TESTIGO INOCENTE (Amores)

TESTIGO INOCENTE

Fue en una tarde de un Jueves de Otoño.

De esas tardes que invitan a caminar bajo la tibieza del sol.

No tenía nada especial para hacer y decidí ir a pasear al Centro, aprovechando mi franco laboral, meses sin ir a la Capital.

Más precisamente a la Calle Florida.

Sin más expectativa que recorrerla de sur a norte, de norte a sur y tomar un cafecito en la Richmond o bien en la Paulista, lugares que ya conocía y eran “caros” a mis recuerdos.

Las vidrieras tan pintorescas unas pegadas a las otras y, cada tanto, grupos de artistas callejeros poniendo su nota de color.

Lindo paseo me brindaba este Otoño !

A pesar del ir y venir incesante de gente que caminaba despaciosamente y, otras, cuyos pasos eran más que acelerados, yo me sentía solo y en mi mundo. Lo necesitaba.

En toda esa circunstancia, en ese torbellino, sentí apoyarse una mano en mi hombro y una voz que me decía:

– Jorge, tanto tiempo sin vernos, ¿qué haces por estos lares?

Apenas me di vuelta lo reconocí … era Mario, Jefe de Departamento de la empresa en donde yo trabajaba.

Buen hombre, hasta puedo decir que hicimos una grata amistad a pesar de trabajar yo como Cadete y, a pesar de nuestra diferencia de edad.

– Mario !!! Qué linda sorpresa verte. Yo hago la misma pregunta : No nos vemos en Banfield y nos encontramos aquí ???

– Sólo vine a hacer un trámite y, de paso, una caminata por Florida. Pero es buena ocasión para tomar un café, digo, si tenés tiempo Jorge ?

– Si, como no ! Justamente tenía pensado tomar un cafecito, en cualquier momento.

Lindo reencuentro.

Fuimos caminando desprolijamente, charlando y recordando algunas cosas de la empresa, anécdotas, recuerdos vinculados con compañeros, los momentos duros cuando el cierre era inminente.

Caminamos unas cuadras y, sin pensarlo, estábamos entrando a la Richmond.

Los dos nos quedamos paralizados al ver salir de la Confitería y, casi chocándonos, a Nora, también compañera de trabajo y vecina del Barrio.

Ella nos miraba a ambos alternativamente, con esa sonrisa que nunca perdió y más que sorprendida se quedó al vernos, tanto como nos pasó a Mario y a mi.

Una casualidad o causalidad totalmente inesperada, pero linda de que se haya dado.

Terminamos los tres mirándonos y, con un abrazo, sellamos ese lindo momento.

– ¿Qué hacen juntos por acá ? Ni loca imaginé encontrarlos. Vine a tomar un café para hacer tiempo, en un rato me junto con unas amigas para ir al cine. Ustedes, qué hacen?

Mario la miró de manera especial, al menos para mis ojos…

– Tomate otro café con nosotros y, aunque sea, charlemos un ratito, dale Nora !!! – acotó Mario.

Nora accedió sin poner oposición, al instante, estábamos compartiendo una mesa, los tres excompañeros de trabajo.

Mientras le poníamos un terrón de azúcar al café y revolvíamos la tacita con cada cucharita, comenzaron a aflorar recuerdos que se entremezclaban de distintas etapas.

En la época que convivimos en la empresa Mario era Jefe de Departamento en Ventas, tendría sus cuarenta y pico de años.

Norita se desempeñaba como Jefa de Caja y, a su vez, hacía las veces de Secretaria de un Gerente. Su edad andaría en los 35 años y yo con 24 años trabaja como Cadete.

Por mi función, estaba en contacto con ambos y ellos tenían su relación, por ser la Caja uno de los lugares más solicitados.

En el intercambio de recuerdos llegamos a las reuniones que se realizaban por distintos motivos, las que consistían en cenas hasta finalizar con bailes, según el lugar elegido o, con un café en algún Bar de a zona si el grupo era más reducido.

La memoria nos trajo a la mesa los festejos que hacíamos por el Día del Amigo y el consecuente juego del “amigo invisible”.

Con total inocencia y aportando un recuerdo más les pregunté si recordaban el día del festejo en la Sala más grande de la planta baja …

Ni bien mencioné aquél momento, ambos se miraron y bajaron la vista como evitando el tema.

Me quedé inmovilizado e incómodo.

Nora, para romper con ese instante, le preguntó a Mario por su esposa y sus hijos, a lo que Mario respondió cortante con un:

– Todo bien, gracias Nora.

De pronto, ese clima tan ameno se enfrió, se hizo distinto.

Me maldije de haber recordado aquél evento, aún sin saber el porqué había afectado la charla.

