«ÚLTIMO DÍA EN EL TEATRO”
Ángel saludaba con sus brazos extendidos al elenco de la obra que acababa de finalizar su actuación, en otro fin de semana, en aquel teatro pueblerino.
Al borde del escenario Ángel, prometía a los actores que muy pronto tomarían una cerveza todos juntos, pero esa noche, esa noche, necesitaba estar solo.
Le hacía falta recorrer, en soledad, cada rincón del teatro, acariciar la escenografía, entrar a los camarines y acomodar uno que otro espejo, apagar las luces, ordenar muy sutilmente el vestuario, darle una mirada a los baños, arreglar una grieta en la pared, ajustar las sogas que abrían y cerraban el telón, probar la fidelidad del sonido, buscar su tema preferido: “Tantti Anni Prima”. Esa música que siempre fue un “mimo” para sus oídos.
Y las luces !!!… su gran obsesión !!!
Así fue que, muy lentamente, se impregnó de cada célula del teatro, de su teatro …
Apagó todas las luces a excepción de “un seguidor” que dejó encendido tenuemente en el centro del escenario.
Le dio “play” al equipo de música.
Muy suavemente, colocó una banqueta hacia donde se dirigía la luz. Se sentó sin dejar de observar las butacas solitarias y silenciosas, cerró sus ojos y su mente lo llevó a pensar en esta, su última noche en las tablas.
Su retiro, su jubilación, habían sido un hecho. Hoy se jubilaba.
Sin solución de continuidad, su mente comenzó a divagar y, en ese transitar de recuerdos que iba, desde su niñez hasta el mismísimo momento del que estaba viviendo … disfrutando o sufriendo …
Esa mezcla de vivencias ya no permanecían en su mente, su corazón con cada latido respondía por sus pensamientos.
Su voz comenzó a aflorar…
“NIÑEZ”
Lo primero que le surgió fue aquella niñez, dura, sin amor, sin afectos, con pocos recursos económicos familiares.
Su padre, un pianista y poeta, sumido en el alcohol, bohemio por naturaleza, falleció muy joven.
Con él pudo disfrutar de su música, sus poemas y aquellas salidas que siempre estaban vinculadas a las actividades artísticas. Salidas escasas, pero más que afectivas y especiales.
Su madre, ama de casa y costurera, poco se dedicaba a su familia, ni siquiera transmitía amor en un plato de comida … cuando lo había …
Ángel vivía en su “bunker”, una habitación cuya humedad en las paredes le representaba dibujos, no siempre con las mismas figuras.
En un rincón, su catre desvencijado, a su lado un cajón de manzanas forrado con papel barrilete, que hacía las veces de mesa de luz, una pequeña lámpara con luz mortecina y su inseparable radio portátil, uno de sus pocos tesoros, que cuidaba celosamente.
Así como su habitación le resultaba una especie de protección, ante las discusiones de sus padres o el ambiente con falta de calidez, la escuela le resultaba un lugar más acogedor, un espacio para compartir, un sitio para jugar con pares. A pesar de haber tenido algunos enfrentamientos con compañeros por algún tema de competencia, de desacuerdos y no compatibilizar con todos los de su grado, era su lugar en el mundo.
Al tiempo de partir su papá, su madre formó pareja con un empresario de buen andar económico.
Nunca entendió cómo su madre se había relacionado con este hombre. Lo veía como de otra clase social.
El empresario recalaba poco en Buenos Aires, vivía esporádicamente en Palermo Viejo, ya que su actividad lo encontraba diez meses al año viajando por distintos lugares del mundo.
En estas condiciones la vida de Ángel se podria transformar, viajar, tener buena vida, conocer otros países y lucir un “nuevo papá”.
Su mamá lo convocó a sumarse a esta familia “a estrenar” o bien quedarse en Buenos Aires, más precisamente en un internado de menores, hasta su mayoría de edad, lugar que su madre ya tenía en vista, para el futuro de su hijo.
Ángel no había sido un hijo buscado, un hijo deseado.
Una borrachera, una noche, la ceguera del alcohol y una esposa que solo se acostaba con el marido para complacerlo y ceder a sus caprichos, para que no se pusiera agresivo.
El hijo que llegó en esa circunstancia y que se crío en un ambiente que de familiar tenia muy poco, más justo sería decir, no tenía nada de familia.
