LENGUA Y TRADICION (Reflexiones)

“Aquí me pongo a cantar al compás de la viguela. Que el hombre que lo desvela una pena extraordinaria como el ave solitaria con el cantar se consuela”.
(del Martín Fierro)

LENGUA Y TRADICION

Necesito continuar con mis tradiciones y al mismo tiempo actualizarme.

No recordar el 10 de Noviembre solamente, como Día de la Tradición, sino tener vivas mis raíces como cada día que respiro.

Es difícil, pero estas Conmemoraciones nos hacen reflexionar y nos acercan a aquéllos que fuimos y que hoy deambulamos en nuestra sociedad sin tener rumbo determinado, a pesar de todas las bondades de la modernización y la tecnología.

No tiene que ver con la pandemia que nos cruza.

En ese intento de no quedar afuera del sistema, trato de actualizarme e intentar hablar el mismo idioma.

Actualizarme sí, pero no perder valores.

Tendré que continuar hablando con una máquina para darle curso a los reclamos ante los servicios que un proveedor no cumple con lo que corresponde, o esperaré 3, 5 … 10 minutos para que algún empleado me atienda por teléfono, a fin de responder a una consulta en el Banco donde cobro mi Jubilación.

Si después de 10 minutos no me atienden, ya corto.

Nunca pude comunicarme.

Recuerdo mi Libreta de Caja de Ahorro … que antigüedad !!!

Qué bien funcionaba … sí, la de las estampillas. Un adelanto de lo que son los cajeros automáticos. Ibas a cualquier parte del país y en el Correo de la zona depositabas o retirabas dinero.

En los últimos tiempos, Internet es más que necesario.

Te comunicas desde donde sea … hasta donde quieras … el mundo a tus pies … obvio, cuando funciona y tenes buena señal ….

Claro, por las dudas, hacés un gastito más y te cubrís, contratas un servicio de cable para TV e Internet. Vuelan los megas !!!

Y además, de amuleto, tenés el servicio que te da tu empresa de celulares. Siguen volando megas !!!

Hay días que no puedo abrir vídeos … o en un vivo hago agua, acudo al amuleto … sin suerte … dónde están los megas ? Cric … Cric …

Intenta reclamar … noooo !!!

Tienen todo previsto, pero el acceso al reclamo no esta.

Claro, viveza argenta, en lugar de reclamar, intento ingresar a Ventas.

Te atienden volando, como los megas, y digo: ” no señorita, no necesito comprar nada, llamo porque no funciona Internet, necesito hacer un reclamo”.

De respuesta me dice la señorita: ” de todas formas le conviene adquirir el nuevo …. ”

– “No, señorita” de acento neutro, “no funciona Internet”, insisto.

“Señor, gracias por la espera, disculpe la demora. Lo comunico con el sector técnico.

Recuerde que al finalizar tiene una encuesta para evaluar mi atención”. Cric … Cric …

– “Gracias, paseme al técnico, por favor”.

La música característica de la “no atención” se corta en un momento o corto yo, ya ni recuerdo … Cric … Cric…

Días atrás me enojé.

Me llaman de un Estudio de Abogados reclamándome el pago de 2 años de nuestra empresa telefónica.

– “No, no Doctor, no recibí ni factura ni servicio en estos 2 años. Qué voy a pagar ?

Además he ido a las oficinas de la empresa a dar de baja el servicio y entregar en devolucion un módem que nunca hizo que el teléfono funcionara”.

– “Bueno, dejelo por mi cuenta. lo converso con legales”. Cric … Cric …

Llamo a mi empresa de telefonía, después de insistir algunos días, me atendieron … le cuento a la señorita, muy amable ella, todo el proceso.

Me responde: “Es que aquí no le dieron la baja”.

– “Ahhhhhh mierd !!! y qué tengo que hacer ?”

– “Yo me encargo” me dijo.

Lo solucionó. Al menos el Abogado no volvió a llamar.

Gratitud para esta empleada !!!

Nos está faltando entendernos ? Pero si hablamos el mismo idioma…

Me quedé pensando … si soy tu cliente, porque he contratado tu servicio, por el cual te pago a cambio, si en algún momento y por “X” causa no podes brindarme el servicio pactado, no tendrías vos que dar la información que no podes ofrecer dicho servicio y darte la baja vos como proveedor ?

Por qué tengo que tramitar yo la baja ?

O si el servicio es deficiente o te facturan indebidamente, no tenés que vos, estimado proveedor, cobrarme menos por el “no servicio” o devolverme el dinero que me cobraste de más, sin que yo tenga que hacer un trámite para reclamarte ?

Por qué te tengo que reclamar yo si el error es tuyo ?

No nos entendemos ?

Sí, claro, en todos los casos queda la instancia de presentarse en Defensa del Consumidor, los Entes reguladores, etc. Gracias ! Lo tengo en cuenta , lo considero … otro día … Cric … Cric …

Me fui de tema !!!

La cuestión era actualizarse en tecnología y en los modernismos, dentro de los cuales está nuestra lengua, nuestro lenguaje.

Qué patrimonio cultural nuestra lengua !!!

Con los modismos de cada región que vamos comprendiendo en una Zamba, en un Chamamé o en un Tango, cuando desconocemos palabras o frases.

Me niego a no usar mis palabras, parte de mi tierra, parte de mi raíz, la cultura misma.

En ese actualizarme y no quedar fuera yo sé que también me confundo y mando un “ok” en lugar de decir ” de acuerdo “, como la cosa más simple.

Hoy es día para reflexión y corrección.

Quiero mantener en uso aquellas cosas, que no sé quién las fue cambiando, pero tuvo tanto efecto que las reemplazó y ni nos dimos cuenta.

Correo electrónico … por qué E.mail ?

Mensajes … por qué Messenger ?

Entrega a domicilio … por que delivery ?

Hacer una entrevista en vivo … por qué un live ?

Te escucho con demora … por qué delay ?

Hoy comí tarta de pollo y de postre torta de queso … porque chicken pie y cheesecake ???

Una fiesta común … por qué es Party ?

Adiós, chau … por qué bye ?

Hay cientos más … para muestra sobra con un par de botones.

Y esa lluvia de palabras que ya incorporamos :

Facebook Instagram Twitter Streaming YouTube Zoom Chat Whatsapp Ticket … qué pensamos ? qué decimos ?

Nada … entra a repetición.

En definitiva, son marcas …

Si no nos entendemos hablando en criollo, para qué más palabras que no son nuestras ?

Nuestro idioma es el Castellano o el Español, con las alteraciones de cada región, pero nuestro !!!

Idioma que si se lo impone … lo llamo Argentino !!!

Actualizarme … sí !!!

Festejar mi día … sí !!!

Defender mi idioma … un deber !!!

Quizás por todo aquello, hace poco escuché a un paisano de campo decir en la Televisión :
“Nos vemos en Disney”, cuando se retiraba del Estudio o del Set, como quiera llamarlo.

Yo pensaba … y si nos “Vemos en
Areco” ?

Obvio !!! Cuando se levante totalmente la cuarentena …

Carlos Emilio Dentone

“En el continuo secreto que me
regala la vida,
encontré tantas heridas
y tantas curas hallé,
que sin querer los mezclé
y hasta llegué a maldecirlas”.
(De ” Herencia pa un hijo Gaucho II “)

TULIPANES (Cuentos de abuelas)

TULIPANES

El una casa de campo, cerca de Bollenstreek, Holanda, había formado su hogar la abuela Aldegonda.

En ella vivían su hija Lieke y sus pequeñas nietas Annelien y Betje.

Como tradición, la abuela, por la noche, les leía Cuentos infantiles a sus nietas, venciendo su cansancio y luchando con sus problemas de salud, pero cumpliendo su cometido, hasta que las pequeñas se dormían con placer.

Muchas veces las niñas, paradójicamente, despertaban a su abuela Alde, ya que ella también era recibida en los brazos de Morfeo, al leer y releer esas narraciones.

Uno de los momentos mágicos y de transmisión de valores era la lectura.

Disfrutaban las niñas y Alde, y Lieke, quien mientras escuchaba desde su cocina, dejaba las cosas preparadas para el arranque del día siguiente.

Una tarde la abuela falleció.

Ante el desconsuelo familiar y tratando de calmar a sus hijas Lieke les dijo que la abuela había partido porque tenía la misión de seguir contando cuentos en otros lugares, recorriendo montañas, ríos y sembrados, a niños a quienes nadie les contaban cuentos.

Las niñas aceptaron el dolor y la nueva función de Alde, la abuela que contaba los Cuentos más maravillosos.

Pasaron unos meses cuando Betje y Annelien, decidieron escaparse de su casa y llegaron a un sembrado de tulipanes.

Cuando regresaron, su madre preocupada, las noto nerviosas, pero al mismo tiempo con una feliz sonrisa.

Al interrogarlas, las pequeñas le contaron a su madre que fueron a buscar a su abuela, que no la habían encontrado pero si dieron con otra abuelita, que les contó un cuento, mientras giraba alrededor de ellas sin tocar el piso del sembrado y cubriéndose el rostro con un velo.

A lo cual Lieke les preguntó que cuento les había contado.

Con lujo de detalles y ansiosas fueron contando aquel cuento, que trataba de un pescador … que por sacar un pez de la laguna, sin permiso, cayó al agua helada y …

Lieke ya no escuchó más, ese cuento lo había escuchado de niña, de la voz de su Mamá, siiii … de la abuela Aldegonda.

Carlos Emilio Dentone

Cuento corto que forma parte de la Antologia “Encuentros con la vida”, de Agosto 2020, de la SADE Mercedes, Provincia de Bs.As., Argentina.

Dia del Lector (24-08-2020)



El 24 de Agosto de 1899 nacía en Buenos Aires el Escritor Jorge Luis Borges.
A raiz de ello y a partir del año 2012 se conmemora el Dia del Lector.

Borges decía: Uno no es lo que es por escribir si no por lo que ha leido.
El escribir es una consecuencia del leer.

SADE MERCEDES convocó a un Evento: La rebelion de las Letras, con la participacion de escritores, quienes pudieron evidenciar con videos o publicaciones sus trayectorias y tambien pudieron leer sus Escritos.

Un dia de fiesta para la Literatura, que se fue extendiendo del 23 al 29 de Agosto.

Interesante propuesta de varias Filiales de SADE.

A VOS QUERIDA RADIO

A VOS QUERIDA RADIO

Fuiste el centro de atención que reunía en la sala grande de la “casa chorizo” a mi familia … la Nonna, mis viejos, mi hermana y yo.

En torno tuyo se escuchaba música … música de la nuestra !!!

Radioteatros …

Audiciones … para nosotros los pibes …

Programas de humor…

Los Partidos de fútbol de los Domingos …

Dije:
“Se escuchaba … “ pero no … no era así … yo veía, además de escuchar, yo observaba todo lo que pasaba dentro del aparato Franklin que había comprado mi viejo, allá por el 54 o 55.

Yo podía ver cuando un gaucho peleaba con otro a cuchillazos, o los besos que se daba aquella pareja, o el voceo de un canillita vendiendo sus diarios o los rayos en una tormenta que caían sobre un rancho.

Y cuando anunciaban, con esas voces tan particulares, la salida de mi equipo por el túnel?

Qué emoción ver los colores en la camiseta de mis amores …

Y los Goles? …

Ese cabezazo del 9 que entró en el ángulo, inalcanzable para el arquero, cómo la clavó el zurdo !!!

Pero si hasta en tus publicidades nos mostrabas lo que vendían a través tuyo:

Un jabón de tocador, una gomina, un aceite de cocina, un licor, un jabón en polvo, un vaquero, un traje, una mueblería, un remedio para el dolor de cabeza, o el anuncio del próximo programa … tantas cosas que ya ni me acuerdo …

Si hasta una tarde lloré porque vi, te aseguro que vi morirse al último perrito de Tatin, que ya había perdido 9 de los 10 que tenía …

¿Y el boxeo de los sábados a la noche?

Mi vista se dirigía a cada esquina cuando el locutor decía :
“ Y en este rincón …”

O veía si un boxeador era más gordo que el otro cuando el animador en el medio del ring decía:

“ … que acusó en la báscula 71 kilos 300 … siete … uno … treeeescientos “.

No me perdía nada.

Me hubiese gustado haber visto las veladas bailables en tus estudios o a las orquestas de moda del momento.
Llegué tarde, pero mis viejos me contaron.

Fuimos creciendo juntos. Eramos inseparables.

Un día, el viejo se apareció con una portátil.

Quedó arriba de la mesa, nadie se animaba a tocarla.
La sorpresa fue cuando mi vieja me dijo:
– Papá te la compró para vos … cuidala !!!

Cómo no iba a cuidarla si representaba un tesoro !!!

Seguiría escuchando y viendo tus imágenes, estimo que de por vida.

Sabés las Obras de Teatro que me vi en directo desde los mismísimos teatros? Por LS4 Radio Porteña … .

Qué escenografías, por favor !!! Qué Obras !!! Qué Elencos !!!

Y así, creciendo, fui escuchando la música de mi edad, sábados de música y a esperar la noche del boxeo.

La sensación de quedarse dormido con la radio encendida en el pecho era única.

Viviste esa gloria ?

Fue pasando el tiempo.

En el primer auto familiar que tuvimos siempre estuviste presente, fuera donde fuera el Siam Di Tella …

Le dabas continuidad a tu voz, aún cuando no estabas en casa.

Eras tan compañera que, si iba a la cancha, te llevaba conmigo y escuchaba los otros partidos, en el mismo tablón de la tribuna …

Siempre juntos !!!

Ya de grande comencé a escuchar los Sábados a la tarde, a un locutor que narraba unos Cuentos futboleros, los cuales también veía como si fueran fotos en cada estrofa, en cada secuencia … una sucesión de imágenes y el relato con esa voz …

Porque los locutores, los conductores, son esas voces que te hacen imaginar un mundo, ellos te hacían volar, ellos te ubicaban en un estadio, en un ring, en una calle, en un desierto, en un parque de diversiones o en un escenario, en un invierno o en un verano, a la vuelta de la esquina o en la otra punta del mundo.

Tenían la habilidad de transportarte haciendo magia con esa voz.

En un momento, duro para mi, quedé sin trabajo a los 50 años.

Uno de mis pasatiempos era escuchar las FM de mi pueblo, que ya iban ganando terreno a las AM.

Un día me acerqué a una emisora cerca de casa.

Quería ver lo que era un Estudio.

Necesitaba ver la cara del conductor o la locutora, de que lugar salía música, como eran las paredes, sentir su aroma…

Lo vi de lejos.
Alcancé a ver una ventanita con una luz y dos cabecitas que se movían cerca del micrófono.

Después de espiar, y saliendo por el pasillo, me topé con el dueño.

Me preguntó si necesitaba algo.

– No, no, le dije, no … sólo miraba. Disculpe si molesto.

Me retiré pensando …

El resto del día y la noche mi mente pensaba en el estudio, en la ventanita, en esa puerta pesada que cerraron justo cuando yo me asomaba.

Agotado, me dormí.

Pero a la mañana siguiente me desperté y volví al estudio.

Ubique al dueño y le dije :

– Puedo hacer un Programa en su radio ?

Se sonrió y me respondió:

– Tenés experiencia ?

– No para nada !!! contesté, pero tengo la dicha de haber tenido a la radio como compañera desde la misma cuna.

– Y qué te gustaría hacer?

– Hablar de Películas o de Obras de Teatro. Me gusta esi. (Yo quería, en realidad, hacer un Programa como el locutor de los sábados a la hora de la siesta que narraba esos cuentos)

Me dijo:

– Prepara algo y veni mañana a las nueve menos cuarto de la mañana.

Al otro día y antes de la hora fijada estaba presente con mis papeles:

– Veni, pasa !!! me dijo el dueño.

Entré al Estudio.

Estaba embelesado. No me perdía detalle.
Se escuchaba una música de fondo.

El conductor del programa, un muchacho joven con voz potente me dijo:

– Te explico … El Operador pone la cortina musical
Yo hago la presentación y largo mi editorial de hoy.
Cuando termino vamos a un tema musical … una chacarera ponemos hoy.
Termina la música y te presento a vos y largas con lo tuyo. Ok?
Estate atento.
Mira siempre la luz roja.
Habla pegado al micrófono.
Vamos que quedan 10 segundos –

Así … de una me lo tiró.

