papá y porqué no … de mi mamá.
Era un símbolo familiar!!!
Cada encuentro en la casa de mi hermana y mi cuñado, era entrar y sentir que mi viejo estaba ahí, presente representado por el Upfer.
Que sensación era entrar y verlo!!!
Yo, a pesar de haber sacado otras canciones además de aquella Vidalita, ya no me gustaba sentarme al piano. No lo sé definir, pero más que gustar había algo que me impedía sentarme y tocar algo. Algún día, como yo me hacía cierta autocrítica por esa negación, me dije a mí mismo que me respete, que si no podía tocar, aunque fuera la Vidalita, lo tomara como una especie de respeto, de homenaje, de no invadir al papi.
El tiempo siguió caminando … o corriendo?
Para continuar llega una nuevamudanza, en este caso por cambio de vivienda de mi cuñado y mi hermana, a un lugar, también de Bernal, pero más céntrico, más acorde a sus necesidades y sus posibilidades.
Cambiaban de una casa amplia a un departamento.
Ellos con sus hijos y nietos y yo con mi familia felices de este cambio.
Obviamente el cambio no era fácil, se tenían que reducir en algunos cosas que uno va teniendo en el transcurso de la vida, pero llega un momento en que no se utilizan más.
Y el piano?
El piano fue otra instancia de conversar mucho con mi hermana. Ninguno de los dos quería desprenderse del piano, pero no había otra posibilidad.
Quizás en algún momento pensamos en una posible venta, pero el piano de mi papá no era para negociar … no era para venderlo. La idea de cambiarlo por unos pesos y nunca más lo íbamos a ver o nosotros o nuestros hijos o los nietos … no se justificaba.
No se podía finalizar una historia así.
Nos pusimos a pensar en donarlo, pero surgió la incógnita de a quién?
Podía pasar lo mismo, lo donábamos y quizás nunca más lo podíamos llegar a ver, pensábamos … aunque sea saber de él.
Tendríamos que tener un contacto, familia, amigos, conocidos que quisieran tener el piano, que para ésto y con lo ya contado, había que repararlo, ajustar sus patas, colocarle una cuerda que estaba cortada, hacerle una limpieza y por fin afinarlo.
Hicimos un par de contactos, o sea 2 amigos que les podía interesar y el tercero fue otro amigo.
Un amigo que conocí virtualmente en el 2020, en pandemia, en unConcurso Literario, donde logró ser el ganador. Me habia gustado mucho lo que había escrito, un Poema que se llamaba “Vincent”.
A partir de aquel día nació un hermoso vínculo con él y hasta pudimos hacer algunas cosas juntos, relacionadas con la Literatura, Programas por Zoom, videos, etc., etc.
Además, él es Actor, Director de Teatro o sea un tipo que respira Arte. Yo digo que la gente que ama lo artístico tiene como un “plus” en la vida, cuestión mía, pero así lo siento.
Dentro de la búsqueda del contacto no dudé en comunicarme con él y plantearle lo referente al piano y a las circunstancias.
Él me entendió y seguramente, tendría contactos que pudieran interesarse por el tema y poder recibirlo no sólo como un instrumento musical, sino que lo hicieran con la condición de cuidarlo y, en lo posible, lo llegaran a querer.
Creo que no pasaron 24 horas y ya me había adelantado una respuesta de aceptación de la donación.
A los poco días lo confirmó.
Al principio me sorprendió con mucha emoción, ni le pude agradecer como correspondía a su gestión.
Después … luego … al rato … no me sorprendió, para nada, quien sería el que recibiría el piano.
Era un Centro Cultural en actividad, a esta altura diría es un Centro Cultural en funcionamiento y cómo funciona!!!
Creen que puedo mentir si les digo que el piano fue el que tomó este camino?
Élfue el que tomó la decisión de dónde tener su próxima morada.
Créanme!!!
Resulta que aquel Barrio de Wilde que cobijó a mi familia, dónde hacía más de 60 años yo jugaba a la pelota en la calle con mis vecinosy usábamos el portón de aquella fábrica como arco futbolero, tuvo también sus modificaciones, lafábrica quedó abandonada.
Por un lado, una familia vecina había abierto y puesto en funcionamiento un Centro Cultural, muy cerquita de nuestra casa.
Era la familia de Justo Lynch, vecino destacado wildense.
Una descendiente de J. Lynch, junto a su esposo, lograron trasladar el Centro Cultural – luego de realizar sus gestiones – a esa fábrica abandonada, a sólo un par de cuadras del lugar original.
Esa fábrica abandonada era aquélla que tenía su portón … ese portón que usábamos como arco futbolero.
