MI AMIGO EL TURCO (Historias)

MI AMIGO EL TURCO

Según me dijo el Turco, tengo que estar un par de días en gayola, el taquero es nuevo.

No sé bien qué cuestión conversaron entre ellos, pero sé que se arregla todo, estando yo acá … demorada … solo unos días …

No es la primera vez que vengo a parar acá.
Te digo que dentro de todo la paso bien: un poco de limpieza en las cuchas y en la cocina, cebar unos mates, algun mandado, coser, algun botón y lo de siempre, atender clientes.

Bah, clientes no, a éstos no les cobro, porque no garpan.
Lo que te jode es que ni siquiera te dejan una propina.
Yo no digo nada, pero fijate, consiguen en la panadería la factura del desayuno, el asado del mediodía en la parrillita o la pizza de la noche gratis. Esta bárbaro que se alimenten … pero conseguir una mina gratis? No va !!!

Y hablando de esto, yo no sé si es un problema de edad (la mía que ya dobla el codo) o la falta de guita que me pone mal.

A ver si me entendés, vos te venís más vieja y la experiencia te sirve … hasta por ahí nomás.
Los tipos tardan más en “irse”
O sea, lo que antes tardaban 2 ó 3 minutos hoy te la estiran y pasan 10 ó 15.
Saca la cuenta, al día y tenes 10 ó 12 clientes menos.
A fin de mes lo notas en la cartera.

Decí que el Turco me ayudó siempre. Mira lo que es el Turco: me prometió que, cuando salga de acá, me paga el pasaje para ir a verlo a Ernesto, que no sé bien donde está, pero él me dijo que me averiguaba.

Hablando de Ernesto, el otro día me pegué un susto bárbaro.
Yo hace poquito que volví al boliche del Turco y una noche que estaba laburando, se me aparecieron sus amigos.
Todavía no sé si a encamarse o a contarme algo de mi hijo. Ellos a veces lo ven. Pobre Ernesto !!!
Pero yo me quedé como una estatua y ellos se fueron sin decir ni “mu”. También con la cara que les puse …

Qué quilombo se me armó en la cabeza, pensar que Ernesto podría haber venido al boliche con ellos, por eso es mejor que se haya ido lejos.
Pero viste, hay días. Te digo la verdad, lo extraño, hoy tengo ganas de verlo.

Claro, te hablo de Ernesto y me acuerdo de cuando era chiquito … del padre que se llamaba igual, buen tipo. Ni bien me viene a la cabeza el nene me acuerdo de mi niñez.

Eramos 6 hermanos, yo la más grande, mis viejos y una casa (más rancho que casa), a unas 20 cuadras del pueblo.
En el pueblo laburaba mi mamá: sirvienta en la casa de un doctor. Ella volvía todos los días a la tarde, a la hora de la leche.

Pero mi viejo, aparecía los sábados a la noche y se iba al otro día. En la semana no estaba. Lo veíamos muy poco.
Él laburaba en el campo de los Bedoya y siempre que venía comíamos como de fiesta, traía un poco más de tela de la que cobraba mi vieja.
Bah, él, más que comer, chupaba. Se emborrachaba cada vez que estaba en mi casa, al rato nos gritaba y hasta le llegaba a pegar a mi Mamá.
Pobre mi vieja … si la sufrió !!!

Cada vez que viene a mi cabeza todo esto, no puedo olvidarme, y creo que nunca podré hacerlo, de una noche … aquella noche.

Él se acostó en mi catre, en realidad se levantaba de la mesa y caía en cualquier cama de las nuestras, esa noche le tocó la mía.
Ya de madrugada no aguanté más el sueño y me acosté muy despacio para que no se despertara. Me quedé acurrucadita en un costado, sin siquiera pestañear.
El roncaba y soñaba, algo decía pero yo no le entendía nada.
Al rato se dio vuelta y su cuerpo quedó pegado al mío, me abrazó y empezó a tocarme por todos lados.
Me di cuenta de lo que estaba pasando, no era tonta, pero sí, era la primera vez que me ocurría.
Nunca había sentido manos ajenas acariciar mi cuerpo.

Yo creo que ahí empezó todo lo mío.

Comenzó con una mezcla de cosas: por un lado lo que sabía de lo que me contaban mis amigas, por otro lo que yo me imaginaba … pero de ahí a tener sexo … un abismo.

Qué sensación terrible, asco, miedo, sorpresa, excitación, no sé … todo se me mezcló.
Sentía odio y placer, pero además, algo que me conmovió.
Me di cuenta que mi viejo era cariñoso, nunca nos había demostrado cariño.
Era mas bien hosco chupando o no, siempre serio, esa noche, esa puta noche me hizo mujer (al tiempo me di cuenta).Después de empujones, temblores y gemidos, mi viejo me abrazo y se durmió como un ángel, nunca me había tenido así, entre sus brazos fornidos.
Un amor !!! Que confusión !!!