Yo volaba … me consumían los nervios … ocurrió todo como él me vaticinó …

Salvo que, cuando yo tenía que comenzar a contar sobre una obra de Teatro, que había visto hacía pocos días atrás, me quedé mudo, no articule palabra.

Pasó un tiempo prudencial … un par de segundos no más, y el locutor, con toda la cancha y la profesionalidad, salvó los porotos, mandó hora, temperatura y humedad …

Me quedé con él toda la mañana, sin hablar palabra. Sólo observaba. Cuando terminó su horario me dijo:

– Qué vas a hacer ?

– Nada, le contesté, no sirvo para el micrófono, no estoy para hacer radio, ni loco. Te pido disculpas. Sólo fue un sueño que quería cumplir … yo pense … –

Me dijo:

– Nada no penses nada. Venite mañana. Hace una prueba más … Insistió.

Fue un miércoles de Noviembre del año 2000.

Hoy, Agosto de 2020, tengo mi programa radial, ahora, en otra FM.

Se van a cumplir 20 años, prácticamente ininterrumpidos, desde aquélla posibilidad que me dieron en la radio de mi pueblo.

Aún con mis limitaciones, llevo preparados mis temas, espero que todo esté en orden, le comento al operador la idea del día, le doy la música que se escuchará, me acomodo en la silla, me pongo los auriculares que me aislan del mundo, para estar mas cerquita del oyente y espero que el operador me haga su seña habitual y, cuando se encienda la luz roja … trataré una vez más que la magia se haga presente.

Ese momento único donde el éter me vincula con aquél que, en su casa, en un auto, en un camión, en la calle, en su trabajo o donde sea y hasta quizás al azar, encontró una estación de radio que lo convocó o aquél que por uso y costumbre escucha de 18 a 20 horas de Lunes a Viernes ese Programa que hago con tanto amor.

Es devolverle un poco a la radio todo lo que me dio desde aquella época, en la sala grande de la “casa chorizo”

Por qué cuento todo esto?

Porque hoy es el cumpleaños número 100 de la Radio en nuestro país y necesitaba estar cerca de los locos … siiii de Los locos de la azotea … y subirme con ellos a la terraza del viejo Teatro Coliseo.

Dedico este relato con todo mi cariño a un icono de la Locución, a “la voz”, a la Cantante, a la amiga que quiero mucho, a vos Marita Monteleone !!!

Carlos Emilio Dentone
27 de Agosto de 2020.

EL ESPEJO Y LA NOSTALGIA (Renacer)

EL ESPEJO Y LA NOSTALGIA

El espejo refleja la tristeza,
mi rostro trasluce la impotencia,
absorbido con injusta simpleza,
sumergido en él, pido clemencia.

Giro mi cabeza y lo ignoro,
sepulto el ayer, aquél que duele,
calma y prisa, el tiempo es oro.

El sombrío pasado se esfuma,
desempolvo el recuerdo querido,
el del amor, el del sol y la luna,
la nostalgia cansina se ha ido.

Renazco en mis alas artilleras,
comienza el vuelo de mil colores,
albergan infinitas primaveras.

Carlos Emilio Dentone

MI VENTANA (Cuarentena)

MI VENTANA

Mi pequeña y vieja ventana
hizo que viera otro mundo,
la vida estaba lejana
me asomo y en ella me hundo.

Si ayer fue todo alegría …
el vecino caminando …
el pibe y su algarabía …
y el perro vagabundeando.

El sol entra como en cada mañana
la noche trae el abrazo de la luna
¿ será mi cabello que ya peina cana ?
¿ será mi vida que pesa y abruma ?

Hoy te cierro, no quiero tristezas,
esas que muestras al pasar
me olvido de mis flaquezas
vida !!! quiero verte alborotar.

Mi almohada, fiel consejera,
me dio ánimo suficiente
para que no padeciera
y así me dormí sonriente.

Pasaron dos o mil sueños
fue un tiempo de placidez,
con el frío encendí leños
me miré al espejo y no noté mi vejez.

Oí gritos … de la calle provenían
seguí mirando a mis ojos …
y unas lágrimas caían
corrí presto y destrabe los cerrojos.

Besos, abrazos, cantos y bailes,
el vecino, el niño y aquel perro vagabundo autos y bicicletas ocupan los carriles bienvenido nuevo mundo !!!

Nadie escuchó mi grito
salí a la calle en pijamas
sentí un abrazo bendito
nadie observó mis canas.

Regresé por más abrigo
una pava que chiflaba
un mate, mi fiel amigo
mi ventana me llamaba.

La vida se había escondido
la buscamos con locura
el encuentro fue testigo
otro tiempo nos augura.

Nos espera más amor
para dar y recibir
nos encuentra en el albor
de una vida por parir.

Carlos Emilio Dentone

Escrito que forma parte de la Antología titulada Unidos pudimos de Junio 2020

TESTIGO INOCENTE (Amores)

TESTIGO INOCENTE

Fue en una tarde de un Jueves de Otoño.

De esas tardes que invitan a caminar bajo la tibieza del sol.

No tenía nada especial para hacer y decidí ir a pasear al Centro, aprovechando mi franco laboral, meses sin ir a la Capital.

Más precisamente a la Calle Florida.

Sin más expectativa que recorrerla de sur a norte, de norte a sur y tomar un cafecito en la Richmond o bien en la Paulista, lugares que ya conocía y eran “caros” a mis recuerdos.

Las vidrieras tan pintorescas unas pegadas a las otras y, cada tanto, grupos de artistas callejeros poniendo su nota de color.

Lindo paseo me brindaba este Otoño !

A pesar del ir y venir incesante de gente que caminaba despaciosamente y, otras, cuyos pasos eran más que acelerados, yo me sentía solo y en mi mundo. Lo necesitaba.

En toda esa circunstancia, en ese torbellino, sentí apoyarse una mano en mi hombro y una voz que me decía:

– Jorge, tanto tiempo sin vernos, ¿qué haces por estos lares?

Apenas me di vuelta lo reconocí … era Mario, Jefe de Departamento de la empresa en donde yo trabajaba.

Buen hombre, hasta puedo decir que hicimos una grata amistad a pesar de trabajar yo como Cadete y, a pesar de nuestra diferencia de edad.

– Mario !!! Qué linda sorpresa verte. Yo hago la misma pregunta : No nos vemos en Banfield y nos encontramos aquí ???

– Sólo vine a hacer un trámite y, de paso, una caminata por Florida. Pero es buena ocasión para tomar un café, digo, si tenés tiempo Jorge ?

– Si, como no ! Justamente tenía pensado tomar un cafecito, en cualquier momento.

Lindo reencuentro.

Fuimos caminando desprolijamente, charlando y recordando algunas cosas de la empresa, anécdotas, recuerdos vinculados con compañeros, los momentos duros cuando el cierre era inminente.

Caminamos unas cuadras y, sin pensarlo, estábamos entrando a la Richmond.

Los dos nos quedamos paralizados al ver salir de la Confitería y, casi chocándonos, a Nora, también compañera de trabajo y vecina del Barrio.

Ella nos miraba a ambos alternativamente, con esa sonrisa que nunca perdió y más que sorprendida se quedó al vernos, tanto como nos pasó a Mario y a mi.

Una casualidad o causalidad totalmente inesperada, pero linda de que se haya dado.

Terminamos los tres mirándonos y, con un abrazo, sellamos ese lindo momento.

– ¿Qué hacen juntos por acá ? Ni loca imaginé encontrarlos. Vine a tomar un café para hacer tiempo, en un rato me junto con unas amigas para ir al cine. Ustedes, qué hacen?

Mario la miró de manera especial, al menos para mis ojos…

– Tomate otro café con nosotros y, aunque sea, charlemos un ratito, dale Nora !!! – acotó Mario.

Nora accedió sin poner oposición, al instante, estábamos compartiendo una mesa, los tres excompañeros de trabajo.

Mientras le poníamos un terrón de azúcar al café y revolvíamos la tacita con cada cucharita, comenzaron a aflorar recuerdos que se entremezclaban de distintas etapas.

En la época que convivimos en la empresa Mario era Jefe de Departamento en Ventas, tendría sus cuarenta y pico de años.

Norita se desempeñaba como Jefa de Caja y, a su vez, hacía las veces de Secretaria de un Gerente. Su edad andaría en los 35 años y yo con 24 años trabaja como Cadete.

Por mi función, estaba en contacto con ambos y ellos tenían su relación, por ser la Caja uno de los lugares más solicitados.

En el intercambio de recuerdos llegamos a las reuniones que se realizaban por distintos motivos, las que consistían en cenas hasta finalizar con bailes, según el lugar elegido o, con un café en algún Bar de a zona si el grupo era más reducido.

La memoria nos trajo a la mesa los festejos que hacíamos por el Día del Amigo y el consecuente juego del “amigo invisible”.

Con total inocencia y aportando un recuerdo más les pregunté si recordaban el día del festejo en la Sala más grande de la planta baja …

Ni bien mencioné aquél momento, ambos se miraron y bajaron la vista como evitando el tema.

Me quedé inmovilizado e incómodo.

Nora, para romper con ese instante, le preguntó a Mario por su esposa y sus hijos, a lo que Mario respondió cortante con un:

– Todo bien, gracias Nora.

De pronto, ese clima tan ameno se enfrió, se hizo distinto.

Me maldije de haber recordado aquél evento, aún sin saber el porqué había afectado la charla.

Recordé que tanto Nora como yo, hasta ese momento, no teníamos una pareja estable, diría casi por decisión de cada uno. Quizás provenientes de frustraciones de otros tiempos.

El silencio se fue apoderando de nosotros hasta que Nora, con cierto desparpajo y, poniendo mucho de sus sentimientos, rompió el hielo:

– Mario, Jorge es de confianza tuya y mía. Nos conocemos. Puedo hablar, claro. Este encuentro sorpresivo en el que nos acordamos de aquél Día del Amigo, provocó que te diga algo, Mario.
No te ofendas. Decime, cuándo te enteraste que yo te había hecho el regalo, cuando supiste que yo había resultado ser tu amiga invisible. No te planteaste nada?
No te pareció sutil que el obsequio se tratara del perfume que te gustaba, ése que usabas en algunas ocasiones?
Mario, además la tarjeta que te escribí, no te movilizó para nada ?
No te hago ningún reproche, sólo que hoy se dio el instante en que, si no te diste cuenta aquella tarde, te lo digo hoy y delante de Jorge que me gustabas y mucho. Perdón.

— Bueno, Nora, uno se puede imaginar cosas, también vi tu mirada en aquella reunión, pero no estaba seguro. No tuve el coraje o la decisión de decirte no sólo que vos me gustabas y más que eso, tambien sentía cosas por vos de hacía mucho tiempo. Nunca imaginé que podría ser reciproco. Siempre te tuve respeto como compañera, como amiga, nunca me permití decirte nada.

Las palabras de Mario, a pesar de la sorpresa, fueron contundentes.

La situación en la mesa de la confitería había cambiado y, si bien mi primera idea fue irme, hacerme humo, escaparme de una situación en la que no tenía que ver, en milésimas de segundos entendí que ellos necesitaron de un testigo para declarar su sentir y ése era el momento.

– Y qué Mario ? Acaso nunca notaste, tiempo atrás, cómo te miraba, cómo te buscaba las veces que, en reuniones, me acercaba a vos ? Y te hablo de cuando estabas soltero …

– Nora, vos nunca te diste cuenta las veces que hemos salido en grupo y yo te invitaba ?Fueron muchas las oportunidades en las que, estando con mi novia, de la cual te hiciste amiga, fuimos al cine los tres y luego a charlar mientras cenabamos. Yo tenía la necesidad de estar junto a vos, no era linda la situación … entendeme Nora.

– Sí, Mario te entiendo, como no te voy a entender. Me duele enterarme ahora de algo que podría haber cambiado mi vida … la tuya …

– Sí, Nora, te estás enterando que yo también estaba enamorado de vos y cómo y me estoy enterando de tu sentir por mi !!! Ambos lo demostramos, pero ninguno lo habló … En este momento, yo también me pregunto por qué ???

– Cómo perdí tanto tiempo en mi vida, Mario ? Vos no sé si lo perdiste … pero …

– Nora, no podemos volver el tiempo atrás. Por un lado, es triste vivir esto y, por otro, me pone feliz que, aún sin decirlo, sentimos lo mismo. Contradictorio… Tendremos que aceptarlo … Tristes y felices ? La verdad no sé … no entiendo …

– Yo nunca dejé de amarte Mario.

– Yo tampoco, Nora.

No queriendo interrumpir el momento, carraspee y miré mi reloj, dando algo parecido a un aviso: eyyy estoy aquí y miren qué hora es … ya es tarde Nora… ya pasó la hora del cine.

Mario pagó la cuenta.

Sin decir palabra, nos levantamos los tres y caminamos hacia la puerta.

Ya en los baldosones de la calle Florida nos saludamos.

Noté lágrimas en las mejillas de Nora y en las de Mario.

Les dije, simulando euforia :

– Nos vemos pronto !!! Un placer verlos !!!

Ambos levantaron sus manos intentando un saludo.

Caminé hacia el lado opuesto al que se dirigían ellos con sus cabezas gachas.

Necesitaba recorrer un poco más de la peatonal porteña,  aunque los negocios ya estuvieran cerrados, necesitaba elaborar un poco más lo vivido en la mesa de la Confitería.

Me agradecí a mí mismo por no haber hablado, también yo, sobre mi sentir por Nora.

Necesitaba caminar un poco más por la peatonal, entremezclado con los trabajadores del carton, que ya comenzaban su tarea diaria.

Analizar y darme cuenta que los amores imposibles se extienden durante toda la vida … son esos amores únicos, son los amores que se callan, son los amores que se ocultan muy dentro de uno, son los amores que nunca terminan … son los amores eternos …

Carlos Emilio Dentonescreenshot_2020-08-05-20-10-551

AMIGOS EN CUARENTENA (Pandemia)

AMIGOS EN CUARENTENA

En esta cuarentena 2020 suceden y seguirán sucediendo hechos inéditos … insólitos.

Muchos tienen que ver con cada hogar y sus costumbres.

Puntualmente hoy me quiero referir a aquél hogar habitado por una pareja sola, y no viene al caso el porqué están solos … Esposa y Esposo.

Son amigos y esto que les cuento me lo fueron explicando por Whatsapp, tanto uno como el otro, yo traté de resumir …

Ellos comenzaron a enfrentarse en luchas impensadas, agravadas, con el paso de los días, por esta reclusión exigida por las consabidas circunstancias.

Si opinara sobre ellos diría que son esa clase de parejas que, en general, no tienen los mismos gustos, aunque lograron mantener su matrimonio por años.

No comparten la misma música, no tienen los mismos gustos en cuanto a programas de televisión, cine o teatro.

En la decoración de su hogar siempre triunfó ella con su posición “ anti minimalista”.

No coincidían en sus colores preferidos ni siquiera en el lugar donde vacacionar y así podría mencionar muchas más diferencias entre ellos …

Es suficiente …

Ni hablar de los gustos por las comidas. Que picante no … que picante si, que fritos no … que fritos si, que tanta carne vacuna no, que viva el vegetal !!!

Muchas de las veces, alguno de los dos aceptaba y se resignaba a comer lo que el otro cocinaba y otras tantas se negaban y comían simplemente un sándwich en el living o en el propio dormitorio, para no entrar en discusión.

Dentro de las alimentos que acostumbraban consumir, el queso, de cualquier tipo, era una de las poquitas cosas que disfrutaban juntos.

Coincidían en el gusto por el producto lácteo.

Nunca faltaba un trocito de queso en la heladera para compartir antes del almuerzo o de la cena o, a decir verdad, en cualquier momento del día o en plena madrugada, donde el ataque, tipo 3:30 horas, se tornaba feroz.

Una noche, ya en cuarentena, un trozo de queso fue “el protagonista”, previo a la cena.

Más precisamente un pedacito de Gruyere.

El queso se convirtió en aquél tesoro que se disputa en un barco en el fondo del mar, por dos buscadores de joyas con ansiedad perversa y con ánimo de pelear hasta obtener su cometido, hasta las últimas consecuencias.

Cerca de las 21.30 horas de aquél Martes, ambos se sentaron a la mesa.

