«Acuarelas de volar» en reconocimiento al Maestro Horacio Ferrer con la narración de Emilio Cittadino Rupérez.
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AMELITA, SOS BUENOS AIRES (Reconocer) (Video)
Reconocimiento a Amelita Baltar en la narración de Emilio Cittadino Rupérez.

QUILMES, CIUDAD QUERIDA (Homenaje)
QUILMES, CIUDAD QUERIDA
Vos sabes Quilmes, que me has adoptado.
A partir de un momento me hiciste tuyo.
Me dejaste ser vecino, sin preguntar de dónde venia.
De niño venir a Quilmes era pasar un día de picnic, con mi familia en la playa de tu Río.
Hoy sé que piso lugares donde pisaron los invasores piratas.
Hoy sé que tu nombre se debe a los sobrevivientes del salvaje peregrinaje, traídos desde Tucumán, y que pudieron llegar lastimosamente a tu suelo.
Es parte de tu historia.
Me acompañaste cuando formé mi hogar y cuando nació mi hijo.
Me diste la posibilidad de trabajar 30 años en una Empresa, al oeste de tu centro.
Me ofreciste amigos quilmeños que fueron surgiendo a través del tiempo.
Hiciste que comience a amar a tus comercio, a tu Teatro “madre”, a los Centros Culturales, a tus Museos, a tus Clubes.
Es parte de mi historia.
Hoy te extraño, puertas adentro.
Cuando esto se acabe, seguiré disfrutándote.
Esperaré el abrazo del amigo y le ofreceré el mío, con calma, sin estridencias, porque ese día, ese día también será momento de duelo y de abrazo apretado a las familias y amigos de los vecinos que partieron.
Carlos Emilio Dentone

AMELITA … SOS BUENOS AIRES (Reconocimiento)
AMELITA SOS BUENOS AIRES ( … a la Baltar)
Amelita … sos Buenos Aires, parte del adoquín y del asfalto de sus calles, con esa luz de lunas … o soles.
Ese Buenos Aires que llevaste de paseo por el mundo y fue feliz caminando a tu lado.
El público de otros lares te sentía cantar y por lo bajo … murmuraba: “es Amelita, Amelita de Buenos Aires” … y seguía tus sones sin dudar.
Sos Buenos Aires porque sos Tango y Balada, con tus tonos porteños, sin olvidar el Folclore, de aquella Zamba que te vio nacer.
La música es sentir y con el sentir … con ese sentir … miro a tu público y me veo a mi, cuando gotas de sal nos bajan de los ojos, al escucharte, porque no sólo cantas … porque actúas … interpretas … te entregas … y mi butaca … mi silla se ensancha, mi corazón palpita y mi aplauso … mi aplauso te abraza.
Sigo formando “el mediocampo del recuerdo” con Amelita, Horacio y Astor.
Un trío mentado, cada uno con su juego, con su “don” …. pero que al salir a la cancha, se lucen como Equipo.
Se confabulaban para hacer adictivo al público, lo siguen haciendo …
Asumiste ser María de Buenos Aires, fuiste a cenar a Bachin, pedaleaste en la bicicleta blanca, caminaste por Callao, por Arenales, buscabas pájaros que se habían perdido, le cantaste a Pichuco, pensabas que morirías cuando daban las seis, viviste en soledad, preludiaste el 3001 y ante la llovizna … ante la tenue garúa te cubrías con paraguas porteños.
La primera noche que las naranjas te tiraron azahares … no la pasaste bien, te la aguantaste con aquel mediocampo, aún con el vestido roto … pero triunfaste, tuviste tus frutos y los multiplicaste.
Por eso sos Buenos Aires … porque contra viento y marea … hiciste respetar a un Himno de Locos, que compartiste con ellos … con los hermosos locos, en su propio hogar.
Por eso, Buenos Aires te agradece en cada aplauso, en cada lágrima, en ese Bravoooo !!! que se escucha bajar de las plateas y sube al escenario a darte el abrazo de gratitud.
Por eso sos Buenos Aires, porque se acaba la fiesta, se apagan las luces y no te vas, te quedas con tu gente como conversando con el amigo, junto a esa familia de canciones que generaste con tu voz.
Sos Buenos Aires porque esa gola no podría ser de otro lugar, sos nuestra voz, son tus lágrimas cuando cae el telón y el “Loco él … y … loca yo” llega al clímax o cuando el pibe que vende flores por las mesas y no entiende de hambre, te subleva … te emociona.
Sos Buenos Aires porque sos amada y por más que gires por el mundo, tu público te extraña y, ni bien regresas, ni bien pisas tu tierra … te lleva a Recoleta en andas y, curiosamente … curiosa y alegremente … los semáforos tiran tres luces celestes al paso de la caravana.
Sos Buenos Aires porque así lo determinó la vida … los duendes … el destino, porque sos nuestra y cuando la gente ama … te hace propiedad suya, sin escritura ni papeles y vos Amelita … vos también te sentís Buenos Aires … lo dice tu sonrisa de cada día … de cada noche … de cada madrugada …
Carlos Emilio Dentone

El hombre del tablon (Reconocer Diego Maradona) (En video)
Narración:
Emilio Cittadino Rupérez.
Imagenes Google Chrome.

INVIERNO (Estaciones)
INVIERNO
Sos uno de los extremos … si de estaciones hablamos.
Tenés esa forma de aparecer tan tuya … que nos sorprende caminando y sin abrigo.
Te dirigís lentamente pero con firmeza hacia tu máximo pico, en la mitad de tu tiempo … como cada año.
Nos arrinconas en el calor de los leños y humeantes ollas de guiso visitan nuestras hornallas.
Sos promotor de la mesa familiar y nos haces desempolvar aquellos olvidados juegos de mesa, guardados desprolijamente ante tu última partida.
Obligas a cambio de abrigos y usos de gorros archivados.
Miras con soberbia al viejo mundo y le gritas: disfruten del sol … pronto estaré con ustedes !!!
Al tiempo nos acostumbramos y hasta estamos cómodos con más de un pullover, campera, gorro y bufanda, y el espejo nos cuenta que engordamos con lanas.
En nuestras cuchas no contamos las frazadas, sólo agregamos una más.
Nos quitas parte del sol diario, achicas la luz de los días … te llevas a indigentes sin leños, sin ollas, ni gorros, ni frazadas, ni juegos de mesa, ni siquiera engordan con lanas. Nadie los cuida, triste, pero estás al acecho buscando a tu próxima inocente víctima.
Tu música triste, se luce en el violín de Vivaldi o en el “fueye” de Piazzolla.
Todo es una mezcla, hay quienes te aborrecen … hay quienes te adoran.
Me quedo pensando y, sin dudas, tenés un don especial. Quizás, como ninguna otra estación, en tu comienzo, recoges las últimas hojas ocres y crujientes a cada paso y, en tu retirada, justamente en tus últimos dias comienzas cautelosamente a dar paso a ese hermoso sol, anunciando un nuevo vuelco en las hojas del almanaque … de cada vida.
Carlos Emilio Dentone

EL HOMBRE DEL TABLÓN (Diego Maradona – Idolos)
EL HOMBRE DEL TABLON
El hombre del tablón de la vieja tribuna lo sabía, no claudicó, esperó paciente, soportando fríos, tormentas y calores torridos.
Los Domingos, contra viento y marea, él estaba allí, sentado y esperando …
El hombre sabía que el último bastión futbolero pertenecía a un País vecino y ya se preparaba para colgar los botines, prolijamente.
No hay fútbol sin ídolos, pensaba con angustia, pero con esperanza.
Hasta que, por fin, en un Domingo cualquiera, el sol de Primavera dio su pasó al Fabricante de Ilusiones.
Ahí lo dejó, en Paternal, en el círculo de la mitad de la cancha, con su juguete preferido, junto a 10 compañeros, 11 rivales y 3 justicieros. El debut era un hecho !!!
Esa espera se concretó. Llegó y sin esperar la orden del juez ya comenzó a darle la globa para el deleite de tribunas y plateas, haciendo de las suyas.
Una tarde, el hombre tuvo su sueño, fue un sólo instante, único, se alzó del tablón y lo vio, se sentó y lo observó, se embelezó y lo disfrutó. Sólo levanto su brazo.
Aquél invento enrulado que hacía malabares circenses, gambeteando sombras y vientos, en cada grito de gol festejaba con su salto de danzarin en cada banderín de cada esquina, buscando, de reojo, compañeros para un abrazo más.
El hombre del tablón se sumaba al estallido del triunfo, pero más que un grito de gol, más que la euforia logica del tablón, era un llamado al abrazo, una expresión de gratitud, un decirle:
– Mientras vos pisés el verde de una cancha de fútbol, yo estaré aquí … en mi pedazo de tablon.
El irreverente que continuaba con su diversión, con sus piruetas eludía más y más obstáculos, de pronto elevó su vista a la tribuna, trepó el alambrado y, con un salto felino, se colocó frente al hombre.
Un abrazo sudado se escuchó en el estadio, una número 5 de cuero firmada fue su entrega y de ahí … de ahí volvió a la gramilla del campo de juego a continuar con sus guirnaldas y luces de colores.
Un pitazo estruendoso marcó el final de la fiesta.
Con su trofeo debajo del brazo, este soldado de la tribuna bajó raudamente los escalones de madera, llegó a la calle y de una corrida estuvo en su hogar.
Sus hijos y su esposa lo esperaban, con ansias, como cada Domingo, donde era un rito, la docena y media de facturas, a la caída de la tarde, con un mate amargo.
Ese día cambió el menú, en el centro de la mesa puso la pelota, con esa firma indeleble y como en un rezo al cielo, les contó, paso a paso, a su familia, cómo se había producido el milagro.
Un ángel había llegado y convirtió la tristeza en alegría, alrededor de una pelota de futbol, sintetizó.
Al oír las palabras y el llanto de su padre, más la emoción de su madre, sus hijos salieron como disparados a las casas vecinas y en ellas contaron sus vivencias del atardecer del Domingo.
Desde cada casa partían, a su vez, los hijos de los vecinos hacia otros hogares dando la novedad futbolera, que corrió como reguero de pólvora.
Así se multiplicó exponencialmente la noticia, Casa por Casa, Barrio por Barrio, Ciudad por Ciudad, Pais por Pais y llegó la noticia al Mundo y el Mundo lo recibió y lo disfrutó.
El soldado tribunero sabía que los Fabricantes de Ilusiones sólo elaboran un sólo ídolo por partida, donde la única garantia era cuidarlo como tal, si no, no habría reclamos.
Ese Mundo, en lugar de protegerlo, le ofreció pelotas pinchadas y canilleras desprotegidas, como si la espalda del mejor, aguantaría el andar vertiginoso de sociedades deshumanizadas.
El hombre del tablón sabía que sólo podia resguardar, en lugar preciado, aquélla pelota de cuero firmada.
Sabia que el 10 ya no pertenecía a los Números Naturales, sino que pasaba a ser historia en un dorsal de una camiseta celeste y blanca … un sentimiento único.
Sabía que aquél abrazo sudado sólo se mantenía vivo en un recuerdo imborrable, que latía en su corazón.
El hombre sabia y así fue como un Domingo sin fútbol, fue a sentarse en aquel tablón de aquella tribuna en soledad, donde aún retumbaban los gritos del último gol.
El hombre sabía que si elevaba sus brazos al cielo, dando simplemente las gracias, una estrella en el firmamento, tendria un nuevo nombre, el apellido no hacía falta, en memoria de aquél que fue una ilusión fugaz.
El hombre sabía que nunca más iba a estar en una cancha, sentado en el tablón de una tribuna y aprovechó esos últimos 90 minutos para pasear por su mente todas las jugadas, todos los goles, todas las broncas, todas las impotencias, los triunfos y las derrotas.
El hombre del tablón también sabia que habría tiempo de descuento, 3, 4 o 5 minutos adicionales, tiempo suficiente para pedir disculpas a ese cielo, ya con nubes amenazantes y reconocer que, tanto él como ese Mundo indiferente, lo disfrutaron y no tuvieron conciencia en cuidarlo, en protegerlo.
Ya era tarde, caía la noche y mientras que, paralelamente, el Mundo se desvanecia enfermo, el tiempo de descuento había terminado y el hombre, ese soldado del tablon, también lo sabia y cumplió su pacto, dejó su tribuna cuando aquel Fabricante de Ilusiones se lo llevó y ya nunca más pisaría el verde de una cancha de fútbol.
Carlos Emilio Dentone

Este Cuento participó en el Certámen Internacional de Cuentos organizado por la SADE FILIAL MORENO, en Marzo de 2021, obteniendo el 2do. Premio y forma parte de la Antología «Crepúsculo».
RELATOS PARALELOS (Encuentros)
RELATOS PARALELOS
Caminábamos casi a la par sin darnos cuenta, saltando los mismos charcos y eludiendo las mismas veredas rotas.
Nada me hacía pensar que nuestro destino, podría ser el mismo … el viejo y querido Café de San Telmo.
Faltó poco para que nos chocáramos, justo al ingresar al boliche.
En un instante de lucidez le cedí el paso, para que ingresara sin atropellos.
Mi mente estaba absorbida por darle forma al último cuento que llevaba semanas en elaboración.
En días de semana, a las 3 de la tarde, el Café solía estar vacío. Por lo que mi mesa preferida con ventana a la calle, seguramente estaría libre.
El ceder el paso es una buena acción, máxime si se trata de una bonita mujer, digamos 20 años mayor que yo.
De ahí a que se dirigiera muy resuelta a “mi lugar”, me incomodó.
No me quede atrás, me hice el distraído y me senté sin protocolos, apoyando mis papeles sobre la vieja y desgastada mesa.
Ella no se quedó atrás y se sentó frente a mí.
En la acción de sentarnos, también a la par, nos reímos juntos, como niños, ambos con muecas de sorpresa.
Esta mujer tenía muchos más papeles y carpetas que yo, pero no era momento de marcar territorio.
Es más, le hice lugar para que pasara antes que yo y acomodara sus bártulos.
Seguimos con la sonrisa latente y a ella le surgió un:
– Hola !!! Creo que nos zambullimos en lugar de sentarnos, acaso tenías la mesa reservada? Cerró la pregunta aumentando su sonrisa.
– No … no, le respondí prontamente, sólo que estoy acostumbrado a sentarme aquí, es mi lugar preferido. Encontré un espacio perfecto para concentrarme y codearme con las musas si tienen la voluntad de acercarse a mis escritos.
Traté de ser claro y cortés, para que conozca mi intención y que no lo tomara como un capricho.
– Oh !!! Escribís? Sabes que a mí también me gusta escribir … y coincidimos en ubicar una mesa de un Café con ventana a la calle para nuestra inspiración.
Acotó, haciendo suyo el momento.
– De todas formas la mesa te pertenece, te di lugar para que así fuera, si te molesta me voy, hay otros lugares. No quiero incomodarte señora.
Su alianza me reflejaba su estado civil.
Para esto, sin ningún tipo de preámbulos, le preguntaba delante del mozo, si tomaba café o cortado.
– Un cortado americano para mi. Gracias, respondió con soltura.
Esto dio la pauta que compartiríamos la mesa sin inconvenientes.
Así fue, comenzamos a charlar como si ya hubiésemos estado juntos en algún otro lugar, en algunas otras instancias de nuestras vidas.
Nos presentamos con una sonrisa cargada de expectativas.
Ambos disimulamos el impacto de esa presentación. Había cosas que teníamos en común, a pesar de la diferencia de edades y de nuestros estados civiles.
Ella, en trámites de divorcio, situación limite y yo, en miras de cortar mi noviazgo, diría de común acuerdo con mi novia, dando esas últimas vueltas para que la decisión no doliera tanto.
Fue el tema en comun que afloró sin intenciones, de ninguna de las “partes”.
Una coincidencia nos marcaba: en días más … días menos, ambos estaríamos sin pareja.
Generalmente en esos estados de disolución de vínculos, nos proponemos comenzar una vida distinta.
Colocar una barrera ante la posibilidad de otro amor, es una prioridad … por el momento …
Disfrutar de nuestros gustos en libertad, reencuentros verdaderos con amigos, retornar al gimnasio, cambiar el look del corte de pelo, volver al antes de formar esa pareja, preparar un futuro para encontrar otro vínculo, sin los defectos del ex o la ex y sacando nuestras propias deficiencias que hicieron parte del problema, todo sin apuro … simplemente que fluya y porque no, disfrutar de la tan castigada soledad.
Al menos así arrancamos.
Casualidad o causalidad, ambos llevábamos en nuestros papeles, nuestra última historia amorosa, nuestros problemas de pareja y tratando de encontrar un final que marcara nuestro camino, obviamente con el grado de ficción suficiente para que nadie nos pudiera señalar con el dedo abiertamente.
Tuvimos una extensa y amena charla. Nos dimos cuenta que oscurecía y el boliche se había llenado.
Me extrañó que el bullicio no me afectara, ella tampoco se vio alterada por el ruido de charlas de los demás parroquianos del lugar.
Al tercer café cortado americano y después de ciertos sinceramientos, decidimos intercambiar nuestros escritos, que deberían venir con manual de instrucciones para entender la letra de cada uno, en nuestros borradores.
Así fue.
Cada tanto uno de los dos levantaba la vista y miraba al otro con cara de complicidad, a esta altura … compartida.
En algunos momentos nos brotaba una sonrisa más tirando a risa, cuando no … a carcajada.
Muchas interrupciones para preguntar sobre alguna palabra o frase que no entendíamos, al leer.
Sensación extraña el hecho de compartir un borrador de un escrito … digamos intimo, con una desconocida.
No resulta lo mismo un relato terminado y prolijamente dado a conocer, que un borrador donde se escribe de primera intención, donde volcamos todo nuestro ser, donde no analizamos si la frase lleva coma o no, es algo asi como entregarnos en un papel que pide a gritos palabras, párrafos y sentimientos verdaderos.
En ese borrador en el que luego se tacha y se corrige una y mil veces, tratando que el lector no conozca a fondo al escritor, ya sea por pudor o por no exponer al desnudo su propia vida.
Finalizamos la lectura, casi al mismo tiempo. Nos habrá llevado quince minutos o un poquito más.
El tiempo había transcurrido rápidamente, pero necesidades fisiológicas de cada uno, hicieron que con el debido respeto pidiéramos permiso para pasar al toilette.
Ella partió primero.
En su relato, aún sin final, asumió el nombre de Mónica, a su regreso me encaminé yo, que en mi ficción era Pablo.
De vuelta al lugar, noté que nuestros papeles y carpetas estaban totalmente ordenados y me extrañó, aunque me encantó, sus dos brazos apoyados en la mesa con las manos abiertas hacia arriba, invitándome a estirar las mías, con el fin de tomarnos ambos.
