POMPOM (Mascotas)

“POMPÓN”

     Veníamos de hacer compras en un supermercado cerquita de casa con mi hija, Lorena de 16 años.

     De dueños coreanos o laosianos o japoneses, ignoro su procedencia. Para evitar ahondar en el tema, nos referimos a ellos como “Los Chinos”.
     De a poco van poniendo base en muchas partes del mundo, aún con yogures vencidos y vueltos en caramelos en lugar de monedas.

     Se dice por ahí que venden más barato que los demás comercios. Por ello, tratamos de adquirir nuestros alimentos en dichos negocios.

     Caminábamos hacia casa, una bolsa yo, una bolsa Lorena, cuando me dice:

– Papá … tengo una duda.

– ¿Si Lorena, qué duda tenés?

– Si a vos no te gustaban los gatos, porque nos regalaste a Pompón, ya hace cinco años que la trajiste.

– Ehhh … bueh … bueno me pareció que era un lindo regalo para ustedes, tener una mascota, hummm … no se… me surgió.

– Mas de una vez intentaste darle una patada … te vi …

– ajajá me haces reír Lore, es un juego, como la voy a patear!!! Las cosas que se te ocurren !!! Me encantan los animales y con Pompón estoy apreciando a los gatitos como nunca.

 (Mentira piadosa para calmar a la mocosa)

– Un día me dijiste que los gatos eran muy independientes, que sólo estaban en una casa por comida, que las gatas se iban por ahí y volvían a tener crías, en cantidad, en la casa de sus amos, y no sé cuántas cosas más.

– Si, claro, es un poco así (le respondí) y ¿eso qué … ?

– Eso nada ! ¿Si no te gustaban los gatos, me podes explicar porqué en casa tenemos en este momento una gata que tuvo siete hijitos y ésta es la tercera vez que ocurre lo mismo? De que regalo me hablas, si se nota que no te gusta!!! Además ese día o mejor dicho esa noche, llegaste retarde a casa y te viniste con Pompom … Me hiciste acordar a esos maridos que le traen un ramo de flores a la esposa cuando “meten la pata”…

     Los padres sabemos manejar los tiempos, las pausas, los silencios … a veces … otras no …

Y eso fue lo que me ocurrió en el intento de responderle. En realidad le dije que un día se me ocurrió llevar a “Pompón”, como …, digamos …  sorpresa para ustedes, para vos, para tu madre, …

     Lorena cada vez estaba mas enojada, en el fondo era lógico aunque no supiera la decisión del ahora cuestionado obsequio, pero porque lo relacionó con mi llegada tardísima a nuestro hogar ??? De que habrá dudado esta pibita?

     Llegamos por fin a casa, abrí la puerta no dándole importancia al tema, me dejó su bolsa y entró a su habitación pegando un portazo.

     Yo, parado inmóvil en el medio del living, con las dos bolsas colgadas de mis manos, con 3/4 kilos de nalga de ternera, pan rallado y 3 huevos, ” milanesas en puertaaa “

La otra bolsa contenía un sólo paquete, alimento para gatos.

     Marita, mi esposa, me increpó y a la altura de mis ojos me gritó:

– Qué le hiciste a la nena, que entró llorando a su pieza, algo que no le quisiste comprar? Yo sé que no hay dinero, que no tenemos trabajo, que la poca plata se va como el agua, que salís todos los días a buscar empleo, pero tené corazón, quizá te pidió un chicle, un alfajor y se lo negaste, Oscar, qué te pasa, mira cómo dejaste a Lorena, pobre hija !

     Se metió corriendo en la habitación de la nena y yo, aún inmóvil y, con las dos bolsitas de los chinos en mis manos, no sabía qué hacer.

     Me dije: metiste la pata “oscarcito”, ahora aguántatela, los chicos tienen esas cosas, un día dudan de algo, (aunque pase un largo tiempo) luego te indagan, descubren algo turbio o que no les convence y … quilombo en puerta !!!