Desde mí sentir … un lugar familiar, de afectos, particular.
Ese Centro Cultural recibió al piano de mí papá y luce en un Salón, rodeado de Obras de Pintura de Don Justo Lynch.
Creo que el piano buscó su lugar, cerquita de la casa que lo contuvo en su primera mudanza.Ahí … Ahí donde jugábamos a la pelota.
El Barrio lo volvía a cobijar y pasaba a ser un patrimonio artístico familiar afectivo.
No lo hice correctamente, lo hago ahora, agradecerle mucho a este querido amigo y a la Administradora del Centro Cultural, que también, además de aceptarlo, hizo toda la gestión para que el piano tuviera su lugar, en Polonia y Bragado … de Wilde…
La Administradora, nieta de Don Justo Lynch,algo intuyó de esta historia , supongo, al recibir el piano.
Nada es casual. No es asi?
Los objetos, cualquiera que sean, tienen vida y sentimientos. Éste es un ejemplo y, los que vivimos del sentir … lo apreciamos.
Mi hermana y yo y porqué no, el resto de la familia, estamos felices de saber que el piano de nuestro papá, vive con él, ahora, en Wilde en el Salón del Centro Cultural, rodeado de Arte.
Pero la vida sigue dando sorpresas, ayer nomás … fui a visitar el nuevo hogar de mí hermana y mí cuñado, muy bonito, cálido y luminoso.
En la primer recorrida por el departamento y en unlugar especial de un mueble, mi hermana había puesto aquel cuadro de la caricatura del viejo.
Si bien yo recordaba puntualmente ese cuadro, pensé que ya no existía, lo hice presente en renglones más arriba.
Tenía en mente que luego de tantas mudanzas y con tantos avatares, se había ido también a otros cielos y no… está ahí, más viejito por el paso del tiempo pero está ahí.
Yo lo recordaba como algo muy querido, muy amado, pensé que ya no lo vería más, pero estaba ahí … apareció, para mí, como suceden las cosas que llamamos “milagrosas”.
Llegué a acariciar el cuadro, y pude atajar la emoción, no dudé en tenerlo como imagen que acompañe este relato.
Me decía mihermana que quería sacarle una foto para que se vierala fecha y la firma de quién hizo el cuadro.
Este detalle, yo no lo tenía.
En el extremo superior izquierdo de la foto se puede leer:
“9-1931” “H. Prince”
Mí viejo tenía entonces, 13 años, con su piano y sus pantalones cortos.
En nombre de “El piano de mi Papá” el agradecimiento a cada uno de los que vivenciaron esta historia de vida.
Carlos Emilio Dentone.
PD: Agradezco muy especialmente a Emilio Rupérez, Mónica Lynch,Silvia Fortunatoy al Centro Cultural Justo Lynch deWilde.
Impones, esa línea, el firmamento, limite entre mis ojos y más allá … el misterio.
Con amaneceres, donde mágicamente, sacas de tus entrañas a un sol incipiente y tenue que se empodera con cada instante que pasa.
Con atardeceres donde llamas a silencio a ese mismo sol, que recorrió nuestro día, y se presta a descansar en tu regazo.
Con Noches especiales en las que en complicidad con la luna, van dejando huellas y figuras danzantes, que el poeta inspirado llamó literalmente
“fosforescentes caballos marinos”
Recibís la visita de ríos que culminan esas partes de sus vidas en vos, le ofreces tu claridad, tu gusto de sal y así te haces eterno, inconmensurable y magnifico.
Sos mar, así ondulante …
sos mar, incansable, infatigable…
sos mar, inconmensurable, magnífico…
sos mar, en el alba, en el ocaso, conversás con el sol, con la luna,
sos mar, cabalgas en fosforescentes caballos marinos,
sos mar !!!
Aún con tus furias de altos oleajes el contemplarte da paz, en una sensación muy particular, con diálogos que solo escuchamos
vos … Y yo …
Nuestra vista se adentra curiosa y allá queda, expectante en tu limite extremo.
En esa línea fina que no termina, en ese espacio que no existe, en ese ir y venir ondulante e incansable, que se repite en movimientos sin final.
Sos mar, así ondulante …
sos mar, incansable, infatigable…
sos mar, inconmensurable, magnífico…
sos mar, en el alba, en el ocaso, conversás con el sol, con la luna,
sos mar, cabalgas en fosforescentes caballos marinos,
sos mar.