Estimé que era un signo amistoso de bienvenida, aunque mis intenciones fueran un paso más allá …
Noté que ya no teníamos esa sonrisa cómplice que nos identificó casi de entrada.
La situación, de todas formas, era muy amena y ambos quisimos decir algo.
Necesitábamos confesar algo.
No hizo falta decir nada en particular.
Comenzamos a analizar nuestros escritos, no ya con una mirada literaria, sino entendiendo el contenido real, descubriendo las aristas ficcionadas, de cada escrito.
En su cuento describía la incidencia de la rutina en la pareja, agradecía los primeros años de matrimonio que fueron mágicos, pero con el tiempo pesó en demasía la diferencia de edad con su esposo, mayor que ella varios años.
Fue un error no previsto oportunamente, esos errores que muchas veces ciega el amor mismo.
En su inconcluso final intentaba dejar en claro que, si en algún momento el amor se hiciera presente nuevamente, lo llevaría adelante, considerando lo vivido y tratando de no cometer los mismos errores.
En mi escrito también la rutina de pareja se hizo presente, aún sin una convivencia completa y el cierre, aún sin finalizar, refería a una mujer en el futuro que ya estuviera asentada en la vida y supiera realmente lo que deseaba o soñaba para su futuro.
No había mucho que agregar a la causalidad?
Le propuse finalizar ahí mismo nuestros relatos, o que nos encontráramos otro día para intercambiar los trabajos terminados y prolijos y poder, con la aprobación de cada uno, darlos a conocer.
Pensar en otro encuentro con esa hermosa Mónica me daba un placer anticipado.
Se sonrió y con dulzura cautivadora acotó:
– Para qué? Ya no necesitamos finalizar nuestros escritos. Solo darnos un lugar y juntos, escribir un nuevo relato, en esta oportunidad … sin ninguna ficción.
Levantamos nuestras tazas e hicimos un improvisado brindis.
Entre ambos pagamos la cuenta, tomamos nuestras pertenencias y salimos del viejo y querido Café de San Telmo.
Los adoquines desparejos y nostálgicos, de la calle en penumbras, nos marcaban el camino hacia un nuevo cuento, nos conducía hacia la hoja en blanco que esperaba paciente, como es costumbre en las hojas en blanco.
Carlos Emilio Dentone

CAJÓN DE MANZANAS (Reflexiones)
CAJON DE MANZANAS
Diría que “Biblioteca”, -lugar donde se colocan libros- es un término común.
Tan simple y sencillo como eso.
En cada casa habrá seguramente una biblioteca. Amplia y ordenada o quizás aquellas que albergan libros en el esqueleto de un viejo cajón de manzanas.
Con 1000 o con 5 libros, cumple la misma función.
Hasta se puede dar el caso que de los 1000, su dueño lea 10 ó 20 ó 30 libros y en la otra … en la de 5 libros sean leídos todos y más de una vez.
El hecho de tener una inmensa biblioteca no implica que su dueño sea un buen lector, que además de leer asimile e incorpore lo leído.
Cada uno con sus posibilidades.
Fuera de los hogares hay bibliotecas públicas y populares.
Con distintos esfuerzos ofrecen sus libros para leer en el lugar o bien retirar el ejemplar por un par de días.
Recordás el ingresar a una biblioteca cuando eras pequeño o adolescente?
Qué sensación tan particular !!!
Muebles de madera conteniendo lomos y más lomos de libros que nuestra vista no podía abarcar plenamente.
Girábamos en nuestro eje para observar la magnitud de unidades listas para ser abiertas en ávidas lecturas.
Y el olor? Ese aroma tan particular a papel viejo y madera en una conjunción única para nuestro olfato.
Y el contenido? Podíamos comprender el material educativo o sueños de novelas que contenían los estantes.
Podíamos imaginar cuántos lápices y papeles gestaron ese libro que luce en el estante y juntos con otros, conforman el batallón más enorme que no necesita ni una sola bala, ni un solo estruendo, ni una sola muerte, para cumplir su cometido?
Podés recordar el silencio que abrumaba tus oídos al sentarte en esa larga mesa y comenzar tu lectura, tu resumen meta de tu próximo examen o encontrar el lugar apropiado para que día a día comiences y finalices una historia de piratas o un escrito donde el protagonista es el amor?
Recordás tu lugar estratégico para ubicarte y haciéndote el distraído, por encima del libro, observabas y hacías notar que mirabas a esa chica de tu Escuela que cursaba el 5to. Grado … uno más que el tuyo … y esperar una respuesta a la mirada que a veces se daba y otras no?
Cuántos duendes habitan una biblioteca? No lo sé. Pero los que están saben como hacer recordar, momentos únicos vividos en la biblioteca cercana a mi casa.
Si hasta en algún momento respondía a una pregunta de compañeros de aula o amigos vecinos:Dónde nos encontramos?
– En la Biblioteca … Respuesta clara y repetitiva.
Era el lugar que todos conocíamos y frecuentábamos.
Un lugar común, en el que entrás y todo te pertenece intelectualmente … sólo queda en vos tomarlo … o no.
De la misma forma que aquella biblioteca de 1000 ejemplares o esa de 5 libros que lucen en un cajón de manzanas.
El fin de semana pasado busqué en Internet un libro que recordaba haberlo leído de niño.
Entre millones lo pude ubicar, estaba ahí, con su misma tapa.
Feliz me predispuse a leerlo en la Tablet de familia.
En la segunda página, levanté mi vista por sobre la pantalla, como buscando con mi mirada a aquella chica de 5to. , con sus trenzas, con sus ojos comunes, pero con una mirada hermosa que me sabia cobijar, ese guardapolvo tableado impecablemente blanco, con esa sonrisa tan convocante … no la encontré … ya no estaba.
El paso del tiempo marcaba etapas.
Ya no fue necesario tener encendida la tablet.
Preferí cerrar mis ojos y recordar aquel primer libro que tomé con manos temblorosas y leí lentamente, el que iba a formar parte de aquellos 1000 libros o esos 5 que lucirían en aquel viejo esqueleto del cajón de manzanas.
Carlos Emilio Dentone

EL AUTITO (Infancia)
EL AUTITO
- Raja !!! Escóndete rápido Santi que se viene el autito de la cana !!! Deja la pelota, tarado … ¡raja!
Corría el año 58/59, yo tenía 8 o 9 años y, casi todas las tardes de verano, mi vieja me bañaba en una palangana tipo fuenton de chapa, en el fondo, donde se encontraba nuestra cocina.
Los baños los usaban los grandes, los mayores, además eran compartidos, “no aptos para menores”.
Después del ritual del baño, me cambiaba con los característicos pantalones tres cuartos, y me dejaba salir a la puerta “solo”, bah !!! no tan “solo”, salía con mil recomendaciones:
– “Santiaguito, te sentas en el umbral y no te muevas de ahí, no vayas a cruzar la calle, no te ensucies, no te arruines las zapatillas que son nuevas, no grites, ni molestes a los vecinos, yo termino de lavar la ropa y voy con vos un ratito a la puerta y esperamos a papá que en un rato llega de la oficina” –
Y yo, con las ganas que tenía de salir a la puerta de calle, le cumplía a mi vieja a rajatabla. No sé si me “portaba bien” para poder salir o porque en esos tiempos la palabra, los consejos, las órdenes de los padres, las cumplíamos, a veces con alguna bronca, pero sin protestar.
Una vez que ya estaba cambiadito, salía de la Sala, así llamaban a un único ambiente, en las casas de inquilinato o también se las conocía como “casas chorizo”.
Esa Sala tenia dos puertas, una daba al patio de adelante y la otra al patio del fondo.
Me acuerdo que decían que tenia 7 metros de largo por 5 metros de ancho.
Era inmensa y en ella teníamos:
Un living con un par de sillones gastados, el piano alemán de mi viejo, impresionante, vertical con cuerdas cruzadas.
Me fascinaba cuando mi papá “me pedía ayuda” para hacerle mantenimiento al piano.
Era todo un plan de relojería para desarmarlo, había que abrirlo, sacándole los frentes y la tapa que cubría las teclas. Una vez abierto, se procedía a levantar y sacar las 84 teclas, una por una. Mientras se picaba bien finito bolitas de naftalina, y se espolvoreaban cubriendo todo el interior, fundamental debajo del teclado y por todos los lugares que entrara ese polvillo contra las polillas. Paso siguiente y sin equivocarse, volver a colocar las teclas en su lugar, considerando que cada tecla tenía una posición única. Volver a rearmarlo y cerrar todo.
Faltaba un último “test”, al rato escuchar algún tanguito que él tocaba, para sentir cómo había quedado después del operativo.
Es difícil olvidarse del olor de aquella mezcla de madera y naftalina, es cerrar los ojos y el aroma me invade en este mismo momento.
A continuación un combinado de madera lustrada, con radio y tocadiscos de 78 rpm, que para poder abrir la tapa, había que sacar los adornos con sus respectivas carpetitas y un teléfono tipo candelabro color negro.
Ese teléfono para mi tenia una historia.
Cuando veía que ninguno de la familia me prestaba atención, yo discaba un número cualquiera y, si me atendía alguien, le pedía que me contara un Cuento.
Recibía distintas respuestas, pero dos me quedaron grabadas en mi mente:
Un señor me respondió:
– Nene, por qué no te vas a dormir a la calle Cucha Cucha esquina Cuna, mientras se reía y cortaba.
La otra se trató de una señora que me preguntó quien era yo y donde vivía. Yo me asusté y me quedé mudo. Entonces me dijo: – Dame con tu mamá o tu Papá o estás solo?
Yo, más asustado aún, llamé a mi mamá y le dije que una señora le quería hablar.
La señora le explicó todo y le pidió a mi mamá que anotara su número telefónico y que cuando quisiera Santiago, la llamara con su autorización, y le dijo: yo le puedo leer algún cuento que tengo de mis hijos, ya crecieron y no los leen más …
Cuando terminaron de hablar entre madres, y yo expectante, mi mamá me pasó el tubo y este amor de señora me contó el primer Cuento por teléfono.
Se que muchas tardes mi mamá me comunicaba con ella y los Cuentos continuaban y yo fascinado.
No recuerdo el tiempo que duró eso ni los cuentos que me leía, pero indudablemente la actitud de la mujer, cuando recuerdo el tema, me saca más de una sonrisa.
En el combinado-radio-pasa disco había un cepillito de madera con felpa suavecita, para limpiar los discos enormes de pasta, entre los cuales sobresalían, obviamente, los tangos, fox-trots, mambos y algo de jazz, pero también teníamos los chiquitos de colores, en los que Tatín, cantaba “El mambo de la chocolata” o “Yo tenía diez perritos”, muy triste porque al final de los diez, no le quedaba ninguno.
Mi psicóloga le hubiese tirado con el diván por la cabeza.
Luego, a continuación y sin ningún tipo de separación, el comedor, mesa para ocho personas con sus respectivas sillas, con araña sobre la misma, que tenia como 12 lamparitas, de las cuales aflojaban 10 y nos alumbrábamos con 2, para días sin visita, sobraban …
Detrás de lo cual comenzaba el sector dormitorios, la cama de los viejos, la de una plaza de mi hermana y en uno de los rincones, el derecho, mi cuna, grande, pero cuna al fin, que de todas formas no logro imaginar, hoy, como llegaba a entrar sin flexionar las rodillas, para poder dormir.
Mesita de luz, ropero, etc. Ahhh !!! y el techo de yeso decorado con angelitos que seguramente me habrán acompañado en más de un sueño …
Todo dentro de un solo ambiente sin solución de continuidad.
Pero así vivíamos y éramos felices, por lo menos es lo que mi memoria trae a estos tiempos.
Pero me fui a la mierda, discúlpeme, y ahora que ya me fui, le completo la casa, el conventillo, el inquilinato o como quiera llamarle, para mi era “mi casa” :
Calle Don Bosco casi Boedo, si señor de Almagro, Almagro de mi vida, dijera un tango, y cuánta verdad, pasan los años y el barrio tira, eh?
No sé si era lindo o no “el inmueble”, pero nada que ver con el departamento frío que construyeron al tiempo después de derrumbar aquella querida reliquia, … nada que ver !!!
Puertas de entrada: dos, inmensas, luego el zaguán, al pedo, en mi enfoque de niño, quizás aprovechable en la adolescencia o en momentos de amoríos, otra puerta más, doble también y un patio lleno de macetas, donde los malvones marcaban supremacía, enorme, con habitaciones del lado derecho.
No recuerdo si eran cuatro o cinco, el mismo se cortaba con la Sala que hice mención anteriormente y es la que me llevó a esta somera descripción, justo cuando me iba para la calle.
Sigo … paralelo a la sala un pasillo que desembocaba en el patio de atrás, también enorme, con gran cantidad de macetas y sus respectivos malvones, con habitaciones del lado derecho, pero este patio tenía, a su vez, habitaciones del lado izquierdo.
En realidad de este lado estaban las cocinas, 6 o 7 no recuerdo, entre ellas la nuestra.
Nuestra cocina era chica, con una mesa pequeña, pero comíamos perfectamente los cuatro. Un aparador verde musgo, ya medio desvencijado, donde se guardaban los platos, vasos, cubiertos, servilletas, etc.
Mi recuerdo fija la vista en un portarretrato que estaba apoyado en un estante, con la foto de Farro, Martino y Pontoni, tres grandes de San Lorenzo y obviamente del fútbol, con él Gasómetro de Avenida La Plata, como fondo.
Ídolos de mi viejo.
Yo no los vi jugar pero siempre los mencionaba como idolos, si él lo decía …
Nos hacían compañía en nuestros desayunos, almuerzos, meriendas y cenas, cuando esas cosas del destino hacían que las cuatro comidas se cumplieran, siempre y cuando, además hubiera kerosén, que más de una vez escaseaba, como solía faltar el azúcar, el pan, etc.
Recuerdo unas colas inmensas que teníamos que hacer, si intentábamos conseguir algo que en ese momento estaba en falta.
Perdone la mezcla, pero una mente lanzada a los recuerdos no puede ordenarse, o por lo menos la mía, me comprende?
Es como pretender darles un orden a las gotas de lluvia, que caen separadas, se juntan en un todo y ya no se pueden identificar.
Mas atrás, en el tercer patio, una zona de baños para los adultos, que no los recuerdo bien, solo una vaga noción de ese agujero negro, maloliente y sin final sobre el que no daba muchas ganas, me imagino, de quedarse mucho tiempo flexionado.
Por último y, del otro lado de los ñobas, otras habitaciones, entre las cuales habia piletas grises para lavar la ropa.
Esas habitaciones eran más pequeñas que las salas, generosas de todas formas, entre las cuales se encontraba una nuestra, bah, aquí nada era nuestro, se alquilaba, con una cama, mesa de luz, un ropero con puerta-espejo que te veías completo, donde más de una vez canté y bailé para mí.
Y hablando del ropero, qué increíble, me vinieron a la mente los dos cajones de abajo que tenía el ropero, lleno de revistas Billiken. Qué mejor entretenimiento que pasarse una tarde hojeando el Billiken.
Hoy que ya no sabemos como entretener a nuestros hijos por más que tengan chiches, juguetes, computadoras, etc., etc.
Para que estaba esa habitación?
¡¡¡ Pero viejo !!! era la sala de huéspedes.
Mi abuela, que cada tanto dejaba de cocinar en casa de sus patrones y pasaba algunos días con nosotros o la otra, la “ nona “ que vivía a la vuelta, por Colombres y le gustaba cada tanto ser turista en nuestra casa.
También la usaba mi hermana para estudiar.
Arriba, accediendo por una escalera, una terraza con más habitaciones, que siempre fueron un misterio para mí, vivían chicas o ya mujeres, que se la pasaban durmiendo de día, se ve que salían a trabajar de noche, por eso yo nunca las veía.
Me acordé de algo más, que no suma, pero acaricia mi recuerdo: tres tomos de una enciclopedia que, aún hoy, mis viejos conservan.
Le pido perdón me fui y me enganché con la casa … me parece verla …, bueno ya no está, a otra cosa.
Le contaba que ya cuando salía de la sala traspasaba el primer patio, puerta, zaguán, puerta y umbral.
Santiaguito sentadito, prolijito, calladito, mirando como pasaba la vida en la calle Don Bosco o Adolfo Berro, como constaba en la Libreta de Enrolamiento de mi viejo, casi esquina Boedo, de Almagro.
Al principio, me encantaba estar ahí observando todo, la gente que pasaba, algunos vecinos sentados en sus sillas en sus respectivas veredas, en sus respectivas puertas, pocos autos … casi todos negros o grises, algún que otro carro con caballo y sus conductores que ofrecían desde leche o sifones o pollos vivos o carbón o mimbreria o el basurero que volcaba la basura en el carro, de los mismos tachos que dejaban los vecinos en la vereda y prolijamente los volvía a dejar donde lo había levantado.
Miraba aquel portón de la Superball, en cuyo interior se encontraba el misterio de “la fábrica de pelotas de cuero”, todo una incógnita, siempre cerrado y arco improvisado de algún picado que jugaban en la calle.
Justo frente a mi casa.
Pocas bicicletas, muchos monopatines, triciclos y algún que otro remociclo, en el que tenias que abrir y cerrar el manubrio para avanzar, nunca más los ví …
Algunos muchachos que, por su cara con nariz achatada y su bolsito, seguramente se dirigían hacia la Federación de Box, ahí nomás, en Castro Barros 75, a practicar.
Algun Viernes, mi viejo me llevaba a ver boxeo y podia identificar a mas de uno, de esos muchachos que pasaban por la puerta de casa.
Chicas que pasaban con una bolsa y una enorme escuadra de madera:
Esas van a “Corte y confección”, tu hermana debería ir, pero no …, le gusta el piano, decía mi vieja, es una picardía, con lo necesario que es hacerse la ropa !!!
Santiaguito seguía ahí observando, disfrutando y porque no aprendiendo … aprendiendo qué? se preguntara usted.
Le cuento.
Yo aprendí a jugar mirando como jugaban los otros pibes, hasta conocía sus nombres: Osvaldo, Norberto, “bocha”, el hijo de los Brenda, otro Santiago, los Mánese, un Carlitos que no podía faltar, un Horacio, todos más grandes que yo, los miraba jugar y hasta los admiraba.
Yo jugaba a la pelota cuando mis Papis me llevaban a la Placita Almagro o al Parque Lézica, hoy Parque Rivadavia, claro ahí nomás frente al club italiano, exactamente donde los domingos la gente cambiaba estampillas, monedas y revistas mejicanas.
Aunque los pibes eran más grandes que yo, a veces me llamaban para jugar, pero yo que hasta el momento lo tenía prohibido, les contestaba:
“Ahora no, no tengo ganas” y me moría por jugar con ellos, pero me daba vergüenza decir que mi vieja no me dejaba mover del umbral, igual ellos se daban cuenta de mi impotencia.