Para su madre, Ángel, siempre fue una carga, ni siquiera recordaba la fecha del cumpleaños del chico o bien se “olvidaba” porque no justificaba un festejo, que, además, «equivalía a un gasto».
Con su padre había otra relación, quizás ese vínculo padre-hijo no era el habitual en una familia tradicional.
Se ligaban por la música, por los escritos, por una salida compartida a un café y por una de las pasiones que tenía su padre: El teatro.
Con esos temas se abrían diálogos, compartían lindos momentos, qué eran útiles para formar ese vínculo, que muchas veces se crean entre padres e hijos, mezclas de una sana amistad, las diferencias de edad, colocaban al padre en una situación de “consejero” y Ángel se nutría de cada conversación.
Esta forma de vincularse hizo que Ángel amara a su padre, claro, no conocía otra forma de amor.
A sus trece años rechazó de cuajo la integración a esta nueva propuesta de familia, que le ofrecía su mamá.
No lo convenció.
No quiso tener un nuevo papá.
No le hacía falta.
Prefirió tener el recuerdo constante de su papá, que le proporcionaba más de una emoción.
Recordaba que en su fallecimiento, no tuvo lágrimas, quedó en un estado raro, no entendía la muerte y menos darse cuenta que ya no tendría con quién compartir un cafecito, cuando no … el premio de una leche chocolatada !!!
No lo lloró, pero al pasar el tiempo, cada vez que le venían a su mente parte de los recuerdos, sus ojos automáticamente se le llenaban de lagrimones. Sensación que nunca había vivido en su corta historia de vida.
Nadie podia reemplazar a su papá y al no sentír un aprecio siquiera por su madre, su vida cambió.
“EL INTERNADO”
Resultó que a los dos meses de aquella propuesta, ingresaba al Internado, cárcel de jóvenes que deambulaban sin familia.
Allí vivió los peores días de su vida, con todo lo que conlleva la mezquindad, la injusticia, la inseguridad, la poca solidaridad, salvo un par de chiquitos que adoptó como amigos, el resto formaba un ambiente muy hostil, muy agresivo.
Días interminables, que solo encontraba algún consuelo cuando le servían una comida pasable y saber que contaba con una cama, quizás en mejor estado que aquel catre.
Su estadía en ese lugar lo hacía pensar … por demás.
Un crecimiento y una maduración a los golpes, que a la postre le dieron experiencia, pero muy sufrida.
Se preguntaba y analizaba cada historia de vida de cada compañero, cuando podían conversar libremente. Le ayudaron tambien a madurar, sacando conclusiones, sobre vidas ajenas, a tan temprana edad.
Una de las preguntas que se hacía Ángel era:
Los chicos eran culpables de estar metidos ahi?
Sin entender demasiado seguía con sus preguntas:
Sus familias los habían abandonado por desamor, por falta de recursos?
Una sociedad “toda” les había dado la espalda ?
En sus ratos de soledad, seguía pensando, cuestionaba al Estado, aún sin saber realmente de qué se trataba:
Un Estado que no se ocupó de aquellos desprotegidos ?
Se le mezclaban todas las respuestas.
Sólo el estaba seguro de los motivos del porqué él estaba ahí, tenía claro su derivación al Instituto, y hasta tenía temor en pensar y menos aún, pronunciar la palabra Amor.
«LA FUGA”
Tras dos años de penurias, planeó su fuga. No le resultaba difícil hacerlo, pero también sabía que, de fracasar en el intento, su vida corría peligro, aunque no era temeroso.
Y se largó a la vida, casi sin conocerla.
Después de una cena y con la orden superior de:
– Vamos !!! Hora de ir a la cama, gusanos !!!
Cómo soldaditos novatos, los chicos se encaminaban a sus “cuchas”. Sin siquiera permitirse ninguna broma entre ellos, porque si no ‘bailaban” como en la ‘colimba”
Ángel caminaba respetando la fila, con cabeza gacha, pero no dejaba de observar los pies de los cuidadores, a medida que avanzaban.
Tenía planificado que en el medio de un largo pasillo lúgubre, que recorría cada noche, había un armario enorme con cajones, estantes, puertas, siempre vacío.
Se iba a esconder, entrando por una de las puertas que un par de horas atrás y al pasar la había abierto disimuladamente.
No tenía cómplices, ni siquiera, había comentado con nadie su plan de escaparse.
