CARTA A UN SUEÑO (Amores)

CARTA ABIERTA A UN SUEÑO

Te extrañará recibir esta carta.

Algún día, en algún momento, tenía que suceder. Sentí el deber y, porque no, el derecho de transmitirte todo lo que vine palpitando desde aquel día en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez.

El motivo de esta carta,  es hacerte saber que, a partir de ese momento, mi vida se limitó … o mejor dicho, se abrió a un mundo diferente, a un mundo que quizás sin proponértelo o con toda tu intención, me hiciste ingresar sin ser invitado, a disfrutar, a sufrir, a sentir el amor, a celar, la alegría, el silencio, la cautela, la impulsividad, la necesidad, la impotencia.

Cuántos sentimientos encontrados !!! Cuantos desencontrados !!!

Me preguntaba y te consulto ¿por qué sintiendo todo lo que siento por vos, no podemos estar juntos ?  Disfrutar de esto que alguna vez sentí, pero que hoy es diferente, no me deja dormir o me duermo sonriendo placenteramente.

Todo depende cómo fue nuestro día en la oficina.

El despertar de cada madrugada, el sentirte mía y comenzar un sueño que quizás recién concluye, contigo deambulando etéreamente por la habitación … difícil pero hermoso.

Muchas veces, como hoy, te escribí observando el amanecer. El alba es el momento ideal para remolonear o escribirte. El silencio matinal se hacia cómplice.

De todas formas, no es fácil. Estoy muy bien rodeado de afectos, en las habitaciones contiguas duermen mis hijos, en mi cuarto mi esposa …

El despertador de las 6.15 no me despierta, me orienta a cumplir la rutina y verte.

El ritual diario. El beso a mí esposa, que entre dormida me desea un lindo día, el saludo a mis hijos que sirve como aviso para encarar obligaciones: ¡ Vamos que la Facul no espera chicos …!

Saludos culposos … saludos  sentidos.

El trayecto de 15-20 minutos en auto, para llegar a la empresa, anteriormente lo hacía escuchando algún noticiero, generalmente con malas noticias, ahora con la radio apagada, acompañado con el silencio, para seguir disfrutándote o tratando de sacarte de mi cabeza.            Gana siempre la primera opción.

Llegar a la oficina y verte, acelera el ritmo de mi corazón, ya estamos juntos, sólo una mampara nos separa.

Nuestro saludo diario, en ocasiones típico “de oficina”, otras un poco más familiar, más amistoso. Los días que saludabas con  una sonrisa y mirándome a los ojos, comenzaba una jornada de fiesta para mi. Si en cambio no sentía tu cortesía, buscaba el por qué …  ¿para qué …?

No es fácil. Dentro de las imposiciones laborales debía ubicarme como Jefe del Sector, colocando las distancias prudenciales, que por una parte condicionaban, pero por otra, te acercaban misteriosamente.

Controlar la tarea diaria, los informes habituales, alguna solicitud puntual del Gerente Zonal, compartir el día con los demás colegas, los odiados teléfonos que sonaban continuamente, determinaban la rutina. Justo en esos ratos que te contemplaba a través del vidrio, alguna llamada familiar me hacía bajar a tierra y me cargaba de culpas.

Cuánto me cuesta poner esa distancia obligada, pero aún así, surgían esas charlas informales en las que me contabas muy fugazmente tus proyectos con tu novio, alguna vez algún enojo, alguna vez alguna intimidad.

No podía digerir tus preguntas sobre mi esposa o cómo andaban mis hijos en sus estudios. Pero en fin, era una realidad, de la cual no se puede uno escapar … o sí, pero una toma de decisiones, nunca fue tarea fácil.

Alguna vez, sumergido en   problemas laborales,  levantaba la vista de mi escritorio y te contemplaba. Ocurrían dos cosas: si en ese instante no me respondías con tu mirada, me invadía tu indiferencia, si por el contrario, y aún de casualidad me estabas mirando, seguía la fiesta y el problema de trabajo pasaba a un segundo plano.

Nunca pensé que los sentimientos llegarían a tanto, mira que cuando estuve de novio, cuando me casé, cuando tuve mis hijos, sentí estallar mi corazón, con una alegría hasta desmedida o quizás muy del momento. De todos modos, no son comparables con lo que estoy viviendo hoy contigo  … o simplemente a solas … Me pregunté si ese sentimiento indescriptible obedecía al hecho de no poder tenerte (lo prohibido tan trillado) la diferencia de edad, el hecho de ser casado y amar a mi esposa , a mis hijos, vaya uno a saber …

Me ponía mal que llegase la hora de salida, sabía que quedaban eternas horas hasta el próximo día, o hasta la próxima jornada laborable. Los tan esperados fines de semana largos, se habían transformado en un tormento.

Un día me puse a pensar que mi mente había reflotado la palabra “ilusión”, al igual que mi corazón. ¿ Por qué ?  Porque empecé a vivir con el deseo que fueras mía, que lo nuestro podría ser ? Vos me hiciste ilusionar o yo sólo me la creí ?