Sos mar … Cuando te visito desde la arena y formo parte de vos, con solo contemplarte, puedo vivir un sueño deseado a tu lado, como cada año, como en cada encuentro
Punto inicial del andar, sintetizado en un beso, una caricia, un abrazo, una carta, una comida, una canción, una pintura, un barrio, un club, una maestra, una madre, un hijo, una novia, un nieto, una mascota, una Oración, un gracias …
Somos infinitos en el amor.
Si no fluye, algo nos pasa y es momento de sentarse a conversar con uno mismo.
Somos amor, estamos concebidos por amor.
Quizás nos falte hacerle más publicidad real y continuar expandiéndolo, en nuestra familia íntima, en aquella un poco más lejana, en amigos, en compañeros, en nuestra ciudad, en nuestro País, en otros Países.
Pasó el tiempo y no te olvidé … o no quise olvidarte?
Tengo grabado a fuego el día que me dijiste que ya no me amabas.
Al principio me dolió, me sentí despreciado, me preguntaba:
¿qué hice mal para perderte?-
No tenía una respuesta clara, por el contrario, comencé a dudar de mis propios sentimientos y a medida que lo fui reflexionando, esas incertidumbres me confirmaban que nuestra pareja ya no tenía posibilidades de seguir.
No solo éramos distintos, tampoco fuimos complementarios.
Qué simple es decirlo, cuánta impotencia trae el sentirlo.
Acepté tu decisión, entendí tu valentía y renegué de mi cobardía.
Tome distancia y observé desde afuera nuestro vínculo, traté de ver a una pareja común, con sus cales y arenas, con sus alegrías y sus penas.
Surgió como tema la decisión !!!
Por qué dilapidamos y extendemos un final evidente? Quién se atreve a dar el adiós definitivo?
En esas incertidumbres tampoco tenía respuesta, sólo seguía viéndote hermosa, sensual, pícara, un modelo de mujer – esa mujer que muchos hombres anhelamos – y el recuerdo del día en que te conocí con aquél vestido rojo sangre, luciéndolo con garbo subyugante, en aquella fiesta empresaria, que fue testigo de nuestro primer encuentro.
Casualidad o causalidad, ambos teníamos 27 años y teníamos el mismo signo zodiacal en común.
Nunca dejé de admirar tu belleza, tu piel, esos ojos color miel, tu cabello negro enrulado, tus labios carnosos, tu forma de besar, tu entrega en la intimidad, tu contención en el después…
Éramos cuerpo pero no alma.
Traté de superar el momento, me dirigí a elaborar el duelo y seguir dialogando con mi conciencia.
En mis viajes solitarios en auto, hacia la nada, tomaba caminos sin destino, necesitaba evadirme, no me permitía afrontar el “no amor”, escaparme de la realidad que, aunque aceptada, me angustiaba.
Así recorría kilómetros y kilómetros, así pasó el tiempo … así pasó la vida misma …
El día de mi cumpleaños numero 67 salí a la deriva una vez más, disfruté de aquel atardecer, con el sol poniéndose entre nubes, daba la imagen del ocaso perfecto.
Una imponente casona antigua abandonada, con sus rejas enmohecidas y sus portales desvencijados, daban un marco fantasmagórico a otro de mis recorridos.
En un instante dudé que estuvieras ahí, coronando ese paisaje insólito. Me pareció imposible verte con aquel vestido rojo sangre, sobre el pasto escarchado y luego posar en uno de los inmensos ventanales.
Me pareció imposible verte con aquel vestido rojo sangre, sobre el pasto escarchado y luego posar en uno de los inmensos ventanales, como si me llamarás.
Fue solo un instante.
Quise correr y abrazarte, pero estaba paralizado, más te miraba, más te deseaba, más te necesitaba … más te alejabas … dolorosa impotencia.
Giré con fuerza el volante para no perderte de vista, sentí un golpe fuerte y me invadió una música celestial que me envolvía, que me elevaba.
Jamás desperté del sueño, sólo sentí que extendí mis brazos y estabas ahí … como un ángel que abría sus alas, dándome la bienvenida y brindándome ese amor … ese amor que un lejano y hermoso día conocí.
Es increíble el momento en que nos invade un recuerdo, más de aquéllos de cuando éramos pibes, allá lejos y hace tiempo …
Recuerdos vagos que no pasaron un montón de veces por nuestro pensamiento, no … no, pero la mente los tiene ahí … en un rinconcito y afloran en un instante muy especial y nosotros los dejamos venir, sin entender demasiado estos juegos caprichosos entre el cerebro y el corazón.
Jugaban la final del Campeonato de Fútbol de Argentina, Copa de la Liga, entre Vélez Sarsfield, el equipo de Liniers «el Fortín» como le dicen en el idioma futbolero contra Estudiantes de la Plata, el «Pincharrata», siempre del Dr. Bilardo.