Creo que desde ahí lo empecé a querer.

Fue el momento en que empecé a conocer mi cuerpo, a tener sensaciones, a tener deseos, claro, mi viejo me había hecho hembra.

Al principio me daba vergüenza ver a un hombre y sentir lo que sentía, después, al tiempo, me encantaba y no me molestaba.

Mi viejo cada tanto se quedaba en mi cama y pasábamos ese rato en silencio.
Odiando … disfrutando …

Un día, cuando había cumplido los 15 años, me llevó a trabajar con él, en el campo, porque necesitaban una ayuda. Ahí me fui.
Con la esposa del dueño eramos las únicas dos mujeres en semejante campo.
Varones eran como veinte.No te imaginas como me miraban, yo ya tenia cuerpo de mujer y ganas de mujer.
Y esas “ganas” las aprovechaban los peones y alguna vez el capataz.
Él era distinto, era un tipo grande y las veces que estuvimos juntos, además de sentir su experiencia, tenía la delicadeza de dejarme dos o tres pesos, que me venían muy bien, porque la plata de mi laburo, la cobraba mi papá.

Ese fue otro momento especial en mi vida, de todo esto me apiolé al tiempo.
Ahí me di cuenta que la mezcla del sexo y la plata, me ponían bárbara, con poder por un lado y despreciable por otro.
Esas incongruencias que sentimos los humanos.

¿Qué querés con eso? ¿Que sea maestra o modista? Me sentía fuerte. Imaginaba que iba a tener a los hombres como quería y, te guste o no, provocar una especie de envidia, celos o qué sé yo, de otras mujeres …

A medida que venía más grande, mas me gustaba ser así … así como era …

Un día me fui del campo y de mi casa.En realidad estaba bien, pero quería probar con otras personas, estar con gente diferente.
Me fui a dos pueblos de distancia y al centro, pero centro centro … eh?
Me fui a una pensión.
La señora, la encargada aceptaba que lleve a mis clientes, pero no quería quilombo.

Así fui haciendo conocidos. A ganar plata de verdad. A comprarme ropa. A llevarle a mis hermanos algo de guita para que ellos mismos se dieran cuenta lo que era tener billetes en el bolsillo.

Una flor de vida me daba.

Una noche, un cliente, que dentro de todo me respetaba mucho, me dijo que no quería hacer nada, que quería hablar, que igual me pagaba, pero que quería pedirme algo.

Yo pensé uno más que te quiere sacar de puta, porque es como que los hombres te quieren así, pero también quieren ser como tus salvadores.

Quieren que te apoyes en ellos …

¿Salvadores de qué?

Pero me explicó que quería estar conmigo más tiempo. Que vivía también en una pensión y que para qué íbamos a gastar en dos piezas, si podíamos pagar una con lo que él ganaba y yo podía dejar de trabajar y comenzar a vivir juntos.

  • Pero yo trabajo en esto, le dije, es mi vida. Dejámelo pensar –
  • No te vas a arrepentir -, me dijo.

Este tipo …, pensé yo…

Pero no, este tipo se había enamorado de mí y a los pocos días me di cuenta que me había enganchado también con él.

Era un buen tipo, tenía pinta !!!
Y por sobre todo sentí que me quería o me “amaba” como él decía. Yo con él, además, quedaba mansa, tranquila, era un potro en la cama.
A los días se me apareció con una valija, por lo visto pesada.
Otro que se arrepiente y se las toma, pensé …
Me equivoqué, la puso en la cama, la abrió y empezó a sacar ropa de mujer, nueva, desde ropa interior hasta un sombrero, mira vos. Primero no entendí, después cuando me comentó riéndose: es para vos, es tuya, claro era un regalo.

Para mí fue un empezar algo distinto.
Una vida de señora, que nunca había sido.
Además de señora, me hizo sentir reina y al poco tiempo, mira que siempre me cuide ¿eh?, me hizo mamá.
El un rey y un papá y yo señora, reina y mamá.
Mierda como cambia la vida, che.

Jamás pensé en tener un hijo, esta profesión te condiciona mucho o me parecía …Me lo críe bien al Esteban, éramos una linda familia.
Me gustaba ser el ama de casa, que resulte, salvo el tema de la guita, que nunca alcanzaba.