En un instante logró meterse en esa puerta de armario y se quedó agachado, casi sin respirar.
Algunos compañeros vieron el movimiento pero nadie dijo nada.
Se quedó escondido en un rincón del armario, cerró la puerta, y la transpiración y la ansiedad, hicieron que estuviera empapado.
También tenía estudiado que uno de los guardias, cuando le tocaba el control del portón principal del edificio, tenía un sillón viejo y desvencijado, a un costado de ese portón, dónde solía esconder una botellita, una petaca, con alguna bebida alcohólica. Las veces que pudo verlo, ante alguna levantada de madrugada, a las corridas o saltos de rana, por algún desorden que causaban los pibes, este hombre y ante el ruido que se generaba en el pasillo, seguía durmiendo plácidamente tal como un borracho cansado.
Dentro del armario contaba los minutos mentalmente. Tenían que pasar dos horas mínimo, para que lo estudiado se convirtiera en realidad, con la esperanza que nadie transitaría por el pasillo.
Con movimientos lentos pero seguros fue abriendo la puerta, nadie en el pasillo y a unos veinte metros divisó claramente al guardia, que cumplía con su ritual de dormirse despatarrado.
Fue caminando con precisión y solo tenía que encontrar un aro de alambre que contenía varias llaves, siendo la más grande la que abría el “portón de la libertad”.
Tras una mirada por todo el sillón, encontró el llavero que, con el dedo índice de su mano izquierda, lo sostenía aquel hombre de la petaca.
Muy despaciosamente fue sacando el aro del dedo del guardia, quien en un momento dio como un suspiro, pero no opuso resistencia. Ni enterado estaba de lo que sucedía.
Ángel, con el llavero aferrado a su mano, se quedó tras una columna por un rato, desde donde observaba y estudiaba cómo colocar la llave, cómo abrir los cuatro cerrojos, sin hacer el menor ruido.
Por el fondo del pasillo observó la silueta de un celador, que cruzaba de la cocina a uno de los baños, cuya mirada se dirigió al portón de ingreso, pero su paso fue fugaz.
Se sumaban más gotas de transpiración en el cuerpo de Ángel.
Fríamente pensaba que estaba saliendo todo perfecto, fruto del estudio que había realizado con horarios, personal, movimientos, ubicaciones, etc.
Todo en su mente. Única testigo.
Ángel no tuvo inconvenientes en abrir los enormes cerrojos. Ya los había lubricado con aceite de cocina, para evitar ruidos. Fue toda una estrategia, aprovechaba cuando lo mandaban a limpiar el pasillo o el hall de entrada, también la lustrada del portón y cuando no, los escalones de la entrada.
De esa forma tenia la oportunidad de conocer centímetro a centímetro la zona de entrada y salida al edificio. Desde el primer día que ingresó su meta era escaparse.
Solo le quedaba colocar la llave y darle las tres vueltas para abrir. Otro suspiro del guardia lo dejó congelado, pero se dio vuelta y siguió durmiendo plácidamente. La llave ingreso en la cerradura, como pasando un hilo por el ojo de una aguja, hizo girar las tres vueltas, muy lentamente hasta que percibió el aflojar del portón, ya sin trabas, listo para la apertura. Con precisión de relojería, se quedó sin moverse, un par de mínutos y luego procedió a abrir la hoja del portón, tan poquito la abrió, que le costó pasar, aunque su fisico era el de un chico delgado, pero pasó. Dejo la llave del lado interior y cerró tan despacio y tan silenciosamente como cuando abrió.
Ya había logrado su libertad y desde el escalón donde estaba parado miraba hacia el edificio y no le causaba ningún efecto. No le interesaba volver ni con el pensamiento a esa cárcel de pibes abandonados.
Bajó los otros escalones y pisó la vereda, giró nuevamente su cabeza hacia el portón y por dentro dijo: Chau chicos !!! Suerte !!!
Fue caminando sin prisa hacía la primer esquina, un par de perros vagabundos le ladraron, pero sin atacarlo, se sorprendió y pensó: «salgo de una cárcel y tendré que entrar en otra? En sus primeros pasos en libertad, pensó «que será de la calle? Que será del mundo?»
Ya entrada la madrugada, con la soledad del paso de las horas, fue caminando lentamente, con las manos en los bolsillos, con miedo, pero con la convicción que lo esperaba una nueva vida.