Si bien no simpatizo con ninguno de los Equipos, ni tengo preferencias por alguno de ellos, me hubiese gustado que ganara Vélez, porque mi primo Hugo es un «hincha de aquéllos», pero también y contradictoriamente prefería del triunfo del «pincha» por mi querido amigo Jorge.
El fútbol tiene, también … esas cosas.
Jugaban el partido final del 2024, en un estadio hermoso, en nuestra Provincia de Santiago del Estero: el Estadio Unico Madre de Ciudades. Con la característica, tan ansiada, de que podrían participar las hinchadas de ambos clubes.
Desde hace años se prohibió el ingreso de hinchas visitantes en el fútbol dominguero … dominguero y de cualquier día de la semana… como es costumbre, devorando fechas …
Parte del folclore del fútbol se pierde limitando los ingresos, se pierden los cánticos de un lado … con la devolución del otro lado, el lucir de las banderas y todo el colorido de cada camiseta, en las tribunas repletas de hinchas.
Porqué no pensar que un día podemos ir todos a la fiesta de cada Domingo, a la fiesta del fútbol.
Además, el encuentro, en Santiago, tenía horario «futbolero» … comenzaba a rodar la globa … a las 15 horas.
La televisión no transmite estos encuentros por lo que yo, podía estar al tanto del partido sentando frente a la TV, mirando la gente en la tribuna y oyendo el audio del relato; escucharlo por radio, como era ritual hace varios años atrás; o bien intentar verlo por Internet si alguna Web «non Santa» se dejaba ver.
Obviamente quedaba la posibilidad de pagar, a algún canal deportivo, pero esa opción ya la había descartado hacía tiempo.
Fui alternando dentro de las posibilidades mencionadas y así me iba poniendo al tanto, no solo del acontecer del partido, sino al mismo tiempo de noticias varias de actualidad, que muchas veces son reiteradas, repetitivas y otras mejor ni escucharlas.
Pasados los 14 minutos del primer tiempo llegó el primer gol del partido … el gol de Estudiantes.
Se escuchaba el griterío del festejo y de fondo los cánticos de la parcialidad, que adornan los goles … «Borombombom … Borombombom… es el Equipo … del Narigón» … «Borombombom … Boromb …»
En ese instante, veo que Internet muestra la noticia del fallecimiento del «Flaco Menotti».
Esas noticias que paralizan. Esas noticias que dejan caer lágrimas sin solución de continuidad, esas noticias que marcan una pérdida de un ser apreciado, aunque no sea un ser cercano.
Claro como no va a ser querido aquel Director Técnico que dirigió a la Selección Argentina en 1978 y logró el primer Campeonato Mundial … acá … en el Monumental, más precisamente el 25 de Junio, un día frío, que mostraba el comienzo del invierno, con papelitos al viento, como nunca se había visto en el mundo y con el ritmo acompasado de Clemente y la Mulatona.
Un triunfo que anida en nuestro corazón, aunque se dijeron muchas cosas sobre ese Mundial … que los militares … que había sido comprado … que el 6 a 0 a Perú …
Pero … pero si Argentina no se hubiese coronado Campeón, Luis Cesar Menotti ya nos había mostrado a los futboleros, una forma de juego y una estrategia de formación de equipo, un liderazgo, un programa a corto, mediano y largo plazo, que yo no recuerdo haberlo visto o aplicado en nuestro fútbol.
Un distinto !!!
El equipo fue contundente, fue de menos a más, con una final frente a Holanda, realmente inolvidable.
Un gran Equipo !!!
También había dejado su huella cuando fue Técnico con otro gran Equipo, uno de esos que quedan allá arriba … en el podio: El Huracán del 73.
A los que tenemos muchos años nos gusta que nuestro equipo gane, obviamente, pero nos agrada sobremanera que juegue lindo fútbol. El «Flaco» tenía ese fin … Jugar buen fútbol.
Logico, en su vasta carrera pudo lograrlo muchas veces y otras no, pero su meta era ésa. Diría un brasileño: «Jogo bonito» !!!
Se mezclan muchos recuerdos, entre ellos una rivalidad de Menotti, muy especial, con el DT que logró el 2do. Campeonato Mundial en Mexico 86 … Carlos Salvador Bilardo, el Dr. … El «Narigón»
Realmente la menciono, porque así ocurrió, pero nunca la tuve en cuenta. Cada uno con su estilo, cada uno con su forma, fueron Directores Técnicos de jerarquía internacional.