Él tenía dos trabajos y no era suficiente. Había que hacer magia para poder vivir. No es nuevo esto…

Volvía muy tarde a casa.
Llegaba cansado, muerto, quería comer e irse a la cama. Ni siquiera jugaba con el nene, no conversabamos y menos tener sexo, se olvidó.

Yo le comprendía pero como te contaba, para mi el sexo era como comer todos los días, alguna vez podes saltear, pero al otro día tenes que meter algo en la panza.
Yo me arreglaba sola, pero vos sabes bien que no es lo mismo.
Me sentía mal, nerviosa, le gritaba al nene por nada. No era como al principio.
Fueron pasando los meses, la cosa no mejoraba.

Un día le dije que tenía que salir a buscar trabajo. Algo que nos ayudara a vivir un poco mejor. Claro que yo no tenía experiencia en demasiadas cosas, era un problema.

Un jefe de la fundición donde él laburaba, le dijo que necesitaba una sirvienta, porque su señora se había enfermado y precisaba una mano.
Me dijo empilchate bien y habla con la señora de Don Antonio, me dio la dirección, te esperan !!!

Me vestí con un lindo vestido azul y me pinte como antes, como hacía tiempo no me maquillaba. Tenía que estar presentable !!!

A Esteban lo deje con Clara, una vecina con quien éramos muy compinches, le gustaban los chicos más que a mí.

Me mire en un espejo medio manchado, de cuerpo entero, me gusté, estaba un poco gordita pero el vestido ajustado me marcaba como yo quería.

Hacía tanto que no salía. Me pareció que el mundo era otro, no me esperó, el universo siguió de largo !!!

Llegué a la casa, humilde, pero ordenada, me atendió la señora, me comentó lo que necesitaba de mí. Cuidarla, darle los remedios, hacer la comida, limpiar, lavar, planchar. Lo mismo que en casa, solo que debía estar varias horas y la gran diferencia era que me pagaban !!!

Mientras me decía cómo era la cosa, entró el marido, Don Antonio, que venía de la fábrica.

Ni bien entró me miró de arriba abajo.
Me saludó, me dio la mano y no me la soltó por un rato.
Mira, le dijo a su esposa, mira Ernesto, que linda esposa tiene !!!
Me hizo girar como bailando una zamba …Cuando me soltó quedé medio tonta.

Pensar que las dos cosas que me dieron fuerza y poder en el laburo fueron el sexo y la plata.
Hoy conseguí trabajo por plata, era la meta, pero la actitud de Don Antonio … hummm !!! Tengo olfato para estas cosas …
Me dio vuelta la cabeza.
Era un tipo grandote, fino, una mirada que te comía.

  • Bueno hasta mañana, a las ocho estoy con usted señora, saludando me retiré de raje.

Al otro día ahí estaba yo … trabajando, de acuerdo a lo que charlamos, comenzaba a las 8 de la mañana y terminaba con el último lavado de platos que quedaba de la cena temprana de Don Antonio.
Ya era hora del regreso a casa y estar con mis queridos Ernestos.

Las dos primeras noches, cabeza gacha, ni lo miraba, pero sentía sus ojos clavados en mi traste.
Su esposa comía más temprano y los remedios que tomaba la dejaban dormida enseguida.
Yo le controlaba la respiración.
La tercer noche, todo igual, salvo que cuando estaba en la pileta fregando los últimos cuchillos, sentí que se me acercó y sin hablar me levantó la pollera y me quedé inmóvil …

Volví mal a casa. Pero ya estaba.

Siguieron así los días, entre plato sucio y plato lavado, se repetía la situación. Me animé a pedirle algunos pesos, no se negó.

Volví a ser yo. Salvo que ahora estaban los “Ernestos” en mi vida.

Hablando de vida ¿Cómo es la vida, no? Don Antonio, tuvo un accidente en la fabrica. Falleció. Fue como un golpe, otro más.

Seguí trabajando con la viuda, solo que salía mas temprano. No tenía a quien esperar.

Ernestito ya había cumplido los 13 y muchas veces salía con sus amigos de la cuadra.
Esos que te conté al principio que vinieron al boliche, todavía no sé para qué.
Se encontraban en mi casa y a veces se quedaban jugando, y de paso tomaban la leche.

Estos pendejos !!!

Los amigos también me miraban y yo notaba que se calentaban, eran chicos pero yo les hacía el juego y más de una vez, notaba como crecían, ¿me entendés no?

Era donde yo me hacía la distraída y punto, uno de ellos, siempre estaba alzado, intentaba rozarme “sin querer”, era el más atrevido y lo tuve que frenar, sin que se diesen cuenta los otros.
Es uno de los que estuvo la otra noche, pero estaba borracho, ni sé si me reconoció.