Recordé que tanto Nora como yo, hasta ese momento, no teníamos una pareja estable, diría casi por decisión de cada uno. Quizás provenientes de frustraciones de otros tiempos.

El silencio se fue apoderando de nosotros hasta que Nora, con cierto desparpajo y, poniendo mucho de sus sentimientos, rompió el hielo:

– Mario, Jorge es de confianza tuya y mía. Nos conocemos. Puedo hablar, claro. Este encuentro sorpresivo en el que nos acordamos de aquél Día del Amigo, provocó que te diga algo, Mario.
No te ofendas. Decime, cuándo te enteraste que yo te había hecho el regalo, cuando supiste que yo había resultado ser tu amiga invisible. No te planteaste nada?
No te pareció sutil que el obsequio se tratara del perfume que te gustaba, ése que usabas en algunas ocasiones?
Mario, además la tarjeta que te escribí, no te movilizó para nada ?
No te hago ningún reproche, sólo que hoy se dio el instante en que, si no te diste cuenta aquella tarde, te lo digo hoy y delante de Jorge que me gustabas y mucho. Perdón.

— Bueno, Nora, uno se puede imaginar cosas, también vi tu mirada en aquella reunión, pero no estaba seguro. No tuve el coraje o la decisión de decirte no sólo que vos me gustabas y más que eso, tambien sentía cosas por vos de hacía mucho tiempo. Nunca imaginé que podría ser reciproco. Siempre te tuve respeto como compañera, como amiga, nunca me permití decirte nada.

Las palabras de Mario, a pesar de la sorpresa, fueron contundentes.

La situación en la mesa de la confitería había cambiado y, si bien mi primera idea fue irme, hacerme humo, escaparme de una situación en la que no tenía que ver, en milésimas de segundos entendí que ellos necesitaron de un testigo para declarar su sentir y ése era el momento.

– Y qué Mario ? Acaso nunca notaste, tiempo atrás, cómo te miraba, cómo te buscaba las veces que, en reuniones, me acercaba a vos ? Y te hablo de cuando estabas soltero …

– Nora, vos nunca te diste cuenta las veces que hemos salido en grupo y yo te invitaba ?Fueron muchas las oportunidades en las que, estando con mi novia, de la cual te hiciste amiga, fuimos al cine los tres y luego a charlar mientras cenabamos. Yo tenía la necesidad de estar junto a vos, no era linda la situación … entendeme Nora.

– Sí, Mario te entiendo, como no te voy a entender. Me duele enterarme ahora de algo que podría haber cambiado mi vida … la tuya …

– Sí, Nora, te estás enterando que yo también estaba enamorado de vos y cómo y me estoy enterando de tu sentir por mi !!! Ambos lo demostramos, pero ninguno lo habló … En este momento, yo también me pregunto por qué ???

– Cómo perdí tanto tiempo en mi vida, Mario ? Vos no sé si lo perdiste … pero …

– Nora, no podemos volver el tiempo atrás. Por un lado, es triste vivir esto y, por otro, me pone feliz que, aún sin decirlo, sentimos lo mismo. Contradictorio… Tendremos que aceptarlo … Tristes y felices ? La verdad no sé … no entiendo …

– Yo nunca dejé de amarte Mario.

– Yo tampoco, Nora.

No queriendo interrumpir el momento, carraspee y miré mi reloj, dando algo parecido a un aviso: eyyy estoy aquí y miren qué hora es … ya es tarde Nora… ya pasó la hora del cine.

Mario pagó la cuenta.

Sin decir palabra, nos levantamos los tres y caminamos hacia la puerta.

Ya en los baldosones de la calle Florida nos saludamos.

Noté lágrimas en las mejillas de Nora y en las de Mario.

Les dije, simulando euforia :

– Nos vemos pronto !!! Un placer verlos !!!

Ambos levantaron sus manos intentando un saludo.

Caminé hacia el lado opuesto al que se dirigían ellos con sus cabezas gachas.

Necesitaba recorrer un poco más de la peatonal porteña,  aunque los negocios ya estuvieran cerrados, necesitaba elaborar un poco más lo vivido en la mesa de la Confitería.

Me agradecí a mí mismo por no haber hablado, también yo, sobre mi sentir por Nora.

Necesitaba caminar un poco más por la peatonal, entremezclado con los trabajadores del carton, que ya comenzaban su tarea diaria.

Analizar y darme cuenta que los amores imposibles se extienden durante toda la vida … son esos amores únicos, son los amores que se callan, son los amores que se ocultan muy dentro de uno, son los amores que nunca terminan … son los amores eternos …

Carlos Emilio Dentonescreenshot_2020-08-05-20-10-551

4 comentarios sobre “TESTIGO INOCENTE (Amores)

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