Asperos desencuentros mantuvieron durante mucho tiempo y como acostumbra una gran parte de nuestra sociedad, comenzaron a dividirse entre «menotistas» o «bilardistas».
A mí me podría gustar uno u otro … pero de ahí polemizar y agraviar … No !!!
Grietas, separaciones u oposiciones que no llevan a nada y que, por otro lado, hacen que, si estamos de un lado o del otro, nos haga difusos los logros obtenidos por cada uno de ellos. Fin.
Así también, muchos discuten quien es el mejor futbolista … Maradona o Messi. No empañemos a uno o a otro. Son 2 fenómenos argentinos del fútbol mundial y quedarán en la historia !!! Fin.
Entonces, vuelvo atrás y me quedo en aquel momento donde el reloj marcaba aproximadamente los 14 minutos del primer tiempo con el gol de Estudiantes a Velez.
El cántico de la hinchada «pincha» homenajeando a Bilardo y la noticia de la partida de Menotti, se juntaban como si ese instante, quedara en el memorial intocable del fútbol.
Me impactó ese instante, ese minuto, donde miles de manos se alzaban triunfantes y otras … otras contenían lágrimas de tristeza.
Las partidas nos parece que no son justas, siempre pretendemos se postergue un tiempo más, buscando alivio me dije:
«No es casual que el «Flaco» diera su último adiós, un Domingo de tarde… con una tarde de sol, con un sol que iluminaba el campo de juego de un Estadio moderno y en una final de fútbol, de un Campeonato Argentino…
Pero me pesaba el hecho que justamente en ese instante el «pincha» estaba festejando.
Momentos únicos … desencontrados …
Todo se compensó, se alivió, se calmó dentro mio, cuando luego del anuncio de la partida del «Flaco», en el Estadio, ambas hinchadas, aplaudian sin parar, sin egoísmos, sin grietas, en homenaje, en reconocimiento, olvidando conflictos, unidos por el fútbol …
Así es la vida … Así es el fútbol …
En el mismo momento, de aquel minuto 14, recibo mensajes de mi hijo, que a la distancia, estaba al tanto de lo que aquí ocurría:
» … El «Flaco» Menotti se fue a jugar un picado con Diego …»
» … Si ahora sale campeón Estudiantes, es un cuento de Fontanarrosa …»
Tal cual me escribió, tal cual mi tristeza daba brincos, dentro mio … no eran casualidades sus mensajes …
Tampoco fue casualidad que el «Negro Fontanarrosa» y el «Flaco Menotti» fueran ambos de Rosario Central, del «Canalla».
Ni tampoco fue casualidad que en ese picado, en las alturas, entre el «Flaco» y «Diego», los estuviera espiando, desde otra nube, el «Negro», afilando el lápiz y presto para escribir un nuevo Cuento …
Tampoco es casualidad que el primer recuerdo que vino a mi mente en el minuto 14 del primer tiempo entre Vélez y Estudiantes, fue algo insólito … sorpresivo … esos recuerdos archivados que, cuando afloran, los dejamos venir y llenan nuestro corazón.
En esa mezcla de sensaciones y recuerdos, ni pensar en casualidad que en la misma época, Bilardo había debutado en San Lorenzo y el «Flaco en Central, cuando recién el futbolero, los comenzaba a reconocer …
No fue casualidad que San Lorenzo y Rosario Central … en aquellas épocas hinchadas amigas, solían jugar un partido, previo al de la Primera …
Esos juegos caprichosos, entre el corazón y el espíritu, recuerdos que afloran …
Corría cerca el año 1960 a lo sumo 1961.
Yo tenía 10 u 11 años.
Como cada Domingo en que San Lorenzo jugaba de local en el Gasómetro de Av. La Plata, mi viejo me llevaba a ver los Partidos tanto de la Tercera, la Reserva y el plato fuerte de la Primera.
Esa tarde fuimos a la platea de Vitalicios, ubicada en el medio de la cancha que estaba a nivel del césped. Platea baja le decían.
Jugábamos contra Rosario Central. Siempre me impactaba la altura de los jugadores tanto de Rosario como también la de los jugadores de Newell’s, cuando venían a jugar al Gasómetro.
No tengo idea del momento o del minuto exacto del partido, cuando casi pegado al alambrado, que separaba la cancha de la platea, San Lorenzo comete una infracción y viene a patearla un jugador rosarino, justamente más alto que el promedio de los santafesinos.
Yo lo tenía visto de las figuritas redondas, esas que juntábamos los pibes, con la idea de llenar el álbum y además, no sé cómo me enteré, sabía que ese larguilucho pateaba muy fuerte.