Jugaban un montón a la pelota, “un cabeza con pechito vale doble” y “vale tocarla contra la pared si se va a la calle es afuera”.
¿Vio como sé?
Lo que todavía no había logrado entender bien era lo que hacían antes de empezar un picado.
Yo veía a dos de ellos, generalmente los mas grandes, que se ponían uno frente al otro a unos metros de distancia y cada uno empezaba a caminar hacia el otro, dando como pasos del tamaño de una zapatilla, hasta que se pisaban el uno al otro, luego veía a los demás colocarse detrás del que los nombraba, sabia que era como elegían los equipos pero no entendía el método.
También jugaban a la mancha, a la escondida, al puchero o al espejito con las figuritas redondas de fútbol, a la bolita en los canteros que quedaban rodeando a los árboles, al trompo y al balero.
Eran unos ídolos como sabían todo … y yo Santiaguito sentadito y quietito, con unas ganas de entreverarme que ni le cuento, pero la cosa era así y yo me la aguantaba.
Soñaba con estar con ellos ahí … en la calle …
¡ Dale Santiago, veni que nos falta uno para jugar un picado, o vení Santiago que jugamos un cigarrillo 43. Decile a tu vieja si te deja, o vamos Santiago, veni que tocamos unos timbres en los departamentos nuevos y rajamos !
… Y tanto dale … veni y vamos, vamos y vení … yo no daba más, quería estar ahí, y fue así que un sábado al mediodía y mientras almorzábamos los cuatro en la cocina, con toda la timidez y la vergüenza del mundo tomé coraje y apenas terminaron de conversar los grandes pregunte:
Mami yo puedo jugar con los chicos en la vereda? aunque sea vos me miras, dale Mami, si Mami? Dale, dejame Papá, yo me voy a portar bien.
Vi que se miraron como tratando de evitar la decisión, pero mi hermana me dio una mano:
Déjenlo que juegue con los chicos !!!
Ella que tenia algún año más que yo, se ofreció para mirarme y cuidarme.
Bueno !!! dijo mi Mamá.
Al final era la que siempre decidía, pero con una condición, acotó.
Mas que una condición era una especie de tratado internacional que, si lo llegaba a cumplir era mejor quedarme sentado en el umbral de la casa.
De todas formas, ya había logrado obtener el esperado permiso.
A lo que mas hizo hincapié fue al peligro de la calle, los autos, los carros …
Mami yo juego en la vereda, no cruzo Mamá, quédate tranquila, que yo cuando prometo cumplo.
Era un Sábado y los Sábados a la tarde casi no pasaba nadie.
No llegaba nunca la hora, se me hizo larguísima la espera.
Tan grande era la excitación, que me sobrepasaba.
Hasta que llegó el momento, salí de la sala, el camino rutinario y largo hasta la calle, llegué y cuando quise gritar:
¡¡¡ Chicos hoy juego con ustedes !!!!, no vi a nadie …
Qué frustración !!!
Dónde estarían estos tipos justo hoy que tengo permiso?
Pucha, y ahora qué hago?
Mientras trataba de digerir mi bronca, mi tristeza, mi tragedia, me senté como de costumbre en el umbral.
Sin delatarla y de reojo, ví a mi Mamá, que me estaba espiando desde el zaguán.
De repente vi a un grupo de chicos venir del lado del Colegio San Francisco, no visualizaba si eran mis amigos, pero mi olfato me decía que si, se fueron acercando, uno de ellos picaba una pelota, venían como cansados.
Siiii, eran ellos !!! Me paré como para recibirlos, a medida que estaban cerca me saludaban:
“Hola Santi, nos cagaron a goles los de la Plaza Almagro.”
“Que haces Santiago, nos podemos sentar acá ?”
“ Santiago, paso al zaguán a tomar agua”.
“Che y vos cuándo vas a venir a jugar con nosotros? “
Se sentaron todos alrededor mío.
Yo no sabia qué responder, qué decir.
No hizo falta, se pusieron a hablar del picado y a gastarse bromas unos a otros, a echarse la culpa por los goles y, casi sin querer, me metí en la conversación.
Fui siendo uno de la barra, el mas chiquito, pero uno mas de la barra de “Don Bosco”.
El rato que estuve con ellos me sentí enorme, feliz !!!
Lástima que ya se había hecho tarde y a cada uno lo llamaban de sus casas, otras mamás … pero mamás al fin.
La tarde se acabó, pero a mi me alcanzó para recordar lo que hablaban, antes de dormirme. Creo que me dormí imaginando que yo había jugado el picado contra los de Plaza Almagro.
Al día siguiente, salimos de visita a la casa de unos tíos en Wilde, por lo que resultó “otro día vacío de amigos”.
Pero no iba a faltar oportunidad.
Y así fue que, el lunes por la tarde y después de las conocidas recomendaciones de la vieja, salí a la calle.
Eran pocos, pero apenas me vieron me llamaron:
“Vení que hacemos una tirada de trompos”.
“no tengo trompo”, contesté.
“Vení Santi !!! No importa, alguno te presta”.
Fue el comienzo de mi evolución social.
Si así como le digo, claro, en ese momento no me di cuenta, aunque algo por dentro sentía, pero hoy se lo digo como adulto, fue el comienzo de saber que era la calle, los amigos, el competir, el compartir …
Como todos los comienzos fue duro.
El famoso, desconocido para mi, ”derecho de piso” se hacia presente una vez más en esta vida y el que lo tenía que pagar era lamentablemente yo, pero mis ganas de jugar y estar con ellos disimulaba todo lo que de alguna forma tuve que soportar, que se agravaba cuando entre los de la barra estaba Mauricio.
Mauricio era sobrino de los patrones de la casa, del inquilinato, conventillo o como quiera llamarlo.
Claro, yo no le conté la parte social y humana. Cuando me fui para los caños le conté cómo era el inmueble, pero usted no conoce a la gente que moraba en él.
Qué detalle !!! Va a ser un gran esfuerzo de mi memoria, pero sería una falta de respeto no hacer un comentario sobre los vecinos de adentro, déjeme pensar …
Me es difícil, porque no toda la gente era igual, es decir, había una especie de división, cómo explicarle, por ejemplo estaban:
Los patrones y los inquilinos.
Las personas mayores y los chicos.
Los solteros y las solteronas.
Las señoritas y las de arriba.
Los chicos y los sobrinos de los patrones.
Los músicos y los que no tocaban nada.
Los vagos y los laburantes.
No sé si me entiende, eran como distintas divisiones, dentro de las divisiones.
No se trataba de una oposición fija, las relaciones iban rotando y ligando según el pasar del tiempo.
Y uno, en distintas ocasiones podía pertenecer a un “bando o a otro”.
Uno podía ser un chico, pero no era sobrino de los patrones, cuyas atribuciones y libertades aventajaban enormemente a los chicos inquilinos, digamos los comunes.
A pesar de eso el chico común trataba de juntarse con los sobrinos de los patrones, aunque estos no querían, con lo cual los padres de los comunes trataban de atrincherar a sus hijos en sus respectivas piezas, salas, cocinas, etc., para que los otros guachos mal criados, porque otra cosa no eran, gozaran de los 500 patios que había, rompieran o no vidrios de puertas o simplemente macetas con sus pelotas siempre nuevas que la vida les proveyó.
Me va comprendiendo?
Ese es un ejemplo.
Pero digamos que, para los inquilinos, los patrones eran una merda, y viceversa.
Los mayores no comprendían a los pibes que solo queríamos jugar.
Los músicos eran comparados con los vagos, a pesar que mi viejo laburaba en una oficina y además era músico, profesión con la que también “yugaba” para darnos un mejor pasar.
Los solteros tenían que evolucionar, estudiar, trabajar, etc.
Las solteronas, a esa altura, ya no se casaban más, como las patronas, todas solteronas.
A mí vista no solo eran malas sino feas también.
Hoy a lo lejos y a la distancia, feas y malas como la peste, quien las iba a querer para casarse?
Las de arriba eran comparadas con los músicos y con los vagos, qué sé yo, era una forma de vivir y analizar un entorno.
Ahora …, usted … nos imagina a todos estos personajes dentro de la misma casa, inquilinato, conventillo o como usted quiera llamarlo ?
Sería por éso que mis viejos nos tenían tan celosamente guardados?
Mire … la verdad … por el momento no me interesa, ya fue hablado bastante en el diván de mi querida psicóloga.
Yo sabía !!!
Otra vez me fui a los caños y ahora usted además quiere que le de nombres?
Pretende mucho, mi memoria no da para tanto.
Pero me dio una idea, en un solo nombre voy a resumir todos los demás, y vaya esto como un homenaje a todos los que en algún momento yo sentía que pertenecían a mi “bando”.
A quien elegí?
Fácil señor …
A Doña Felisa.
Una viejita, una abuela hermosa.
En su diminuta cocina comí los mejores buñuelos de banana y manzana que hayan existido y existirán en este mundo:
I-n-c-o-m-p-a-r-a-b-l-e-s-.
Tenia la paciencia de una mamá, contaba cuentos de abuelas, me enseñó a jugar al “culo sucio”, a la “escoba de quince” y a la “generala”, y cuando, por alguna cuestión mis viejos salían a algún mandado, nos cuidaba y nos mimaba como si fuéramos suyos.
Bajita, pañuelo en la cabeza, siempre de negro, seria por el luto? Poquitos dientes, mentón prominente y tanta bondad que desde aquí va mi beso de “Gracias por todo”.
Seguramente deberá estar haciendo gala de sus buñuelos por ahí.
Le comentaba que, con la presencia en la barra de algún sobrino de los patrones, la situación se agravaba para un novato como yo.
Porque estos pibes también querían ser patrones dentro de la barra, y como era costumbre, los patrones mandaban, y estos borregos querían hacer sentir su peso a toda costa.
Yo, como iniciado aceptaba las reglas, no me quedaba otra.
Por suerte alguno del Grupo se encargaba de ponerle los puntos ante los excesos.
Los derechos de piso se pagaban de diferente modo, a saber:
– Llevar pelota, en lo posible de cuero.
– Si la pelota en juego se alejaba de “la cancha” … ir a buscarla.
– Si la pelota caía en casa de algún vecino, ir a pedirla.
– En la elección de los equipos, la “famosa pisadita”, que yo miraba sin entender … ser elegido último y, para el equipo más débil. Por ende acostumbrarse a perder.
– Cuando se repartía el agua en algún botellón llenado en alguna canilla, de algún zaguán … Ser el último en tomar cuando ya quedaban restos de agua mezclados con la saliva de los antecesores.
– Perder siempre a lo que sea, no sé cómo, pero ni de casualidad les podía ganar a nada, y cuando podía triunfar en algo siempre algún alma caritativa y unas manos tramposas daban vuelta el resultado.
– Perder en cualquier cambio de figuritas o bolitas.
– Los juegos con “prendas” tenían su victima, el nuevo, el más chico.
– Portador de carteles pegados en la espalda: “pegue aquí”, “límpiese aquí”, etc.
– El último …”culo e´perro”, y había que correr !!!
No hace falta que le cuente más, usted quizás lo sabia, probablemente habrá pagado algún derecho de piso.
Poco a poco y a pesar de estas reglas de la calle, me fui incorporando a la Barra de Don Bosco y disfrutaba de todo con ellos, especialmente los días Sábados, a la hora de la siesta.
El juego por excelencia era el fútbol, los picados entre nosotros o, si se daba con los de otras calles: los de Colombres, los de Maza y los de Boedo que eran superiores y de los que ligábamos flores de goleadas: 15 a 2, 10 a 0, no les podíamos ganar.
Y si de fútbol hablamos a mi me gustaba “el que hace gol va al arco”, donde había un arquero, defendiendo el arco del portón de la Superball, y cuatro o cinco, haciendo las veces de delanteros y que, entre centros y cabezazos, iban intentando meter el gol. El que lo metía suplantaba al arquero, que pasaba a ser delantero y así sucesivamente.
Ya me sentía uno más, haciendo goles y atajando.
La mayoría de las veces el problema era la pelota. Claro, quién traía la pelota?
Cada uno hacía lo posible por traer su pelota, la de cuero, color cuero, no había otro color y cuando no, la de goma y de última, se armaba la de trapo.
Le paso en limpio.
Se comenzaba jugando con la de cuero, que alguno de los pibes traía, esta se podía perder en alguna casa, pinchar, reventar bajo las ruedas de un auto o de un carro, o bien, al que la traía lo llamaban de la casa a tomar la leche, o hacer un mandado, o hacer los deberes y se iba él con su pelota.
Si había algún otro que tuviera un fútbol, se seguía, si no cambiábamos de juego y a otra cosa.
Pero era tan lindo jugar que algún día decidimos comprar una pelota entre todos, donde todos serian dueños y así no habría problemas.
Cómo hacemos ? fue la pregunta.
Empezaron a surgir ideas:
Hagamos una rifa.
Manguemos por las casas a los vecinos.
Fabriquemos molinitos de viento, con papel glasé y un palito, los clavamos en unas papas y salimos a venderlos.
Pasemos cine en el proyector de mi viejo o hagamos títeres y cobremos la entrada.
Si fuera carnaval, armabamos una murga y pasábamos la gorra.
Si fuera la fogata de San Juan y San Pedro juntábamos guita para armar el muñeco y comprar y cocinar las batatas.
Vendamos revistas en la calle, con las mejicanas sacamos unos cuantos mangos.
Sobraban ideas !!!
Pero pudimos comprar la de cuero, pidiéndole a cada uno de nuestros viejos las monedas que nos pudieron dar, con el compromiso de devolver el préstamo con alguna de las cosas que habíamos planeado.
Es así que, antes de hacer la cuenta de lo que teníamos y tomándonos de las manos, juramos devolver la guita con la venta de los molinillos, que ya habíamos comenzado a fabricar.
Fuimos a la tienda del “turco” Luis, en Boedo y Venezuela, cerquita de la intrigante casa de los gitanos.
Le dejamos los montoncitos de monedas y vinimos haciendo picar el fútbol media cuadra cada uno.
Quizás sea una de las más grandes alegrías que viví, el primer fútbol compartido con la barra, nuestro, mío …
Osvaldo dijo:
ahora vamos hasta el Mercado Boedo y le pedimos grasa al “carniza”.
Después me enteré para qué quería la grasa. Al rato estábamos untándola para que no se agrietara el cuero, no la podías ni agarrar.
Esa tarde ni jugamos, no la queríamos gastar …, nos sentamos en rueda y la pasábamos sin dejarla picar.
Si me dejo llevar, estoy sintiendo el olor a cuero mezclado con la grasa.
Ese día se la llevó Horacio, con sorteo previo, al otro día le tocaba a Norberto y al tercer día me tocaba a mi, noche tan esperada como la del 5 de Enero, después ya no me importaba, tenia que esperar otra ronda más, e iba a pasar 1 semana más.
Al otro día la estrenamos, fuimos a la Plaza Almagro, ojo … había que cruzar la Av. Rivadavia !!!
Se dio cuenta que ya mi vieja me dejaba andar solo con la barra?
Jugamos con los “locales”. Yo estaba tan entusiasmado que hasta me parecía que ya le pegaba mejor, que la ponía debajo de la zapatilla, que la levantaba con el empeine, qué sé yo !!! si era yo o era el estreno.
Me parecía imposible jugar un picado contra otro equipo, con el fútbol nuevo, y con la indicación de Carlitos:
“Vos Santiago vas de 2”.
Qué sentencia !!!
Las corrí todas, las saqué todas. Algunas con un pase más o menos bueno a algún compañero, otras, tirándola lejos del límite del campo fijado con anticipación al partido.
En un momento sentí que transpiraba y tenía la cabeza empapada y cuando me pasaba la mano para sacarme el sudor de la frente, sentía que me quedaban los dedos pegajosos, nunca había sentido el transpirar de esa manera, estaba extrañado, pero al mismo tiempo emocionado.
Hasta que alguien de afuera que estaba mirando el partido me llamó:
“Pibe salí que te sangra la cabeza”, me paralicé.
El susto no me dejaba ir pero tampoco me dejaba jugar, me miré las manos y me vinieron nauseas y como un desvanecimiento, mientras sentía el murmullo y los gritos propios del partido, con un muy lejano: – “Dale Santi, no lo dejes pasar”.
No sé cómo reaccioné o, mejor dicho pensé en mis viejos y la que me podía esperar.
Caminé esas 4 cuadras hasta mi casa con la mirada en el piso y la mano derecha con un pañuelo, no sé de quien, apretándome la mollera, donde aparentemente tenía la herida, hecha dándome la cabeza contra una columna de iluminación y poste derecho de nuestro arco que, con el fervor del picado ni cuenta me di. Después … atando cabos recordé el momento del golpe.
A medida que caminaba hacia casa me daba cuenta de lo que me había pasado y me invadía el miedo.
La sangre no paraba y el susto que se iba a llevar mi vieja iba a ser tal que, como respuesta no me dejaría salir más.
No sabia como presentarme … con valentía, disimulando el temor …
Por fin llegué.
Más que valentía, me abracé a mi vieja y lloré hasta que ella, con el amor y la paciencia que la caracterizaba, me dijo:
– ¿Qué te pasó? Rompiste algo?
Quedate tranquilo no es nada, y en la cocina me puso la cabeza debajo de la canilla y el agua fría me alivió. Luego puso sal gruesa en una gasa y me la colocó en la herida.
Mientras me acariciaba y me decía que ya se había parado la sangre, me dijo: “Preparate para mañana, seguro que van a jugar de nuevo, y no vas a faltar, no?”
Palabras de Madre y bálsamo suficiente para sacar coraje, perder el miedo y pensar en mañana, pensar en el próximo picado, o jueguito, o lo que sea, con tal de estar en contacto con ese fútbol que ya estaba extrañando.
Al rato los pibes llamaron a la puerta, en algún momento se habían enterado del golpe y vinieron a preguntar. Salió mi vieja les dijo que ya estaba bien a lo que los pibes le respondieron:
“Doña, dígale a Santi que ganamos 6 a 3, que decidimos que la pelota la tenga él hasta mañana y que lo esperamos mañana que vamos a jugar en la puerta. Ah !!! esto es grasa, dígale que le pase un poco”.
Entro mi vieja con el fútbol:
“toma hoy duerme con vos”.
Efectivamente cuando me fui a acostar, saqué mi mano por entremedio de los barrotes de la cuna y me dormí acariciándola.
Al despertarme, lo primero que hice fue buscarla debajo de la cuna, cuando la encontré, me toque la cabeza, sentí como un ardor, pero el nuevo día esperaba …
Durante la mañana la engrasé tres o cuatro veces y a las tres de la tarde salí a la puerta como habíamos quedado.