En ella y en un pequeño plato se “lucía” ese trocito de queso Gruyere.

Mientras tanto, en la cocina, se escuchaba el comienzo del hervor del agua en una vieja olla, donde los fideos tirabuzones tricolor, pronto se convertirían en el único plato de la noche.

Ambos fijaron su vista en el Gruyere y, automáticamente, se miraron a los ojos con muestras de odio.

Tomaron cada uno su tenedor y su cuchillo.

Colocaron sus manos a cada lado de los platos, apoyándolos con fuerza, como clavando una pala de punta en tierra seca y como esperando el balazo en la partida de una carrera de 100 metros llanos.

Estaba claro que el objetivo era apropiarse del Gruyere, costase lo que costase.

En principio, no emitieron palabra, pero sus movimientos inconscientes en la silla se asemejaban a boxeadores estudiándose en el primer round de un combate.

Alguien había comido a escondidas casi todo el medio kilo, comprado 2 días atrás, traído por un Delivery, ya que ninguno de los dos podía salir de compras por indicación del Gobierno.

Eran sólo ellos dos en la casa …

Desconfiaban el uno del otro.

La charla derivó en reproches de todo tipo, donde cada una de sus miserias se fueron desnudando de a poco.

En pocos instantes la pelea subió de tono …

Toda una vida de reclamos, de críticas, de ausencias, de egoísmos, de supuestas infidelidades, etc., fueron expuestos sin piedad, en esa noche caótica de cuarentena.

La pelea abarcó desde aquél día en que se conocieron, en un cumpleaños, de un amigo en común, 41 años atrás … hasta el mismo momento en que ambos clavaron sus tenedores, al mismo tiempo, en el trocito de queso con un fuerte ruido a metal por el choque entre ambos.

Quedaba en sus manos derechas un cuchillo tramontina dentado … expectante … listo para ser usado …

No importaba ni el virus, la pandemia o la cuarentena, el abrazo social, las series de Netflix, los vivos en Facebook, los Tick Tock, el Instagram, la falta de partidos de fútbol, extrañar el Bailando por un sueño, el Zoom con sus nietos, los ejercicios para adultos, pintar mandalas, escribir poemas, hacer llamadas a aquéllos que hace mil años no hacían, ni siquiera volver a acomodar el ropero por cuarta vez…

Nada importaba.

El tema era hacerse del último trozo y, lo más doloroso … lo más penoso: descubrir quién se había comido el resto del queso que sospechosamente había desaparecido …

Sus ojos inyectados en sangre, sus bocas destilando veneno y sus odios cerrados a escuchar más, no les hicieron percatar que los fideos se habían pasado y se habían convertido en una masa uniforme desparramada en las hornallas de la cocina, incomible a esa altura de los acontecimientos.

Hubo un silencio de película de suspenso.

Sólo se escuchaba en el ambiente, la respiración agitada y entrecortada de ambos.

La Televisión encendida como muchas noches, a un costado, se convirtió en testigo de una noche macabra. Sin sonido, estaba en “mute” y mostraba una cara feliz de una joven.

Ambos prestaron atención.

En el Graph se leía claramente:

ULTIMO MOMENTO – Matrimonio se separa ante el Juez, con la tecnología del ZOOM.

Dejaron caer sus cuchillos en el mantel de la mesa, se miraron nuevamente a los ojos, ahora con menos vehemencia.

El silencio se prolongó hasta que ella, como si nada hubiese ocurrido, lanzó una pregunta decisiva:

– Y nosotros … qué le diríamos al Juez ?

Él, secamente, le respondió:

– La realidad … no le vamos a ir con mentiras a un Juez …

Yo me quedé pensando, ¿ existirá causal de divorcio por un cacho de queso ?

Mi esposa, que es capaz de fumar debajo del agua, “casualmente” estaba escuchando el relato de lo sucedido a mis amigos, me respondió:

– En esta cuarentena, cariño … todo es posible …

No quise seguir con el tema, no me gusta ventilar los problemas de pareja de mis amigos, menos aún los mios.

Sólo atiné a agendar en mi celular, el nombre del Juez que se mencionaba en la TV.

No se porqué se me vino a mi mente aquel dicho del Martín Fierro:

“Hacete amigo del Juez …”

“En cuarentena todo es posible”- dijo mi esposa …y ¿quién se lo va a refutar?

Carlos Emilio Dentone

AY CHARANGO … CHARANGUITO. (Homenaje)


AY CHARANGO … CHARANGUITO


De a poco llegaste a mí
con tus bellas melodías
y un abrazo de amistad
perdura noches y días.

Cuando te tuve en mis brazos
te acuné como a un tesoro,
te prolongaste en mi ser
en pentágrama de oro.

Sonando en el Altiplano
escuché de tus raíces,
los Aymarà te llevaron
por los vecinos países.

Por Bolivia, Perú, Ecuador,
Chile, Colombia, Argentina
te expandiste por el Mundo
naciste en Región Andina.

Ay Charango … Charanguito …
con diez cuerdas y una caja
hacès aletear mis manos
como el colibrì que viaja.
Ay Charango … Charanguito …
cuánto me hiciste sentir,
con alegrías y penas
tu encanto me hizo fluir.

La Vihuela fue tu origen
el colono la portaba,
el nativo sorprendido
con sus manos la atrapaba.

El caparazón del Quirquincho
te dio forma y te dio vida,
así llegaste a mis brazos
diciendo misión cumplida.

Mi gracias le doy al cielo
elevando mis acordes,
para el recuerdo eterno
del Maestro Jaime Torres.

Con él aprendí sus sones
con él entendí su amor,
Su música es como un himno
Sos mi guía … sos mi honor.

Ay Charango … Charanguito …
con diez cuerdas y una caja
hacès aletear mis manos
como el colibrì que viaja.
Ay Charango … Charanguito …
cuánto me hiciste sentir,
con alegrías y penas
tu encanto me hizo fluir.

Carlos Emilio Dentone.


Homenaje a nuestro querido Jaime Torres y al Amigo Charanguista Carlos Yacoman.

MI AMIGO EL TURCO (Historias)

MI AMIGO EL TURCO

Según me dijo el Turco, tengo que estar un par de días en gayola, el taquero es nuevo.

No sé bien qué cuestión conversaron entre ellos, pero sé que se arregla todo, estando yo acá … demorada … solo unos días …

No es la primera vez que vengo a parar acá.
Te digo que dentro de todo la paso bien: un poco de limpieza en las cuchas y en la cocina, cebar unos mates, algun mandado, coser, algun botón y lo de siempre, atender clientes.

Bah, clientes no, a éstos no les cobro, porque no garpan.
Lo que te jode es que ni siquiera te dejan una propina.
Yo no digo nada, pero fijate, consiguen en la panadería la factura del desayuno, el asado del mediodía en la parrillita o la pizza de la noche gratis. Esta bárbaro que se alimenten … pero conseguir una mina gratis? No va !!!

Y hablando de esto, yo no sé si es un problema de edad (la mía que ya dobla el codo) o la falta de guita que me pone mal.

A ver si me entendés, vos te venís más vieja y la experiencia te sirve … hasta por ahí nomás.
Los tipos tardan más en “irse”
O sea, lo que antes tardaban 2 ó 3 minutos hoy te la estiran y pasan 10 ó 15.
Saca la cuenta, al día y tenes 10 ó 12 clientes menos.
A fin de mes lo notas en la cartera.

Decí que el Turco me ayudó siempre. Mira lo que es el Turco: me prometió que, cuando salga de acá, me paga el pasaje para ir a verlo a Ernesto, que no sé bien donde está, pero él me dijo que me averiguaba.

Hablando de Ernesto, el otro día me pegué un susto bárbaro.
Yo hace poquito que volví al boliche del Turco y una noche que estaba laburando, se me aparecieron sus amigos.
Todavía no sé si a encamarse o a contarme algo de mi hijo. Ellos a veces lo ven. Pobre Ernesto !!!
Pero yo me quedé como una estatua y ellos se fueron sin decir ni “mu”. También con la cara que les puse …

Qué quilombo se me armó en la cabeza, pensar que Ernesto podría haber venido al boliche con ellos, por eso es mejor que se haya ido lejos.
Pero viste, hay días. Te digo la verdad, lo extraño, hoy tengo ganas de verlo.

Claro, te hablo de Ernesto y me acuerdo de cuando era chiquito … del padre que se llamaba igual, buen tipo. Ni bien me viene a la cabeza el nene me acuerdo de mi niñez.

Eramos 6 hermanos, yo la más grande, mis viejos y una casa (más rancho que casa), a unas 20 cuadras del pueblo.
En el pueblo laburaba mi mamá: sirvienta en la casa de un doctor. Ella volvía todos los días a la tarde, a la hora de la leche.

Pero mi viejo, aparecía los sábados a la noche y se iba al otro día. En la semana no estaba. Lo veíamos muy poco.
Él laburaba en el campo de los Bedoya y siempre que venía comíamos como de fiesta, traía un poco más de tela de la que cobraba mi vieja.
Bah, él, más que comer, chupaba. Se emborrachaba cada vez que estaba en mi casa, al rato nos gritaba y hasta le llegaba a pegar a mi Mamá.
Pobre mi vieja … si la sufrió !!!

Cada vez que viene a mi cabeza todo esto, no puedo olvidarme, y creo que nunca podré hacerlo, de una noche … aquella noche.

Él se acostó en mi catre, en realidad se levantaba de la mesa y caía en cualquier cama de las nuestras, esa noche le tocó la mía.
Ya de madrugada no aguanté más el sueño y me acosté muy despacio para que no se despertara. Me quedé acurrucadita en un costado, sin siquiera pestañear.
El roncaba y soñaba, algo decía pero yo no le entendía nada.
Al rato se dio vuelta y su cuerpo quedó pegado al mío, me abrazó y empezó a tocarme por todos lados.
Me di cuenta de lo que estaba pasando, no era tonta, pero sí, era la primera vez que me ocurría.
Nunca había sentido manos ajenas acariciar mi cuerpo.

Yo creo que ahí empezó todo lo mío.

Comenzó con una mezcla de cosas: por un lado lo que sabía de lo que me contaban mis amigas, por otro lo que yo me imaginaba … pero de ahí a tener sexo … un abismo.

Qué sensación terrible, asco, miedo, sorpresa, excitación, no sé … todo se me mezcló.
Sentía odio y placer, pero además, algo que me conmovió.
Me di cuenta que mi viejo era cariñoso, nunca nos había demostrado cariño.
Era mas bien hosco chupando o no, siempre serio, esa noche, esa puta noche me hizo mujer (al tiempo me di cuenta).Después de empujones, temblores y gemidos, mi viejo me abrazo y se durmió como un ángel, nunca me había tenido así, entre sus brazos fornidos.
Un amor !!! Que confusión !!!

Creo que desde ahí lo empecé a querer.

Fue el momento en que empecé a conocer mi cuerpo, a tener sensaciones, a tener deseos, claro, mi viejo me había hecho hembra.

Al principio me daba vergüenza ver a un hombre y sentir lo que sentía, después, al tiempo, me encantaba y no me molestaba.

Mi viejo cada tanto se quedaba en mi cama y pasábamos ese rato en silencio.
Odiando … disfrutando …

Un día, cuando había cumplido los 15 años, me llevó a trabajar con él, en el campo, porque necesitaban una ayuda. Ahí me fui.
Con la esposa del dueño eramos las únicas dos mujeres en semejante campo.
Varones eran como veinte.No te imaginas como me miraban, yo ya tenia cuerpo de mujer y ganas de mujer.
Y esas “ganas” las aprovechaban los peones y alguna vez el capataz.
Él era distinto, era un tipo grande y las veces que estuvimos juntos, además de sentir su experiencia, tenía la delicadeza de dejarme dos o tres pesos, que me venían muy bien, porque la plata de mi laburo, la cobraba mi papá.

Ese fue otro momento especial en mi vida, de todo esto me apiolé al tiempo.
Ahí me di cuenta que la mezcla del sexo y la plata, me ponían bárbara, con poder por un lado y despreciable por otro.
Esas incongruencias que sentimos los humanos.

¿Qué querés con eso? ¿Que sea maestra o modista? Me sentía fuerte. Imaginaba que iba a tener a los hombres como quería y, te guste o no, provocar una especie de envidia, celos o qué sé yo, de otras mujeres …

A medida que venía más grande, mas me gustaba ser así … así como era …

Un día me fui del campo y de mi casa.En realidad estaba bien, pero quería probar con otras personas, estar con gente diferente.
Me fui a dos pueblos de distancia y al centro, pero centro centro … eh?
Me fui a una pensión.
La señora, la encargada aceptaba que lleve a mis clientes, pero no quería quilombo.

Así fui haciendo conocidos. A ganar plata de verdad. A comprarme ropa. A llevarle a mis hermanos algo de guita para que ellos mismos se dieran cuenta lo que era tener billetes en el bolsillo.

Una flor de vida me daba.

Una noche, un cliente, que dentro de todo me respetaba mucho, me dijo que no quería hacer nada, que quería hablar, que igual me pagaba, pero que quería pedirme algo.

Yo pensé uno más que te quiere sacar de puta, porque es como que los hombres te quieren así, pero también quieren ser como tus salvadores.

Quieren que te apoyes en ellos …

¿Salvadores de qué?

Pero me explicó que quería estar conmigo más tiempo. Que vivía también en una pensión y que para qué íbamos a gastar en dos piezas, si podíamos pagar una con lo que él ganaba y yo podía dejar de trabajar y comenzar a vivir juntos.

  • Pero yo trabajo en esto, le dije, es mi vida. Dejámelo pensar –
  • No te vas a arrepentir -, me dijo.

Este tipo …, pensé yo…

Pero no, este tipo se había enamorado de mí y a los pocos días me di cuenta que me había enganchado también con él.

Era un buen tipo, tenía pinta !!!
Y por sobre todo sentí que me quería o me “amaba” como él decía. Yo con él, además, quedaba mansa, tranquila, era un potro en la cama.
A los días se me apareció con una valija, por lo visto pesada.
Otro que se arrepiente y se las toma, pensé …
Me equivoqué, la puso en la cama, la abrió y empezó a sacar ropa de mujer, nueva, desde ropa interior hasta un sombrero, mira vos. Primero no entendí, después cuando me comentó riéndose: es para vos, es tuya, claro era un regalo.

Para mí fue un empezar algo distinto.
Una vida de señora, que nunca había sido.
Además de señora, me hizo sentir reina y al poco tiempo, mira que siempre me cuide ¿eh?, me hizo mamá.
El un rey y un papá y yo señora, reina y mamá.
Mierda como cambia la vida, che.

Jamás pensé en tener un hijo, esta profesión te condiciona mucho o me parecía …Me lo críe bien al Esteban, éramos una linda familia.
Me gustaba ser el ama de casa, que resulte, salvo el tema de la guita, que nunca alcanzaba.

Él tenía dos trabajos y no era suficiente. Había que hacer magia para poder vivir. No es nuevo esto…

Volvía muy tarde a casa.
Llegaba cansado, muerto, quería comer e irse a la cama. Ni siquiera jugaba con el nene, no conversabamos y menos tener sexo, se olvidó.

Yo le comprendía pero como te contaba, para mi el sexo era como comer todos los días, alguna vez podes saltear, pero al otro día tenes que meter algo en la panza.
Yo me arreglaba sola, pero vos sabes bien que no es lo mismo.
Me sentía mal, nerviosa, le gritaba al nene por nada. No era como al principio.
Fueron pasando los meses, la cosa no mejoraba.

Un día le dije que tenía que salir a buscar trabajo. Algo que nos ayudara a vivir un poco mejor. Claro que yo no tenía experiencia en demasiadas cosas, era un problema.

Un jefe de la fundición donde él laburaba, le dijo que necesitaba una sirvienta, porque su señora se había enfermado y precisaba una mano.
Me dijo empilchate bien y habla con la señora de Don Antonio, me dio la dirección, te esperan !!!

Me vestí con un lindo vestido azul y me pinte como antes, como hacía tiempo no me maquillaba. Tenía que estar presentable !!!

A Esteban lo deje con Clara, una vecina con quien éramos muy compinches, le gustaban los chicos más que a mí.

Me mire en un espejo medio manchado, de cuerpo entero, me gusté, estaba un poco gordita pero el vestido ajustado me marcaba como yo quería.