Uno de esos días que los chicos estaban en mi casa, decidieron ir a jugar a la pelota a la placita de la otra cuadra.

Ni bien se fueron, golpearon a la puerta de la sala. Cuando abrí me encontré con el vecino. Un muchacho de 25 años muy serio él, si apenas saludaba cuando nos veíamos.

¿Puedo pasar? – me preguntó.
Pensé en algún quilombo está metido este pibe y se esta escapando de algo. Otra vez me equivoqué ….

Se largó con todo. Me dijo que se ponía loco cuando me veía pasar por el pasillo. Me contó que me espiaba, que tenía plata para darme si me acostaba con él.

Estás loco, le dije ¿qué te picó?
No te das cuenta que soy una señora, con hijo, con esposo, anda a sacarte las ganas con alguna puta.

Me dijo que él iba, pero que quería hacerlo conmigo. – Por favor señora – como si rogara.
Me abrazó y se puso a llorar.
Traté de calmarlo.
Cuando le acaricie la cabeza, me di cuenta que yo también me había puesto nerviosa.
No le di tiempo a nada. Era joven pero sabía muy bien lo que hacía y como hacer rendir su guita.

Estábamos en la cama matrimonial, mucho la idea no me gustaba, pero bueno …

No pasaron 5 minutos cuando nos sobresaltamos por un trueno terrible y la lluvia se desató con todo. Era un buen momento, la lluvia era buena compañía.

A los pocos minutos se sintieron gritos, risas y corridas.
La lluvia corrió a los chicos de la plaza.

Entraron a la pieza. Ya era tarde, Ernesto primero y sus amigos después, nos vieron, me vieron.
Como pudimos nos vestimos con todos ellos mirando, congelados.
Con la mezcla de bronca, odio y tristeza de Ernesto.
Se fueron todos como hormigas.

Nos quedamos solos con mi hijo, me acerque para explicarle algo. Me esquivó, se alejó.

Unos días más tarde, Ernesto padre me dijo que le habían dado un franco y me pidió que lo acompañara a comprar unas botas y de paso me invitaba a tomar un café.
Años que no tomábamos un café en un bar.
Estaba serio, se compró un par de botas de agua para ir al trabajo.
Fuimos al café.
Ni bien nos sentamos, se largó: – Ernestito me contó lo del otro día cuando fueron a jugar a la pelota y los agarró la lluvia. ¿Es verdad? –

No lo dudé: – si, le conteste, las putas no mienten, mirándolo fijo, como desafiándolo.

Bueno, aclaró la voz, vos sabes que yo te quiero mucho, que viví para vos y para tu hijo, las cosas no me fueron bien. Pero esto es difícil. No me esperaba una cosa así.
O sea, tenes unos días para irte de la casa.

Traté de explicarle, de aclararle … nada … no había más tiempo, no había vuelta atrás.

Me volví a mi pueblo.
En lo que quedaba de mi casa, con mis hermanos.

Solo unos días, porque después conseguí trabajo en lo de una familia, que me dejo tener al Esteban conmigo.
El también podía ayudar , dar una mano. Aunque estaba como en otro mundo, ausente, perdido.

Un día le pedí que hablaramos.

Una vez más la plata no nos alcanzaba para vivir y menos para que él siguiera yendo a la escuela, libros, zapatillas, cuadernos … no llegábamos.

Le conté “toda” mi historia y le dije que era la única salida que veía.
Me dijo que me entendía, pero que no podía estar conviviendo conmigo, es muy difícil la vida que llevas, me sorprendió con sus palabras.
Fueron tan determinantes como las de su Papá.
El Turco seguía con su boliche de la estación de servicio.
En algún momento yo trabajé ahí para él.

Le conté todo lo que me había pasado, me permitió volver: – vieja y todo haces capote, me dijo.
Arreglamos cuentas y ahí estoy.

Otra vez al sexo, a los hombres anónimos, a trabajar para alguien.

No sé cuánto tiempo más me va a dar el cuero para seguir.
Mañana cuando salga, si me largan, lo hablo al Turco y arreglo para ir a verlo al Ernesto.

Pienso que ahora él es más grande y me va a entender.
Debe estar cerca, en algún Pueblo vecino …

Nunca le mentí.
Las putas no mentimos.

Si no, no hubiese parido a mi hijo … Si no, no sería la madre de Ernesto … lo pensé y lo dije cerrándome el deshabillé.

Carlos Emilio Dentone

Este relato surge de un trabajo práctico en el Taller de Narrativa de Alicia Grinbak, donde en base al Cuento La madre de Ernesto, del Escritor Abelardo Castillo, tenia que hacer un desarrollo desde otro narrador, en este caso desde la Mamá de Ernesto.

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