De a poco fueron llegando y empezamos a patear penales en el ya conocido arco-portón.
Penal iba penal venia, cuando de repente, alguien gritó,
Rajemos !!!
Yo ni me había dado cuenta que el auto de la policía que venia por Colombres, dio vuelta “estratégicamente” por Don Bosco y se paró a unos metros del “estadio”.
Como pude agarré el esférico y me escondí en el zaguán de la casa de los Menese.
Muerto de miedo me agaché detrás de la doble puerta enorme pintada de verde abrazando a mi preciada mascota, sin saber qué podía pasar.
Era mi primer experiencia con la “poli”.
Tratando de no hacer ruido ni al respirar, y cubriendo el fútbol con mi cuerpo, escuche cómo se cerraba la puerta de un auto, traté de aguantar la respiración y agudizando el oído, sentí los pasos firmes, que cada vez se acercaban mas a la puerta.
Mi temblor no me permitía escuchar el taconeo que en ese preciso instante se silenció.
No quise mirar para arriba, pero escuché claramente el movimiento del picaporte y el rechinar de la puerta que se abría lentamente.
Entró la luz del sol, que luego fue interrumpida por una figura enorme, de la cual yo podía ver, muy turbiamente por las lágrimas de terror que corrían por mis ojos, únicamente un par de botas enormes, que se detuvieron a escasos centímetros míos.
Sentí como una mano más que grande, me agarraba de mis pelos, débiles por la herida, quizás fresca todavía, y me levantaba sin esfuerzos, y la puta que los parió, qué dolor, al mismo tiempo que una voz más que enojada me decía:
“¿No sabe usted mocito que no se debe jugar a la pelota en la calle?” Yo seguía elevándome lentamente y, lleno de dolor, a mi altura normal, sin todavía llegar a mirar al señor agente y menos aún, sin soltar la pelota.
Siguió:
– “Ahora mismo me da esa pelota y vamos a hablar con sus padres. ¿Dónde es su casa?”
– “En frente, en el 3726, pero suélteme que tengo lastimado”, le dije llorando.
Mis viejos ya estaban en la puerta, los de la barra que habían disparado, le habían avisado.
No recuerdo todo el sermón que recibimos.
Mi viejo me guiñó un ojo y le dijo al policía:
– “Agente, quédese tranquilo, que no va a volver a suceder. Gracias y disculpe”.
Yo me quedé con mis viejos, mientras iba apareciendo la barra de los «fugados».
Qué imagen imborrable la de mirar como se llevaban a la pelota detenida.
Todos me consolaban, la barra y mi Papá, que ya habían pasado por esto y mi Mamá que, si bien no había experimentado ningún altercado policial, al menos que yo supiera, siempre trataba de poner calma a todo.
Yo no lograba calmarme. Estaba todo bien pero no teníamos la pelota que tanto queríamos. No dije nada.
Cada uno para su casa.
Me quedé tramando cómo haría para tener otra pelota.
No tenía posibilidades.
De todas formas me sentí responsable de la pérdida y le hablé a mi viejo:
– “Papá yo tengo que recuperar la que comprar otra, soy el responsable”.
Mi viejo, con la bondad de siempre y en voz baja me susurró:
– En cuanto junte unos pesos, compro una, pero hacé el esfuerzo vos también. ¿Estamos?”.
-“Si Papá, ya me pongo a fabricar molinillos”, respondí.
Seguimos jugando con una pelota de goma, la que tuvo poca vida, continuamos con una de trapo.
La abuela de Horacio estaba acostumbrada a fabricarnos esas pelotas de trapos, justamente con trapos viejosy papel, colocados en una media cosida tan fuerte que hasta picaba y todo. Lo llamativo era que “el autito” no pasaba en esos días.
Se notaba que no había interés en una pelota de trapo …
El sábado a la mañana, mi querido viejo, se apareció con una pelota nueva, igual a la secuestrada, color cuero, a la que lo único que le faltaba era grasa.
Fui al mercadito traje grasa y le di unas cuantas pasadas.
Cuando a la tarde salí a la puerta y, mientras los pibes seguían jugando con la de trapo, hice picar la de cuero y, apenas la escucharon, vinieron corriendo me levantaron en andas y, cuando me bajaron ya estaba armado el picado “mortadela’, con dos equipos de tres y un solo arquero, siempre defendiendo el arco-portón.
El arquero era Carlitos. Un equipo lo componían Osvaldo, el gordo Norberto y el pibe de Brenda y, yo jugaba con Horacio y el otro tocayo mío.
Íbamos dos a dos, y aunque no me lo crea había hecho los dos goles yo, había resultado un partido bárbaro, recibo una pelota, la tiro contra la pared, me rebota, con lo que eludo al gordo y me voy camino al arco, por la mitad de la calle, cuando voy a patear, Carlitos el arquero no estaba, mire en un instante alrededor mío y no había ni compañeros ni contrarios, escuché la frenada de un auto, a escasos metros míos, la voz de Carlitos que gritaba:
Raja !!! Escóndete rápido que viene el autito !!! deja la pelota, boludo !!! ¡Raja!
Portazo del auto, el característico taconeo, el acercamiento casi arremetedor, me encontró parado, firme, con la pelota debajo de mi brazo izquierdo, miré hacia arriba, buscando su cara, nos miramos y antes que hablara, pensé para mis adentros:
“Yo me aguanté el inquilinato, los patrones, los sobrinos de los patrones, los vecinos, el mirar sin participar como jugaban los demás, después el derecho de piso por el simple y hermoso hecho de crecer, el golpe en la cabeza en la columna de la Plaza Almagro, el sacrificio para conseguir la primer pelota, el secuestro de la primer pelota, la tirada de pelos del Agente, el sermón que nos pegó la semana pasada, el nuevo sacrificio para la nueva pelota, me aguanté todo sin chistar !!! Este milico no me la iba a sacar.
En ese momento le iba preguntar dónde iban a parar todas las pelotas que levantaban de todos los picados callejeros de los pibes, pero me callé.
Le iba a preguntar porque asustan a pendejos como nosotros que disfrutamos de jugar en la calle a esto que amamos.
Tampoco le voy a decir que, cuando fuesemos mas grandes, quizás, ya no se pueda jugar en la calle, pero tampoco le voy a entregar la pelota.
Mientras yo pensaba todo esto, sin siquiera un gesto, no me sacaba los ojos de mis ojos, irritados por la bronca, cuando intentó decir:
“Mire mocito …
La escupida en la cara, que había preparado con bastante saliva mientras había meditado sobre mi vida y el puntapié que le pegué en el medio del bajo vientre, lo hizo doblar hasta quedar de rodillas en el piso, perdió la gorra, aproveché de tomarlo de sus pelos y decirle:
-“Perdón Agente, no se olvide que soy un pibe”, y sin darle tiempo a reaccionar salí disparando para el Mercado.
Cuando escuché la sirena del autito ya estaba con el carnicero pidiéndole la grasa, para que no se me arruine el fútbol, sabe?
… Que iba a dejar la pelota … si era mía … Cualquier día iba a perder otro futbol de cuero … que todavia se la debía a mi viejo …
Carlos Emilio Dentone
Este relato fue escrito en el año 2001 y forma parte de mi libro, «Me olvide del Mundial y otros Cuentos».
La imagenes que forman el collage fueron extraidas de Internet.
«AQUEL ALBA … AQUEL OCASO» (Vida) (Video)
OLAS NOCTURNAS (Lunas)
Astor Piazzolla Homenaje en su aniversario 100° de nacimiento. Por Carlos E. Dentone
AQUEL BANDONEON … (Astor, mi Viejo y yo)
“El duende de tu son, che, bandoneón se apiada del dolor de los demás y al estrujar tu fuelle dormilón se arrima al corazón que sufre más”.
(Aníbal Troilo y Homero manzi)
AQUEL BANDONEÓN
El «fueye» de mi viejo formaba parte de la familia, era uno más de nosotros, tenía su lugar al costado del piano.
Siempre cuidado, lustrado y fundamentalmente afinado.
Era toda una ceremonia cuando llegaba el momento de desarmarlo y limpiarlo, solo la paciencia, que destacaba a mi papá, era suficiente para que así fuera.
Corría la década del sesenta, en mi plena juventud, cuando escuchar a Los Beatles, era lo cotidiano, aquella música que sonaba desde un combinado, ya viejo para esa época.
Esto no impidió que mi fascinación fuera escuchar a mi viejo cuando arremetía con el “fueye” y me hacía entrar en un mundo, donde los adoquines y algún farol mortecino, formaban imágenes que se disparaban una tras otra.
Esos sones, rara mezcla de alegría y tristeza, invadían la sala de la casa, y la magia se hacía presente.
Sonaba un tango o un valsecito, mi vista no se apartaba de sus manos acariciando las teclas, con la curiosidad eterna, de entender cómo abriendo y cerrando ese fuelle, la música iba aflorando, creando un clima tan especial.
Yo era pibe y sin embargo esas sensaciones me calaban hondo.
Llegaron a mi hogar dificultades económicas.
Éramos una familia de condición humilde, pero vivíamos dignamente y si bien yo no tenía plena conciencia de lo que significaba ese tipo de problemas, en el aire se percibía que estábamos en situación crítica y era notoria la preocupación de mis viejos y la de mi hermana, por enfrentar esa cuestión y ese esfuerzo por disimular, para que yo no lo padeciera.
Como dicen actualmente los chicos, “me cayó la ficha”, cuando, sin proponérmelo, escuche una conversación entre mis padres, donde llegaban a una conclusión que – hasta hoy duele – involucraba al bandoneón, más precisamente la sentencia fue empeñarlo.
Tampoco entendía bien el significado de esa palabra: “Empeño”, a la postre funesta, por lo cual, con toda la vergüenza y mi inocencia, atiné a preguntarle a mi papá qué iban a hacer con el bandoneón.
Él, con la dulzura que lo pintaba, me explicó que lo llevaría a un banco prestamista, quienes lo dejarían en un deposito, a pasar un tiempo…, a cambio de un dinero, hasta tanto estuviéramos mas desahogados con el dinero, y haber salido de algunas deudas que teníamos.
– Cuando vaya juntando el dinero que me prestan voy al banco, pago y retiro el instrumento. Ellos lo cuidan mucho- Me comentó y hasta me conformó.
Bancarrota a pesar de sus dos trabajos, uno de administrativo en una Empresa Multinacional con 32 años de servicio y los fines de semana con su música, tocando en alguna orquesta, de toda la vida.
Una vez logrado el cometido, volvería al banco y, pagando la suma correspondiente, el «fueye» retornaba a casa e iba a estar ocupando su lugar… ahí… al lado del piano. (Me repetía cada tanto, para mis adentros)
Fue su explicación mientras yo me preguntaba:
– ¿que haría el bandoneón en un depósito de un banco?
No me cerraba esa imagen. Nada que ver la calidez de la música con la frialdad de un banco.
Pasó el tiempo y ese rescate nunca llegó.
Mi viejo no hablaba del tema, no sé lo que el sentía, para mí fue una perdida, un duelo, un extrañar sus sonidos, ese clima, ese dolor que a veces es difícil explicar. Era como un tema tabú también para mi vieja y para mi hermana.
Ese vacío lo comencé a reemplazar escuchando tangos y se convirtió en una obsesión descubrir dentro de una orquesta, los sonidos del «fueye» ilusionándome que algunos de esos bandoneones … podría ser el nuestro. Que iluso …
Como muchas cosas en la vida hay sumas y restas, alegrías y tristezas, cales y arenas, amores y desamores, pro y contra.
La pérdida se compensaba, solo un poco, en esa etapa, donde fui descubriendo al gordo Troilo, al maestro Fresedo, a Ruggero y a Piazzola.
Descubrí a Don Astor Piazzola, bisagra musical en mi vida, con sus melodías terminé de entender lo que significaba la música para mí.
Fue la síntesis de mi Buenos Aires, transformado en canciónes.
Mi viejo, también, tocaba el piano era su fuerte, y tratando de unir almas, en un momento, le compré partituras de música de Piazzola.
Me agradecía, pero no faltaba la acotación que “no era tango” o que era complicado ejecutarlo.
A partir de ahí tuvimos amenas discusiones sobre el tema.
En el año 81 lo invité a un recital que daba Piazzola, en un Teatro de la calle Corrientes, con la expectativa de disfrutarlo juntos.
No me olvido !!! teniamos 4ta. Fila al medio !!!
Me parecía increíble estar viendo y escuchando al Maestro al lado de mi viejo y el doble A ahí … tan cerquita de nosotros
Ya no importaba el rótulo, si era tango o no. Lo escuchamos con el silencio y respeto debido.
Finalizado el evento fuimos a tomar un café.
Se me hinchó el pecho cuando me dijo:
– “es una maravilla como toca…se pasa !!! … que lindo es escuchar al bandoneón”. Me comentó con cierta emoción.
Conversamos como hacía tiempo no lo hacíamos.
Gratificante !!!
Pero quedó en mi mente esa frase: “… que lindo es escuchar …”
Hubiese preferido que me diga: “que lindo sería volver a tocarlo…”
A partir de aquellas palabras y sin pensarlo demasiado, mi meta fue devolverle el “fueye” al viejo, sea como fuere.
Me salía de las entrañas.
Sabía que iba a ser un sacrificio, pero no me importaba.
En el banco no fue posible el rescate, habían pasado demasiados años y el “contrato” caducó …
Comencé a visitar locales de instrumentos musicales. Consultaba precios. Ni siquiera los usados era accesibles a mi bolsillo.
La casualidad o la causalidad hicieron que un compañero de oficina, Oscar, quien conocía la historia del empeño del “fueye”, me comentó que su Papá vendía su bandoneón, ya que no lo usaba y prefería venderlo a alguien que lo iba a amar.
Gracias a la generosidad de este hombre, que me lo vendió en cómodas cuotas, acelere la decisión.
Una tarde llegué a la casa de mis viejos con el preciado tesoro, más que un instrumento musical … era un trofeo.
Entre a la casa sintiendo que llevaba una bandera recuperada, perdida alguna vez, en una batalla a manos del enemigo.
Era un retorno que mi viejo necesitaba, con esa alegría y esa paz de recuperar afectos.
Merecía tener ese fueye que la vida le quitó.
Con una mueca y muy pocas palabras, lo tomó con sus manos, abrió el estuche, lo contempló y después de alguna lágrima que no quise ver, comentó:
– “pero yo ya no toco … me olvidé“ …
Tomamos los consabidos mates de siempre, conversamos de la vida… de futbol … les dejé un beso y me fui con la sensación del deber cumplido.
Antes de salir le comenté por lo bajo a mi vieja:
– “trata que lo agarre, que practique…, que toque, vas a ver que le va tomar la mano y lo tocará como antes, como siempre”.
Mi Mamá me miro con una sonrisa que mas que sonreir era un mensaje de pena
Me fui ilusionado.
Al domingo siguiente y como era costumbre, reunión familiar.
Como si nada hubiese pasado días atrás, traté de ubicar visualmente el estuche, ahí estaba, como siempre, al lado del piano.
Pero claro, entre aquel momento del empeño, cuando yo era pibe y ese Domingo había transcurrido toda una vida.
Los hijos no entendemos que nuestros padres tambien crecen, e igual los queremos fuertes.
No quise darme cuenta que mi Papi ya estaba grande y por problemas propios de la edad, era imposible que volviera a tocar un tanguito o un vals, en Su Bandoneón.
No sé si el trofeo obtenido fue un logro o simplemente un espejo que me mostraba una cruel realidad.
Me “cayó la ficha”, pensando que los tiempos que uno vive no son los mismos tiempos de los demás.
Quedó en mi recuerdo aquella noche de la calle Corrientes, aquella charla, aquel café. Inolvidable
Escuchar “Adiós Nonino” siempre me roba alguna lágrima o varias, porque Nonino es como que fuera mi viejo, la calidez de su mirada y ese hacer sonar el bandoneón.
Quien me puede negar que en este momento o en cualquier noche de estas, esté junto a Astor, interpretando alguna música de Buenos Aires?
Al menos, algunas noches, los escuché tocar juntos.
La foto de Don Astor brilla debajo del vidrio de mi mesita de luz, la de mi viejo con su sonrisa, la llevo en mi corazón.
“Desde una estrella al titilar, me hará señales de acudir, por una luz de eternidad, cuando me llame voy a ir…”
(Astor Piazzola – Eladia Blázquez)
Carlos Emilio Dentone
Aquel bandoneón, un Cuento autobiografico que participó en un Certámen organizado por la SADE de Mercedes, logró un 2do. Premio y nunca más salio a la luz.
El Aniversario de los 100 años de nacimiento de Astor Piazzolla me motivaron a publicarlo.
Astor es nacido un 11 de Marzo y mi Papi un 13 de Marzo. La vida …

INTERROGANTES (pandemia)
INTERROGANTES
¿Será que el ser humano cambia su forma de ser cuando el infortunio lo visita?
¿Somos tan básicos que sólo despertamos ante el dolor?
Las preguntas fueron globales, pero van dirigidas especialmente a mí.
Me lo pregunto ante estas nefastas circunstancias donde un virus pone en jaque a la humanidad.
Es cuando no salgo por mi propia convicción de mi “zona de confort”, sino porque me obligan, me exigen, me guardan.
Recién ahí despierto y actúo en consecuencia.
Soy solidario, me preocupo, me ordeno, me planifico, me contacto con el prójimo, valoro al que tengo a mi lado, miro mi planta, mi jardín, observo mi casa, sus paredes, los muebles, doy prioridades, me cuido, comparto, me informo, no dependo totalmente de la TV, refloto mis juegos de mesa.
El Médico, la Enfermera, el trabajador de la sanidad … ya no los siento como antes, se convierten en extrema necesidad, los pongo en el podio de los próceres.
Le doy otro enfoque a la tecnología, comunicación real.
Salgo al balcón y aplaudo.
Recurro mucho más al Ser Supremo.
Doy consejos, los recibo, preveo, y así … así la circunstancia. Cambio mi forma de ser, de pensar, de actuar …
En el medio del caos reflexiono, mientras me cuido.
¿Quién soy yo? ¿Cómo soy?
¿Soy aquél que vivió siempre de una manera o soy éste apremiado por el momento?
Quizás no sea el momento de responder. Quizás sea el momento de actuar para colaborar con la extinción del virus y no mucho más.
Pero ya llegará el momento en que sentado frente a un espejo delibere conmigo mismo y extraiga mi mejor versión.
Viví sin mayores temores, sin mayores necesidades, sin valorar demasiado y estaba cómodo, me sentía bien.
Hoy vivo temeroso, con muchas necesidades, valorando hasta el aire que respiro. Estoy incomodo, no me siento bien.