Hacía tanto que no salía. Me pareció que el mundo era otro, no me esperó, el universo siguió de largo !!!

Llegué a la casa, humilde, pero ordenada, me atendió la señora, me comentó lo que necesitaba de mí. Cuidarla, darle los remedios, hacer la comida, limpiar, lavar, planchar. Lo mismo que en casa, solo que debía estar varias horas y la gran diferencia era que me pagaban !!!

Mientras me decía cómo era la cosa, entró el marido, Don Antonio, que venía de la fábrica.

Ni bien entró me miró de arriba abajo.
Me saludó, me dio la mano y no me la soltó por un rato.
Mira, le dijo a su esposa, mira Ernesto, que linda esposa tiene !!!
Me hizo girar como bailando una zamba …Cuando me soltó quedé medio tonta.

Pensar que las dos cosas que me dieron fuerza y poder en el laburo fueron el sexo y la plata.
Hoy conseguí trabajo por plata, era la meta, pero la actitud de Don Antonio … hummm !!! Tengo olfato para estas cosas …
Me dio vuelta la cabeza.
Era un tipo grandote, fino, una mirada que te comía.

  • Bueno hasta mañana, a las ocho estoy con usted señora, saludando me retiré de raje.

Al otro día ahí estaba yo … trabajando, de acuerdo a lo que charlamos, comenzaba a las 8 de la mañana y terminaba con el último lavado de platos que quedaba de la cena temprana de Don Antonio.
Ya era hora del regreso a casa y estar con mis queridos Ernestos.

Las dos primeras noches, cabeza gacha, ni lo miraba, pero sentía sus ojos clavados en mi traste.
Su esposa comía más temprano y los remedios que tomaba la dejaban dormida enseguida.
Yo le controlaba la respiración.
La tercer noche, todo igual, salvo que cuando estaba en la pileta fregando los últimos cuchillos, sentí que se me acercó y sin hablar me levantó la pollera y me quedé inmóvil …

Volví mal a casa. Pero ya estaba.

Siguieron así los días, entre plato sucio y plato lavado, se repetía la situación. Me animé a pedirle algunos pesos, no se negó.

Volví a ser yo. Salvo que ahora estaban los “Ernestos” en mi vida.

Hablando de vida ¿Cómo es la vida, no? Don Antonio, tuvo un accidente en la fabrica. Falleció. Fue como un golpe, otro más.

Seguí trabajando con la viuda, solo que salía mas temprano. No tenía a quien esperar.

Ernestito ya había cumplido los 13 y muchas veces salía con sus amigos de la cuadra.
Esos que te conté al principio que vinieron al boliche, todavía no sé para qué.
Se encontraban en mi casa y a veces se quedaban jugando, y de paso tomaban la leche.

Estos pendejos !!!

Los amigos también me miraban y yo notaba que se calentaban, eran chicos pero yo les hacía el juego y más de una vez, notaba como crecían, ¿me entendés no?

Era donde yo me hacía la distraída y punto, uno de ellos, siempre estaba alzado, intentaba rozarme “sin querer”, era el más atrevido y lo tuve que frenar, sin que se diesen cuenta los otros.
Es uno de los que estuvo la otra noche, pero estaba borracho, ni sé si me reconoció.

Uno de esos días que los chicos estaban en mi casa, decidieron ir a jugar a la pelota a la placita de la otra cuadra.

Ni bien se fueron, golpearon a la puerta de la sala. Cuando abrí me encontré con el vecino. Un muchacho de 25 años muy serio él, si apenas saludaba cuando nos veíamos.

¿Puedo pasar? – me preguntó.
Pensé en algún quilombo está metido este pibe y se esta escapando de algo. Otra vez me equivoqué ….

Se largó con todo. Me dijo que se ponía loco cuando me veía pasar por el pasillo. Me contó que me espiaba, que tenía plata para darme si me acostaba con él.

Estás loco, le dije ¿qué te picó?
No te das cuenta que soy una señora, con hijo, con esposo, anda a sacarte las ganas con alguna puta.

Me dijo que él iba, pero que quería hacerlo conmigo. – Por favor señora – como si rogara.
Me abrazó y se puso a llorar.
Traté de calmarlo.
Cuando le acaricie la cabeza, me di cuenta que yo también me había puesto nerviosa.
No le di tiempo a nada. Era joven pero sabía muy bien lo que hacía y como hacer rendir su guita.

Estábamos en la cama matrimonial, mucho la idea no me gustaba, pero bueno …

No pasaron 5 minutos cuando nos sobresaltamos por un trueno terrible y la lluvia se desató con todo. Era un buen momento, la lluvia era buena compañía.

A los pocos minutos se sintieron gritos, risas y corridas.
La lluvia corrió a los chicos de la plaza.

Entraron a la pieza. Ya era tarde, Ernesto primero y sus amigos después, nos vieron, me vieron.
Como pudimos nos vestimos con todos ellos mirando, congelados.
Con la mezcla de bronca, odio y tristeza de Ernesto.
Se fueron todos como hormigas.

Nos quedamos solos con mi hijo, me acerque para explicarle algo. Me esquivó, se alejó.

Unos días más tarde, Ernesto padre me dijo que le habían dado un franco y me pidió que lo acompañara a comprar unas botas y de paso me invitaba a tomar un café.
Años que no tomábamos un café en un bar.
Estaba serio, se compró un par de botas de agua para ir al trabajo.
Fuimos al café.
Ni bien nos sentamos, se largó: – Ernestito me contó lo del otro día cuando fueron a jugar a la pelota y los agarró la lluvia. ¿Es verdad? –

No lo dudé: – si, le conteste, las putas no mienten, mirándolo fijo, como desafiándolo.

Bueno, aclaró la voz, vos sabes que yo te quiero mucho, que viví para vos y para tu hijo, las cosas no me fueron bien. Pero esto es difícil. No me esperaba una cosa así.
O sea, tenes unos días para irte de la casa.

Traté de explicarle, de aclararle … nada … no había más tiempo, no había vuelta atrás.

Me volví a mi pueblo.
En lo que quedaba de mi casa, con mis hermanos.

Solo unos días, porque después conseguí trabajo en lo de una familia, que me dejo tener al Esteban conmigo.
El también podía ayudar , dar una mano. Aunque estaba como en otro mundo, ausente, perdido.

Un día le pedí que hablaramos.

Una vez más la plata no nos alcanzaba para vivir y menos para que él siguiera yendo a la escuela, libros, zapatillas, cuadernos … no llegábamos.

Le conté “toda” mi historia y le dije que era la única salida que veía.
Me dijo que me entendía, pero que no podía estar conviviendo conmigo, es muy difícil la vida que llevas, me sorprendió con sus palabras.
Fueron tan determinantes como las de su Papá.
El Turco seguía con su boliche de la estación de servicio.
En algún momento yo trabajé ahí para él.

Le conté todo lo que me había pasado, me permitió volver: – vieja y todo haces capote, me dijo.
Arreglamos cuentas y ahí estoy.

Otra vez al sexo, a los hombres anónimos, a trabajar para alguien.

No sé cuánto tiempo más me va a dar el cuero para seguir.
Mañana cuando salga, si me largan, lo hablo al Turco y arreglo para ir a verlo al Ernesto.

Pienso que ahora él es más grande y me va a entender.
Debe estar cerca, en algún Pueblo vecino …

Nunca le mentí.
Las putas no mentimos.

Si no, no hubiese parido a mi hijo … Si no, no sería la madre de Ernesto … lo pensé y lo dije cerrándome el deshabillé.

Carlos Emilio Dentone

Este relato surge de un trabajo práctico en el Taller de Narrativa de Alicia Grinbak, donde en base al Cuento La madre de Ernesto, del Escritor Abelardo Castillo, tenia que hacer un desarrollo desde otro narrador, en este caso desde la Mamá de Ernesto.

ARA SAN JUAN (Homenaje)

ARA SAN JUAN

Zarpó con la ilusión,
El sueño y el desafío,
El océano su misión,
Aquel intento bravío.

Tripulantes en acción
Segundo hogar el navío
Se fueron con emoción
A cumplir su cometido.

Las aguas con su tensión
Los recibieron con brío
Sorprendió la desazón
En aquel día sombrío.

Latidos del corazón
En el tuyo y en el mìo
Buscándole la razón
A tal luto compartido.

Cuarenta y cuatro valientes
Alzan sus alas al viento
Nos custodian desde el cielo
Estarán siempre presentes.

Hoy héroes de la Nación
Sabores amargos y fríos
No queda ninguna opción
Impotencias y vacíos.

Carlos Emilio Dentone.

A los 44 Héroes, sus Familias, Amigos y a un País que jamas los olvidara.

CARTA A UN SUEÑO (Amores)

CARTA ABIERTA A UN SUEÑO

Te extrañará recibir esta carta.

Algún día, en algún momento, tenía que suceder. Sentí el deber y, porque no, el derecho de transmitirte todo lo que vine palpitando desde aquel día en que nuestras miradas se cruzaron por primera vez.

El motivo de esta carta,  es hacerte saber que, a partir de ese momento, mi vida se limitó … o mejor dicho, se abrió a un mundo diferente, a un mundo que quizás sin proponértelo o con toda tu intención, me hiciste ingresar sin ser invitado, a disfrutar, a sufrir, a sentir el amor, a celar, la alegría, el silencio, la cautela, la impulsividad, la necesidad, la impotencia.

Cuántos sentimientos encontrados !!! Cuantos desencontrados !!!

Me preguntaba y te consulto ¿por qué sintiendo todo lo que siento por vos, no podemos estar juntos ?  Disfrutar de esto que alguna vez sentí, pero que hoy es diferente, no me deja dormir o me duermo sonriendo placenteramente.

Todo depende cómo fue nuestro día en la oficina.

El despertar de cada madrugada, el sentirte mía y comenzar un sueño que quizás recién concluye, contigo deambulando etéreamente por la habitación … difícil pero hermoso.

Muchas veces, como hoy, te escribí observando el amanecer. El alba es el momento ideal para remolonear o escribirte. El silencio matinal se hacia cómplice.

De todas formas, no es fácil. Estoy muy bien rodeado de afectos, en las habitaciones contiguas duermen mis hijos, en mi cuarto mi esposa …

El despertador de las 6.15 no me despierta, me orienta a cumplir la rutina y verte.

El ritual diario. El beso a mí esposa, que entre dormida me desea un lindo día, el saludo a mis hijos que sirve como aviso para encarar obligaciones: ¡ Vamos que la Facul no espera chicos …!

Saludos culposos … saludos  sentidos.

El trayecto de 15-20 minutos en auto, para llegar a la empresa, anteriormente lo hacía escuchando algún noticiero, generalmente con malas noticias, ahora con la radio apagada, acompañado con el silencio, para seguir disfrutándote o tratando de sacarte de mi cabeza.            Gana siempre la primera opción.

Llegar a la oficina y verte, acelera el ritmo de mi corazón, ya estamos juntos, sólo una mampara nos separa.

Nuestro saludo diario, en ocasiones típico “de oficina”, otras un poco más familiar, más amistoso. Los días que saludabas con  una sonrisa y mirándome a los ojos, comenzaba una jornada de fiesta para mi. Si en cambio no sentía tu cortesía, buscaba el por qué …  ¿para qué …?

No es fácil. Dentro de las imposiciones laborales debía ubicarme como Jefe del Sector, colocando las distancias prudenciales, que por una parte condicionaban, pero por otra, te acercaban misteriosamente.

Controlar la tarea diaria, los informes habituales, alguna solicitud puntual del Gerente Zonal, compartir el día con los demás colegas, los odiados teléfonos que sonaban continuamente, determinaban la rutina. Justo en esos ratos que te contemplaba a través del vidrio, alguna llamada familiar me hacía bajar a tierra y me cargaba de culpas.

Cuánto me cuesta poner esa distancia obligada, pero aún así, surgían esas charlas informales en las que me contabas muy fugazmente tus proyectos con tu novio, alguna vez algún enojo, alguna vez alguna intimidad.

No podía digerir tus preguntas sobre mi esposa o cómo andaban mis hijos en sus estudios. Pero en fin, era una realidad, de la cual no se puede uno escapar … o sí, pero una toma de decisiones, nunca fue tarea fácil.

Alguna vez, sumergido en   problemas laborales,  levantaba la vista de mi escritorio y te contemplaba. Ocurrían dos cosas: si en ese instante no me respondías con tu mirada, me invadía tu indiferencia, si por el contrario, y aún de casualidad me estabas mirando, seguía la fiesta y el problema de trabajo pasaba a un segundo plano.

Nunca pensé que los sentimientos llegarían a tanto, mira que cuando estuve de novio, cuando me casé, cuando tuve mis hijos, sentí estallar mi corazón, con una alegría hasta desmedida o quizás muy del momento. De todos modos, no son comparables con lo que estoy viviendo hoy contigo  … o simplemente a solas … Me pregunté si ese sentimiento indescriptible obedecía al hecho de no poder tenerte (lo prohibido tan trillado) la diferencia de edad, el hecho de ser casado y amar a mi esposa , a mis hijos, vaya uno a saber …

Me ponía mal que llegase la hora de salida, sabía que quedaban eternas horas hasta el próximo día, o hasta la próxima jornada laborable. Los tan esperados fines de semana largos, se habían transformado en un tormento.

Un día me puse a pensar que mi mente había reflotado la palabra “ilusión”, al igual que mi corazón. ¿ Por qué ?  Porque empecé a vivir con el deseo que fueras mía, que lo nuestro podría ser ? Vos me hiciste ilusionar o yo sólo me la creí ?

Tengo en mi mente el último Fin de Año. Como tantos otros, se organizó la fiesta de despedida en la Empresa,

– “ con cena y baile “ –   me comentaste.  Lo del “baile”, ¿ me pareció o me lo destacaste ?

Ah !!! Mi imaginación.  Oh !!! Tu desenfado. No importaba, me sirvió para seguir volando …. o para levantar vuelo, manteniendo el sueño de estar contigo.

Nunca me gustó el “trámite” de comprarme ropa, pero necesitaba lucirme a tu lado

– ¿ Lucrecia, le dije a mi hija, me acompañas a comprar ropa para una reunión de fin de año en un restaurante que se cena y luego hay baile ?

Si bien tenía alguna idea, preferí contar con criterio más moderno. No podía desentonar contigo.

No te imaginas la alegría que viví con los preparativos de la reunión. Me impactaba sentir a mi edad, la ansiedad de un chico de 18 años al concurrir a sus primeras reuniones, convencido de realizar alguna conquista.

Cuando llegamos a casa con los paquetes, que incluían hasta un perfume importado, me dieron tanta “manija”, que por un momento me sentí avergonzado. La situación lo ameritaba.

Todo lo que había comprado fue pensando en vos, con la intención de acortar nuestra distancia, o aumentar nuestro acercamiento, usando todas las armas posibles.

Jorge, un amigo de ley, con quien manteníamos amistad desde Primer Grado Inferior, (algún día  te explicaré qué significa eso del Primer Grado Inferior) estaba al tanto de mi sentimiento hacía vos. Me alentó siempre, pero a su vez me “aconsejó” : “no hagas locuras tenés una  hermosa familia”. Eso significaba “ tirate una cana al aire”. Yo en realidad, estaba dispuesto a arriesgarme un tanto más.

De todas formas me orientó, me aconsejó como un entendedor en asunto  de mujeres: – “cuando llegue la noche, vos  tranquilo. No demuestres, dejala venir, compartí la mesa con otra gente como si nada, pero tenela a tiro, es importante no perderla de vista. Un cruce de miradas, la noche, un poco de alcohol, la música, agrega a esto las ganas que le tenés y porque no, lo que ella pueda te pueda demostrar, seguramente van a llevarte a vivir “tu noche”, tu ansiada noche …

Para mi no era sólo esa noche, era el posible comienzo de una vida de amor e ilusión o bien el fin de un sentimiento y la pérdida de un gran sueño.

Todo fue como Jorge vaticinó, como yo soñé, como vos quisiste o como el destino dictaminó.

Vos lo viviste, yo también, pero dejame … necesito decírtelo de esta forma, recordar escribiéndolo, como tantas veces lo hice, dejarlo asentado en un papel.

Llegamos al lugar al unísono, coincidimos en la entrada al salón. Nos saludamos y ya tu perfume, que aún me envuelve, comenzó a hacer estragos en mi, inolvidable !!!  Todo continuó con el consabido protocolo de abrazos y apretones de mano propios de buenos augurios de fin de año.