     Reaccioné, levanté la vista, miré a mi alrededor girando sobre mí mismo y, como más de una vez, “Pompón” me estaba clavando su mirada desde su canasto de parto y hasta me pareció que esbozó una sutil sonrisa de venganza, la muy … guac … gata.

     Ante semejante e inesperado momento reflexioné: “el horno no está para bollos”.

     Conociendo los lugares de la casa que se transforman en guaridas, según el acontecer diario y las circunstancias de la vida, me fui al estudio, a bajar el correo electrónico y a recapacitar sobre “Pompom”

     Recordé la noche aquella en que “Pompón” se incorporó a la familia.

     Le voy a contar que, esta desprolijidad familiar se sostuvo en el tiempo y usted merece, por lo menos, enterarse de la verdad, de lo que ocurrió, aunque le pido que nunca se lo diga a Lorena. La pobre estará, a esta altura, comiendo las milanesas de ternera que tenían como objetivo ser compartidas en familia. Paciencia. No hay servicio de cena en las “trincheras”

     Y le pido que me comprenda, seguramente a usted alguna vez le habrá pasado algo parecido a lo que me sucedió, quizá sin gata de por medio.

     Fue en un mes de Junio. Ya empezaban los primeros fríos y la gente había adoptado el ropaje tradicional del comienzo de la estación invernal. Yo caminaba mirando la vida por la peatonal y vi venir de frente a … a … , Discúlpeme, no quiero darle el nombre de Ella, no la quiero comprometer, para usted es Ella, para mi es mucho más.

– Holaaaa ! Cómo estás ? Tanto tiempo ! Le dije abriendo los brazos como para recibirla con calidez, cosa que yo no acostumbraba, pero era Ella !!!, merecía mi afecto.

– Hola Oscar, como te va ! Es verdad, tanto tiempo … Te extrañé !

     El abrazo no tuvo la calidez esperada, pero era lógico, había pasado mucho tiempo de la última vez que nos vimos. Hablamos un buen rato, recordamos nuestra época de trabajar juntos, de lo que significaba ella para mí y yo para ella, de nuestros cafecitos en algún bar medio escondido donde disfrutábamos de nuestra temporaria y efímera libertad, qué placer me daba conversar con Ella !!!

     Y querido señor – señora, no se haga ninguna película, piense lo que quiera, pero era eso, disfrutábamos y gozábamos conversando, horas y horas.

¿Si hubo alguna intención más en nuestros encuentros ? Digamos que si, que no. No lo sé y mire que pasó el tiempo, eh !!! Compañera ?, Amiga?, Amor platónico ? Que difícil es pretender clasificar un vinculo, cuando el mismo no esta determinado. Un día comienza una relación, al tiempo continúa y no tiene un final, sigue pero no sabemos de que se trata, o si sabemos pero mejor ni pensarlo. Solo se siente …

Ella tiritaba por el frío, yo por el frío, pero más aún por este sorpresivo encuentro.

 – ¿Qué te parece si tomamos un café ?

  – No, Oscar, discúlpame, pero no tengo demasiado tiempo, voy a hacer compras, ir a casa, cocinar y atender a Carlos que, seguramente, ya volvió de fisioterapia, a los chicos, que a esta hora me comen a mi si no encuentran la comida lista. Me disculpas ?

 – Si, si, por supuesto ! Pero la intención era tomar solo un café, nada más. Dale, vamos ! No tardamos mucho ! Después te alcanzo hasta tu casa !

– Oscar … Bueno, dale, pero dos minutos, ¿eh ? Tengo que ir al Supermercado y me pueden cerrar. No tengo qué darles de cenar a las pirañas que esperan ansiosas.

– Hagamos una cosa, si estás de acuerdo, tengo el auto a la vuelta, te llevo al Súper, compras lo que necesites y después tomamos un cafecito caliente para sacarnos el frío. Si … ?

– Bueno, dale … vamos !

      Fuimos al auto. Qué contento me ponía llevarla, lástima que el viaje fuese corto,  6 cuadras hasta llegar al Súper. Llegamos, bajó corriendo y a los 15 minutos volvió con un par de bolsas. Le debería haber cobrado sobrecarga: una cartera, un bolsón y las bolsas. Pero, qué le iba a cobrar yo que estaba re-feliz de haberla encontrado después de tanto tiempo.