¿Por qué soy distinto según la circunstancia? ¿Por qué no soy el mismo … venga lo que venga?
Ya me sentaré frente al espejo !!!
Y vos amigo … ¿te sentarás frente a ti?
Carlos Emilio Dentone
Incluido en Antologia:
«Unidos pudimos», del 2020
Administrada por:
Nahuel Nasgho Gómez

«SOS BUENOS AIRES». Para: Amelita Baltar. De: Carlos E. Dentone, Narra: Marita Monteleone.
Agradecimiento a Amelita Baltar.
DE REGRESO A BUENOS AIRES (Viajes)
DE REGRESO A BUENOS AIRES
Fue la primera vez que la Empresa en donde trabajaba, me encomendaba una tarea fuera del Pais, el destino México, precisamente en el Distrito Federal y con el pasar de los dias, visitas puntuales a Guadalajara, San luis de Potosí y San Juan del Rio.
El recorrido estaba totalmente programado.
La premisa era visitar distintas Empresas y observar los medios tecnológicos que aplicaban a ciertos sectores de la Produccion.
Luego, hacer un analisis para definir si podia tener aplicación para nuestro estilo de Produccion.
Fueron pocos dias, pero muy exigidos y de aprendizaje total.
Al regreso de la actividad diaria, me quedaba tiempo para un buen baño, una cena bien temprano, comparada a nuestra costumbre, terminar de acomodar los papeles del dia, reportar algo a la Empresa y tomar la inmensa cama por asalto.
El paso siguiente no era obligación, antes de dormir, era el placer y la necesidad de hablar telefónicamente con mi esposa, con quien llevabamos 5 años de casados.
La extrañaba y era nuestra primer experiencia de estar separados por 16 dias exactamente.
Nos contabamos lo acontecido en nuestro dia hasta que uno de los dos caía exhausto. Ella tenía su trabajo como Profesora, en un par de Escuelas, finalizaba sus jornadas con mucho cansancio.
Los horarios cambiados entre paises complicaban la charla. Pero estabamos en un lindo contacto, en una situacion que no habíamos vivido, hasta ese momento.
No tuve tiempo de recorrer un poco siquiera como turista ese País, solo aprovechaba los huecos que los anfitriones, habian dejado libres, con la intencion de poder hacer algún mini-paseo.
Con algunos consejos pude conocer las Pirámides de la Luna y el Sol. Impresionante, para un Capitulo aparte.
Tambien pude visitar algunos lugares tipicos de cada lugar donde tenía reunion en las distintas Empresas.
Hermoso lo tipico y tradicional de cada lugar y un deseo que me acompaño siempre fue el pasar por el Estadio Azteca donde el futbol argentino se consagró Campeon Mundial en 1986.
Asi le solicite al conserje del hotel, me pasó a buscar un taxi, aunque el taxista de turno me trasladó hasta la cancha, lo rodeó con una velocidad impensada.
Su meta era que conociera las distinta pinturas sobre edificios o paredes. Nada errado el hombre, en la “Capital del Muralismo”, a Diego Rivera lo nombró muchas mas veces que si me hubiera permitido hablar de nuestro Diego.
Pude concretar inicios de negociación y al regreso a Buenos Aires les presentaría el proyecto a los Directores de la Empresa y Gerentes de Produccion.
Por haber sido mi primera vez en esta experiencia me senti con el deber cumplido, viajar y conocer es un patrimonio único, el sentir el extrañar a mi esposa y mi hogar también fue una hermosa prueba.
O sea, había cubierto mis expectativas y más también, pensando en que lo visto en las empresas lo podiamos realizar en la nuestra, con una pequeña inversión.
Deseoso ya de regresar a casa, llegó el día !!!
Debía de esperar un vuelo que provenia de Miami, embarcar y luego de 10 horas de avión pisar suelo Argentino y llegar a mi hogar.
Mi equipaje no era demasiado: una valija pequeña, un portatraje y un bolso de mano.
No niego que estaba muy cansado y que la demora en esperar el vuelo, que se atrasó 3 horas fue mortal, pero al fin arribó.
Indudablemente el grueso del pasaje descendió en Mexico, ya que al subir al avión y buscar mi asiento, observé que gran parte estaba vacio.
No se porqué me otorgaron o elegí un lugar bien al fondo, no era lo ideal pero, sabía que en determinado momento podría sentarme en cualquier lugar de los vacíos que había.
Caminando por uno de los pasillos en busqueda de mi lugar, me sorprendió una chica que estaba acostada como tan larga era, ocupando 4 asientos.
Con experiencia en viajes había levantado todos los apoyabrazos y quedó una “cama” extendida, como para dormir un buen rato.
No solo me sorprendió sino que me frene a mirarla.
Aunque acostada noté un bonito cuerpo, un cabello con rizos de color castaño y a un costado un par de botas texanas y un sombrero tipo vaquero que sostenía con una mano con algun esfuerzo.
Tropecé con uno de los asientos y tuvo un sobresalto, asomó su rostro, me miró y con una sonrisa avergonzada, alcanzó a decirme :
– Hola – con un acento castellano, pero con un dejo extranjero.
– Hola – mi respuesta fue cortante, mas avergonzado que ella por mi invasión no prevista.
Continué mi camino de inmediato.
Ubiqué mi asiento sobre la ventanilla y mi bolso lo coloqué en el portaequipaje.
Al ratito las instrucciones de las azafatas, y sin darme cuenta ya estabamos despegando.
Me fascina viajar en avión, aunque siempre algun nervio o adrenalina me invade al partir o al aterrizar.
En esta ocasión mi mente no contabilizó nada, solo recorría una y mil veces el cuerpo de aquella chica, su “Hola” y una carita que solo se ve en alguna película, en alguna revista o en algún sueño divagante.
Que bonita mujer !!!
Por fin volví a la realidad y mirando por la ventanilla ya no se veia tierra. Solo un cielo celeste con nubes como pintadas, hermoso paisaje y vuelo sereno.
A mi lado no tenia acompañante por lo que me senté mas distendido.
Pensaba que en 9 horas estaria sobrevolando Argentina.
Trataba de hacer un recuento de los dias anteriores, de como presentar mi trabajo y … no me concentraba.
Enfoqué mi pensamiento en mi llegada a mi casa, en abrazar y besar a Claudina, asi nombraba a Claudia, mi esposa.
De todas formas estaba distraído, no podía fijar mi mente, esos pensamientos giraban alrededor de esta chica.
Decidi cerrar los ojos y tratar de dormitar un rato. No correspondía estar pensando en otra mujer.
No pasó mucho tiempo cuando escuché el paso del carrito, llevado por una azafata ofreciendo alguna bebida y algun canapé.
No me resisti y al tiempo de abrir la boca, veo caminar por el otro pasillo a ella, que con una sonrisa franca y un movimiento de cabeza muy sutil me saludaba, como si fuéramos conocidos.
Intenté darle una devolución a tono, pero con todo el canapé en la boca, no salió ni un saludo.
Solo tragué como pude el bocado sin saber ni que gusto tenia.
Indudablemente ella se dirigía al toilette en la cola del avión.
Bebí mi gaseosa y me puse a leer la revista de distribución de la compañía aérea.
Mas que leer queria meter mi cabeza entre las hojas y no ver su regreso.
Tal cual, no la vi regresar.
Tiempo para continuar distendido y tratar de no pensar en nada.
Me dormité otro rato, al despertar, note que estaba muy tenso y mis piernas necesitaban caminar un rato.
Me levanté, pasé por el baño, y luego a pasear por los pasillos.
El vuelo era sereno. Daba paz. Mi intención era ver parte de la Cordillera ya que sabia que en alguna parte se podía admirar, pero aún faltaba.
Fui y vine varias veces por esos pasillos, cuando me di cuenta que no vi a la chica que había despertado un interés especial en mi.
No queria ni pensar … pero la atracción era fuerte.
Supuse que estaria en la parte de adelante, donde había muchos mas pasajeros.
Mejor que no la vea repetía para mis adentros.
Esas incongruencias internas de querer y no querer.
Para cambiar un poco mi visión me senté a la misma altura de mi ubicación pero del otro flanco, a mirar por la otra ventanilla. De todas maneras el paisaje no variaba.
Para tener mas espacio me senté del lado del pasillo, para estirar las piernas.
De pronto y caminando por el pasillo, veo venir a esta muchacha, que cual modelo, se lucía con su andar.
Me miraba fijo, con esa sonrisa que ya me había cautivado y al llegar a mi, me preguntó:
– Puedo sentarne con vos? No te molesta?, mientras depositada su cuerpo en el apoyabrazos del asiento.
– No… No hay problema, le respondi.
Mientras su espalda y un poco mas, se apoyaba en mi brazo derecho, con sus piernas hacia el pasillo y su cara dandose vuelta constantemente para mirarme, mientras conversabamos.
Una charla de presentación … hasta formal diria.
Su nombre Emilce, venía de Miami, donde vivía su novio, lo que me dio cierto alivio.
El tenia un negocio de artículos de electrónica y ella además de visitarlo 2 o 3 veces al año, aprovechaba a traer algunos productos para vender en Buenos Aires, más precisamente en la zona de Paternal, donde vivia con su madre.
Tanto Emilce, como Adrian, su novio, eran argentinos, y aquel acento que intuí extranjero, se debía a que vivio algunos años en Dinamarca.
Por supuesto le conté acerca de mi viaje, de mi trabajo, de mi esposa, de mi vida.
Si bien al principio trataba de alejar mi brazo de su cuerpo, a esa altura de la charla estaba incomodo y Emilce en realidad se sentia cómoda apoyada en mi.
Los giros de su rostro hacia mi, para hablar, me daban la seguridad que era muy bonita.
Su cabello, su piel, su boca, su perfume me envolvían en un estado hermoso. Que perfume emanaba !!!
Un estado de embeleso que vivia con mucha culpa, pero lo continuaba disfrutando. Seguía incongruente. Sentimientos desencontrados …
Que difícil !!!
Interiormente no me despertaba una cuestión sexual o bien yo mismo me imponía una barrera, que no permitía que en uno de sus giros del rostro nuestras bocas quedaran tentadoramente cerca, pero me sentía más que cómodo charlando con ella.
No se que tiempo pasó, nuestra charla crecía en intimidad.
Un tema crucial fue en el momento en que se servia un refrigerio y pidió dos vasos de whisky, sin preguntarme.
A esta altura estábamos incomodos y me pidió que me pasará al asiento de la ventanilla, para poder sentarse ella en el del pasillo.
Brindamos como si festejaramos algo y lanzó una pregunta donde se abrian puertas, compuertas, pasillos, ventanillas y caminos insólitos e ineditos para esta parte de mi vida. No estaba en mis planes, ni siquiera en mi imaginación.
– Nicolas, me dijo, vos que tenes experiencia, me llevas 15 años, sos casado, se te ve un tipo serio, que amas tu hogar, a tu esposa, nunca te pasó que con ella te aburris en la cama? –
Y continuó:
– Porque yo amo a Adrian pero ya no lo siento. Me entendes? –
Su mirada se clavó en la mia.
Tragué el whisky que me ardió hasta las uñas y pensé cuanto tenía madurado esta chica por ser joven.
Yo pensaba tan pibita y ya aburrida?
Le quise responder como si supiera, me trabé, se dio cuenta y siguió hablando ella:
– Mira, se que no me vas a tomar por una cualquiera, pero hoy cuando me desperté y te vi parado cerca mio, fue como un flechazo, no te digo “amor a primera vista”, pero me gustaste, esa incipiente barba y esas canas que caprichosamente me tientan, me hicieron pensar en un sueño que nunca cumplí: Estar con un maduro de tu tipo. No solo cama sino compartir cosas. Fíjate que bien estamos, ya 2 horas y media hemos pasado conversando.
Creo que nunca estuve tan incomodo disfrutando tanto.
No podia callar, algo tenia que decir y trate de ser sincero:
– Emilce te entiendo lo que decis, pero ya que se da esta oportunidad, te digo que no podria fallarle a mi esposa, te repito estoy esperando llegar a casa para verla. De tu parte es lo mismo, amas a tu novio.
Y traté de seguir «explicándole»:
– Lo de la cama será pasajero. A muchos nos pasa … a muchos.
Y seguí !!! El whisky me ablandó la lengua:
– Vos pensas que a un hombre maduro, con mis 40 años, no le agradaría estar con alguien joven y bonita como vos? Como decis, no solo la cama, sino conversar, compartir actualizarse en temas de vida, ver otra mirada sobre la pareja, sobre un futuro …
Ya no intentaba frenar:
– No te lo dije antes, pero a mi me pasó lo mismo que a vos cuando nos vimos. Sos hermosa. Me enamoré. Asi como ois, me enamoraste. Pero entre ambos busquemos una salida para no hacerle mal a nadie.
Un par de lagrimas caian de los ojos de Emilce, se deslizaban por sus pómulos hasta la comisura de sus labios.
Sin gestos miraba hacia la nada.
Una situación que no esperaba.
Yo moría por besarla y abrazarla.
Pero me mantuve firme. Se recostó sobre mi y se durmió.
Que sensacion acariciar su cabello.
Creo que la charla fue tan intensa que yo también me dormi.
Al rato se despertó y me llamó:
– Nicolás !!! que hermoso Nicolas quedarme dormida en tu pecho. Cosas como estas te decía. Te adoro.
Me costaba despertar pero entendía lo que me decía y yo hubiese dicho lo mismo, pero le comenté:
– Te fijaste, estamos a una hora de llegar a Buenos Aires !!!
Tristona me comentó :
– No arreglamos nada, te doy mi tarjeta personal, teléfono, direccion y Email. Llamame por favor !!! O escribime no se …
Tomé su tarjeta como si fuera un pecador.
De todas formas me iba a dar una oportunidad, una oportunidad a mi mismo:
– Cuando tenes un dia libre para que programemos una salida? Me lancé.
Sin mediar palabra me beso hasta que la respiración se entrecortó.
Ahí con cara de feliz me dijo:
– Como besas por favor !!!
Llamame cuando quieras yo estoy libre, me das un rato y te espero en la puerta de mi casa. Si querés te presento a mi Mamá el día que vengas. – cerró esa boca con una sonrisa ganadora.
Y si me habia ganado por knock out … lo pensé y lo repensé. Le voy a proponer salidas esporádicas y charlas telefónicas.
Nada comprometido.
Sabía que no sería tan así.
Por prudencia y respeto no quiso tener mis datos, ni mi Email siquiera …, además era una forma de dejar el tema en mis manos.
Un beso más iba sellando este viaje de regreso inesperado.
– Vamos agarrando nuestras cosas y nos encontramos ya aterrizados en este asiento. En nuestro nido de amor… dijo con su ternura y esa sonrisa. Y agregó ni comimos. Te invito a un refrigerio en la confitería del aeropuerto. Vale?
Ya sobrevolabamos mi lugar, mi tierra.
Es lindo viajar pero tambien es lindo regresar.
Un adicional extra me esperaba esta semana o la próxima. Tenía que organizarme … no estaba feliz pero Emilce no era para despreciar. Solo tendría que evitar enamorarme.
Llegué primero al asiento “nido de amor” con mi bolso.
Que rápido se me hizo el regreso. Seria una tonteria decir “se me pasó volando”. Pero asi sentí.
Al minuto estaba Emilce, se habia cambiado:
Jean oscuro, camisa de jean celeste, campera de cuero claro, aquel sombrero y aquellas botas texanas.
Venia con tres bolsitos y un portacosmeticos redondo, de buen tamaño, con rienda para colgarse como bandolera.
En el apuro por llegar y saludarme con un beso, se le cayo un bolso. El beso primero y recoger el bolso luego.
Nos reímos como compinches.
Ya los pasajeros iban terminando de bajar.
Ahí fuimos nosotros para la salida delantera.
Caminabamos lentos, ninguno de los dos queria que el viaje finalizará.
Me dijo :
– Tenes equipaje? Yo solo una valija. Esperamos la “calesita” y hacemos aduana. No creo que nos revisen demasiado esta todo en orden. Igualmente no vamos a pasar juntos por aduana. Quizas a uno lo revisen al otro no es según el azar. Las ultimas dos veces me tocó.
De todas formas nos encontramos en la confiteria y tomamos y comemos algo , podes verdad? –
– Si claro, como no, así nos podemos despedir … hasta el Miercoles?- le respondi con la pregunta en el aire.
– Cuando quieras amor, me dijo mientras recaudó un beso más.
Ya en la escalera le pedi de llevarle un bolso ya que iba cargada.
– Nooo, me dijo estoy acostumbrada a llevarlos, terminó de decir eso y el portacosmeticos voló por el aire.
Una azafata, como todas muy amable, nos esperaba en tierra para entregarnos el objeto volador.
Como caballero que soy lo tomé y Emilce dijo:
– Bueno llevame ese asi no lo revuelo nuevamente … Jajaja …
– Bueno bombón en la confitería te lo doy.
Llegamos al control, le hice seña para que pasara primero.
No le toco revisión.
Pasó rápido y del otro lado me saludaba con los brazos en alto y los bolsos en el piso.
Hasta de lejos era bonita.
Paso yo, toco el boton del rojo-verde. Rojo … a control …
El bolso, valija y portatraje todo perfecto, bien revuelto pero sin objeciones.
El policia de control jugó una broma con el necessaire, que se notaba claramente que era de mujer.
– No no, le dije, no uso, Jajaja, no es mio es de una Amiga, la chica que acaba de pasar iba cargada, por eso me lo dio a mi.
Lo abrió y claro, se encontró con todas las pinturas, lapiz de labios, un arqueador de pestañas, una polvera, etc. Luego, Una tapaespejo y debajo potes, potes de crema. Abrió uno, lo cerró y así hizo con los 3 restantes.
Un policia aduanero, que estaba al lado del control, tomo su handy y no entendi que habló.
Solo sentí un “ok” del otro lado.
Al segundo tenia a mi lado dos policías, uno de los cuales me dijo muy sutilmente :
– Nos acompaña por aca caballero.
Sin entender mucho los acompañe a una oficina.
Al instante comenzaron, las preguntas:
– De quien es el necessaire señor?
– De una amiga que viajó conmigo, me esta esperando del otro lado. Que problema hay? La vamos a buscar y asi no se preocupa, que me está esperando.
No perdieron tiempo. Uno de ellos me puso una esposa en mi muñeca derecha y me dijo:
– caminé bien pegado a mi.
– Pero que hace? , contesté incomodo con la situación.
– Calladito, vamos a buscarla -, balbuceó
Les mostré el lugar donde estaba antes de pasar yo. Ya no estaba.
– Ahhhh me había dicho que me esperaba en la confitería, les comenté.
Allí fuimos rápidamente. La recorrimos toda. Hasta se plegaron dos policías más, recorriendo los negocios de alrededor. Yo ávido de encontrarla, pero la tierra se la había tragado. Pensé debe estar en el baño.