En ese momento hubiese querido tener una toalla para secarse, pero imaginó que caminando y con la brisa se secaría solo.
«POST-FUGA»
Así fue que caminando por la Plaza Dorrego, llegó a Plaza de Mayo, recorrió el frente de la Casa Rosada y cruzó en dirección al Cabildo, tomó Diagonal y llegò a la Avenida Corrientes, aún iluminada y matizada con las siluetas de algunos laburantes que salían de sus trabajos.
La Avenida Corrientes lo paralizó, recordó instantáneamente a aquellos teatros a los que su viejo lo llevaba.
Recordó aquel “brazo con brazo” que sentía estando sentado en butacas contiguas con él, recordó algunas obras que habían visto juntos, muy difusamente le vinieron a la mente Tincho Zabala, Marianito Bauzá, Paulina Singerman, Pablo Palitos …
No tardaron en brotar sus lágrimas, está vez sin tristezas, eran gotas de emoción y en esa emoción, le vino a su mente aquellas noches que con su radio portátil escuchaba la LS4 Radio Porteña, donde transmitían Obras directamente del teatro y le causaba una sensación hermosa si transmitían alguna Obra que ya había visto.
Caminando y ya descubriendo el amanecer, llegó a Plaza Italia, la Estación Retiro.
Ángel … un transeúnte más, en la vorágine de gente que raudamente se dirigía a cumplir con sus obligaciones.
Subió al primer tren que salía, sin conocer el destino, era la primera vez que viajaba como polizón … “un polizón hacia la vida”
Logró sentarse en el suelo del vagón de carga, ignorado por el guarda que, cada tanto, pasaba sin interés en picarle el boleto.
Rendido, se durmió en el piso. Lo despertó, al tiempo, el silbato del tren y la voz de alguien que gritaba, en su última frase, “… Parando en todas !!!”
Se levantó confundido y, con el tren arrancando, se tirò de la formación, y se dirigió a su nuevo destino… aquel que no conocía.
“SU NUEVO PUEBLO”
Caminó por el andén buscando una salida.
Vio una calle en diagonal a la estación y, luego, se dio cuenta, por algunas marquesinas y carteles de negocios, que lo llevaban al centro del pueblo.
Cansado y vivenciando una especie de locura, deambuló por distintas calles, entremezclándose con gente común, vecinos que caminaba sin ningún apuro.
Comparó las corridas de la gente por abordar el tren en Retiro y esa paz conque transitaba la gente del lugar.
A medida que se fue tranquilizando, le despertó el hambre y, al pasar por una verdulería y con mucha vergüenza, pidió algo para comer … aunque sea una manzana …
Con una sonrisa, el verdulero le dio una, le agregó una banana y dándole una càlida palmada le dijo “Buen provecho hijo”
Agradeció tímidamente con su cara roja de pudor y esa palabra “hijo” que poco había escuchado, hizo que nuevamente brotaran lágrimas que iba tragando mientras le bajaban por las comisuras de sus labios.
Se sentó en un umbral, mientras masticaba con avidez, le volvieron a su mente los frentes de los teatros que había visto horas atrás en la Av. Corrientes, las manos de su viejo tocando el piano y su radio portátil.
Sin buscarla, le afloró una sonrisa.
Saliendo de la nostalgia, había llegado el momento de pensar en lo que iba a hacer.
Tenía que accionar rápidamente y rendirle homenaje y agradecimiento a su fuga, poniendo en practica esa nueva vida, que, si bien no había planificado, estaba dispuesto a tomarla como otro desafío.
“LA PENSION”
Se levantó y continuó su marcha, sin saber hacia dónde se dirigía.
Luego de mirar con atención cada casa, cada comercio, se topó con un cartel que indicaba “Pensión Amelia”.
Se quedó pensando cómo haría para tener un lugar donde parar.
Decidió golpear con esa manito de hierro que hacía las veces de timbre. Una señora mayor, Amelia, salió a su encuentro:
- Si muchacho qué anda buscando?
- Balbuceando, Ángel le contó, en un acotado resumen, de sus últimas horas y de su necesidad de un lugar para dormir y comer, pero obviamente, por toda la circunstancia vivida, no tenia dinero.