– Dónde vamos, le pregunté …

– No sé, decidí vos …

   – Te parece que vayamos a La Scala … sirven un rico café. Generalmente hay poca gente.

– Bueno, dale, siempre nos gustó estar solos y  conversar.

Te acordàs ? le pregunte mirando sus ojos …

– Si, claro, como no recordarlo.

     Ella bajaba con todo su equipaje. Le sugerí que dejara las bolsas en el auto, íbamos a hacer más rápido.

     Caro lector, no le voy a contar detalles de la charla, pero sí le aseguro que tocamos un montón de temas … , de los dos, de nuestras familias, de nuestros desempleos, de la actualidad, del famoso “corralito” del 2001 donde ambos habíamos quedado atrapados con nuestras indemnizaciones, un par de años atrás, tantos temas hablamos hasta que, llegó un momento me dijo, en tono de broma (por lo menos eso le creí)

– “Ya me aburriste, vamos …”

Siguiéndole la corriente le dije:

– “Si a mí también, ya me cansaste vamos…”

    

Y por dentro sabia que quizá iba a pasar mucho tiempo en que las casualidades o las causalidades nos hicieran encontrar nuevamente.

     Pero la alegría se había vivido y eso era lo importante. Tampoco hay que ser tan pretencioso. Además, por más que prolongáramos la charla, en algún momento… ella para su casa y yo para la mía, ella con su familia y yo con la mía. ¿Será así la vida ?

     Pagamos los cafés a medias, como era costumbre, aunque ella quizá debería haber abonado un poco más que yo, ya que se comió la masita que me correspondía. Pero bueno, gentileza de mi parte.

     Cuando nos levantamos de la mesa, miró la hora y me dijo, con esa bocaza hermosa que tiene:

–  No !!!!! Las diez y media de la noche !!! Con vos no se puede. Me dijiste un café !!! Mira qué hora es !!!

     Yo, que padecía su misma problemática, pero la disimulaba, le acoté:

– Y por qué te pones así, sólo tomamos un café.

– No seas tonto. ¿Qué les digo en mi casa ?

     Tragué saliva porque lo mismo me estaba preguntando yo.

– Decís que te encontraste con una amiga, qué sé yo … De todas formas nos vamos ya  …

     Fue tan fugaz ese rato juntos !

     Subimos al auto, no hubo tiempo de nada, ni siquiera de un saludo más lindo, más afectuoso, más amoroso. Mientras íbamos camino a su casa o mejor dicho hasta la esquina de su casa, ella buscaba sus llaves en el bolsón, en la cartera, en los bolsillos de su campera, estaba nerviosa y cuando se esta en ese estado, lo primero que no encontramos son las llaves de casa.

     Ni hablamos. Bajó corriendo del auto y yo la miré cómo caminaba y se alejaba cargada con su equipaje. ¿Habrá sido un “amor imposible” ?

     Ahora me quedaba a mi, regresar a casa.

     Obviamente no es fácil llegar a casa a las once de la noche, cuando te esperaban para cenar. Pero bueno, creo que Marita me comprende, me soporta, me banca, sabe que soy desbolado y en el cumplimiento de horarios… peor.

     En definitiva, las utopías son utopías, cuando se dan, dejan de serlo y se disfrutan, no se penan, no se prohíben ni se combaten.

     Camino a mi hogar me acordé que, cuando hace frío, lo mas probable es que me encuentre con un par de gatos independientes y soberbios, saltan por la reja del frente de casa y se meten en la cochera.

     Lo terrible es verlos cuando entro el auto y se corren lentamente  desafiantes. Se suben a una de las ventanas y te miran como diciendo:

 – “Dale gordo, metè el coche y entra a tu casa, así nosotros, nos dormimos en tu capot calentito. Y después, si nos da ganas de orinar, ni nos levantamos, directamente levantamos la cola y te orinamos el parabrisas, cosa que el pis se eyecte como cascada e invada la parilla del capot para que, al encender el motor a la mañana siguiente y, apenas se calienten los caños y las mangueras del motor, te acuerdes de nosotros, de nuestro “perfume”. Era patético el accionar de estos animalitos. Se ensañaban conmigo.