No me dieron tiempo a decirles y volvimos a la oficina. Me pidieron toda mi documentacion. Todo en orden.
Otro hombre vestido con guardapolvo blanco ingreso por una puerta interior y dirigiendose al que se lo notaba como un superior le dijo:
– Confirmado mi Comisario, lo de siempre: «merca», dos potes con cocaína pura, uno con pasta base y el cuarto con pastillas LSD.
Yo escuchaba y pensaba estos me plantaron la droga a mi, me usaron de “perejil”, que hijos de puta son.
El comisario me preguntó:
– Hace mucho que conoce a su amiga?
No le podía mentir.
– No no, la conoci en el vuelo.
– Y la llama amiga?
– Charlamos mucho nos hicimos amigos. Además mire señor Comisario hay una alternativa, tengo todos sus datos, se la puede ubicar facilmente y va a salir de dudas.
Le di la tarjeta que Emilce me había entregado en el avión.
Rapidamente sacaron 4 o 5 fotocopias se las repartieron entre los policias y cada uno salió rápidamente de la oficina.
Al rato volvio el primero :
– Mi comisario este nombre y apellido no figura en el listado del viaje 704 y tampoco hay antecedentes de otro viaje al menos en esta aerolinea.
Entraron otros dos, uno de ellos dijo que el telefono celular y el teléfono fijo no pertenecían a “un abonado en servicio”.
El otro dijo que envió un par de emails y resultaron con direccion errónea. Le vinieron rebotados al instante.
– Señor Nicolás Alberto Espina, usted escucho todo. Piensa que le voy a creer lo de esa amiga que usted inventó para culparla a ella de pasar merca? Podria haber utilizado otro bolso, una valija, nos quiso tomar el pelo? Tan pelotudos nos cree? Le comunico que hasta que venga el fiscal quedará detenido e incomunicado. Cuando venga el fiscal ya le dira que se comunique con un abogado y mas instrucciones legales.
Jajaja !!! Gerente de Empresa haciendo gestiones comerciales en México para entrar “merca”, no saben lo que inventar, dijo el comisario saliendo de la oficina y pegando un portazo que hizo vibrar todos los vidrios.
Quise explicarle mas cosas al policía que se quedó “custodiandome”
– Señor usted esta incomunicado, no me comprometa. Haga silencio.
Yo que nunca había probado ni un cigarrillo en mi vida, mi vicios eran el futbol, mi hogar, mi esposa y mi trabajo … estaba preso por perejil de la aduana.
Todo muy claro, tal como terminan las series de televisión norteamericanas.
Mil cosas en mi cabeza, las esposas que cada vez me apretaban más, mi mujer, la empresa, mi informe, Emilce … Todavia me estará esperando y preocupada, mi bonita !!!
Que justo me pescaron con ese portacosmeticos de mierda.
Si salia la luz verde y pasaba, estariamos comiendo algo y luego tomando un café en la confitería del aeropuerto y seguramente mimandonos.
Luego la hubiese acompañado al remis, la hubiese ayudado a subir los bolsos con la advertencia de:
– Cuidado el necessaire, no se te va a dar por revolearlo de nuevo !!!
Hubiese venido el beso de despedida del viaje, porque el Miércoles era fija que nos veríamos nuevamente.
Asi nos hubiésemos despedido y yo feliz tomando mi equipaje yendo a buscar otro remis.
En el viaje hacia casa, pensaría que regalo de todos los que le compré, le entregaria primero a mi amada Claudina.
Ni lo dudaria …, ella de profesion investigadora histórica, el almanaque azteca de madera, la haria mas que feliz, aunque esas camisolas bordadas a mano, no le disgutarían … Si no hubiese habido este inconveniente ya estaría llegando a casa …
– Agente, me puede aflojar las esposas, por favor, me están apretando mucho.
– Silencio le dije, caballero, no entendió que no puede hablar con nadie ?
Carlos Emilio Dentone

RELATOS FEB-20 FEB-21 (Balance)
EL CAMAFEO (Leyenda ???)
EL CAMAFEO
En nuesta juventud, allá por los años ‘70, ibamos a bailar todos los Sábados, con mis amigos, salvo que algún otro evento nos llevara para otros lares.
Si bien nuestra costumbre era visitar distintos clubes, no sé bien los motivos o el porqué de apegarnos a un boliche, en el Sur del Gran Buenos Aires, hoy Conurbano Sur.
Nos hicimos habitué del mismo.
Teníamos un colectivo que nos dejaba en la esquina, luego de 20 – 25 minutos de viaje.
Con el transcurso del tiempo, nos enteramos que una chica de 18-20 años, iba a bailar y se comentaba, que varias veces la vieron salir o entrar al cementerio que quedaba a 6 cuadras exactas del lugar.
Contaban de una imágen angelical vestida siempre con una túnica y tules blancos. Hermosa de cara, agradable y un cuerpo con curvas pronunciadas.
Entendimos que era una leyenda, como tantas que se cuentan de aparecidos y fantasmas. Lejos de creer en esa historia, imposible de comprobar, nos gustaba el lugar. Nos sentiamos cómodos.
Una de esas noches de Sábado, yo estaba con dolores en una pierna, por una patada que me dieron jugando al fútbol, esa misma tarde.
Los acompañé, porque los amigos tenemos esas cosas, pero sabía que no iba a poder dar un paso.
Estimé prudente quedarme en una mesa retirada de la pista y, mientras escuchaba linda música, tomé alguna medida de Paddy, una bebida económica, en cuya publicidad lo comparaban con el mejor whisky … mejor no comparar …
Ni bien tomé asiento, me acomode estirando como pude mi pierna y a los 2 minutos pidiéndome permiso, una pareja y una chica se sentaron a mi lado. Compartir una mesa, era normal.
Charlaron animadamente y bebieron sus buenos tragos.
La pareja salió a bailar y la chica que quedó conmigo, para “romper el hielo”, me convidó de su vaso:
– Querés un poquito? Está bueno – me dijo.
Yo bebí, comenzamos a conversar y, por delicadeza, la invité con otra copa.
Era muy agradable y muy bonita, lucía un vestido negro, que hacía resaltar sus ojos celestes y unos rulos en su cabello, que vibraban con cada movimiento suyo.
Sentía que cuanto más la miraba y más bebía, mi corazón latía a toda velocidad.
Me había enamorado?
Nunca me pasó algo tan así … tan explosivo.
Seguimos bebiendo.
La charla pasaba por lo trivial, el baile, la música, la ropa, la gente.
Le conté de mi pierna y le agregué que si no fuera por eso, estariamos en la pista bailando. Como para ir intimando un poco.
Ella, mirándome fijo a los ojos, cortó ese diálogo, diciéndome:
– Perdé cuidado, no bailo –
Muy contudente en su respuesta.
Cuando quise preguntar el motivo por el cual no bailaba, el alcohol y esos ojazos que no se apartaban de los míos, tuve un mareo y el sueño o un desvanecimiento me venció.
Me dormí sobre la misma mesa.
Me despertó una voz, muy pegada a mi oído, diciéndome:
– Son las tres últimas canciones … los lentos, y yo tengo que regresar, me acompañas?
Cuando la pude ver, medio confundido, me di cuenta que era ella, que estaba tomada de mi brazo, más hermosa aún.
– Andá para la puerta y esperame, ya vuelvo.
No lo dude.
Si era amor lo que sentía, acompañarla me haría bien y si no, un par de besos me conformarían.
Fui a la puerta. El aire me despertó totalmente.
Siento su brazo pasar sobre mi hombro y su voz dulce:
– Vamos, estamos cerca.
Era ella, se había cambiado de ropa, cambió el negro del vestido por un blanco de una tunica. Continuaba hermosa.
No niego que ese cambio de ropa me hizo pensar en la historia de aquélla mujer …
No me importaba quedar dentro de aquélla historia, nunca iba a tener posibilidades de estar con alguien de semejante belleza.
Mientras caminábamos agarrados, me contó que hacía muchos años, descubrió a su amado novio, a dos meses de casarse, con otra mujer en ese mismo boliche, que hoy estaba refaccionado, abrazados y besándose con pasión.
De un ataque de odio, salió corriendo, cruzó la calle y se llevó por delante a un colectivo.
Terminó su relato y llegamos a una calle con un paredón enorme.
Mi excitación desbordaba. Estaba oscuro, no había gente, era el lugar apropiado.
Intenté besarla y me dijo:
– Espera que ya llegamos.
Tras unos pasos más, se paró ante una pequeña puerta de chapa.
– Pasá, me dijo, con la dulzura que la caracterizaba.
Con el chirrido de las bisagras me despabile del todo, entré, la oscuridad era total. Sólo veía el contorno de su ropa.
Una sensación extraña de pánico y ganas de salir corriendo del lugar, se contraponían con el querer seguirla en su caminar.
La incertidumbre se adueñó de mi.
Enloquecido por esa mujer, seguí sus pasos.
El deseo me impedía pensar.
– Seguime tranquilo, nadie te va a molestar – su voz tierna me indicaba el camino.
Me animé. La tomé de la cintura pero noté que no había nada más que la túnica y enredé mi mano en la chalina, para no dejarla en el aire … otra sensación extraña, pero como hipnotizado, continué el sendero, un camino donde la luz de un sol brillante, comenzaba mostrarme un lugar espléndido.
Al mismo tiempo, y en el boliche, mis amigos le explicaban al encargado que no me encontraban.
Como cosa de todos los días les dijo:
– Vayan caminando 6 cuadras a la derecha. Esperen a que se hagan las 8 de la mañana y en el portón central del cementerio, pregunten al guardia por este chico, quizás esté por ese lugar.
Si bebió mucho, es probable que esté ahí.
Suerte !!! les deseó y se apagaron las luces del salón, con una sincronía maestra.
Llegaron con todo el miedo y un poco más también. Poco hablaban entre ellos.
Se hizo la hora, las 8 de la mañana … ubicaron al guardia, le contaron lo sucedido.
El guardia llamó a un ayudante:
– Acompañá a los chicos, fíjate si un amigo perdido está por ahí. Vienen del boliche …
El ayudante le dio la última chupada al mate, le cebó uno a su jefe y tomó un alambre, que hacía las veces de llavero, con llaves enormes y oxidadas, y convocó a los chicos a seguirlo.
Los chicos, por más que temblaban, siguieron al hombre, que caminaba con paso firme.
Pensaron lo peor, pero tenían que afrontar el momento.
El hombre abrió la puerta de la morgue con 4 cerraduras, encendió unas luces muy lúgubres y esperó afuera.
– Pasen – dijo invitándolos.
Yo escuché todo el movimiento. Los chicos, agarrándose entre ellos, fueron recorriendo las mesas de mármol.
Uno de mis amigos dijo :
– Rajemos !!! Qué vamos a hacer acá ? Yo no doy más.
– No se asusten !!! estoy aquí. Les dije en voz baja.
Acérquense, tengo algo que debo mostrar en la salida y nos vamos para casa sin inconvenientes. Tranquilos !
Así hicimos, le entregué un viejo camafeo al encargado de la guardia, éste lo guardó en una cajita de cuero y lo depositó en una vitrina. De un cajón del escritorio sacó uno igual y me lo entregó, diciéndome en voz muy baja:
– No lo pierdas.
Una vez en la calle buscamos la parada del colectivo, sin decir palabra.
Al darse cuenta que yo estaba bien, con mi cara de felicidad y hasta caminando sin renguear, me acosaron con preguntas.
Yo sabía también cuál era la respuesta que tenia que darles.
– Ehhh !!! Tranquilos!!!
Les cuento que el dueño del boliche le pidió a la policía que, cuando alguien se emborrachaba, lo sacaran a la calle, para evitar lios.
Los milicos decidieron llevar al “curda” a la morgue del cementerio para darle una lección para toda la vida y era una forma de tener buen ambiente en el barrio y que la “taqueria” no se le llenara de borrachos. Eso fue lo que pasó. Bebí demasiado, chicos, nunca me pasó, ustedes me conocen bien, les pido disculpas por este mal momento.
No se imaginan el susto que me llevé cuando me desperté …
No les podía decir que había pasado la noche más maravillosa de mi vida y que intuía que jamás podria volver a vivir una noche iguai.
No creyeron para nada mi descargo, mi explicación. Nada !!!
Al verme en ese estado de plenitud, algo pensaron sobre lo sucedido y aquélla leyenda. Prefierieron callar y esperar el colectivo.
Yo debía cumplir con 3 cosas que había pactado, horas atrás:
La primera, nunca más volver al boliche.
La segunda, no perder el camafeo, conservarlo como un tesoro.
La última, guardar secreto sobre esa noche “especial y sin tiempos”, que había vivido con ella, con esa chica que murió cuando fue atropellada por el colectivo, 63 años atrás.
Cumplí con todo.
No pisé nunca más aquél boliche, mis amigos casualmente tampoco.
El camafeo quedó muy bien guardado, sólo lo saco para ver y acariciar el relieve de su rostro.
Guardar silencio es el secreto, a fin de no formar parte de aquélla vieja leyenda.
Carlos Emilio Dentone

ME OLVIDE DEL MUNDIAL (Padres-Hijos)
ME OLVIDE DEL MUNDIAL
Son esos días únicos, irrepetibles, deseados, inesperados, donde la inmensa alegría y la felicidad son testigos que dejamos entrar a un Ser Supremo en nuestro corazón.
Es por eso que antes de entrar en tema, quiero que el prólogo sea solamente la palabra gracias, la inmensa y sencilla palabra GRACIAS.
Corría el mes de Junio de 1998 y faltaban pocos días para que Argentina debutara en la Copa del Mundo de Fútbol en Francia, más precisamente en la ciudad de Toulouse, contra Japón.
Dias antes, Cristián, mi hijo de 6 años de edad, habia traído una nota de la Escuelita de Fútbol del Club Quilmes, dónde practicaba.
A pesar de la sumatoria de problemas conque uno vive habitualmente, una Copa Mundial de Fútbol, no la palpitamos todos los días, … más exactamente, cada cuatro años y para los futboleros es una cita impostergable.
A esa altura todos los especialistas en el tema, habíamos dado nuestra opinión, nuestro veredicto acerca de cada Equipo, de cada Técnico, de los Semifinalistas, Finalistas y casi con seguridad el nombre del Campeón, … y bueno, somos asi … un poco Directores Técnicos …
Luego, si aquello que vaticinamos no se dió, tendremos a mano una serie de excusas para poder justificar lo injustificable de nuestro error.
Para los futboleros, cuando un Campeonato Mundial se avecina, lo más probable es que hagamos un recorrido mental, una especie de recuerdo estadístico desde aquella primera vez que escuchamos o vimos un Mundial.
En mi caso, el primer mundial que viví, fue a mis 8 años, 1958 – SUECIA, la radio nos ponía al corriente de lo que ocurría a miles de kilómetros.
Argentina perdía 6 a 1 con Checoslovaquia.
Si bien era muy chico para recordar, la sensación de tristeza me quedó grabada.
1962 – CHILE, en esa época yo lo viví con más entusiasmo, jugaba más de uno, de aquél San Lorenzo Campeón del ´59.
Con medio Ciclón Campeón, que integraban la Selección mayor, quedamos afuera. 2da. frustración. Esta también dolió …
1966 – INGLATERRA, el “Tucu” Albrecht, el “Rata” Ratín, la Reina, la Alfombra Roja, el banderín del corner apretado con un puño, por la misma impotencia, por rebeldía y otra frustración … para mí, la 3era.
1970 – MEXICO, el Pelé de Brasil y el Brasil de Pelé, impresionante !!!
Para mi gusto, el mejor Mundial, pero nosotros “nones”, perdimos la clasificación en cancha de Boca frente a Perú, ante mi presencia, que no sirvió para nada. Que sufrimiento estar ahí, en el instante de la eliminación.
1974 – ALEMANIA, Ratón Ayala, Babington, el Loco Houseman, Brindisi, parte del Huracán Campeón 1973, equipazo, pero también afuera.
1978 – ARGENTINA, sin palabras, déjenme recordar y sentir…, que lo compramos? que el 6 – 0 a Perú ? Dejémoslo ahí. Argentina Campeón del Mundo, sí … Argentina Campeón Mundial !!! Por primera vez !!! Mí reconocimiento para todo el plantel, destacando al «Matador» Kempes.
1982 – ESPAÑA, con toda la expectativa de Campeón, un bajón, otro fracaso. Fue otro que dolió mucho.
1986 – MÉXICO, inolvidable.
Fue un mundial visto por mí con muy poca objetividad, en realidad ese Mundial pasaba por un amigo, el Vasco, si … el Vasco Olarticochea, Cinquito para la barra de Wilde.
Si es como evocar el recuerdo de los picados en el Parque Dominico cuando jugábamos juntos, él era 5 y yo…, yo lo miraba pasar.
Entró por lesión de Garré, con el 16 en la espalda y a partir de su ingreso hasta que el Mundial puso fin, hasta ese último segundo con Alemania, con un Diego único, imparable, Argentina levantaba su 2da. Copa.
Una emoción desbordada.
1990 – ITALIA, sin el título máximo, pero con la misma sensación y la misma pasión de haberlo logrado. Con los penales del Goyco, los tantos que atajó … y aquél último que por muy poquito no contuvo.
Hasta la música del mundial quedó grabada en mas de un corazón argentino.
El Vasco presente también y, a pesar de haberlo dejado fuera de combate a Pumpido, era necesario tenerlo a Goyco.
Y Cinquito volvió a cumplir, es más, fue uno de los argentinos que salió invicto, ya que por tarjetas amarillas no jugó los dos partidos que Argentina perdió (Camerun y Alemania)
.
1994 – ESTADOS UNIDOS, reciente, el último, pintábamos bárbaro, y ahí nos quedamos … congelados, mudos … qué cachetada nos dieron !!! Qué ilusión cortada, pucha qué lástima !!!
1998 – FRANCIA YA !!! Ya está por comenzar !!!!
Pero … pero de qué me hablan?
Del Mundial de Francia?
No les conté al principio de esos días maravillosos???
No les dije de aquella nota de la Escuelita de Fútbol ???
No claro, se me escapó.
Me enchufé con los mundiales y no les conté …, lo importante no se los comenté …
Y me pregunto:
No se los conté por vergüenza ? por timidez ? por no saber explicarme?
Todo puede ser, pero no hacerlo, no transmitir una sensación única, está contra mis sentimientos.
Déjeme explicarle…
Les contaba que unos días atrás, Cristian trajo una nota de La Escuelita de Fútbol del Club Quilmes, donde se citaba a la Clase 92 para el sábado siguiente, a las 14.30 hs.
Jugarían en Quilmes y de locales, contra el Equipo de Barrio Marítimo.