Nos sentamos, no sé cómo pero estábamos uno frente al otro. Juro que yo no lo busqué.

Traté de dialogar con los dos colegas que tenía a ambos lados,  pero mi conversación, superflua, se perdía en tu frescura, en tu sonrisa, y cada tanto pedía que me repitieran algo, aduciendo que no escuchaba por el ruido, creo que vos te dabas cuenta y vivías con cierta complicidad mi actitud.

Comimos muy bien, muy rico todo. Llegaron los postres y muy desenfadadamente o sin saber bien lo que hacia, te pedí la frutilla enorme que decoraba tu helado.

Mas sorpresivamente aún, me propusiste un canje: – “Mi frutilla por un lento con vos” –

Te respondí: – “Muero por esa frutilla “

Con una serenidad impensada y recordando cuanto había bailado frente al espejo, en la semana: más de un Americano, un Lento y alguna Cumbia con el fin de entrenarme para esa noche. Tu propuesta fue contundente.

Pero apenas me di cuenta de lo que me dijiste, no me desvanecí por afuera, por dentro era una piltrafa feliz pero con mucho miedo, mientras se me pasaba ese temblor interno deguste la frutilla con el acompañamiento de tu picara sonrisa.

Estabas tan linda,  tan espléndida !!!

Te confieso y te pido no te rías, pero era la primera vez que miré tu cuerpo sin temores o sin vergüenza y con ese deseo propio de besarte y abrazarte, te desee sexualmente, mi sexualidad se condicionaba a la rutina matrimonial de varios años.

“Tiene una fortaleza, que no sabes”, algún día le comenté a Jorge, y esa noche, realmente, lo estaba comprobando, a pesar de tu angelical sonrisa.

Seguir contándote lo que vivimos, no cabe, entendes ?

Sólo el recuerdo: para mi fue tocar el cielo con las manos, para vos … es muy difícil saberlo.

La noche cerró perfecta o imperfecta, el tiempo lo dirá, una sincera charla de tu parte, con un café del cual no olvidaré su gusto, como el aroma de tu perfume, como el sabor de tu piel, como tu juvenil entrega, como mi experiencia que no sirvió de mucho.

Tus últimas palabras fueron crueles y sinceras: – “Bueno, en definitiva es una noche más y hay que disfrutarla, el lunes volvès a ser mi jefe y yo tu empleada, vos con tu esposa, yo con mi novio, y así al vida ” –

No entendí totalmente tus palabras o fueron tan claras que …

Nos despedimos bien, no tuve la valentía o la amabilidad de llevarte hasta tu casa, estaba sorprendido. ¿ Era el comienzo de un gran amor o el fin de aquella ilusión ?

Ya pronto amanecía y me saludaste con la misma sonrisa de siempre, agitando tu mano desde la ventanilla del remís.

Quedé como congelado masticando bronca,  toda mi impotencia parada sobre una pequeña baldosa, toda mi serenidad, mi madurez se quedaron estáticos conmigo.

La noche se había terminado y mi soledad me acompañaba camino a casa, donde seguramente encontraría un lugar para llorar o para vivenciar la esperanza y pensar que no faltaría mucho para el próximo lunes y entonces encontrarte y seguir buscando mi ilusión en vos o mi frustración en mí.

Llegue a mi hogar con el típico silencio de esposo y/o papá de madrugada. Mi esposa que a esa hora escuchaba el silencio, me increpó:

“Vos no salís nunca y cuando lo haces llegas de día, podrías evitarlo aunque mas no sea por tus hijos, dale acostate”, agregó.

Mis hijos  seguramente estarían durmiendo plácidamente sin siquiera darse cuenta de mi llegada. No le respondí, no hacía falta. Mi cabeza, mi mundo, no estaban allí. Pero sus palabras me hicieron reaccionar y ubicarme o reubicarme.

Cuando ya no importaba el silencio, fui hasta el living a revisar mensajes, sobre la mesita ratona,  teníamos la costumbre de dejarnos notas con los chicos, por si no nos veíamos.

El primer cartelito decía: “Papi necesito el auto a las tres de la tarde, tengo una salida importante,  lo lavo, le pongo nafta y lo cuido,  gracias viejo, nos vemos. Darío.

Al cual agregue: “Ok. Anda despacio, no vuelvas tarde, lleva documentos”. Volqué mis temores de padre.

El segundo papel con una solicitud: “El próximo  martes tengo final, necesito que me pases estos apuntes en PC y me imprimas 6 copias, tengo grupo de estudio con chicos de la otra cursada y me comprometí a hacerlo yo (o mejor dicho vos) !!!  Gracias papurri, Virginia.

“Ok” escribí debajo. “A las tres de la tarde trataré de terminarlos”.

Me recosté para descansar, qué iluso, no sólo no dormí sino que mi angustia, mi dolor y mis dudas, aumentaron, con lo que me despabile completamente.

Al rato mi esposa se levantó, desayuno y se fue de compras. Me dio lugar a alzarme de la cama y no enfrentar alguna posible discusión más que, en definitiva, seria lógica y hasta necesaria, diría yo, pero en ese momento la dejé pasar …

Tomé un café y con los apuntes me encerré en mi escritorio a hacer los deberes encomendados por mi hija, tratando de concentrarme en eso y a la vez tomándolo como distracción. Coloqué un CD con música clásica para acompañar el momento y casi, sin darme cuenta, y cuando me faltaba una sola carilla para terminar el trabajo, el timbre de casa, acompañado de un murmullo, me sobresaltó. – ¡ Hola papi ! –

– Virginia ingresaba a casa, seguramente con sus compañeros de Facultad.

Sabía de la reunión, pero no que la realizaban en casa …

No entendí cómo viniste a mi hogar, no comprendí porque el destino jugaba esta mala pasada, no digerí que tuvieras la edad de mi hija, no soporté que estudiaras con ella.

Vos mantenías tu frescura de hace un rato, yo apenas podía mantenerme en pie.

No imaginé que esta carta, como tantas otras que te escribí, tampoco te la enviaría … tampoco la recibirías … Tomé conciencia en una milésima de segundo que nunca me hubiese atrevido a entregarte alguna carta o quizás … quizás si …

Carlos Emilio Dentone

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Relato incluido en mi Libro Me olvide del Mundial. Año 2002.

CAFE DE BARRIO (Amor y Escritos)

              (Fotografia de Edgardo Kevorkian,
                      de su saga ” La Ruta del Café “)

En Instagram: @rutacafeconleche
                           @kvkfotos

CAFÉ DE BARRIO

Una vez más, Julián se sentó en la mesa de un Café.

Su vida no variaba mucho. Provenía de una familia de clase media baja, que día a día luchaba por sobrevivir.

Sus padres lo apoyaron en sus estudios secundarios, paralelamente ayudaba a su padre en el negocio de reparación de calzados, oficio que se perdía a medida que nacía la era del cambio y del “no arreglo”.

Su madre le inculcó, desde su infancia, el hábito de la lectura, que en el transcurso de su vida, se convirtió en una pasión.

Las noches lo encontraban con un libro en sus manos hasta que el sueño lo sorprendía.

Pasó el tiempo y surgió en él la necesidad de escribir, sin intención especial alguna. Sólo deseaba volcar en papel ilusiones, sueños, sentires, anécdotas de vida …

Un Café de Barrio lo acompañó en este desafío. La inspiración y la creatividad, – en ese vínculo “único y mágico” – se hicieron presentes.

Desde su lugar favorito, al lado de una ventana, veía pasar la vida y, muchas veces en ese ir y venir de vecinos y desconocidos, afloraba la musa y entretejia historias …

El amor o más precisamente el desamor, frecuentemente llenaban sus páginas, con historias propias y muchas imaginadas.

A los dieciocho años se enamoró perdidamente de una vecina, clienta del negocio de su padre. No fue correspondido, afectándolo duramente.

Esos Amores que no se concretan, perduran toda la vida.

Se iniciaba la “Era del Chat” en Internet. Ese nuevo mundo de relaciones desconocidas, le dio la oportunidad de descubrir las llamadas Salas de Chat.

Luego de establecer contactos virtuales con varias mujeres, jóvenes y maduras, hubo una que lo deslumbró: Estela, divorciada a causa de las infidelidades de su esposo y, con mucho temor a encarar otra relación de pareja, fue su primer contacto virtual y prontamente su enamoramiento.

Pasaron muchas noches intercambiando vivencias, gustos y anécdotas de sus vidas.
Comenzaban una linda relación.

Un solo cuento le faltaba a Julián para pensar en la publicación de su primer libro.

Llegó el momento de conocerse personalmente y quizás, ese día, nacería aquel último escrito y el tan ansiado amor.

El lugar indicado del encuentro era en un típico Café de Barrio, siempre receptivo a reuniones de toda índole.
En esta ocasión sería un lugar desconocido para él, pero intuía que un Café era lo más indicado.

<Parroquianos anónimos que constituían el paisaje, sueños e ilusiones y el humo del cigarrillo que envolvía pensamientos, parejas que armaban sus nuevas vidas o aquellas que trataban que la despedida no fuera dolorosa, cierre de acuerdos comerciales, amigos que discutían el último partido de fútbol o planificaban el próximo Domingo, padres e hijos tomando su merienda, personajes solitarios que simplemente mataban su tiempo, vidas que pasaban por ese lugar emblemático, el del Café de Barrio>

En su última charla con Estela se concretó la cita. Día, fecha, hora, lugar y alguna señal en la ropa con la que se reconocerían.

Llegó al lugar, con la pactada remera a rayas, en tiempo y forma. Se encontrarían en una mesa central del local, se dirigió directamente a ella, que afortunadamente no estaba ocupada.

Ignoró su entorno, la mirada estaba fija en la puerta de ingreso, imaginaba la figura femenina que no conocía y que en cualquier momento arribaría al lugar.

Lo sorprendió el mozo del lugar que, con paso cansino, bandeja bajo el brazo y blanco repasador, se acercó para tomarle el pedido.

Comenzó solicitando un Café chico, al rato un Cortado Americano y por último un Submarino.

Pasó la hora prudencial de espera.

Su mirada cambió de ángulo. Dejó de dirigirla hacia la puerta.

Un televisor colgaba de la pared, frente a la mesa, capturando esa mirada perdida. Conversó imaginariamente con el aparato que sólo emitía noticias amarillas y, con una lámpara, esa lámpara de techo que colgaba cerca de su cabeza. Nada le respondieron cuando preguntó por la demora de Estela en llegar.

Pasaron dos horas, pidió la cuenta, abonó, traspasó la puerta y en camino de regreso a su casa, tomó conciencia que el último cuento no sería escrito y lo más penoso … una vez más, el amor se le había negado nuevamente.

Ese cuento sin comenzar, ese amor sin concretar, le daban a Julián la oportunidad de conocer un nuevo café, ya vería cuál …

Pedro, sentado solo en una mesa junto a la ventana, no perdía detalle del ir y venir de la gente. De todas formas, su meta era observar los movimientos y las actititudes de Julián.


Cuando lo vio salir con la cabeza gacha y perdiéndose en el camino, sacó su libreta de entre sus ropas en la que anotó, muy rápidamente, alguna última frase para darle fin, seguramente, a otro de sus Cuentos.

A Pedro también le gustaba escribir y usaba como seudónimo, en sus relatos, el nombre de Estela, el mismo apodo que utilizaba en las Salas de Chat …

Como a Julián, le encantaba terminar sus Cuentos en la mesa de cualquier Cafe de Barrio.



Carlos Emilio Dentone

ANTONIA Y ZULEMA (Encuentro de Amigas)

Antonia y Zulema nacieron en el barrio de Once, en la Capital de Buenos Aires, con pocos días de diferencia allá por los años ’50.

Sus familias eran vecinas y amigas.

Así fue que ambas fueron a la misma escuela, compartiendo el mismo grado de la Primaria y su continuidad en la Escuela Secundaria.

Niñez y juventud a la par !!!

Las salidas al cine, las reuniones de amigos y los consabidos “asaltos” de la época, fueron intensamente vividos por ambas.

Físicamente, Antonia era una mujer alta, rubia y de buen porte, dedicó su vida al hogar. Como hobby le encantaba bailar y el Tango era su fuerte.
Zulema, en cambio, era bajita, morocha y rellenita. Continuó sus estudios en la Universidad y obtuvo el Título de Bióloga, profesión que amaba.
En un viaje de estudios a Puerto Madryn conoció a Silvio, un instructor de buceo. Al poco tiempo contrajeron matrimonio y construyeron su hogar en aquella Ciudad del sur argentino. No tuvieron hijos.

Antonia se casó con Julián, un cantante de tangos, que conoció en un baile de carnaval, cuando cumplió 32 años y al tiempo tuvieron a Liliana, su única hija.

En esa etapa Antonia y Zulema perdieron el contacto fluido. Cada tanto cruzaban alguna carta, poniéndose al día sobre sus vidas.
A medida que avanzaba la tecnología, se contactaban por correos electrónicos y muchas noches utilizaban el Chat, para conversar.

Tuvieron encuentros personales cuando Zulema visitaba Buenos Aires o bien, cuando Antonia se hacía una escapada a Madryn.

Continuaron compartiendo sus vidas, con sus alegrías, sus tristezas, sus novedades a la distancia, pero muy fieles y destacando siempre el valor de la amistad.

Pasaron los años y ese vínculo se consolidó.

Zulema viajaba más seguido a Buenos Aires, ya que tuvo que hacerse cargo de la vivienda que sus padres le dejaron como herencia y los encuentros con Antonia fueron más asiduos.
La casa de Zulema fue alquilada y Antonia le hacía las veces de administradora: cobraba el alquiler mensual y solucionaba algún problema que surgía en la vivienda.

El esposo de Antonia falleció en una gira artística y la convirtió en viuda a los 51 años. Momentos duros que afrontó con Liliana, su hija, que había alcanzado los 22 años.
Con la pérdida de su esposo, Antonia comenzó una nueva vida, la que se agravó con el síndrome del “Nido Vacío”, ya que Liliana decidió independizarse. Su primer paso fue irse a vivir sola. Siempre fue una chica muy libre, de carácter muy fuerte.

Antonia sufrió momentos de ostracismo y de depresión. Tenía como único contacto a su amiga Zulema quien trataba de darle ánimo y apoyarla. Le propuso pasar algunos días en su casa de Madryn, a lo que Antonia se negó. La angustia era muy grande.

A pesar de los sinsabores, la relación entre ellas seguía firme.

En una de esas conversaciones, Zulema le contó que su relación con Silvio, no funcionaba bien, él se había volcado a la bebida y todo se tornaba muy difícil. Hasta llegó a agredirla físicamente.

.Continuaron las charlas sobre el tema y Antonia fue venciendo la depresión y se propuso ayudar a su amiga.

Por más que Zulema intentó salvar a su pareja de distintas formas, nada pudo cambiar.
El divorcio fue un hecho y, una vez solucionados los temas legales, se despidió de amigos y conocidos sureños.
Después de renunciar al trabajo como Bióloga, decidió regresar a Buenos Aires …

El nuevo encuentro entre ellas estaba plagado de mucha tristeza, dos mujeres ya mayores se encontraban sumergidas en una soledad no merecida.

Antonia le ofreció su hogar hasta tanto se venciera el contrato de alquiler de su casa, y así poder reacondicionarla para volver a ella.

Zulema aceptó la propuesta y fue así que comenzaron una vida distinta, un volver a empezar.
Resultó un compartir diferente a sus hábitos. Un cambio que las fortaleció y, sin proponérselo, fueron sobrellevando sus duelos.

Distribuyeron sus tareas en el hogar, dedicándose la una a la otra, logrando una relación armónica.

Zulema ocupó el cuarto vacío que había dejado Liliana, quien la visitaba esporádicamente, compartiendo el resto de las habitaciones de la casa.

Tuvieron, como todas las amigas, encuentros y desencuentros, pero éstos, no pasaban de una discusión normal.

Cada tanto, Liliana visitaba a su madre, sintiéndose aliviada. Ya no le pesaba tanto la soledad y la angustia de su Mamá.
Antonia no conocía la verdadera razón de la independencia de su hija.
Vivía sola en un departamento pequeño de San Telmo y trabajaba como secretaria de una Asociación.
Desconocía a ciencia cierta a qué se dedicaba dicha entidad, pero la notaba feliz y eso era suficiente para una madre.