Un muchacho de 20-21 años, que ya hacía los primeros pasos en primera división.
Era Menotti. Luis Cesar Menotti.
Lo recuerdo y es como si ahora lo estuviera viendo, a través del alambrado de aquella vieja platea de Vitalicios, donde mi Viejo sufría y disfrutaba cada Domingo, en aquellas tardes de sol … o con frío … o con lluvia …
No tomó mucha carrera para hacer el tiro libre con la intención de patear hacia el área de El Ciclón.
Dio 3 ó 4 pasos y, no me acuerdo si fue con la pierna derecha o la izquierda, sacó un tiro débil, la pelota no fue muy lejos.
El que fue lejos fue su calzado que, con la fuerza por patear, se le salió de su pie.
Me quedé sorprendido mirando como el botín daba vueltas y vueltas en el aire y por fin se posaba sobre el pasto.
No dejé de mirar toda la secuencia, con curiosidad de niño, el hecho era más importante que el partido en sì, hasta que el «Flaco», caminando con su andar cansino … tomo el botín, esbozó una sonrisa para sí, lo calzó de nuevo, ató los cordones y se fue corriendo, hacia el centro de la cancha en búsqueda de la próxima pelota … se entreveró con los demás jugadores y yo … yo ya lo había perdido de vista …
Carlos Emilio Dentone
QEPD «Flaco Menotti» Mi abrazo apretado a familia, amigos y allegados.
Habíamos viajado, con Federico, a pasar unos días en la costa, puntualmente a Mar del Plata.
Fede, un amigo de la niñez, con el que logramos mantener la amistad por mucho tiempo.
En ese momento teníamos 32 años de edad. Nos conocimos en la Escuela primaria …
La intención de pasar unos días de descanso previo a la Semana Santa y Pascuas, se cumplía.
Al rato de estar en “La Feliz”, comenzamos a observar por las calles el andar de tanques militares en distintas direcciones, sorprendiéndonos la cantidad de unidades y el pasar continuo como si fueran vehículos de todos los días.
No faltó mucho tiempo para enterarnos, a través de imágenes de la televisión, de algo totalmente impensado:
“Argentina desembarca en Islas Malvinas, la recuperación de la Islas es inminente”.
No entendíamos nada.
Si bien pudimos descansar y disfrutar del paseo, nuestro ánimo no era el mejor, es más, fueron días de nervios y muchos desencuentros con nuestros mismos pensamientos, con nuestras emociones.
Algo insólito estaba sucediendo.
Con mi amigo discutíamos mucho sobre el tema y en base a las noticias que iban llegando.
Por un lado, era una causa legítima que continuará hasta que algún día se haga justicia.
Por otro, además de la sorpresa, nos preguntábamos con qué estrategia y con que fortaleza podíamos recuperar nuestras Islas ante semejante potencia bélica
Con algunas dudas, nos causaba cierta alegría los resultados transmitidos por el gobierno de facto del momento y obviamente a cargo de los medios de comunicación, que iban informando lo que supuestamente les venía bien.
De todas formas, sentía en mi un esbozo de sonrisa forzada.
Estaba teñida de guerra, de sangre, de pérdida, de tristeza, de impotencia. Cómo todas las guerras.
Nos enteramos, por esos mismos medios periodísticos que nos acercábamos a la victoria.
Pero a su vez, escuchábamos que nuestros soldados no estaban preparados, ni tenían las protecciones elementales para afrontar un escenario difícil, por el terreno irregular y desconocido para nuestros Chicos y por las inclemencias del tiempo al cual no estaban acostumbrados.
Estás Noticias … venían del otro lado del “charco”.
De una manera extraña solicitaban la colaboración del Pueblo argentino para recaudar fondos, además de solicitar ropa de invierno, alimentos, donaciones de todo tipo, chocolates …, etc.
Chocolates para combatir el frío del sur ante un enfrentamiento bélico ???
Tuvimos un fuerte encontronazo con Federico, de regreso a Capital.
Su posición, como la de tantos hermanos de nuestro Pueblo, mostraban una vez más su solidaridad, aportando lo que fuera para apoyar a nuestras tropas.
Yo fui reticente, no entendía.
Por un lado, sentía vergüenza de no ser un colaborador más y por otro comenzó en mi, un sentimiento de rechazo por los que habían decidido una guerra desde un escritorio, desde la comodidad de una oficina.
Un País en decadencia y una guerra salvadora?
Tuve distanciamiento con mí amigo, quien al poco tiempo se enteró que un primo suyo, estaba combatiendo en una parte de las Islas.
Un punto límite fue el día de cobro del sueldo, en la empresa en donde trabajaba.