A mis ojos, que trataban de ser objetivos, Cristian no es un deportista nato, pero siempre andaba pateando un fútbol, un globo, haciendo un saque de Voley o intentando encestar en un inventado aro de básquet, un supuesto triple, que hasta festejaba !!!
Una de mis prioridades fue inculcarle el deporte, entre otras cosas, donde se gana y se goza, donde se empata y hay esperanzas y donde se pierde y … qué bueno es aprender a perder y sacar experiencia, en lugar de lamentarse o culpar al otro.
Fue así que compartimos varios deportes, desde Fútbol, Vóley, Polo, Pato, Básquet, Golf, Hockey, Rugby, Tenis, Natacion viéndolos por televisón o en algunos casos en los propios estadios.
Balero y Yo-yo … también, pero eran sólo prácticas caseras.
Traté de darle a Cristián un panorama, un sentir de la competencia, lo que es el deporte, y bueno … él, en algún momento elegirá.
Uno prepara el terreno y después … y el después llegó, si, llegó ese Sábado, ese Sábado del partido contra Barrio Marítimo.
Como de costumbre, la mañana de los Sábados, eran aprovechada por ambos para realizar alguna compra, ir a alguna placita con juegos y después a almorzar. Bellos momentos!!!
Era nuestra hermosa rutina de los sábados.
Esa fue una mañana distinta, yo necesitaba que él me hablara del partido que iba a jugar esa tarde.
Que me contara cómo se sentia y sobre esa emoción de lucir una camiseta de un equipo por primera vez. Aunque yo intuía que no iba a jugar de entrada.
Él, lejos de todo eso, pensaba casi exclusivamente dónde íbamos a ir a almorzar. Aquella «parrillita» seguramente estaba en su meta.
En dos oportunidades me habló de la “cajita feliz”.
Yo nada decía. No hablaba, ni del tan ansiado partido, para mi, ni de las hamburguesas, para él.
De pronto, como cortando el hielo, me sorprendió diciendo:
– Papi, sabes que esta tarde voy a estar en el banco de suplentes? Martín, el Profe, me lo dijo.
Ya estaba entrando en tema. Pero ni bien quise comentarle sobre el tema, me cortó:
– Cuándo comemos, Pa? Y agregó:
Papi, vas a venir a verme, no ?
Sin demostrarle demasiado entusiasmo le contesté que sí … cómo no iba a estar presente !!!
A lo que Cristián agregó:
– Dónde podemos comer algo, Pa ? Tengo hambre, sabes ?
– Ya vamos a ver hijo, le contesté, esperá un poquito.
Yo tenía muy claro lo que por mi interior pasaba.
La diversión que representa jugar al fútbol, los planes antes del partido, la previa del vestuario, el olor a aceite verde, pero …, pero si me parece estar oliéndolo. Las cargadas, un loco, el esconder un par de medias, a un compañero, antes de salir a jugar, los consejos del Técnico.
Un mundo el vestuario !!!
Ese picar la pelota y esos ruidos o canciones hermosas que nos ofrecen los tapones de los botines dentro del vestuario cuando chocan contra el piso. Melodía futbolera !!!
También pensaba, mientras Cristián me repetía que iba a ser suplente, que el objetivo estaba cumplido, le noté cierto entusiasmo y yo volaba entusiasmado, sin demostrárselo.
Caminábamos ida y vuelta por la peatonal, sin siquiera mirar una vidriera.
Al ratito:
– Pero papá, vamos o no vamos a comer? me preguntó ya olvidándose del mundo y acordándose de su panza, que a esta altura no tenía consuelo.
Que egoísta soy, pensaba yo, no dejarlo al chico en paz y llevarlo a comer algo …
Y mi cabeza giraba y daba vueltas:
Este pibe no se da cuenta que si tiene la panza llena no va poder correr?
Entonces me decidí y le dije, con toda la sapiencia de un hombre entendido en deportes, nutrición, salud, etc.:
– Cristián, hoy no podés comer !!! Hasta después del partido, tenés que estar livianito, le dije con voz firme.
Me miró como diciendo qué tendrá que ver una cosa con la otra ?
Y seguí con mi prédica:
– lo que pasa es que si por esas casualidades te ponen un ratito, es recomendable tener el estómago vacío, porque bla, bla, bla …
Ya se estaba acercando la hora del partido, y Ud., señor, señora, tienen todo el derecho de preguntarme si es posible y lógico que le niegue la comida a un hijo? (aunque sea un sándwich, Papá) y yo le contesto: sí, hoy, sí, hasta después del partido no se come !!!!
Entre ir y venir, venir e ir, se hizo la hora del partido, mejor dicho, llegamos media hora antes para sentir la previa, vió?
Cuando entrábamos al Club, Cristián volvió a insistir:
– pero me podes explicar porqué no comimos?
Qué le iba a explicar ?
Mis nervios, mis sentimientos, mis ratones, mi emoción, mi ansiedad, mis miedos?
Creo que Cristian, algo había comprendido y no quiso seguir discutiendo más, pero me dijo:
– Prometéme Pa, que después del partido me llevas a comer algo?
– Pero sí, hijo, quédate tranquilo, después vamos al bar del Club, y comes lo que quieras. Traté de conformarlo.
– Papi, me vas a sacar alguna foto ? requirió más que preguntar.
– Sí, hijo, quedate tranquilo, cómo no te voy a sacar fotos?
En ese momento recordé el día en que, con la barra de Wilde fuimos a ver a Cinquito que estaba en el banco de suplentes de la tercera de Racing, partido contra Chacarita en Atlanta. Nosotros, detrás del alambrado pegado al banco, hicimos – creo yo – tanta fuerza que al final debutó. Indescriptible lo que sentí, cómo lo disfruté.
Se lo merecía el Vasquito.
A esta altura ustedes pensarán que si voy ligando temas es porque mis expectativas con respecto a Cristián son … ninguna señor, señora , sólo el deseo que él pueda vivir alguna vez lo que significa un partido, un vestuario, el banco de suplentes, el técnico, el ponerse una camiseta, compartir el agua, éso nada más señora, nada más señor.
A medida que caminábamos por el Club, vi que la canchita estaba rodeada de gente con banderas en los alambrados, tomando mate, gaseosas, comiéndose unas empanadas, unos sandwiches.
Parecía un pic-nic familiar.
Nos acercábamos y fui sintiendo y viendo los arcos con red, piso de cemento, bancos alrededor de la cancha, gente del Barrio Marítimo con sus banderas rojas y verdes, los de Quilmes con su clásica blanco – azul .
Que paisaje !!!
En realidad no podía entender todavía, que todo eso fuera realidad.
Así fue que le pregunté, como sin querer:
– Cristián … y vos donde tenés que ir? Dónde están tus profes?
Cristián, que a esta altura no tenía una respuesta agradable para su Padre, me dijo:
– Al vestuario, adonde querés que vaya, Papá !!!
Y, hacia allá nos dirigimos, lo seguí mientras pasabamos entre las hinchadas compuestas por padres, tíos, primos, abuelos, vecinos, amigos, algun compañero del cole, etc., etc.
Otro hermoso recuerdo me llegó a la mente: yo también fui público, si, público de mi sobrino Mariano, con sus poquitos años también debutando en un pre-mini de básquet y de mi sobrina Jimena cuando hizo sus primeras armas en Voley, ambos en aquél queridísimo Sporting Club de Wilde.
Claro, porque los sobrinos son así: un día debutaron, jugaron, nos emocionaron, les dimos consejos …
Son un poco hijos, también y uno, tratando poco o mucho de estar presente para gozar y sufrir, pero … para eso estamos.
– Papá, Papá, eyyy !!!
Este es el vestuario !!! Donde vas?
Señalándome una puerta azul de chapa, que muy tímidamente toque con mis nudillos.
Se abrió la puerta, salió Martin:
– Hola Cristián, qué bueno que viniste !!! le dijo, le dio un beso y agregó:
– Entra, entra, que están los chicos calentando!
– Hola !!! saludé, como acostumbrado a esta clase de situaciones.
– Pasa! me dijo el Profe. Te veo y me haces acordar de aquellas noches de parrilla en la Colonia de los pibes, a pura hamburguesa!!! No?
– Como no me voy a acordar si te comias todo, Martin. Jajaja
Y si … pasé, era un vestuario. Los bancos, los bolsitos, las camisetas, los pibes elongando, pero si hasta sentí el olor a aceite verde … Cada Mamá o Papá ayudándolos a cambiarse.
Le saqué la campera, le puse los pantaloncitos arriba del jogging, me hice el tonto, una vez más y salí del lugar diciendo:
– A escuchar las indicaciones del Profe, eh !!! Cristián. Ojo !!!
Comencé a dar vueltas alrededor de la cancha, comprando alguna rifa de tortas a beneficio de algunos de los Equipos.
Traté de entremezclarme con la gente y charlar con alguien, pero cada uno estaba en lo suyo, cada uno vivía su momento, lo mas probable, esperando ansiosos el comienzo del encuentro.
Se hacía larga esa espera.
Todavía no tenía preparada la cámara fotográfica y pensaba … quizás el Profe lo ponga un rato … (casi como súplicando)
No puede ser que hayamos venido hasta aquí y no lo ponga, no se le hace eso a un pibe, un ratito tiene que entrar … (casi como enojado)
Por otro lado, pensaba, era su primer banco, así le sirve para saber lo que es estar sentado y los otros jugando … Qué te pensás? que la vida es tan fácil, que vas, jugás y listo?
Banco mi viejo… Hacé banco y vas a aprender !!! (en posición de padre … antiguo)
Cuántas cosas quedan dentro de uno sin expresar !!!
Sorpresivamente, se escucharon algunos aplausos y algún grito de:
Cerveceeeero … Cerveceeeero …
Vi como parte de «la hinchada» se preparaba para sacarle fotos a los chicos, tratando de dejar plasmada la evidencia del momento.
Yo todavía no había sacado ni la cámara …
Venían caminando en hilera desde el vestuario en fila india.
Primero, el arquero, que tenía toda la facha de arquero, detrás de él Cristián, tratando de buscarme con su mirada y yo otra vez haciéndome el distraído, y ya a esta altura disimulando mis lágrimas.
Sí, la alegría y la felicidad que sale en gotas … pero demostrando estar entero, como si nada importante ocurriera.
Me pegué al alambrado, aplaudí …
No saqué fotos, me quedé duro, sólo disfrutaba del momento, mirándolo con todo el amor y con toda mi fuerza, deseando que él también pudiera disfrutar ese momento.
Ví como alguna madre entraba a la cancha a hacer sonar algún moco, con su pañuelo, que no había sonado en su momento.
Otras que, con sus cámaras trataban de sacar la foto histórica de la formación de los equipos.
Otros filmaban esas partes de sus historias, esas partes tan importantes, inolvidables de sus vidas.
Qué lío fue para que pudieran sacar la clásica foto del equipo !!!
El arquerito, uno de los más experimentados, trataba de acomodarlos.
Cuando se agachaban algunos, otros se paraban, se movían. Cristián estaba duro y le pedían que se cruzara de brazos para la foto …
Verlo ahí !!! Me parecía mentira, cuando de repente se oyó otro fuerte aplauso.
Barrio Marítimo hacía su ingreso a la cancha !!!
Yo aplaudía también sin dejar de mirar a Cristián y Cristián sin dejar de mirarme.
Le hice señas con mi dedo gordo para arriba diciéndole … está todo bien !!!
Fuerza hijo !!! (seguía hablando mi interior) le hice señas que escuchara al Profe y que no me mirara, no te distraigas hijo !!!
Mientras trataba de acomodarme cerca del banco de suplentes, Cristián se acercó al alambrado, y más bajo que nunca murmuró:
– Papá, shhh … eyyyy voy a jugar, Martin me puso de Capitán !!! señalando en su brazo la cinta azul que le habían colocado.
Está bien, Cristián, que le vas a ser hijo … hoy te tocó a vos, le dije, tratando de mantener calma y firmeza, que obviamente a esta altura ya la había perdido. La emoción y el agradecimiento cada vez ocupaba más espacio en mí.
El partido empezó y ya Cristián estaba debutando, y, como todos los chicos, corriendo detrás de la pelota, que no podía parar de rodar por el cemento.
Traté de serenarme para poder tomar alguna foto. Lo logré.
Traté de recorrer los alrededores de la cancha para que Cristián no me tuviera en la mira y se concentrara en el partido.
Mí meta era no influir en nada, ya había visto a muchos mayores, dar indicaciones a sus hijos, retarlos ante un pifie, insultar al réfere, etc etc.
Cristina, mi esposa, estaba contra el alambrado mirando el partido , mirando a su hijo …
Me di cuenta de su emoción, de sus ojos con lágrimas, con esas gotas de agua de felicidad, disfrutando …
Aunamos nuestras emociones y nos quedamos juntos … mirando, tratando de explicarnos, sin palabras, lo que estábamos viviendo.
Cada tanto, Cristián se arrimaba al alambrado para comentarnos algo del partido.
Nosotros le decíamos:
-Andá … juga !!!
Lo noté contento, no sé si por el partido o porque él sabía que nosotros estábamos ahí, mirándolo.
Su alegría se sumaba a la nuestra, por esos momentos que nos regala la vida.
Terminó el primer tiempo, vino el entretiempo y luego el segundo y pitazo final … terminó el partido.
La meta se había cumplido.
Salieron de la cancha, al vestuario.
Fui llegando despacito hasta la puerta de chapa azul, junto a otros padres, con buzos y camperas, para que los chicos no tomaran frío.
Fue un día de invierno, de baja temperatura, aunque el sol estuvo presente.
Se entreabrió la puerta azul y la primer cara gordota y colorada era la de Cristián, que ya quería irse … quería dejar de “disfrutar del vestuario”.
Se oyó la voz del Profe:
– Cristián no salgas, que no tenés abrigo …
– Está bien, Martin, lo tengo yo, grité.
El Profe salió y comentó:
– En el partido que viene algún chico de 6 años puede jugar … si querés quedate Cristian.
Cristian me miró como diciendo: Vamos Pá!!!
Entendiendo la seña de mí hijo, le pregunté al Profe, guiñándole un ojo buscando complicidad:
– Martín, nos podemos ir? Hace mucho frío.
Me miró, entendió todo, me dió un beso y me dijo:
– Andá tranquilo, vayan tranquilos … misión cumplida !!!
Los espero en la práctica del Martes, no hace falta traer la camiseta !!!
Fuimos al Bar del Club para que, por fin, Cristián pudiera comer algo.
Cristina volvió a casa a preparar el merecido baño, esta vez con sales y espuma.
La charla, mientras comíamos, iba a ser “de hombres”.
Al rato me preguntó:
– Por que estuviste llorando, Pa? Yo te vi … No te gustó como jugué?
Le contesté secamente:
– Noooo, Cristian noooo te habrá parecido, lo que pasa es que me acordé de un partido de cuando yo era chiquito …, Jugaste bárbaro !!!
Lo importante es todo lo que vos viviste, lo que vivieron los demás pibes, los profes, todos, Cristian.
Por adentro me preguntaba por qué no contarle la verdad de la emoción, de las lágrimas, de un momento que quedará grabado en mi, en su Mamá, para toda la vida, pero … uno es así …
Sociedad machista que no deja mostrar emociones …
Sentados en una de las mesas del bar, comentamos el partido, las jugadas, los goles, las trabitas, las camisetas.
El resultado, a quién le importaba? … Ya no faltaba nada más.
Sólo pensaba: Díos quiera que estos momentos se puedan repetir, que podamos seguir viviendo este tipo de alegrías, estas emociones.
Con qué avidez se comía ese sándwich !!!
– Tranquilo, no te atragantes hijo.
Yo, con un café cortado, lo miraba, pero mi mente era un proyector de cine pasando cada pedacito vivido ese día.
De pronto, con cierta expresión de culpa y tragando el último bocado, me dijo al oído:
– Papáaa, escucha, no me di cuenta y me traje la cinta de capitán …
– No importa Cris, no te hagas problemas, hoy … hoy te la mereces !!!
Guardala bien !!!
El Martes, le digo al Profe.
Seguimos conversando, lo vi feliz, quería seguir hablando del partido. Para mi era suficiente …
Y así como empecé dando gracias, me voy dando gracias a Dios y a vos Cristián, me regalaron uno de esos días que no voy a olvidar !!!
– Vamos hijo !!! Ponete la campera y el gorro… hace frio!!! Ahora llegamos a casa y te das un lindo baño que preparó mamá !!!
Vamos Cristian … Vamos que el Mundial nos espera …
Carlos Emilio Dentone
Me olvidé del Mundial es el Cuento que le dio nombre a mi unico Libro. Amo a este relato. A la distancia, en tiempos, revivi con mucha emocion el subirlo al Blog para compartir con quienes lo lean. Gracias.

Ver «En AIRE FRESCO» Hablamos de resiliencia con Carlos Dentone.» en YouTube
Programa radial conducido por Valentina y Stella en Radio Voces FM 107.7
Ver «MI BICICLETA COLORADA». Cuento de Carlos Emilio Dentone, en YouTube.
CARTA AL VASCO CARLOS JORGE (Amigo)
CARTA AL VASCO CARLOS JORGE
Sos el Hermano varón que me obsequió la vida, allá por los ‘60.
Desde alumnos de 3er. Grado hasta hoy … hasta siempre.
Me recibiste sin conocerme.
Me costó amoldarme a una Escuela nueva, venia de la Capital y vos en pocos días me hiciste wildense.
Pasamos la Secundaria también juntos.
Vos eras pillo, quilombero, gracioso, pero con capacidad para no llevarte materias “en masa” a examen.
Cuántas vivencias de la Secundaria, qué lindo compañerismo !!!
Eramos compinches, las “ratas” a la orden del dia, pero le avisábamos a nuestros viejos cuando nos pegábamos el faltazo.
Tuvimos la oportunidad de hacer el viaje de egresados a Embalse de Rio Tercero, con los Chicos de Wilde.
Hoy son fotos y recuerdos de esos Chicos de Wilde, un Grupo hermoso que nos junta siempre, para el abrazo, para la charla, para el recuerdo.
La última foto que publicaron en el Grupo, fue una tuya subido a una bicicleta para tres, las tándem …, te acompañaban 2 compañeras, en la entrada del Hotel Los Espinillos.
Momentos únicos los de la Secundaria, Vasco !!!
Luego la vida nos recibió ofreciéndonos trabajo, necesitábamos aportar en nuestras casas.
A mi me llevó para Flores, a vos a Barracas.
No puedo recordar todo junto y tampoco, lo que llega a mi mente, lo podría resumir en una carta.
Tantas vivencias !!!
Travesuras de pibes, picardías de la juventud y complicidad de adultos.
Esto último ya significaba, también, la resolución de problemas propios de la edad, que compartíamos como tantas otras cosas.