Tanto Antonia como Zulema solían sorprender a la otra con alguna rica comida o la compra de algún adorno para la casa, cuando no un ramo de flores o alguna prenda de vestir.
Acudían asiduamente a la peluquería y a hacerse tratamientos faciales, hasta comenzaron a hacer gimnasia, aunque les costaba mucho ya que nunca lo habían hecho.
En ambas surgió la necesidad de superar sus penas y de recomenzar sus vidas.

La alegría había superado a la angustia.

La convivencia les dio la posibilidad de vivir por y para ellas.

Finalmente Zulema tenía solucionado el tema del alquiler, ya podía disponer de la vivienda. Ambas fueron rediseñando la casa, diagramando parte de sus habitaciones, eligiendo los colores de las mismas, las nuevas cortinas, todo en un plan común.
Estaban felices con este nuevo proyecto, pero a su vez experimentaban la sensación de otra soledad, a pesar que sus casas distaban solo seis cuadras entre sí.

En una de esas noches en las cuales un sillón y un televisor eran testigos de una charla más, después de una exquisita cena, la conversación se centró en el regreso de Zulema, a su casa. Ambas, en un cruce de miradas, quisieron decirse algo que no llegaría a plasmarse en palabras, tan sólo fue un abrazo fuerte y prolongado que provocó algunas lágrimas.

Se fueron a dormir con un cierto sinsabor, conociendo tal vez el motivo, aunque les resultase difícil explicarlo.

Sus almohadas consejeras, fueron preanunciando lo que les sucedería.

A la mañana siguiente, mientras desayunaban, Zulema le dijo muy decidida a Antonia que no quería irse de la casa, que no podía estar alejada de ella, que así sentía, pidiéndole disculpas si esto podía ser tomado como un abuso o una desubicación de su parte …

Antonia no se sorprendió, no se inmutó, se levantó de su silla y, como un robot, llegó hasta la silla de Zulema, la abrazó, buscó su boca y el beso apasionado selló el florecer de un inesperado nuevo amor.

Se amaban, se necesitaban, tenían su nido … Aceptaron que el amor las había unido muy fuertemente y disfrutarían de él.

Como toda pareja, comenzaron a planear su convivencia, algo que jamás habían pensado, pero la realidad les proponía ese volver a empezar.

Uno de los temas que trataban a diario era planificar qué “estrategias” utilizarían ante “la sociedad”, que aún se resistía a aceptar a las parejas del mismo sexo.

Uno de los “karmas” fue cómo se lo comunicarían a Liliana. Fueron postergando la decisión de reunirse con ella. Consensuaron vivir gozando de esta nueva situación y cuando se diera el momento le contarían a la hija de Antonia …

Decidieron festejar los tres meses de aquel desayuno memorable, feliz, único e inolvidable.
Organizaron un almuerzo en un restaurante típico de Palermo, un café en Recoleta, una película en el Abasto, una merienda en un hotel de Av. Callao y una cena en casa, con su comida preferida y velas encendidas dándole marco a un día de festejo del amor.
Disfrutaron del día como nunca lo habían sentido.

Pasada la cena se dirigieron como dos niñas, tomadas de sus cinturas, al living. Las esperaba el mullido sillón, una luz tenue de una restaurada lámpara, la música de Noche de ronda se escuchaba muy suavemente. En la mesita ratona las burbujas del champagne danzaban en ambas copas, donde coronarían el brindis.

Dentro del plan del día habían optado por apagar sus celulares y descolgar el teléfono fijo. Vivir su mundo y este festejo sin interrupciones.

Liliana intentó varias veces al día comunicarse con su madre o con Zulema, quería informarles que estuvieran atentas, ya que iba a realizar unas declaraciones en un noticiero de la televisión.

Al no recibir respuesta, se preocupó … algo malo presentía.

Ya era tarde, se acostó y decidió levantarse temprano al día siguiente e intentar comunicarse nuevamente. Fue infructuoso.
Cargó unas pancartas en su moto, las que utilizaría en una movilización que su Organización había planeado para ese mediodía. Se dirigió a la casa de su Mamá. En el propio frente hizo un intento más, de otro llamado, no tuvo respuesta.
Había llevado las llaves de la casa, que aun mantenía en el mismo llavero de siempre.
Tocó el timbre. Nadie respondió.
Con mucho temor colocó la llave, abrió la puerta y entró a la casa.
Lo primero que divisó en el living fueron las copas de champagne volcadas en la mesita, ropas tiradas por el piso que guiaban al dormitorio de su madre.

El silencio total le dio la pauta que no había nadie en la casa.

En el corto trayecto hacia la habitación pensó mil cosas, ninguno de los fugaces pensamientos tenían buen augurio.

La puerta del cuarto matrimonial estaba entreabierta, la abrió un poco mas, muy despaciosamente.

Era la primera vez que Liliana veía la integra desnudez de su madre, su sorpresa fue verla abrazada a Zulema.

Tropezó con la puerta, lo que hizo despertar sobresaltada a su madre, quien se levantó instintivamente de la cama e intentó darle una explicación a su hija, mientras trataba de taparse con una sábana.

No hubo tiempo, Liliana sólo atinó a emitir un grito estruendoso.

– “ ¡ Nooo … te odio Mamá !”, palabras que hicieron eco en toda la casa y en los corazones de Antonia y Zulema.

Con desprecio le tiró las llaves a su madre, que golpearon en su pecho.
Salió corriendo y despavorida dando un portazo.

Tomó su moto y se dirigió a la plaza donde, en minutos más se reuniría, en una marcha, con sus compañeras. Su lucha por la defensa de la Diversidad de Géneros continuaba con la convicción de siempre.

Carlos Emilio Dentone

RITA (AMOR)

 RITA

En el verano de 1970 Mabel preparó su valija, colocó sólo algunas de sus pertenencias indispensables para iniciar un viaje, sin tiempos. La decisión de viajar a la Capital de Buenos Aires era un hecho.

La búsqueda de nuevos caminos, una vida distinta, el sueño de muchos jóvenes del interior de vivir y tener otras oportunidades en la “Gran Ciudad”.

          Observó su cuarto por última vez. No dejó rincón sin analizar. Una sumatoria de recuerdos le afloraban, gran parte de sus días pasaron en esa habitación.

Tomó su maleta, sin muchos preámbulos, para que el momento no fuera dramático. Se despidió de su madre y de su hermana. Tenía el convencimiento que, algún día, ellas podrían dejar su Pueblo de cuna y convivir nuevamente en la Capital.

             Se venía preparando, desde algún tiempo, para el instante de la despedida. Tragó su llanto, se mantuvo firme, sabía que el beso y el abrazo sellarían el amor, aún en la distancia.

Al rato de marcha, vislumbró la soledad en su asiento del lado de la ventanilla en el Micro que, en algunas horas, la dejaría en la Terminal de Retiro.

            El trayecto hizo que viviera la ambigüedad de la lenta velocidad del micro y del llegar extremadamente rápido a destino.

            El paisaje campero pasaba por sus ojos, como película vieja, con sus cortes, con sus empalmes … El verde eterno de los campos, postes, alambrados, alguna casa a la distancia, algún nido de Hornero, el ganado buscando sombra y un cerrar de ojos para dejar de distraerse.

El Transporte llegó a la hora planificada. Bajó de él, con lentitud. Con valija en mano, fue girando su cuerpo, tratando que no la confundiera el incesante ir y venir de pasajeros recién llegados o de aquéllos que partían.

          Sorprendida ante la multitud caminando y corriendo, a lo cual no estaba acostumbrada.

          En algún momento había imaginado su llegada, pero se dio cuenta y asumió prontamente que tampoco estaba preparada para este paso.

         Nadie se percataba de su desazón, de su timidez, de su vergüenza, de sus temores. Por fin, tomó coraje y continuó con su plan.

         Consultó al canillita, que formaba parte del paisaje de la terminal, dónde podía tomar el colectivo 22, cuyo recorrido finalizaba en Quilmes. El hombre le respondió rápidamente, conocedor del recorrido de las tantas líneas que pasaban por Retiro.

 Le habían recomendado una Pensión, La Rosa, a pasos del Viaducto de Sarandí, Sur del llamado Gran Buenos Aires. Si bien no era Capital, solo la distanciaban 20 minutos de micro.

    Encontró el poste del 22 y, tras una extensa cola de espera, subió y luego de hablar con el conductor, pagó su boleto y pudo tomar asiento.

            Su ventanilla le mostraba otro paisaje, otra película. La ilusión óptica le hacia ver que los cuadros pasaban mucho más rápido. 

            En plena distracción, la voz del Chofer la hizo reaccionar, cuando le dijo: “Estación Sarandí, la próxima parada es la tuya”, según ella había solicitado al subir.

            Agradeciendo el aviso, bajó despaciosamente y al ver el cartel de la pensión, cruzó la Avenida Mitre cuando, el fluido tránsito, se lo permitió. Respiró hondo, exhaló e ingresó a lo que sería su nuevo hogar.

 “La Rosa” no sólo alojaba mujeres, más que nada jóvenes, sino muchos sueños incumplidos o ilusiones por alcanzar.

          En la Recepción, una mujer que rondaba los 60 años, conocedora de situaciones similares a la de Mabel, tras una breve charla, le dio la bienvenida diciéndole: “Esta es tu casa, tu nuevo hogar”, agregó “Contàs con mi apoyo “

            Si bien las palabras de Sonia, así era el nombre de la Encargada de la Pensión, no la conmovieron, le dieron cierta contención.

            Luego de realizar un pequeño “tour” por el establecimiento, incluyendo su cuarto y el baño externo, Sonia llamó a las que iban a ser sus compañeras de habitación con el fin de presentarlas.

            Otras historias, otras soledades, distintos planes, distintos sueños, con ellas comenzaba el compartir su nueva vida.

 Su primera meta era conseguir trabajo, sabía que no era fácil, nunca lo fue, y sus primeros intentos fueron vanos. Se encontró con salarios irrisorios o patrones con buena paga, pero con variadas apetencias. Lo que significa “el poder” y “el machismo” !!!

Mabel, con sus 25 años, era una chica de lindos rasgos, cabello negro, tez trigueña, ojos color almendra muy vivaces. Tenia una altura de 1.65 metros, buen físico en general, sus piernas contorneadas se destacaban y eran su orgullo.

          Su vida amorosa se limitó a un novio, Sergio, con el que se conocieron a los 13 años y tuvieron la oportunidad de crecer juntos. Se amaban pero, poco antes de cumplir 10 años de noviazgo, Mabel le confesó a Sergio que ya no lo quería, que estaba aburrida en la relación, que no soportaba la rutina que estaban viviendo. Golpe duro para el muchacho porque además de ser una decisión unilateral, no esperaba semejante sorpresa  … repentina … sin decir agua va …      Quedó dolido, pero aceptó la decisión con fortaleza.

Cada despertar de Mabel consistía en levantarse, ducharse, desayunar, leer los avisos clasificados, cambiarse y salir en búsqueda de un trabajo digno. Sabía que, con un Secundario inconcluso, sus chances de acceder a un empleo, eran poco pretenciosas.

          Cada día que pasaba y sin posibilidades laborales, la angustia iba acrecentándose. Tenía unos ahorros logrados con su trabajo en la Panadería de Don José, allá en su Pueblo, en la que atendía al público muy gentilmente.  Con el paso de los días, sin respuestas, su mente y sus pensamientos la comenzaron a atormentar.

          Analizaba su entorno, a sus compañeras de Pensión, donde había jóvenes de su edad hasta mujeres de alrededor de los 50 años.

         Veía más contentas, en general, a las de mayor edad, las más jóvenes tenían su mismo problema en cuestión de trabajo.

         De las charlas ocasionales se desprendía que varias compañeras trabajaban en los “piringundines” del bajo. Así se conocían los locales donde trabajaban coperas, en 25 de Mayo entre Lavalle y Córdoba y aledaños. Relativamente cerca del Puerto, donde la llegada de Marineros de todo el mundo era muy fluida.

Mabel sólo escuchaba las charlas en alguna mateada. Estas chicas, y no tan chicas, ganaban buen dinero. Algunas tenían sus planes concretos de alquilar un departamento y dejar la Pensión. Otras sabían que, a corto plazo, podrían estar accediendo a la compra de alguna casita, seguramente subvencionadas por esos personajes que aportan a estas causas y niegan a sus esposas la renovación del juego de dormitorio, para dar solo un ejemplo, dando cátedra de austeridad a lo que sumaban una pizca de buenas costumbres …. La disyuntiva la colocaba en aprietos.

Mabel necesitaba trabajar, tener un ingreso para poder progresar. La idea de traer a su Madre y a su hermana a vivir con ella seguía rondando en su cabeza, y poder así alejarlas de aquel hombre, su padre que, con sus palizas, más de una vez, dejaba malherida a su Mamá. Si bien no convivían, era del Barrio y cada tanto se acercaba a su casa amenazándola. Pero ese era otro tema, a Mabel no le gustaba hablar de su Padre.

Se propuso intentar una semana más a fin de conseguir nuevas entrevistas laborales.            A mitad de esa semana, se decidió. En la noche del miércoles caminaba embelesada por la avenida Corrientes con sus luces, el movimiento de la gente, las marquesinas de los teatros, los cines.

           La imagen la deslumbró. Entre ese gentío, que se mezclaba en idas y vueltas, observó a los comensales de un Restaurante. Sus ojos divisaron a Graciela,  una de sus compañeras de pensión, compartiendo animadamente su mesa con un muchacho mucho menor que ella.           Se escudó en una columna para que Graciela no la viera y continuó con su observación. Le llamó la atención la forma en que se reían, ausentes de su entorno, el modo en que se miraban y se tomaban de la mano, en cada risotada chocaban sus copas, brindando vaya a saber porqué  …     Esas que contenían un vino blanco, cuya botella descansaba en un enorme balde con hielo.          Al rato de seguir las acciones de Graciela y ese joven que bien podría ser su hijo, se sintió rara en esa posición de “chusma”.

        Siguió su camino, descubriendo lugares, cantidad de Librerías, Disquerías, Bares … unos pegados a otros y  gente … más gente …

 Esperó despierta a Graciela en la habitación hasta pasadas las 6 de la mañana, más precisamente a las 6.10 ingresó su compañera. Sintió su aroma, mezcla de alcohol, tabaco y noche. Le agradó. Le gustó el saludo de Graciela que indudablemente llegó feliz.

– ¿Qué hacès chiquita despierta a esta hora ? haciéndole una caricia en la cabeza.

– No podía dormir … Estoy preocupada … No se me dio ni un trabajo – balbuceó.

 -Tranquila querida “Mabe”. Mientras me cambio, preparate un mate y charlamos.

        Graciela se sentó a los pies de la cama de Mabel, comenzó a contarle sobre el dinero que había hecho esa noche.

        Parte de la velada ya la conocía, la otra se la imaginaba.

        Entre mate y mate Graciela le hizo un recuento desde su llegada a La Rosa. Tuvo avatares como todas, pero su vida cambió la noche en que la aceptaron para trabajar en un pequeño teatro, en el subsuelo de una Galería de la calle Florida.

– Entré al Teatro Floridita y comencé otra vida, aunque no me gustaba la propuesta, a la semana me hacía de buena plata, de una guita que jamás había visto. La necesidad por plata te pone una máscara y seguís adelante. Pero viste, yo ya soy grande, tengo que seguir y aprovechar mis últimos cartuchos …

        El trabajo en el Teatro era duro, no cualquiera lo podía hacer. El Show de Strip-tease comenzaba a las 10 de la mañana y finalizaba cuando el último espectador lo decidiera.      Los últimos en ver el Show seguramente se retiraban mareados y no por tragos alcohólicos, sino porque las chicas, a cierta hora de la madrugada, apuraban el paso y, a los pocos espectadores que quedaban en sus butacas, no le alcanzaban los ojos para ver con detenimiento y claridad, lo que afanosamente querían ver y aquello que sería un placer para la vista y centro de su propio ser, se transformaba en una calesita, un carrusel de giros enloquecidos, resultando muy difícil atrapar la sortija y tener la opción de otra vuelta.