Tengo en mi mente el último Fin de Año. Como tantos otros, se organizó la fiesta de despedida en la Empresa,

– “ con cena y baile “ –   me comentaste.  Lo del “baile”, ¿ me pareció o me lo destacaste ?

Ah !!! Mi imaginación.  Oh !!! Tu desenfado. No importaba, me sirvió para seguir volando …. o para levantar vuelo, manteniendo el sueño de estar contigo.

Nunca me gustó el “trámite” de comprarme ropa, pero necesitaba lucirme a tu lado

– ¿ Lucrecia, le dije a mi hija, me acompañas a comprar ropa para una reunión de fin de año en un restaurante que se cena y luego hay baile ?

Si bien tenía alguna idea, preferí contar con criterio más moderno. No podía desentonar contigo.

No te imaginas la alegría que viví con los preparativos de la reunión. Me impactaba sentir a mi edad, la ansiedad de un chico de 18 años al concurrir a sus primeras reuniones, convencido de realizar alguna conquista.

Cuando llegamos a casa con los paquetes, que incluían hasta un perfume importado, me dieron tanta “manija”, que por un momento me sentí avergonzado. La situación lo ameritaba.

Todo lo que había comprado fue pensando en vos, con la intención de acortar nuestra distancia, o aumentar nuestro acercamiento, usando todas las armas posibles.

Jorge, un amigo de ley, con quien manteníamos amistad desde Primer Grado Inferior, (algún día  te explicaré qué significa eso del Primer Grado Inferior) estaba al tanto de mi sentimiento hacía vos. Me alentó siempre, pero a su vez me “aconsejó” : “no hagas locuras tenés una  hermosa familia”. Eso significaba “ tirate una cana al aire”. Yo en realidad, estaba dispuesto a arriesgarme un tanto más.

De todas formas me orientó, me aconsejó como un entendedor en asunto  de mujeres: – “cuando llegue la noche, vos  tranquilo. No demuestres, dejala venir, compartí la mesa con otra gente como si nada, pero tenela a tiro, es importante no perderla de vista. Un cruce de miradas, la noche, un poco de alcohol, la música, agrega a esto las ganas que le tenés y porque no, lo que ella pueda te pueda demostrar, seguramente van a llevarte a vivir “tu noche”, tu ansiada noche …

Para mi no era sólo esa noche, era el posible comienzo de una vida de amor e ilusión o bien el fin de un sentimiento y la pérdida de un gran sueño.

Todo fue como Jorge vaticinó, como yo soñé, como vos quisiste o como el destino dictaminó.

Vos lo viviste, yo también, pero dejame … necesito decírtelo de esta forma, recordar escribiéndolo, como tantas veces lo hice, dejarlo asentado en un papel.

Llegamos al lugar al unísono, coincidimos en la entrada al salón. Nos saludamos y ya tu perfume, que aún me envuelve, comenzó a hacer estragos en mi, inolvidable !!!  Todo continuó con el consabido protocolo de abrazos y apretones de mano propios de buenos augurios de fin de año.

Nos sentamos, no sé cómo pero estábamos uno frente al otro. Juro que yo no lo busqué.

Traté de dialogar con los dos colegas que tenía a ambos lados,  pero mi conversación, superflua, se perdía en tu frescura, en tu sonrisa, y cada tanto pedía que me repitieran algo, aduciendo que no escuchaba por el ruido, creo que vos te dabas cuenta y vivías con cierta complicidad mi actitud.

Comimos muy bien, muy rico todo. Llegaron los postres y muy desenfadadamente o sin saber bien lo que hacia, te pedí la frutilla enorme que decoraba tu helado.

Mas sorpresivamente aún, me propusiste un canje: – “Mi frutilla por un lento con vos” –

Te respondí: – “Muero por esa frutilla “

Con una serenidad impensada y recordando cuanto había bailado frente al espejo, en la semana: más de un Americano, un Lento y alguna Cumbia con el fin de entrenarme para esa noche. Tu propuesta fue contundente.

Pero apenas me di cuenta de lo que me dijiste, no me desvanecí por afuera, por dentro era una piltrafa feliz pero con mucho miedo, mientras se me pasaba ese temblor interno deguste la frutilla con el acompañamiento de tu picara sonrisa.

Estabas tan linda,  tan espléndida !!!

Te confieso y te pido no te rías, pero era la primera vez que miré tu cuerpo sin temores o sin vergüenza y con ese deseo propio de besarte y abrazarte, te desee sexualmente, mi sexualidad se condicionaba a la rutina matrimonial de varios años.

“Tiene una fortaleza, que no sabes”, algún día le comenté a Jorge, y esa noche, realmente, lo estaba comprobando, a pesar de tu angelical sonrisa.

Seguir contándote lo que vivimos, no cabe, entendes ?