Doña Amelia lo miró de arriba abajo, dándose tiempo para darle una respuesta:
“Sin plata, imposible”, le respondió, mientras le sacaba de su mano la cáscara de banana para tirarla en un cesto de basura.
Ángel le agradeció, pidió disculpas y, con la cabeza mirando al piso, giró para retirarse de la puerta, dio cuatro pasos y Doña Amelia lo llamó.
- “Ey, muchacho, veni ! Te animas a ayudarme con los quehaceres de la pensión? Trabajaste alguna vez?
Sin pensarlo, Ángel le respondió que “ Sí !!! “, (mentira piadosa) con gesto suplicante, y agregó que no tenía inconveniente alguno, sólo quería saber si ella le iba a pagar algo, como para encontrar un lugar para dormir y tomar un baño.
A lo que recibió como respuesta que, si hacía bien las tareas y se portara bien, ella le daba una habitación pequeña, un baño compartido y un lugar con cocina para preparar su comida.
Ángel se llenó de alegría y exultante le dijo que él iba a hacer lo mejor posible, lo que ella le indicara. Le surgió de abrazarla, como aquel que pocas veces pudo ofrecer y que nunca recibió
Y ahí se quedó, disfrutando de aquel sentir
- Vamos !!!, no es momento de llorisqueos que hay mucho trabajo por hacer muchacho !!!, parodió Doña Amelia. Así logró su primer “trabajo”, en un lugar desconocido, pero que ya lo había cobijado.
No tardó en darse cuenta que, casi sin quererlo, hubieron, en un muy corto tiempo, tres compinches que, a veces, es necesario encontrar o cruzarse con ellos, para sentir que una vida puede dar un giro positivo: El guarda del tren, el verdulero y Doña Amelia.
Aún iba a aparecer un cuarto, Don Alcibíades, un vecino que tenía como proyecto, la construcción del primer teatro del pueblo … todo un sueño !!!
Sentía que la vida o algo lo estaba tomando, lo estaba considerando, lo estaba compensando, lo estaba acariciando …
“PEÓN DE ALBAÑIL”
Qué tenía que ver Ángel con Don Alcibíades … ?
A los meses de estar en la pensión y en sus rutinarias caminatas por el pueblo, luego de cumplir con sus tareas en lo de Amelia, Ángel observó un cartel en una obra en construcción:
“Se necesita peón de albañil”
De inmediato Ángel golpeó las chapas de la obra en construcción y el encargado salió, habló con él, le comentó que si el dueño de la edificación estaba de acuerdo podía comenzar al otro día.
Don Alcibíades !!! , con quien, sin saberlo, compartiría un proyecto qué, en definitiva, sería también su gran sueño.
Luego de una charla, se pusieron de acuerdo para el comienzo del trabajo. Ángel solo le pidió que lo tenía que consultar con Doña Amelia, «ella es muy generosa conmigo y no quiero dejar su trabajo sin que ella esté de acuerdo», acotó y Don Alcibíades aceptó con un gesto afirmativo.
Al día siguiente comenzó a trabajar, previa consulta con Doña Amelia, quien lo aprobó, lo apoyó y le demostró su alegría.
Esta vieja no se equivoca !!!
Bravo muchacho !!!
Vas a tener otro tipo de trabajo, quizás más duro, pero vas a ganar más dinero, vas a aprender un oficio y un día, un día cualquiera, me vas a regalar una flor, es el mejor obsequio que me podes hacer. Sabes que yo no pude tener hijos y siempre soñaba o pensaba de joven, que cuando tuviera un nene, un día me iba a traer una flor de regalo. Para mí la flor es el símbolo del amor. Se abrazaron como aquella vez, tan fuerte como pudieron. Lo que acababa de decir Amelia le llegó profundamente a Ángel y nuevamente aquella mujer tuvo que contener el llanto del muchacho, con una de sus «salidas» para amainar la emoción que también ella sentía
“EL TEATRO”
Cómo le sentenció Amelia el trabajo era duro, pero lo hacía con tanta voluntad y alegría, que no solo superó lo bravo del trabajo, sino que era su gran ilusión, tener un trabajo, donde tenían que edificar un teatro, justamente un teatro, con lo que significaba eso para Ángel.
Un domingo Amelia lo invito a comer unos ravioles caseros, ya que sabía que era su comida preferida.
Al mediodía y disfrutando del aroma a tuco, Ángel se encaminó hacia la cocina y portaba en su mano derecha aquella flor que significaba el cumplir con el sueño de Amelia.