     Llegando a casa le aviso, por celular, a mi esposa, (ya fastidiada), que por favor me abriera el portón, para aligerar el trámite del ingreso a casa, siempre un evento de angustia, mirando para los cuatro costados y evitar las famosas y penosas “entraderas” o los certeros arrebatos.

     Estoicamente, Marita se pone una campera sobre su pijamas y abre la puerta.

     Los gatos-as que dormitan en mi cochera se levantan y se suben a la ventana… expectantes. Mi esposa abre el portón. Yo entro el auto. Marita cierra el portón y mientras acomodo mis cosas para bajar, dirige su mirada al interior del auto, para que no me olvide nada, un hábito de mi esposa, casi un TOC o chusmear no más…

     Abro la puerta para bajar y acá señor … , aquí señora … , es cuando mi vida comienza a atormentarse, comienza esa bisagra que cambia la rutina.

    

     Con voz de dormida me dice:

       – Oscar,  baja esa bolsa que está en el piso fuiste al Súper?

– Si, si, les traje algo.

 Punto fundamental en esta historia: “Ella” se olvidó una bolsa del Súper, yo no me di cuenta y menos aún conocer su contenido.

 – “Surprise” !!! le dije como afirmando que aquí no ha pasado nada, y esperando que la bolsa en cuestión tuviera productos que fueran usuales para nosotros.

 – Baja tus cosas y dame la bolsa que te ayudo, me dijo.

      Le alcanzo la bolsa, como si fuera dinamita, “cuidado” le dije, su intuición femenina no se hizo esperar, es más, no esperó estar dentro de casa para ver lo que le había traído.

      Se le cortó el segundo bostezo cuando me dijo:

– 5 kilos de alimento para gatos ?

     A esta altura yo transpiraba en oposición con el frío que hacía.

– “Sorpresa”, te dije. Entra que ya voy !

  Te va a gustar !!! avísale a Lorena !!!.

      Casi como un rayo, salté por arriba del auto, quedé entre la ventana y el coche, no se de donde saque la agilidad ni tampoco la parsimonia del gato, que se quedó sorprendido, pero lo llegue a manotear y lo agarré del cogote al usurpador de la ventana de la cochera (para su conocimiento, era gata). Volví a saltar al auto para acceder a la entrada de mi casa, con la gata colocada bajo mi brazo como pelota de rugby y evitando que sus gatos amigos me taclearan de atrás.

             Más ágil que nunca, logré entrar a casa con el animalito a cuestas, que maullaba como si lo fueran a bañar y yo que jadeaba de tan loco esfuerzo.

 – Toma mi regalo, Marita !!! Para vos y la nena…

 – Grac … gracias, es muy lindo … ¿Pero … Cómo se te ocurrió ? ¿Donde va a dormir?

        – No sé, yo te traje la sorpresa, vos acomodala.

– Le avisaste a Lorena ?

           Si quieren sacar alguna conclusión, háganlo, están en su derecho. Creo que no vale la pena.

           ¿Nunca les paso que por eso de ocultar algo, trataron de taparlo y la cuestión se va agravando, aunque no fuera tan grave?

              Yo los dejo porque quiero ver si me dejaron tan siquiera algún pedacito de milanesa y voy a ver si Lorena está más calma, aunque está en todo su derecho de no estarlo.

           Ah ! me olvidaba de decirle…, la gata, si, “Pompón”, cuida a sus gatitos con el amor puro de Madre, está muy bien de salud … diría que está genial, es la mimada de la casa y yo… yo estoy encariñándome con esa gatita invasora y quizás compinche sin proponérselo.

       A Ella… a Ella no la he vuelto a ver.

De todas maneras, siempre llevo en el baúl del auto una bolsa de alimento para gatos ya que, si un día la llego a encontrar, se la devuelvo … en definitiva es de Ella…

Carlos Emilio Dentone