Sólo el recuerdo: para mi fue tocar el cielo con las manos, para vos … es muy difícil saberlo.

La noche cerró perfecta o imperfecta, el tiempo lo dirá, una sincera charla de tu parte, con un café del cual no olvidaré su gusto, como el aroma de tu perfume, como el sabor de tu piel, como tu juvenil entrega, como mi experiencia que no sirvió de mucho.

Tus últimas palabras fueron crueles y sinceras: – “Bueno, en definitiva es una noche más y hay que disfrutarla, el lunes volvès a ser mi jefe y yo tu empleada, vos con tu esposa, yo con mi novio, y así al vida ” –

No entendí totalmente tus palabras o fueron tan claras que …

Nos despedimos bien, no tuve la valentía o la amabilidad de llevarte hasta tu casa, estaba sorprendido. ¿ Era el comienzo de un gran amor o el fin de aquella ilusión ?

Ya pronto amanecía y me saludaste con la misma sonrisa de siempre, agitando tu mano desde la ventanilla del remís.

Quedé como congelado masticando bronca,  toda mi impotencia parada sobre una pequeña baldosa, toda mi serenidad, mi madurez se quedaron estáticos conmigo.

La noche se había terminado y mi soledad me acompañaba camino a casa, donde seguramente encontraría un lugar para llorar o para vivenciar la esperanza y pensar que no faltaría mucho para el próximo lunes y entonces encontrarte y seguir buscando mi ilusión en vos o mi frustración en mí.

Llegue a mi hogar con el típico silencio de esposo y/o papá de madrugada. Mi esposa que a esa hora escuchaba el silencio, me increpó:

“Vos no salís nunca y cuando lo haces llegas de día, podrías evitarlo aunque mas no sea por tus hijos, dale acostate”, agregó.

Mis hijos  seguramente estarían durmiendo plácidamente sin siquiera darse cuenta de mi llegada. No le respondí, no hacía falta. Mi cabeza, mi mundo, no estaban allí. Pero sus palabras me hicieron reaccionar y ubicarme o reubicarme.

Cuando ya no importaba el silencio, fui hasta el living a revisar mensajes, sobre la mesita ratona,  teníamos la costumbre de dejarnos notas con los chicos, por si no nos veíamos.

El primer cartelito decía: “Papi necesito el auto a las tres de la tarde, tengo una salida importante,  lo lavo, le pongo nafta y lo cuido,  gracias viejo, nos vemos. Darío.

Al cual agregue: “Ok. Anda despacio, no vuelvas tarde, lleva documentos”. Volqué mis temores de padre.

El segundo papel con una solicitud: “El próximo  martes tengo final, necesito que me pases estos apuntes en PC y me imprimas 6 copias, tengo grupo de estudio con chicos de la otra cursada y me comprometí a hacerlo yo (o mejor dicho vos) !!!  Gracias papurri, Virginia.

“Ok” escribí debajo. “A las tres de la tarde trataré de terminarlos”.

Me recosté para descansar, qué iluso, no sólo no dormí sino que mi angustia, mi dolor y mis dudas, aumentaron, con lo que me despabile completamente.

Al rato mi esposa se levantó, desayuno y se fue de compras. Me dio lugar a alzarme de la cama y no enfrentar alguna posible discusión más que, en definitiva, seria lógica y hasta necesaria, diría yo, pero en ese momento la dejé pasar …

Tomé un café y con los apuntes me encerré en mi escritorio a hacer los deberes encomendados por mi hija, tratando de concentrarme en eso y a la vez tomándolo como distracción. Coloqué un CD con música clásica para acompañar el momento y casi, sin darme cuenta, y cuando me faltaba una sola carilla para terminar el trabajo, el timbre de casa, acompañado de un murmullo, me sobresaltó. – ¡ Hola papi ! –

– Virginia ingresaba a casa, seguramente con sus compañeros de Facultad.

Sabía de la reunión, pero no que la realizaban en casa …

No entendí cómo viniste a mi hogar, no comprendí porque el destino jugaba esta mala pasada, no digerí que tuvieras la edad de mi hija, no soporté que estudiaras con ella.

Vos mantenías tu frescura de hace un rato, yo apenas podía mantenerme en pie.

No imaginé que esta carta, como tantas otras que te escribí, tampoco te la enviaría … tampoco la recibirías … Tomé conciencia en una milésima de segundo que nunca me hubiese atrevido a entregarte alguna carta o quizás … quizás si …

Carlos Emilio Dentone

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Relato incluido en mi Libro Me olvide del Mundial. Año 2002.

4 comentarios sobre “CARTA A UN SUEÑO (Amores)

  1. Muy bueno Carlos!
    Esto me recordó parte de una canción que
    dice…
    Son tantas ya vividas
    Son momentos que no olvidaré
    Detalles de una vida
    Historias que aquí conté
    Pero yo estoy aquí
    Viviendo este gran momento
    Estando frente a tí
    Nuevas emociones siento…..

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