INVIERNO
Sos uno de los extremos … si de estaciones hablamos.
Tenés esa forma de aparecer tan tuya … que nos sorprende caminando y sin abrigo.
Te dirigís lentamente pero con firmeza hacia tu máximo pico, en la mitad de tu tiempo … como cada año.
Nos arrinconas en el calor de los leños y humeantes ollas de guiso visitan nuestras hornallas.
Sos promotor de la mesa familiar y nos haces desempolvar aquellos olvidados juegos de mesa, guardados desprolijamente ante tu última partida.
Obligas a cambio de abrigos y usos de gorros archivados.
Miras con soberbia al viejo mundo y le gritas: disfruten del sol … pronto estaré con ustedes !!!
Al tiempo nos acostumbramos y hasta estamos cómodos con más de un pullover, campera, gorro y bufanda, y el espejo nos cuenta que engordamos con lanas.
En nuestras cuchas no contamos las frazadas, sólo agregamos una más.
Nos quitas parte del sol diario, achicas la luz de los días … te llevas a indigentes sin leños, sin ollas, ni gorros, ni frazadas, ni juegos de mesa, ni siquiera engordan con lanas. Nadie los cuida, triste, pero estás al acecho buscando a tu próxima inocente víctima.
Tu música triste, se luce en el violín de Vivaldi o en el “fueye” de Piazzolla.
Todo es una mezcla, hay quienes te aborrecen … hay quienes te adoran.
Me quedo pensando y, sin dudas, tenés un don especial. Quizás, como ninguna otra estación, en tu comienzo, recoges las últimas hojas ocres y crujientes a cada paso y, en tu retirada, justamente en tus últimos dias comienzas cautelosamente a dar paso a ese hermoso sol, anunciando un nuevo vuelco en las hojas del almanaque … de cada vida.
Carlos Emilio Dentone

Excelente Carlos !!!!
Me gustaLe gusta a 1 persona
Muchas gracias.
Me gustaMe gusta