La entrega de una rosa blanca la sorprendió.
Volvió ese abrazo fraternal y ahora fue Ángel, con una broma, aminoró el llanto y la emoción de la mujer que, una vez repuesta le agradeció tan preciado regalo y sumó una frase que conmovió a Ángel:
- No tenés edad para ser hijo mío, podrías ser como un nieto, pero desde aquel día en que viniste a la pensión, te sentí como alguien que yo iba a estimar. Hoy te quiero como a un hijo.
Gracias !!! Palabras suficientes para vivir un mediodía con mucha alegría y eso de: “te quiero como a un hijo”, ahondaron fuerte en Ángel, momento en que entendió lo que significaba un hijo, lo que significaba una madre.
Pasó el tiempo, un par de años y algunos meses y … el teatro se inauguró con la presencia de distintas autoridades, una banda pueblerina dándole marco musical al evento, todos los vecinos y la presentación de una obra de teatro: “Mi hijo el doctor” de Florencio Sánchez, con actores vecinos del pueblo, formados también de la mano de Don Alcibíades.
Ángel fue testigo y parte de todo el proceso, desde los cimientos hasta este día inolvidable.
No sólo como peón de albañil, sino desde un rincón y medio oculto, seguía todos los ensayos de lo que iba a ser el broche de oro del evento.
En todos esos pensamientos volcados en palabras, en la soledad del escenario, Ángel fue narrando esa parte de su vida. Lo hizo de una manera instantánea pero contundente.
“LOS REEMPLAZOS”
De pronto se levantó del banco y yendo a un rincón del escenario, buscó una bata de satén, del vestuario del teatro y encendió un habano. Misteriosamente la luz que iluminaba el centro del escenario, más precisamente su banco, siguió iluminándolo.
Luego de dar unas pitadas y caminando despaciosamente, sacó el banco, testigo de recuerdos, y lo colocó en una punta del escenario.
De uno de los pasillos tomó un balde y una cuchara para preparar concreto, con arena, cal y cemento.
Caminando por el escenario y preparando la mezcla, otros recuerdos lo invadieron, le rondaron por su mente, hasta que volvió a transformarlos en palabras.
Comenzó diciendo:
- “Es increíble cómo los pensamientos interceden con la mente y se apoderan de uno … “
Ya con mucho énfasis y casi al borde de la actuación enajenada, recordó cuando lo convocaron para el reemplazo de un actor que no podía asistir a la función de la obra presentada en ese momento en el teatro de Don Alcibíades.
Como tenía el libreto y el guión en su memoria, no tuvo inconvenientes en desarrollar el rol, recordando el aplauso del público y a sus vecinos que terminaron aclamándolo !!!
Sin tener una pausa en su relato continuó:
Ya les conté de mí niñez y de a poco fui llegando a la noche de hoy. Lo que no saben es sobre otros reemplazos que hice en distintos teatros. Escuchen … Es alucinante !!!
Recordó el día en que Cecilio Madanes lo convocó a reemplazar a Miguel Ángel Sola, nada más ni nada menos que en la obra “Equus” de Peter Schaffer junto a Duillo Marzio.
- “ Pasé momentos difíciles al tener que salir a escena desnudo y el cruel ataque a los caballos, pero lo hice”.
Otra linda experiencia me la brindó Roberto Durán. En “Convivencia” tuve que reemplazar a Luis Brandoni junto a Federico Luppi y Cecilia Censi, allá en el Tigre, con semejante tormenta sumado al desborde del río.
Otra vez a desnudarme. Aquella obra de Carlos Mathus, junto a Antonio Leiva y gran elenco, tuve la dicha de participar en “La Lección de Anatomía” en aquel subsuelo del teatro de la Av. Santa Fe. Qué manera de correr !!! Cuánta emoción ¡!! Cuánta vida sintetizada en un escenario !!! Ese abrazo del final con el público !!!
Un día del año 1977, Agustín Alezzo me llamó para actuar en un rol de mujer, nada más ni nada menos que reemplazar a Hedy Crilla, en el papel de Maude en la obra “Solo Ochenta” junto a Norberto Díaz. Un trabajo totalmente diferente a los anteriores, representando a una abuelita.