        El espectáculo era continuado, por lo que las chicas rotaban en sus horarios, sus horas extras las hacían fuera del lugar y con gestión propia.

        El relato de Graciela le aclaraba la decisión a tomar por Mabel. Muchos caminos no le quedaban, o Floridita o el bajo. Una de las preocupaciones que tenìa era si algún conocido de su Pueblo la pudiese ver en esas situaciones. Pero al mismo tiempo, le parecía imposible que se diera esa casualidad.

     Graciela, ya vencida por el sueño, se acostó diciéndole: “Mabe, cualquier cosa me decís, te presento y punto, me duermo … estoy agotada …”.

En un par de días se entrevistó con Don Rogelio, el señor ya veterano y con abdomen prominente, se encargaba de contratar a las chicas (y no tanto), a esas futuras reinas del desnudo que darían vida al lugar, tanto de día como de noche. Llegaron a un acuerdo y esa misma noche Don Rogelio le ofreció comenzar.

– ¿Sin ensayar? Nunca hice esto – dijo Mabel.

– Vos seguí a las chicas, ellas te ayudan. Acá no hay arte, sólo desnudarte graciosamente.     Con ese físico vas a tener suerte y más de una hora extra !!! – concluyó Don Rogelio.

       A Mabel no la alegraba la decisión tomada, pero el tener trabajo esa misma noche le daba cierta paz. También pensó que, teniendo un ingreso y estando tranquila, sería más fácil buscar otro tipo de empleo.

Y la noche llegó. Se presentó en el lugar acordado, Don Rogelio le presentó a parte del elenco y al Coreógrafo, así se hacía llamar el muchacho que le dio las primeras indicaciones:

– Vos tenés que salir caminando por las tablas. Tené cuidado que es muy chico el escenario, lo haces como si no hubiera nadie en las butacas, ni a tus costados. La idea es salir desde el medio, caminas en fila hasta la punta derecha, ahí bajas la escalerita, das la vuelta por las butacas y volvès al escenario subiendo por la escalera de la izquierda. – dijo el Coreógrafo.

     Continuó explicándole cómo ir desvistiéndose, cómo desprenderse de su ropa sin dejar de mirar al público de manera insinuante y provocativa. “Gestos felinos !!!”, acotó. Mabel miraba y escuchaba, no emitía palabra mientras se ponía una bikini plateada, muy cavada, unos zapatos de tacos altísimos también plateados. Lo más difícil era ponerse esa cosa llena de plumas en la cabeza, el tocado. Pronto llegó una compañera a ayudarla.

     –   Hola, me llamo Mora, sentate que te ayudo, ya le vas a agarrar la mano. ¿Cómo te llamas ?

– Gracias Mora !!!  Soy Mabel, entré hoy recién, no se para dónde disparar …, dijo tímidamente.

–  Si, ya sabía, tranquila todo va a salir bien. Pero no podès usar tu nombre aquí, no te

dijeron ? Elegí un apodo, suponte Moría, Zulma, Cocó. Uno que te guste y no esté repetido.

–  Rita hay alguna ?

–  No. Es poco sugestivo, pero si te gusta … – Mora terminaba de ayudarla a vestirse.

       A poco, el nombre de Rita Marzi estaría impreso en los afiches, cuyo enunciado era “20 Chicas bonitas 20”.

      Le estaba terminantemente prohibido al personal, tomar contacto con los espectadores y, menos aún, recibir obsequios de parte de los mismos. A Mabel, mejor dicho a Rita, le pareció buena la idea, se sintió protegida, hasta que se dio cuenta que esa “Norma “, no se cumplía.

          Un debut con algunos tropezones, pero debut al fin. Se amoldó a las circunstancias, bailó muy bien, se supo desvestir sin demostrar su vergüenza y, según sus compañeras, la aplaudieron mucho. Ella no se percató.

         Lo único fuera de lugar y que no le agradó, fueron los manotazos que le dieron algunos viejos en sus soledades u otros de jóvenes que habían ido en grupo, como si fuera su primera vez. Esto solía ocurrir cuando bajaban del escenario y caminaban alrededor de las butacas.        Pero ya no había tiempo para más. Su segunda función comenzaba en pocos minutos.

       Así, Rita fue asimilando esta nueva vida, que en el fondo de su ser aborrecía, pero la tranquilizaba mucho. Incoherencias que nos ofrece la vida.

Comenzó a comprender este oficio, entendió a la prostituta, se dio cuenta quién lo hacía por placer, con eso de cautivar y seducir al hombre, y quién lo hacía por una necesidad económica.

         Pero también aprendió que, en algún momento, los extremos se cruzan, y quien lo hacia por placer se convertía en una muy buena amiga, con una vida común y normal a su mirada y, por otro lado y en algunos momentos, ella misma percibía sus excitaciones en alguna que otra función.

Pagaba el alquiler de la pensión en tiempo y forma. Comenzó a comprarse ropa y perfumes. Salía a pasear, a tomar un café, alguna vez iba a un restaurante, en ocasiones sola, en otras con alguna amiga que supo hacer en este tiempo.

         Cuando volvía a la pensión luego de una salida, generalmente sentía cierta culpa de haber gastado dinero. Tenia como meta: ahorrar, cosa que regularmente hacia guardando billetes de sus cobranzas, ya sea del Teatro como de horas extras, en un caja de bombones obsequiada por un admirador, guardada celosamente en su parte del ropero bajo llave.

Cada tanto, se comunicaba con su madre y su hermana, para contarles cómo le estaba yendo económicamente. Inventó un trabajo como vendedora en una Perfumería, para no indignarlas. No la aceptarían si supiesen cuál era su real trabajo.

Pasaba el tiempo y su oficio la convencía más. En esos pensamientos dispares o controvertidos que muchas veces tienen los humamos, Rita superó su vergüenza, su timidez y el pasearse desnuda ante 1 persona o 40 espectadores se convirtió en una necesidad.

     Comenzó a vivir lo sexual disfrutándolo como nunca. Se sintió libre y plena. Su vida fue cambiando y Rita aceptó con gusto ese cambio.

      Le llegaban obsequios de admiradores, invitaciones a salidas. Se sintió hasta “mimada” por esos hechos sabiendo, de todas formas, el porqué se generaba todo eso.

Hubo un señor que no se perdía función en la que Rita actuara. La admiraba desde una butaca del costado, en silencio, sin gestos, sólo la miraba embelesado. Ella lo notaba y también se lo dijeron algunas de sus compañeras y el Coreógrafo, cuando le dijo: “Apretátelo, es un bombón”.

          Pasaron un par de meses hasta que este hombre de cuarenta y pico de años, muy elegantemente le comenzó a dejar regalos … esos tradicionales: bombones, flores, algún rico perfume. Siempre con una nota respetuosa expresando su admiración por ella …

     Al principio, Rita no le prestó atención a este señor en particular. Menos aún, cuando se dio cuenta que realmente estaba enamorado, Por el carácter de sus notas se intuía que la amaba, admiraba su cuerpo, su andar, su forma. Por qué amarla de la manera que lo expresaba ? No era posible … No la conocía …

     Su muy medida y cauta insistencia hizo que Rita lo mirara con otros ojos. Era un lindo hombre, de buen vestir, elegante y muy gentil.

     Pasaron un par de días y Rita aceptó una de las invitaciones de Jorge, que así se llamaba.

     Fue una hermosa cena para ambos. Ella, agradecida, contándole algunas pocas cosas de su vida y Jorge de la suya.

     La noche finalizó en un cuarto de hotel, pero para Rita no fue como otras noches, fue distinta, sintió por primera vez en esta etapa de su vida que, además del sexo, pudo sentir cariño, contención … No se atrevió a decir que sintió amor, pero la salida la conmovió.

Comenzó otra nueva vida, quizás la mejor. Fueron muy bellos momentos, experiencias distintas a las vividas, la necesidad de estar juntos.

         Jorge le contó que era viudo … que a partir de ahí su vida se disipó y comenzó a ir a “piringundines” …  al Teatro en cuestión  … Cuando la vio, se enamoró perdidamente, cosa que demostraba a cada instante.

        No era  el prototipo de hombre que, por distintos motivos, se vincula a prostitutas y quiere ser el “gran salvador”, el que quiere rescatar a esa mujer de esos antros, el que le averigua la vida, la aconseja, le da dinero fuera del acordado, le ofrece un camino “sano” de vida. Una especie de héroe caído a menos, como pensó más de una mujer del oficio que conoce a esos tipos de vanos salvatajes.

Jorge pretendía a Rita tal como era. Con su trabajo y su libertad. El disfrutaba estando como espectador del Floridita, cenando con ella, charlando con ella y, por sobre todo, haciendo el amor con ella.

         Obviamente Rita también se enamoró, comenzó a amarlo y estaba dispuesta a comenzar una vida con él.

Emprendieron un camino juntos.

Jorge le ofreció un departamento en Capital, precisamente en el Barrio de Flores.

La Pensión La Rosa se convertiría en un recuerdo, en una parte de su historia.

Rita fue acomodando el departamento a su gusto, con obsequios de Jorge, como de compras propias. Disfrutó de aquel espejo de cuerpo entero que siempre quiso tener y lo tuvo.

            La relación se fue fortaleciendo. Quizás se debía a que cada uno continuara con sus tareas habituales. Jorge era prestamista, estaba acostumbrado a manejar mucho dinero, y ella con su teatro. El vínculo se fue fortificando y ninguno perdía su libertad.

             En realidad, para la pareja en sí, vivían como al principio. Se veían varios días en el teatro, cenaban juntos y pasaban un rato de amor en el departamento.

 En algún momento Jorge le pidió que dejara de trabajar, que él se haría cargo de sus gastos, que ni plata ni casa le iban a faltar, que no era necesario que siguiera trabajando tantas horas en ese lugar … Le ofreció, si Rita deseaba trabajar, otro tipo de empleo.

            Rita tenía sus convicciones y esta propuesta no la aceptaría. Con todo lo que tuvo que aguantar, todo lo que tuvo que ceder, hasta su misma dignidad, pero ahora, más fuerte y dando valor a su propio esfuerzo, se negó rotundamente.

            Jorge trató de entenderla, y no la siguió incomodando con estos planteos. Ese entendimiento que hubo daba muestras de una pareja asentada.

Rita tuvo alguna sospecha sobre esta propuesta. Se le sumó que Jorge no asistía como siempre al Teatro. Conocía sus turnos, pasaba por el departamento, se quedaba un rato, sin siquiera tomar algo o conversar como lo hacia habitualmente. Un rato de sexo y partía.

No pasó mucho tiempo y Rita se enteró, por una excompañera de pensión, que Jorge no sólo no era viudo, sino que tenía esposa e hijos. Tenía una familia. Tampoco era prestamista  … Teñía que ver con el contrato de mujeres para llevarlas a trabajar a otros países.

Rita no lo podía creer. A pesar de enterarse sobre la real vida de Jorge, lo seguía amando con todo su sentir.

          Se propuso no decirle nada y seguir con el trato rutinario.

     Pero no pudo o no supo cómo separarse de él. Fue lo más duro y difícil de soportar. Había entregado su ser como nunca y paradójicamente recibió de Jorge todo, independientemente de lo económico. Se sintió defraudada, estafada y aquel vino que tomaba en algunas noches de alegría y brindis, se tornó en su peor enemigo. Toda su angustia la canalizaba bebiendo con alevosía.

Sus días y sus noches se rodearon de alcohol.

Una sola cosa le causaba alegría pasajera y era desnudarse para quienes decía, eran su público. Había aprendido mucho y tenia su técnica para el strip-tease, aún con su ebriedad.

Jorge desapareció totalmente de su vida.

Al poco tiempo y luego de algunos desmayos, tras estar internada en una Clínica, el Médico le informó que su hígado no soportaría más alcohol. “Ni una gota !!!”  le ordenó. La medicó, le dio cita para la semana entrante y finalmente le dio el alta. Estaba delicada de salud.

Una noche al salir del Floridita, el portero de la Galería le dio un sobre que habían dejado a su nombre: Rita.

           Lo tomó con fastidio, todo la ponía mal y en un taxi recorrió el trayecto hasta su departamento. Llegó, se cambió, la cubría una bata azul marino. Tomó dos vasos de agua, uno detrás del otro, se desplomó sobre su cama.

            Pensó en el sobre que dejò en la mesa de la cocina. Seguramente algún admirador cargoso, a esta altura, o algún viejo verde, de esos que nunca faltan, o algún pibe que se quería acostar con ella. Muchas más alternativas no manejó. De última ¿una carta de Jorge?

      Esos pensamientos la quebraron y, de sólo recordar situaciones, un ataque de nervios – mezcla de todo – la dejó exhausta. Se durmió agotada.

A la mañana siguiente se despertó abombada. Se levantó, fue por agua y se tiró agua en la cara, para sentir alivio. Encendió una hornalla, puso la pava para tomar unos mates. Observó el sobre aún sin abrir. Lo tomó en sus manos. Estaba dirigido a Rita y entre paréntesis a Mabel.

            El sobre tenia el Logo de una Unidad Policial de Buenos Aires. No entendía mucho. Lo abrió con curiosidad. Le temblaban las manos … “De la Policía ?” se preguntó.

La nota decía al comienzo: “Mi amada Mabel”. Seguía un texto largo y el cierre de la misma estaba firmado por Sergio (Sub-Inspector).

          Aquel chico que conoció a los 13 años, del que se enamoró y que, por decisión propia, dejó, al tiempo, se hacia presente con un carta.

         Sergio siguió la carrera de Oficial, en la Policía Bonaerense y algún día comenzó a rastrear a Mabel.

            Estuvo camuflado en el Floridita. Vio su desnudez ofrecida a un público morboso. Se dio cuenta del deterioro de su cuerpo, sus ojeras, su sonrisa obligada y fingida, sus ojos perdidos.

            No le contó de esto en su nota. Le escribió que, aunque hubieran pasado muchos años, él la seguía amando. Nunca la dejó de amar. En resumen, sólo eso.

El llanto de Mabel al leer provocó que sus lágrimas mezclaran bronca, tristeza, desazón … hasta transformarse en gotitas saladas de alegría que iba bebiendo, sin desperdiciar ninguna.

          Mabel agradeció internamente el hermoso gesto de Sergio, que la siguiera amando, pero también sabía que ni bien la viera no iba sentir lo mismo. Tenía muy claro su deterioro.

Lo que no pensó Mabel es que el amor verdadero, no tiene años, ni físicos, ni estados de salud.

Sergio, en su nota, le había dejado un número de teléfono. Ella se comunicó. Lo primero que le dijo fue que ya no era la misma, que había envejecido mucho y que no era digna de él.

           La dejó hablar y en cada silencio le decía: “te amo”.

           Se juntaron a tomar un café, como si fuera aquel primer café en el Bar frente a la Plaza del Pueblo.

 Ambos lloraron y sus manos no dejaron de estrujarse unas a otras.

Sergio logró el grado de Inspector. Un procedimiento relacionado con el “trato de blancas” le dio la posibilidad del ascenso.

          Ambos decidieron dejar la Ciudad y volver a sus entrañas.

No hubo Ceremonias, no hubo tiempo de hijos, pero sí de volver a disfrutar de su Pueblo querido, de sus familias y de sus amigos y, por sobre todo, de dejar el pasado atrás … ahí … donde debía estar …

Carlos Emilio Dentone

Trabajo realizado en el Taller de Narrativa, dictado por la Profesora Alicia Grinbak. Con sus modificaciones.

El Piria, un pájaro libre. (Fútbol y Amistad)

El Piria, un pájaro libre

Profesión, lo que se dice profesión, era la que tenía el uruguayo Alcibíades, el “Piria” le decíamos.

Algún día de 1965, no se supo nunca cómo, apareció en los pagos de Bernal Oeste, más precisamente en “La Soledad”, Barrio con cancha de “ once “ o cancha de “ once “ con Barrio, donde uno de los personajes inolvidables era el Negro Lovel, aquel boxeador que nunca vi arriba de un ring, pero al mirarlo caminar, ya “ cantaba “ su historia.

La cancha en sí tenía 2 arcos de madera despintados, sin red, las líneas del perímetro, de las áreas, de los corners, etc., era surcos, algunos de cierta profundidad que provocaron alguno que otro esguince; el pasto, …… bueno, pasto no tenía, salvo en algún rincón, lo reemplazaba la tierra y la polvareda.
Vestuarios, casucha de chapas, detrás de los arcos rodeados de sauces llorones y eucaliptos enormes que también tenían sus años.

