COMO EN CADA OTOÑO
De pronto, muy escurridizo, el brillo del sol escapó de las nubes, asomó en este otoño de colores ocres, te alumbró en el escenario, en el tablado de la vida, saludaste reverente a un público ausente que te aplaudía en silencio.
Un árbol robusto viendo caer sus últimas hojas, impedía, evitaba que me vieras, seguí tus pasos con atenta mirada, mi corazón latía, mis manos sudaban, mi cuerpo temblaba.
Salí de mi butaca intentando tu encuentro, con mis brazos abiertos brindándote bienvenida, mientras tanto y bruscamente la luz del febo desaparecía y te perdí en la penumbra del bosque.
Caminé a ciegas, sólo sentía mis pasos, crujían las hojas secas quebradas bajo mis pies. No oí tus pisadas, no escuché tu respiración, que la imaginé agitada, no te encontré, te perdí, acaso te esfumaste?
Volví vencido a mi refugio, ahora con tenue llovizna. La luna, esa plateada e inmensa luna tomó el comando del cielo.
Aquel escenario volvió a brillar.
Regresé una vez más a buscarte, atrincherado detrás de aquel árbol fornido y desnudo.
Mi empañada mirada recorrió el infinito, mi pecho dejó de vibrar, mis manos dejaron atrás el sudor, mis ojos que manaron tristes gotas de sal, te esperaron, te sufrieron, te extrañaron … así … asi como en cada otoño que voy a tu encuentro y a oscuras te pierdo.
Sencillamente … simplemente … como en cada otoño en que mágicamente, te encuentro y fugazmente te pierdo.
Carlos Emilio Dentone