Fascinante fue hacer el papel de Dragoar. ese me lo ofreció el Tato Pablosky, en la obra «Camaralenta» reemplazando a Carlitos Carella. Al lado de Bettiana Blum y el mismo Tato !!! Que difícil se torna el entrenamiento de un boxeador en el ocaso de su carrera.
Laura Yusem me convocó a cubrir el rol de Juan Leyeado en «Camino negro» de Óscar Viale, junto a Miguel Ángel Solá y también Betiana en aquella lúgubre gomería del Camino.
En su último recuerdo lloró con desconsuelo, quizás porque el tema de la obra lo conmovió como a tantos que, por distintas razones, emigran o intentan alejarse del país, dejar su tierra, sus amigos, su familia … No es fácil pero, a veces, es necesario. No deja de ser un exilio. El papel de Patricio Contreras en “Made in Lanús” de Nelly Fernández Tiscornia, con Marta Bianchi, Leonor Manzo y Luis Brandoni. “El Negro”, el mecánico de barrio, convencido de irse a Estados Unidos … “ Strangers in the nighttt … !!! “ (cantando ).
Con una risa alocada mezclada con lágrimas, dirigiéndose a las butacas, grito: “Ustedes …ustedes no me van a creer, pero esas Obras en las que hice los reemplazos, también las vi con mi Viejo … como le gustaba Solá, por eso me animé a hacerlas … por mi Viejo …”
Abruptamente dejó de recorrer el escenario, sabiendo que, su mente había volado a un mundo inalcanzable.
De todas formas continuó:
- Qué pena que Doña Amelia no me llegó a ver en alguna actuación, le hubiese dedicado cada una de ellas, le hubiese reservado una butaca en la primera fila.
Cuando partió, un día de mucho frío, le pude gritar: Adiós Mamá, nos vemos pronto …
“CARTA DE DON ALCIBIADES”
Ángel, a pleno llanto y con la voz elevada, en esta “última actuación”, escuchó que golpeaban la puerta.
Se acercó con muchas dudas porque a esa hora de la madrugada no andaba nadie por ahí.
Encontró en el piso un sobre de papel madera, dirigido a él, que alguien había deslizado bajo la puerta.
A medida que retornaba al centro del escenario, lo iba abriendo ansiosamente.
Era una carta de Don Alcibíades.
Dentro del sobre, además de una carta, contenía dos sobres más pequeños …
“¿Que será esto?” se preguntó.
Milagrosamente la voz de Don Alcibíades se escuchaba resonar en aquella sala en penumbras y con el silencio y respeto de esos espectadores imaginarios.
«Querido Ángel, ya sabes que tuve que viajar por unos trámites a Capital. No sé cuántos días me ocuparan, pero aprovecho y hago una consulta médica. No quería estar ausente en este día tan especial para vos.
“ Ante todo, quiero agradecerte por lo que hiciste por mì, por este teatro y por este pueblo que te cobijó, al cual le has pagado con creces.”
“ Fuiste un poco el hijo que no tuve y el hermano que se necesita, mi hombre de confianza, mí amigo, mi fiel peón de albañil “.
“ El otro dìa pensaba, Ángel faltó sólo por tres dìas al trabajo, una bronquitis que te tuvo mal, te acordás?
“ Nunca quisiste estar fuera del teatro, por eso la habitación del fondo fue tu casa, tu hogar. Creo que disfrutaste vivir allí y ser el alma custodio que no dejaba de recorrer el teatro en las mañanas, en las tardes y en las noches”.
“ Mi querido Ángel, es hora de comenzar a disfrutar de tu jubilación y de dejar esta rutina del trabajo. Quiero que descanses, que goces de la vida. De todas formas, siempre serás bienvenido. Esta es tu casa”.
“ Por último, permíteme que te haga un par de atenciones. Dentro del sobre tenés un pasaje, con estadía paga para que visites Grecia, cuna del teatro. Yo no pude cumplir ese sueño, pero me hace feliz que lo realices vos.
El otro papel que encontrarás es un “Vale” por una casita, modesta que será de tu propiedad, ahi nomás del teatr …, a dos cuadras. Tenés que tener tu casa y tus comodidades. (A mi regreso, quién sabe cuándo … nos veremos y confeccionamos la documentación !!!) “
“ Te dejo mi cariño y un fuerte abrazo !!!”