De “ El Piria “ nunca supimos demasiado, era tan parco fuera de su profesión que ni siquiera sabíamos su apellido, su edad, su domicilio, si tenía familia, cuál fue la causa de venir a Bs. As., pero en definitiva, no sé si hubiésemos tenido algún beneficio conocer sus datos, pienso que su anonimato le daba marco a su personalidad.

Además siempre estaba ahí, donde tenía que estar, era de llegar primero y se lo veía irse, cuando ya la cancha le hacía méritos a su propio nombre, La Soledad.

Sábado tras sábado, semana tras semana, mes tras mes y año tras año, el Piria era uno de esos personajes infaltables junto a “ Viruta “, su perro de raza “ callejero “. Blanco, con manchas marrones, ojos vivaces y orejas largas. Viruta demostraba, con su cola incansable, que tenia orgullo por su amo, llegando con él, esperándolo 90 minutos o más … , haciéndole “ pata “ en el entretiempo y por fin acompañándolo de regreso, tomando la delantera como marcándole el camino.
Ambos, formaban parte del paisaje de “ La Soledad “, estaban tan presentes, como el mismísimo Lovel, como los sauces y los eucaliptos, como esos arcos de madera despintados.

Nosotros que teníamos una edad promedio de 17-18 años, formábamos un equipo que jugaba siempre de local, y defendíamos los colores de “ La Soledad “ contra otros Barrios, contra casados, contra solteros, contra otros equipos y contra aquellos que se animaban y hacían su desafío.

Como todos los equipos ganábamos, empatábamos y perdíamos, aunque varias veces los partidos se suspendía por causas varias, motivos que para cualquier “Potrerista” dejo librado a su imaginación.

Generalmente, o sea, todos los sábados nos reuníamos jugadores, técnicos, aguateros, público objetivo, hinchas poco objetivos, arcos, pelota etc., etc., etc., y siempre un lugar sin ocupar, un hueco sin tapar, una función sin cumplir, una profesión sin cubrir, un silbato sin soplar, exactamente lo que Ud. pensó:

Un Referi !!! Un árbitro !!! Un Juez !!!

Nadie quería asumir ese rol, nadie se responsabilizaba de semejante “responsabilidad”, hasta que un día, cuando pedimos a los presentes que alguno agarrara el pito … bendito día de agosto del ’65, un hombre de unos 40 años, más vale alto, morocho con algunas canas que se mostraban como al pasar, con un pantalón vaquero gastado de ninguna marca y camisa escocesa, estaba sentado sobre una piedra y se levantó en dos tiempos, como sintiendo su historia, apagó el cigarro con su pie derecho, acarició la cabeza de su perro, se dirigió con voz fuerte y firme, al grupo que esperaba ansioso el inicio del encuentro, gritó:
“ Yo dirijo, muchachos “.

Muy seguro de sí se encaminó hacia el centro de la cancha, nos convocó a todos y nos dijo: “ soy Referee y no tengo problemas en arbitrar el encuentro, eso sí … necesito el respeto de Uds.

El mismo respeto conque yo
los trato a Uds. Si estamos de acuerdo, se quedan conmigo los capitanes, ah! mi nombre es Alcibíades, pero no hay cuestión si me llaman “ Piria “.

Dicho esto, que fue tomado por nosotros y por los jugadores de “9 de Julio “, rival del día, con cierta sonrisa un tanto nerviosa, mezcla de: “ ¡ qué bárbaro ! y/o ¡ este loco de dónde salió !”, se quedó con Pedro N° 6, Capitán nuestro y con el N° 5 contrario que miraba al Piria, automáticamente miraba a sus compañeros y volviendo sus ojos al Referee se sentía extraño de esa situación.

Tal como Juez de Box, tomó a los capitanes de los hombros y les habló tanto, que desde afuera de la cancha se escuchaba aislado algún: ¡ dale Loco, dejate de sermones ! ¡ Empezá el partido, .. che ! hasta que por fin le dio la mano a ambos deseándole suerte y ahí comenzó el idilio entre La Soledad y El Piria, La Soledad con su historia y El Piria, con su “ Viruta “ y su silbato con su cinta roja que se enroscaba y desenroscaba en su dedo índice de la mano derecha, como agente de la Federal, en día domingo, vigilando su tranquila esquina.

Dentro de sus costumbres, el sorteo lo realizaba con el silbato. Con sus manos se lo llevaba a su cintura y como haciendo pases de magia lo encerraba en uno de sus puños y luego hacia elegir a uno de los capitanes, llevando sus dos brazos hacia delante y preguntando ¿ en qué mano está, señor ?

Siempre nos trató de señor, aún en situaciones fuleras, siempre nos decía señor. ¡ Siga señor ! ¡ No se tire señor ! ¡ Más despacio, señor ¡ ¡ Señor, la próxima se va a duchar ! ¡ Señor, no insulte !

Un día, en un entretiempo, mientras acostumbraba a fumarse un cigarrillo, alguien le preguntó por qué no usaba la moneda para el sorteo de arcos, a lo que respondió con lacónica voz: “ Perdí 2 ó 3 monedas al revolearlas y hoy la cosa no está para perder chirolas ” . Cuando tenía esas respuestas nos sacaba una sonrisa y una duda: qué tipo tan particular !!!

Previo al pitazo inicial tenia la costumbre de tocar el pasto con su mano derecha, miraba su reloj, y levantando su brazo derecho, hacía una seña como dando el OK del comienzo del partido a los supuestos Jueces de línea, o al público o a los técnicos o a Viruta, o vaya uno a saber a quien se dirigía.
Se hacía la señal de la cruz y silbato en boca, cuya cinta roja colgaba de su cuello, pegaba un pitazo que no era difícil que lo escucharan desde la cancha de la Bernalesa, cancha más pituca, con vestuarios, con las líneas marcadas con cal, cercada con ligustrina que quedaba a un par de cuadras.

Así fue que tuvimos un “ Señor Referee” al que no teníamos que llamar o rogar, ya estaba ahí, dispuesto a afrontar el próximo compromiso, y nosotros y hasta los contrarios, esperando que él estuviera dirigiéndonos con sus terribles errores, con sus pautas tan particulares, pero con toda la objetividad y todo el respeto por la profesión que Dios le había encomendado. Y Viruta, su perro, atestiguaba sentado frente a la piedra que solía usar como asiento el Piria, antes, en el descanso y después de cada partido.

Aprendimos un montón con él, que si bien tenía que ver con el fútbol ya que las asimilábamos en el mismo partido, hoy después de 30 años fueron cosas que nos quedaron para toda la vida:

  • El respeto por los compañeros.
  • El respeto por los contrarios.
  • El respeto por los técnicos, el aguatero y el público.
  • El festejo medido, la derrota con altura.
  • El aceptar y respetar al Juez.
  • El compartir la bolsa de agua.
  • El sentarse después del partido y sacar conclusiones.

Tanto dejó El Piria que me animaría a decir que fue parte del crecimiento en una etapa de la vida donde sin darnos cuenta se va forjando al hombre, al papá, al esposo, al hijo que siempre fuimos, a ser un hombre de bien, a ser hoy, un hincha de fútbol que disfruta y saborea de un Domingo, sin violencia y sin violentos.

Pensar que el Piria fue, a pesar de todo, un tipo más que agredido, más que insultado, más que despreciado, “cosas del fútbol dijera alguien, con todo eso en contra, siempre dando el ejemplo, no perdiendo su profesionalidad.

¡ Ojo ! Yo creo que algunos insultos los tenía merecido: nos hacía creer que jugábamos con Jueces de línea y estaba todo bien hasta que en algún gol que invalidaba te decía: ¡ Señor … ¿no ve al línea que marcó el orsay? y vos te volvías loco, pero luego lo asumías, lo aceptabas.

Seguía el juego tan de cerca que una tarde en esos partidos de barrio y cuando faltaban 3 minutos y empatábamos 2 a 2 con Juventud Unida, resultado con el cual salíamos campeones en un octogonal que “ premiaba “ con $ 500.- ( no recuerdo con qué moneda de las tantas que supimos tener o pretender), que acompañando la jugada en que el 7 de “ Juve” se fue por su punta y al llegar a la línea tiró un centro al medio del área que pasó al 9 de ellos y al 6 nuestro y por más que El Piria se agachó como esquivando el balón, no lo pudo evitar, le pegó en la mollera y la clavó en el ángulo, donde los arqueros no llegan, como no llegó Carlitos, nuestro arquero. Pitó, señalo el centro del campo y convalidó el gol.
Perdíamos 3 a 2.
Lo queríamos matar, el capitán nuestro nos quería frenar pero no pudo, cuando lo fuimos a empujar y a calzarle algún sopapo, sacó pecho, se puso firme y gritó: ¡ Señores el Juez es como un poste dentro de la cancha y si la pelota pega en el poste y entra es gol; esto es gol, señores y se acabó !

Mordiéndonos los labios fuimos a sacar del medio, terminó el partido, perdimos el partido y … la plata.

Nos fuimos cabizbajos a cambiarnos. Se acercó El Piria atrás del arco, discutimos, tuvo razón, se la dimos, compartimos una choriceada, El Piria la compartió con nosotros y con su Viruta.

Yo siempre trataba de acercarme y conversar sobre otras cosas, siempre me dejaba alguna enseñanza o alguna duda más que era una forma de aprender cuando le hacía alguna pregunta que no quería o no podía responder. Generalmente contestaba con otra pregunta, con lo que uno cambiaba el tema y a otra cosa.

Con el aprendí a mirar el cielo, las nubes, los pájaros y a disfrutar de la inmensidad y de las alturas, con solo observar. El siempre miraba el cielo.

La que nunca pude contestarle o contestarme fue: ¿ dónde mueren los pájaros libres que mueren ? y siempre que me ponía a mirar pájaros nunca me podía imaginar dónde morían … cuando morían.

Expulsaba muy poco, pero cuando lo hacía iba al encuentro del susodicho y le explicaba los motivos de la expulsión, tratando de darle las pautas para que disfrutara del juego, que gozara de lo que era un partido de fútbol.

Cuando conversábamos sobre esta actitud, nos dábamos cuenta que fuera el partido que fuera la cuestión era jugar y gozar, tanto como él jugaba y gozaba con cada partido que tenia el honor de dirigir.

Después de algunos años, este Referee objetivo y al que todos querían, formó parte de nuestro grupo; y si bien es muy difícil hablar de Amistad, yo no sé si él lo sabía, pero sí, yo sentía que El Piria era mi amigo y más de uno de nosotros lo consideraba igual.
Una tarde conversando en el final de un partido y entendiendo que no tenía un buen pasar económico, resolvimos hacer algunas “ vaquitas “ cada tanto y darle unos mangos.
Fue así como le vimos cambiar alguna pilcha, comprar un collar a Viruta, y su gran estreno: un par de botines de cuero con tapones que cada tanto se los miraba con orgullo intentando pegarle una lustrada frotándoselo con la pantorrilla de la pierna opuesta.

Todo esto, más el entorno de La Soledad, si bien no modificó su forma de ser, le dio una sonrisa que muy pocas veces habíamos visto anteriormente en él.
Se le notaba esa alegría de poder estar ahí, con su entorno, con su “ soledad “, con su silbato que no dejaba de dar vueltas en su cinta roja enroscándose y desenroscándose de su dedo índice de su mano derecha, creo que llego a sentirse un tipo pleno en el mas amplio sentido de la palabra.

A veces nos permitíamos darle “ un consejo “:
¡ no fume más Piria, aunque sea déjelo en el entretiempo !
¿Piria, Ud. anda comiendo bien? ¡ Está muy flaco, viejo !
Se encogía de hombros como asumiendo la verdad, pero como negando la realidad.

En cada partido se le hacía mas difícil “ aguantar el tren”, se fatigaba y los accesos de tos lo tenían mal, pero una vez que transcurrían 10 o 15 minutos de comenzado el partido, era otro se transformaba y comenzaba a gozar de su participación.

Empezó a disfrutar más de los terceros tiempos, las charlas, el compartir la gaseosa, creo que el también, íntimamente nos sentía sus amigos y hasta Viruta jugueteaba con mas ganas cuando volvían camino a su casa, … camino a su mundo.

En un partido que jugamos contra el Rayo Verde íbamos ganando 1 a 0 con gol de penal que nos dio él y “el línea”.
Sólo él lo vio, los del Rayo se lo comieron porque sabían que Piria era muy objetivo y si el lo había cobrado ¡punto!, pero, siempre hay un pero, expulsó a nuestro arquero por insultar a un delantero contrario.
Siii, a Carlitos, repacifico, un pibe buenisimo, pero Carlitos reaccionó, fue corriendo y le pegó una piña en la boca que le hizo volar dos dientes, dejándole partido el labio superior que largaba sangre como canilla abierta, y que todos tratábamos de parar, hasta el mismo Carlitos que se había dado cuenta de lo que había hecho.

Con mucha agua y pañuelos por suerte la sangre paró, y aunque los dientes ya no eran recuperables, nos saludó como siempre, lo abrazó a Carlitos, le dio una palmada en la cola, “ nos vemos el sábado “, dijo.

No fue el golpe en sí, sintió la pérdida del respeto.

Nos dimos cuenta que no le dolía la boca, le dolía el corazón. Tapándose la boca con un pañuelo se fue a sentar a la piedra de siempre, jugando con Viruta, que fue testigo de las curaciones que intentamos practicarle; hasta que al rato y como siempre se esfumaba siguiendo los pasos zigzagueantes de Viruta, cabeza gacha, manos en los bolsillos y su mente … que pensaría su mente?

Se había organizado un partido solteros contra casados con jugadores nuestros y de la Bernalesa, de ésos que no sabes cómo pero siempre ganan los casados, final con asado y guitarreada festejando entre otras cosas un juego de camisetas nuevas que conseguimos comprar luego de vender una rifa cuyo primer premio era una bicicleta, que si bien no viene al caso, el número premiado no se había vendido, la bici quedó para nosotros.

La decisión de regalársela al Piria no fue desatinada.

La previa del partido era diferente a la acostumbrada, era un encuentro amistoso, donde nos Mezclábamos con jugadores de los rivales de siempre. Las camisetas nuevas.., el asado del final.. las seguras “ cargadas de los casados a los solteros, y como broche final, sin actos ni palabras especiales se realizaría la entrega de la bici al Piria. ¡ Qué día inolvidable !
Casados empezó ganando el sorteo de las camisetas, solteros, de todas formas, luciría un juego seminuevo del equipo de la Bernalesa.

Empezamos a hacer el calentamiento previo, y después de un rato alguien dijo:
“¿ Che, y El Piria que no lo veo ? ” y otro respondió: “ ¡ Ya estará por venir, ése sí que no falla ! “ “debe estar haciendo flexiones para estar acorde al acontecimiento, mando otro, raro que el uruguayo no esté, acotó otro, che le avisaron que jugábamos?

Lo primero que se me cruzó en la cabeza fue que estaba enojado por el piñón del otro día. Me dije ya se le va a pasar.

Cuando pensé en eso, me corrió un frío por todo el cuerpo y la garganta me latía sin poderla frenar. Como hacíamos para ir a buscarlo, si no teníamos idea donde vivía. De todas formas me daba bronca que no viniese.
Esperemos un rato, ya vendrá.

Mientras tanto nos entreteníamos pateando alguno que otro tiro al arco, haciendo elongaciones, pero yo no dejaba de mirar la piedra vacía, su asiento.

Me distraje, cuando de repente y como de la nada, en un trote veloz y dirigiéndose al centro mismo de la cancha llegó fatigado como nunca, con el silbato con su cinta roja colgada del cuello, con su cola entre las piernas, sus orejas gachas, sus ojos tristes, Viruta buscaba a alguien. Me encontró a mí, subió sus dos patas hasta apoyarlas en mis hombros, le acaricié la cabeza, ni siquiera intenté sacarle el silbato, sólo seguí acariciando su cabeza, sus orejas, conteniendo su temblor.

Mire al cielo y nuevamente no me pude contestar:

“ ¿ Dónde mueren los pájaros libres … que se mueren ? ”

Carlos Emilio Dentone

Relato que forma parte de mi Libro:
Me olvidé del Mundial y otros Cuentos.