Fui a la oficina de personal como todos los meses y me atendió el gerente de Recursos Humanos, aunque no fuese su costumbre, en estos trámites.
Me entregó el sobre con el dinero y le firmé el recibo correspondiente.
Le agradecí y al retirarme me dijo:
– Espere un minuto Fernández. Hoy es el día del aporte para la Guerra de Malvinas. De su sueldo tendría que donar a su voluntad, digamos podría ser un 10% …, yo le hago un recibo con su colaboración.
Mí “no” fue rotundo.
Le expliqué mis motivos.
Su reacción no se hizo esperar y acotó que yo era el anteúltimo en cobrar y que todo el personal ya había realizado su aporte sin inconvenientes.
Lo sentí como una amenaza.
Sin pensarlo, sin reflexionar le ofrecí mi renuncia argumentandole que no iba a colaborar con una guerra sea cual fuera su origen y motivo.
Me respondió que no me buscara problemas porque el gobierno iba a recibir las listas de todos los trabajadores aportantes, y los que no …
Otra amenaza?
La cosa quedó ahí.
A medida que pasaban los días mi convicción era única: nunca colaborar para una guerra sea cual fuera el motivo.
No concibo las armas, no entiendo de heridos, de muertes, donde la gran la gran mayoría siempre son víctimas inocentes.
Si todo fuera entre los que hacen una carrera militar y aman su digna profesión sería aceptable, pero que en el frente de batalla combatan los que no son profesionales y hasta son inocentes de todo, no lo concibo.
Chicos de 18, 19 o 20 años al frente de una guerra?
Se me hizo difícil la convivencia en mis distintos entornos y muchas veces preferí callar.
Una tarde, Federico me llamó y me comentó de la muerte de su primo.
Nos juntamos a tomar un café y vi en él la impotencia, la tristeza y al mismo tiempo la bronca de haber perdido a su primo. Otro de los Chicos que ni siquiera pereció en el campo de batalla, el frío fue la causa de su partida, según le había informado a su familia.
Tambien me contó de cómo estaban los padres y los hermanos de este chico de 19 años, al igual que el desconsuelo de sus amigos.
Todo iba reafirmando que las noticias que provenían del estado eran falsas, increíblemente las donaciones no llegaban a destino.
Se podía actuar de esa forma ante todo un País? Será cierto?
La miseria del poder …
Ese pensamiento me hizo apartar mentalmente de los combates que se libraban y de las noticias que llegaban.
Mi mente se centró en lo que a esa altura era un hecho: “lo que puede hacer el dominio de dos o tres milicos intentando no perder el mando de un País que se les estaba yendo de las manos»
Generaron una guerra sabiendo que no habían tenido la mínima precaución de resguardo para con los soldados y otros cargos militares de rangos menores que tenian que luchar, de un día para otro, para recuperar Nuestras Islas y defender Nuestra Patria.
Comprendí la locura pero ya no justificaba nada. No sólo la guerra sino la desidia conque habían intentado recuperar nuestras Islas.
Mi mente estaba al lado de cada pibe que, de un momento para otro se les cargó la responsabilidad de luchar contra uno de los poderíos más grandes del mundo, sin más condiciones que la de poner a disposición su cuerpo ante el clima hostil y frente al enemigo profesional.
Se perdió sin atenuantes.
Los regresos a tierra firme fueron muy tristes.
Si hasta parecía que los chicos se sentían avergonzados del regreso con las manos vacías y dejando en las Islas y en el Atlántico quizás a Amigos, Compañeros, Familiares, Superiores.
Hoy, y a pesar del paso del tiempo, continuo sorprendido ante los reclamos de muchos de los ex combatientes por ser reconocidos en forma oficial, como tales.
Tienen el reconocimiento de todo el pueblo que estuvo a favor o en contra de la guerra.
Son los héroes que reconocen masivamente los argentinos y gran parte del mundo.
Me cuesta hablar de Malvinas.
Tengo a esos chicos que, ya crecieron dentro de mi corazón,tanto como de aquellos que no pudieron crecer porque allá quedaron.
Aquellos que no tuvieron la oportunidad de regresar.
Allá permanecen los restos de tantos héroes anónimos para la mayoría de un País, que tampoco estaba preparado para escuchar una guerra por radio o ver imágenes por televisión, como si se tratara de una película.
Pasa el tiempo y cuando nos reunimos con Federico, el tema que nos llega a las entrañas es el recuerdo de su primo y de alguna forma cada charla era una forma de homenajearlo y ya no solamente a él, si no a todos los héroes de Malvinas, que seguirán habitando en la pena de nuestro corazón.