Muchos temas nos unieron pero el Fútbol … El Fútbol era motivo principal de encuentros !!!
Ahí la barra se separaba, vos te ibas a Núñez, otros a Avellaneda, ya sea al Cilindro o al del Rojo, yo a Av. La Plata.
Muchas veces, cuando la localia no nos jugaba a favor, ibamos a ver el partido que pintaba.
Nunca nos faltaron los Domingos de Fútbol.
Cada uno contento o sufriendo, según el resultado, pero con las ganas de seguir viviendo cada partido, cada jugada en la Pizzería del sordo. Contando cada uno su versión, al regreso de cada Estadio.
Eso en lo profesional, pero en nuestros potreros, eramos protagonistas.
Era surtido el nivel. Habia cracks, medio pelos y los troncos de siempre.
Cómo jugabas Vasco !!! Eras Crack !!!
Siempre jugamos en el mismo equipo.
Integrábamos el equipo del cole, tanto en la primaria como en la “Secun”, después el de la Gomería de Julio, si !!! el equipo del viejo de Julito y Juan Carlos … Av. Mitre y Cotagaita, ahí pegadito al kiosco de La Ñata …
Un poquito más adelante jugamos para un equipo de Bernal, el Graos !!!
Salimos campeones en los curas de Don Bosco. Campeonato difícil, duro.
De la barra éramos nosotros dos y Loustau, el hijo de “Chaplin”, qué jugador también !!! Otro Crack !!!
Vos, pura garra, jugabas de 3, te mandabas por tu lateral y volvías fuerte como un toro, el “Lu” se lucía de numero 10, qué calidad tenia !!! Yo era suplente del Cabezón Andrade, jugaba de 11, entraba sólo cuando él se cansaba o tenía ganas de firmar autógrafos a las pibas que lo iban a ver … o sea, yo jugaba poco …
Un día, no recuerdo quien, nos dijo:
– En Argentino de Quilmes están probando pibes clase 49 a 55, vayan, quién les dice …
Fuimos con Loustau y vos.
No fue para nosotros, que sólo queríamos jugar a la pelota.
Ahí había que entrenar y entrenar, trepar por los tablones de la tribuna y bajar … y vuelta otras 1000 veces más, después correr alrededor de la cancha hasta caer agotados.
Por último venia el partido.
Un ratito nomás.
Tampoco nos fue bien.
Los pibes que ya estaban fijos no nos daban un fútbol, no te la pasaban nunca.
Cuando uno de nosotros la agarraba, para tenerla un rato, triangulábamos, hasta que algún mal intencionado nos cortaba, tipo: “largala o te rompo”.
Fuimos dos o tres veces, el Técnico nos aprobó, nos habia fichado !!!
Que gloria !!!
No fuimos más.
Nos gustaban los picados en el Parque Dominico o un Papi de 7 en el Bella Vista, en el Alberdi, en El Fortín, en el 7 Estrellas o el partido que surgiera y en la cancha que fuera.
Mira que había Clubes de Barrio en aquellos tiempos …
De locales y de 11 jugábamos en Bastanchurri, Condarco y Av. Mitre, cancha enorme, llena de pozos …
Claro, cómo no hablar de Fútbol si era nuestra pasión.
Hasta jugábamos a la pelota de noche en la Avenida Mitre cuando la estaban modernizando.
Recuerdos Vasco !!!
Crecimos juntos.
Compartíamos alegrías o tristezas con esos amores de pibes que tanto festejábamos o tanto llorâbamos.
Los amores de juventud !!!
En nuestras salidas nocturnas, las primeras, intentábamos seducir a alguna chica desconocida. Poco éxito teniamos.
Un recorrido común, era ir a las Cantinas de La Boca y si no había pique … al centro, a la calle Lavalle, nos metíamos entre una masa de gente que pugnaba por entrar o salir de los cines y si no, una triste pasada por los piringundines de 25 de Mayo, sólo para asomarnos, no nos daba la edad para entrar y menos aún, plata para gastar.
Una noche de aventuras ingenuas, caminábamos por Florida y se me ocurrió la idea de preguntar la hora a un muchacho mayor que nosotros. No teniamos reloj …
Mis textuales palabras fueron : «Che … qué hora tenes?» Muy canchero yo.
Las textuales palabras del muchacho no tardaron en oirse, con cara desafiante dijo: «Che, las pelotas !!!»
Tus textuales palabras fueron : «Fiu, como le vas a decir Che al señor ???»
Terminaste de decir eso y rajamos porque el hombre ya nos queria fajar.
Flor de susto nos llevamos.
Anécdotas y recuerdos. Recuerdos y anécdotas.
Mi viejo había entrado a tocar el piano en una orquesta cuyo nombre era Harlem Jazz.
Se presentaban en algunos boliches por San Telmo.
No les iba muy bien y decidieron hacer unos panfletos para repartir en la calle, con publicidad del lugar y la orquesta.
Mi viejo me pidió si lo ayudaba a repartirlos en la calle a la tarde, antes de la presentación.
Le dije: – siiiiiii voy con el Vasco.
Ahí fuimos, no repartimos mucho, por no decir nada, porque la gente no nos agarraba o tiraba al suelo las publicidades y nosotros no le poniamos muchas ganas, nos daba vergüenza.
Cuando volvimos al boliche, ya entrada la noche, donde se presentaban, vimos que estaba lleno.
Nunca supimos como se llenó. Pero los músicos, al termino, nos agradecían a nosotros por el trabajo, que supuestamente habíamos hecho. Algunos pesos nos dieron.
A partir de ahí mi Papá pasó a llamarse “Harlem” para vos. Don Harlem !!!! le decias …
Asi como éramos un poco irresponsables … en nuestras vacaciones de la Secundaria, nos juntabamos, en la Estación de trenes de Wilde, a las 6 de la mañana con otros amigos del Barrio.
De ahí caminabamos un par de cuadras hasta llegar a una casa que tenía deposito de rollos de papel higienico.
Le comprobamos 2 cajas enormes cada uno y así cargados volviamos a la Estación para tomar el tren.
Un dia via La Plata o intermedias y otro dia hacia Constitución o intermedias.
Viajando en el furgon de equipajes.
Obvio colados, varias veces con problemas con el Guarda, pero con un par de rollos, se solucionaba el altercado …
En donde bajaramos tomábamos algun colectivo para entrar en Barrios desconocidos con el propósito de vender los “H4”, así era la marca del papel higiénico.
Eran de malisima calidad, pero para ganar el peso habia que vender si o si.
No se como hacíamos pero nunca regresabamos con rollos de vuelta.
Si no alcanzabamos a vender por las casas el total y ya era una hora razonable, hacíamos una venta de almacén a bajo precio y cualquier almacenero nos compraba.
Cuanta vergüenza al principio !!!
Que mal trato recibíamos en alguna casa !!! , en otras, en cambio, nos compraban y hasta agua nos ofrecian.
Según donde cayera nuestro sector “Ventas” a las 8 de la mañana ya tocabamos timbre. No era muy logico, pero habia que aprovechar las horas.
Despues de un tiempo de experiencia, era una diversión, era una forma de estar juntos y hacernos un peso.
Al regreso a nuestras casas, en el tren, separabamos la guita en 4 montoncitos:
En el primero lo que necesitábamos para comprar los rollos para el otro día.
En el segundo la plata para nuestros viejos, que no les gustaba para nada nuestro trabajo.
En el tercero la plata para comernos dos porciones de fugaza y compartir una gaseosa en la Pizzería Los Gallegos.
Y el resto o sea lo que sobraba para tener nuestro pesito.
Que época linda Vasco a pesar del calor !!!
Tu casa era mi segundo hogar y muchos de los amigos sentían lo mismo.
Desde donde fuera que vinieramos y a la hora que pintara nos mandábamos al 64 de Boulevard.
Época de puertas sin llaves.
Si no había nadie en la galeria o en la cocina, en el quincho del fondo, seguro a alguien encontrabas.
Tus viejos eran como tíos nuestros.
Los “tute cabrero” o “trucos” a cara de perro que jugábamos !!!
Se armaban lindos campeonatos, por la gaseosa.
Tu viejo, Ricardo, dejaba secar habas, las barnizaba y las usábamos como porotos para el conteo de puntos.
Orgulloso con sus habas !!! Obvio mucho mas grandes que los porotos.
Estaban siempre dentro de una yerbera-azucarera de madera, de un lado los naipes y del otro las habas barnizadas.
Con tu viejo vimos juntos, en la cocina de tu casa el Racing-Celtic, en Uruguay, el Equipo de José, el gol del Chango … Campeón del Mundo !!!
Inolvidable esa tarde, la alegria de tu viejo !!!
Me acuerdo cuando se preparaba para ir a la cancha los Domingos.
Era “dueño” de una radio Spica, que tenia el estuche de cuero lleno de agujeritos, y una banda, también de cuero ajustable para colgarla en algún gancho o llevarla en la mano.
Tu viejo extendio esa bandolera y la dejó a la medida de su cabeza. Con lo cual se la calzaba, a modo de vincha, y dejaba el lado del parlante pegado a su oído.
La prendia y ahí se iba feliz con el 22 a ver a la Academia, escuchando la previa.
Un precursor del auricular…
Ricardito, tu hermano, era un poco mayor que nosotros, pero cada tanto se prendía. Otro gran jugador de futbol.
Me acuerdo que llegábamos de los laburos o de alguna novia o de donde fuera y se hacia la hora de cenar.
La solución de tantas noches era ir a comprar pizza a lo de Lito, Boulevard casi Belgrano.
Le llevábamos 4 o 5 grandes de muzza, algunas fainas y gaseosas y lo único que decía Lito era “gracias”, ya cuando nos íbamos. Callado el hombre, pero buena pizza.
Se agrandó la mesa cuando vino a vivir a tu casa tu primo. Otro Vasco !!!
Este importado de Saladillo.
Era 10 años menor que nosotros, pero la rompía jugando al fútbol, era pendejito y nos bailaba.
“Cinquito” para nosotros.
Le quedo ese apodo porque jugaba de cinco y era el chiquitito del grupo.
Nos daba ejemplos de vida el pibe. Tenía disciplina, que a nosotros mos faltaba.
Claro quiero contarte todo junto como cuando por un tiempo, no nos veíamos y nos reuniamoss a tomar algo.
No parábamos de hablar. Los temas se mezclaban … como ahora.
Teníamos la costumbre de llamarnos por los 2 nombres … se te habrá ocurrido a vos, me imagino..
Hola Carlos Emilio me decías, a lo que yo te contestaba que haces Carlos Jorge. Eramos tocayos de primer nombre.
Sino por los apodos: Hola Vasco – Hola Fiu.
Demasiados recuerdos para plasmarlos en una carta.
Un día tu Mamá Iris me llamó por teléfono, casi de noche:
– Hola Fiu, dice Carlitos que lo vengas a ver, necesita que le hagas unos masajes que le duele la cintura …
– No entiendo Iris, le dije, como unos masajes?
– Vos veni Fiu, me dijo muy cortante.
Me dio una dirección que yo no conocía.
Llegué, era un Sanatorio.
Me llamaste para despedirte.
La puta que te parió Vasco …
Mis temblorosos masajes no sirvieron de nada.
Sólo alcancé a saludarte, el ultimo beso, el último abrazo, las últimas miradas de compinches.
Estabas en una etapa hermosa de tu vida … en subida, concretabas sueños e ilusiones, luego de penas olvidadas … superadas, con tus 40 años florecientes paradojicamente.
Tu esposa, tu hijo, la Universidad, testigos todos, de tu alegría y la ansiada felicidad, que en un tiempo se negaba.
Me hacía feliz, verte contento, realizado, con empuje.
Epoca donde concretabas sueños.
Te fuiste y pensé que era otra broma tuya, con tu sonrisa como estandarte, tenias como misión alegrar al otro … a cambio de nada.
Nunca acepté la verdad de tu ida, por eso, por no entender es que te saludo en aquellos dias especiales y hablo con vos en los días sin festejos.
Decir AMIGO es tenerte siempre presente, aún con dolor, con la falta del abrazo, con ese café que nos espera, con esas charlas que el universo nos permite hoy, con tristezas y alegrías compartidas.
No me faltás porque sé que estás a mi lado … pero te extraño.
La vida te lleva a comprobar que somos presencia, aún sin estar.
Que hay vínculos que no se rompen con una partida, con pasar a otro plano, quizás con los años la relación se fortifique mucho más.
Hay títulos que son indelebles.
El ser madre, padre, hija o hijo, no tienen fecha de vencimiento, perduran mas allá de cualquier circunstancia.
Por eso Vasco, desde siempre, nos hemos habilitado con el Titulo de “AMIGOS” y ese logro no claudica ni se pierde.
Firmamos el Diploma vos y yo.
Se disfruta con presencias … pero sin ellas también.
Difícil de decirlo en palabras.
Sentimientos que no se explican, justamente, sólo se sienten.
Sólo se sienten Vasco, fíjate los años que pasaron y nunca pude expresar mi dolor.
No significa que hoy te cuento y sané … para nada, es un poco sacar el “entripado” que nunca pude.
Pero este fue un año particular, y afloraron muchas cosas, recuerdos de todo tipo y yo sabía que tenia pendiente, este entrevero con vos.
Pasó el tiempo y ya la necesidad de escribirte, de dejarlo dicho en un papel, me carcomia el alma, postergue esta carta por años, hoy no me negué.
No es más que contarte lo de todos los días, siempre te lo he dicho en nuestras charlas, pero nunca te pude escribir, nunca pude siquiera hablarlo con mi entorno, ni con los Chicos de Wilde.
Hoy afloró.
Tuvo que ver esa ultima foto de la bici, en Córdoba y un Poema que llegó a mis manos cuyo titulo era: “Decir Amigo”, para que me animara a escribirte y recordar solo algunas pocas cosas, de las tantas que vivenciamos juntos.
Quizás tambien tuvo influencia estos tiempos, como te decia, donde cada instante es incierto, donde no sabes como sigue el mañana.
Se pasa la vida, a la corta o a la larga, se “pianta” y comunicarme con vos de esta forma, era tema pendiente.
En cualquier momento, seguramente, tendremos otra charla como de costumbre, y ¿sabès que ? Voy a adelantarte algo, voy a decirte algo que jamás te dije, no sé … se me pasó … no me di cuenta … la vida nos lleva por delante … fui torpe … un boludo …
Con un abrazo apretado te voy a decir GRACIAS, gracias por todo Vasco, gracias por ayer, por hoy y por mañana.
Necesitaba escribirte, recordar cosas que vivimos juntos, muchas alegrías y otras no tanto y se que me permitís, que comparta esta carta con mis seres queridos.
Claro el error mío, es que nunca te dije que te admiraba, que te quería, que adoraba tu casa, que quería copiar tu garra, tu fuerza de voluntad y quizás criticarte algunas cosas, o te crees que no tenías errores?
Eres tan humano que te dabas el lujo de permitirte algún error.
En la balanza de la vida y lejos, ganaban tu don de buena gente.
CUANTAS COSAS UNO CALLA O NO LAS DICE PORQUE PRESUPONE QUE EL OTRO ENTIENDE NUESTRO SENTIR Y HASTA NUESTRO SILENCIO …
Te quiero Vasco o Carlos Jorge, como te guste más.
Diciembre de 2020.
Carlos Emilio Dentone

LUEGO DEL OCASO (Amor o desamor)
LUEGO DEL OCASO
Llega cada noche, esa que no espero como antes, pero es implacable.
Su hora da el presente, después del ocaso.
No importa si hay nubes, si una redonda luna brilla o racimos de estrellas parpadean mirando a lo lejos, o si una lluvia tenue cae despreocupadamente.
Es el momento del día donde mi mente corre a pasos agigantados, sin ver … sin mirar … a chocar contra la misma pared, a pretender traer el pasado a mi habitación, a nuestro lugar de amor.
Ya no estas y no querés estar, ¿porque insisto?
Llenaste tantas madrugadas con tus caricias, con tus besos, con tu amor, con tu entrega, con tu contención, que no lo extraño … lo vuelvo a vivir en cada una de esas noches … pero sin ti.
Me hiciste tan feliz !!!
Esos desayunos en la cama, donde jugábamos como niños, peleando por una tostada.
Luego la ducha y ese cabello mojado que me convidaba a más de ti, a más abrazos, a más amor.
Te ibas con un beso fraternal y tu rostro con ojeras.
Yo corría hacia la ventana para mirar tu caminar cadencioso, armonioso … hacia tu vida.
La esperanza latente hacía que cada cena la preparara con amor, con aquella vieja música que bailábamos apretados y esas velas encendidas que iluminaban tu sonrisa cansada.
Fueron uno , diez o mil ocasos en espera, ya no la música, ya no las velas, ya no mi corazón latiendo.
El dolor se agigantaba, ya no volverías.
No te busqué, no me animé a saber de ti, habías decido marcharte o volaste a otros cielos, a otras noches, a otros brazos o sencillamente tu vida no era gozosa en este universo … o en mi mundo …
¿Fuiste un ángel, quizás un juego, un amor sin condiciones, un pasaje fugaz, unos ojos de mirada tierna?
Te amé tanto que construí una vida contigo, a tu lado caminando a la vera del lago, sentándonos en esas enormes piedras para mirar nuestra cabaña, sabiendo que un chocolate caliente nos esperaba y los leños de la chimenea chispeantes nos darian la bienvenida al cálido hogar.
Pensé tambien en los niños que jugarían a nuestro alrededor viéndolos crecer, correteando por el jardín
La pequeña con tus rulos dorados, el hombrecito con su bicicleta y sus ojos pequeños y dulces como alguna vez dijiste de los míos.
He soñado tanto que no me di lugar a contarte, a vivir el proyecto juntos, a elaborar nuestro mañana a decirte:
¡hasta que la muerte nos separe¡
En el día me ocupo, me distraigo, siempre el trabajo lleva un tiempo importante.
El regreso a casa ya me incomoda, la merienda me va mostrando la realidad, me asomo a la habitación sabiendo que no estás ni vas a estar.
En breves minutos llega la noche, esa que es implacable, esa que detesto, esa que de un cachetazo me muestra mi soledad.
Esa misma noche que disfrutaba cuando nos veía juntos, esa que se llenaba de estrellas al primer beso o esa que llamaba al sol con nuestros cuerpos dormidos.
Hoy … hoy sólo es una muestra de dolor, de ese dolor que aflora y nace sombrío … precisamente y puntualmente … luego del ocaso.
Carlos Emilio Dentone
Relato corto incluido en el Libro «Versos nocturnos».
Antologia organizada por la Sociedad Argentina de Escritores, Filial Florencio Varela, Provincia de Bs.As. Presidente:
María Encarnacion Nicolás
Diciembre-2020