Conmovido, Ángel giraba su cuerpo, como captando todo el teatro para sí. Se sacó la bata, retomó el balde y la cuchara con cemento y, recorriendo todo el escenario, comenzó su último relato:
“RESPUESTA DE ANGEL”
- “ Gracias Don Alcibíades, gracias por todo !!! “
Mientras le agradecía, de su boca salían otras palabras dirigidas a esos compañeros que sólo él veía:
- “Las luces están en orden ?“
- “Probaron el equipo de música, bien el sonido ?”
- “Le agradezco todo Don Alcibíades, Usted fue y es un padre para mí !!!“
- “Cierren el telón que ya damos sala !!! Vamos !!!”
- “Siempre le estaré agradecido por todo lo que hizo por mì !!!“
- “Vamos, esa mesa va más al medio, no tiren el jarrón !!!”
- “No se tropiecen cuando les toque entrar !!!“
- “Pero sabe que, Don Alcibíades, el viaje a Grecia representa a mi corazón recorriendo cada espacio del teatro, yo viajo continuamente aquí, para mí esta es la cuna del teatro …”
- “Vamos, que en diez minutos salimos a escena !!! “
- “Ultimo toque … vamos maquillaje !!! “
- “Vamos que hay gente haciendo cola, otra noche a “pura Merd” !!!”
- “Cinco minutos y a escena !!!”
- “ Listo, salaaaaa !!! “
- “ Y la casa … esta es mi casa … este es mi mundo … este es mi sueño, Don Alcibíades… “
- “ Vamos chicos, yo tengo que hacer un parche en la pared del fondo y ya vuelvo !!!… ustedes … ustedes a trabajar … Vamos … !!!“
«AFLORAN LOS RECUERDOS»
La música continuaba sonando y Ángel se retiraba por un costado del escenario con su cuchara y su balde de albañil, mientras que el seguidor lo iluminaba y que recién se apagó cuando Ángel desapareció por un pasillo del teatro, por ese pasillo que lo conducía a su libertad, esa libertad para la cual no tenía necesidad de abrir ninguna puerta, ningún portón, ni siquiera salir a la calle, era su mundo, aquel mundo que su papá le había mostrado de niño: el teatro !!!
Sus sufrimientos de niño fueron compensados con haber vivido lo vivido.
Mientras de sentaba en la cama de su habitación del fondo, cruzaron por su mente mas recuerdos a partir de tiempos de niñez, su hogar, las salidas con su padre, la partida que no entendió, la negación a la propuesta materna, el instituto de menores, la noche de la fuga, el guarda, su caminar en la madrugada de la Capital, el tren , aquel guarda de tren, el verdulero del nuevo pueblo, Doña Amelia y esa «Auto-adopcion» como madre e hijo, Don Alcibíades y su teatro, la inauguración, sus reemplazos, la carta de Don Alcibíades …
UN PÉTALO
Todo lo hacía llorar … Todo lo hacía sonreír … Pero sentía que algo le faltaba, sentía una ausencia, se sintió como que algo debía … que mejor, se dijo, que comentarlo con el público …
Se dirigió nuevamente al escenario, la iluminación continuaba siguiéndolo, el tema Tantti Anni Prima comenzó a escucharse muy suavemente, dirigiéndose a ese público imaginario, tomó un micrófono y habló por última vez:
Mamá yo sé que desde algún lugar me estás mirando, yo sé que me estás abrazando, yo sé que estuviste en muchos pasos que fui dando en mí vida, yo sé que me amas como yo te amo.
Ángel sintió el aplauso fuerte, cerrado, respetuoso de aquel público ausente que entendió que no estaba actuando, estaba sintiendo, estaba hablando con su mamá, la estaba besando y abrazando, ese beso y ese abrazo, que dan los hijos cuando comienzan a entender la vida, sabiendo que para entender la vida nunca es demasiado tarde.
Se generó un silencio muy especial, cesaron los aplausos, la música dejó de sonar, el seguidor dejó de alumbrar a Ángel.
La luz se dirigió a lo alto del teatro y continuó iluminando todo el recorrido del pétalo de una rosa blanca que suavemente caía balanceándose y se depositó en el centro del escenario, justo … justo, al lado de Ángel, que arrodillado, seguía dando gracias a su público.
Carlos Emilio Dentone

Bello ..!! Maestro Dentone.
Van 3 lagrimas mias
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Muchas gracias Conrado !!!
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