EL MOÑO BLANCO (Recuerdos)

EL MOÑO BLANCO


Esa fotografía en el portarretrato que descansaba por años en la biblioteca de mi abuelo, no me agradaba … me dolía.


Cada vez que quería tomar un libro se interponía ante mi vista y ya me sacaba de eje, ni siquiera recordaba el libro que estaba buscando.


Una tarde quité el portarretrato y lo guardé en el último cajón del escritorio, debajo de unos papeles, para ya no verlo más.


Pasaron dos o tres días y, como si se moviera por sus propios medios, la fotografía volvía a aparecer en aquel lugar estratégico de la biblioteca.


Se transformó en una lucha casi constante, entre el portarretrato y yo. Lo volvía a ocultar y volvía a aparecer, como si nunca se hubiese movido de su lugar.


Lo extraño era que nadie tenía acceso a esa habitación, legado de mi abuelo.


Después de un tiempo, me di cuenta que ciertos recuerdos suelen aflorar aunque no tengamos la intención de traerlos a nuestra mente.


Estos recuerdos aparecen solos, en cualquier momento, en cualquier lugar y calan profundamente en nuestros sentimientos.

Como ese portarretrato, con esa foto color sepia que mostraba a esa familia, donde mi madre con un enorme moño color blanco en la cabeza estaba sentada sobre una mesita alta, compartiendo el instante con sus Papás y sus hermanos.


Imágen si se quiere normal y formal de una familia, tomada en un Estudio Fotográfico, en aquella época.


Verla a mi madre a sus siete u ocho años, hermosa nena con sus rulos dorados, me hacía mal.


No entendía cómo podía verla en una foto de muchísimos años atrás, de pequeña y no haberla visto en persona para acariciar esos rizos y darle besos de hijo o recibir amor de madre.


El mismo día que me hizo nacer, era una mujer de 25 años de edad y paralelamente cuando yo rompía con mi primer llanto ella partía a otra dimensión.


No tuvimos oportunidad de nada.


Cómo agradecerle el haberme dado vida, el haberme llevado y nutrido consigo durante 9 lunas, sin más apoyo y contención que el de sus padres, que luego, asumieron mi crianza?


Quizás sea pensándola y sintiéndola en cada instante de cada día de mi vida, rogando por ella en donde se encuentre o como se propuso mi abuelo, al dejarme de herencia aquella fotografía sepiada, en aquel portarretrato viejo, posado sobre su biblioteca, cuando Mamá tendría siete u ocho años, luciendo en su cabeza aquel enorme moño blanco.

Carlos Emilio Dentone.

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