Sin olvidarnos de aquéllos que decidieron una guerra desde tierra firme, desde ese escritorio, desde la comodidad de una cálida y confortable oficina, sin importarles la locura que habían cometido.
A pesar del tiempo transcurrido, me cuesta hablar de Malvinas.
Hoy lo hice por vos, soldado querido, porque necesité gritarlo.
Muchas veces te lloré, te rendí mi homenaje, te agradecí, pero siempre para mis adentros, nunca me pude expresar, como lo hice hoy.
Te pido disculpas porque fui uno más que vivió está guerra desde una ignorante comodidad y con desconocimiento total de que hacer.
Al menos hoy pude contarte mi sentir y de alguna forma homenajearte a vos … Querido Soldado de Malvinas !!!
Aún resuenan en mis oídos y mí vista se fija en esa gente que haciéndote reverencia, gritan educadamente:
Meeessi, Meeessi, Meeessi !!!
Ese coro que no deja de cantar desde la tribuna de cualquier cancha.
Algunos típicos argentos y otros, que por su acento, parecen ser de cualquier parte del mundo, coreando tu apellido y venerándote.
De un mundo que puede ser futbolero o no, pero da muestras de admiración por vos, por tu juego y por tu don de gente.
Muchos dirán qué lindo lo que nos da el fútbol y otros te mencionarán como ejemplo de vida.
Pasaste esa barrera que se limita a frases famosas como:
“22 tipos corriendo atrás de una pelota” o: “Son millonarios pateando una pelota” o: “Hacen lo que les gusta y ganan fortunas”
Saliste de la verde gramilla y te metiste en los corazones de la gente.
Parecería que lo digo y lo que dice muchísima gente no te sorprende porque fuiste logrando un lugar desde pibe y así creciste, rodeado de éxito y hoy dudo que te la creas.
Sos uno de los mejores jugadores de fútbol del mundo, no digo el mejor, para qué? Si da lo mismo en tus sentimientos y en los nuestros …
No necesitamos compararte con otro jugador por más que se ensañen en hacerlo, como lo suelen hacer con los mejores.
Si a vos lo que te gusta es jugar y compartir con amigos … Si disfrutas de la alegría de los hinchas del Barcelona, del París Saint Germain, de la Selección Argentina, o de aquel papá, aquella mamá que alienta a su hijo en la canchita de cualquier Barrio.
Ya te dejamos de ver como un jugador de fútbol exclusivamente – lo que excede cualquier análisis – Fuiste haciendo camino llevando de la mano a ese jugador junto con el ser humano.
Hoy el estandarte de mucha gente es reconocer la humildad, y vos sos el portador de esa bandera.
Se gritará otro gol. Nos sorprenderemos con tus jugadas. Te trataremos de buscar cuando la cámara de la TV no te enfoca. Nosotros mismos nos vamos a comer tus amagues y te seguiremos viendo con la camiseta que sea. Nos seguiremos asombrando por un récord más que lograras y así seguiremos vinculados a vos cada vez que salgas al césped de un Estadio.
Sos vos el que en un momento buscas en la tribuna a tu gente, que está perdida bajo el griterío y los cánticos, y con esos ojos observadores de la pelota, los detectas y les haces señas para que bajen y compartan juntos un momento especial, dentro de una cancha de fútbol.
Le ofreces esa alegría que supiste conseguir, en tus amagues, en ese andar de derecha a izquierda,en diagonal gambeteando rivales, rivales que ya saben lo que vas a hacer y de cualquier manera no te pueden parar, esos cambios de frente, dónde el que recibe, hasta se da el lujo de pararla con el pecho, porque ahí … ahí mismo se la pusiste, en su pecho, le ofreces esos tiros libres al arquero contrario que intuye dónde la vas a colocar, y a pesar que está seguro dónde la vas a poner, no llega a la pelota por más que se estire ilimitada e infructuosamente …
Por ahí dicen que es tu último Mundial.
Automáticamente nos agarra una tristeza, una congoja y comenzamos a descreer sobre esos comentarios. Ni queremos escuchar esa sentencia.
Nadie te exige, sólo que quisiéramos verte siempre con la albiceleste.
Ya cumpliste hace rato !!!!…
El logro del Mundial fue, como se suele decir, ponerle la frutilla al postre.
Todo nos conmueve y por último, bajas con tu exquisitez la globa para decir:
“Yo juego, me tocó la 10, pero también soy hijo, esposo, padre, tengo amigos, tengo un perro, soy un tipo común que a mí … a mí solo me tocó jugar a lapelota»